jueves, 28 de febrero de 2019

El Puerto de la Cal

Paseando por Puerto del Rosario nos encontramos que, por fin, aquí se rinde homenaje a la vieja industria de Puerto de Cabras: La de la fabricación de cales y yesos.

Se ultiman los trabajos de construcción de un centro de interpretación sobre los hornos y la producción de cal en El Charco.

Y hacemos algo de memoria histórica. Durante la Edad Moderna Fuerteventura exportó cereales; se decía que, junto a Lanzarote, fue el granero de Canarias. Pero también exportó productos derivados de la ganadería, piedra de cal, piedra de yeso, ripio y la cal ya elaborada. Y como hasta finales del siglo XIX no apareció infraestructura portuaria en nuestras costas, se habilitaron embarcaderos por toda la orilla, que sí se vinieron a sumar a los tradicionales de Puerto de La Peña, Tostón, Caleta de Fustes o Puerto de Cabras, entre otros: unos estaban junto a rosas o fincas dedicadas a la producción cerealera, otros, junto a pedreras o tableros ricos en piedra de cal o yeso; éstos últimos con algún horno de tamaño mediano en las cercanías, lo más próximo posible a puertos naturales o embarcaderos.
En el siglo XVII hasta el propio Sargento Mayor de la Isla, Sebastián Trujillo Ruiz, coparticipó en la propiedad de un buque a cuyo bordo se llevó piedra de cal a otras islas. Y así fue durante siglos.

Horno grande de "El Callao de los Pozos", litoral de Puerto del Rosario (Foto aportada por Paco Cerdeña)
En el XIX las circunstancias cambiaron, y después de las crisis de la barrilla y de la cochinilla, el comercio de abastos se mantuvo pero a la mayoría no quedó otra opción que emigrar, cultivar cereales de secano o exportar piedra de cal y yeso. Por eso, a caballo entre los siglos XIX y XX (entre 1890 y 1920, aproximadamente) proliferaron hornos junto a los puertos naturales o embarcaderos de Tostón, La Guirra, Los Molinos, Puerto Lajas, La Hondura y, por supuesto, Puerto de Cabras. Aquella fue la primera fase en la exportación masiva de cal y calizas para el suministro a las pocas obras públicas del momento, fundamentalmente caminos. Una fiebre de producción y exportación que se reavivaría en otra etapa que sucedió a la Guerra Civil de 1936-1939, en todo caso durante el Franquismo, fundamentalmente en la década de 1950 (que duró hasta principios de la de 1970), cuando se forjaron empresas que construyeron hornos que son ya auténticas fábricas, de mayor empaque y más capacidad de producción para exportar; se incluían junto a los hornos rampas y tinglados que se comunicaban con raíles y vagonetas, además, los empresarios invirtieron en carros y camiones.
En aquellos momentos Puerto de Cabras se convirtió en el "Puerto de la Cal". Por su muelle se exportaba más cómodamente con carros y camiones que hicieron decaer el viejo sistema de sacos que, no obstante, se había mantenido en La Guirra y La Hondura durante algunos años, si bien, en estos puntos se utilizaban los embarcadores cercanos en cuyos fondos los submarinistas podrán rastrear la huella caliza una vez corrompida la arpillera.
Puerto de Cabras contó con dos elementos que lo hicieron acreedor de aquel título: tenía el primer muelle (de 1894) y sobre las operaciones de carga y descarga por dicho dique se fijó un gravamen o arbitrio desde mucho antes de su construcción (las arcas municipales se beneficiaron de su recaudación desde 1877), mucho antes de que los nuevos Cabildos lo reclamaran como parte de su Hacienda a partir de 1913. Los Ayuntamientos, especialmente el de Puerto de Cabras, llegaron a convenios y pactos con la nueva institución insular para no desequilibrar los presupuestos municipales.
Con la industria de la cal, Puerto de Cabras y Fuerteventura pasaron de ser exportadoras de materias primas a exportar el material elaborado: la cal viva, sin desaparecer por completo aquella otras exportación de piedras calizas pues aquí seguían operando empresarios de hornos de otras islas que contaban con pequeños barcos de cabotaje, algunos con casco de hierro.
Para algunos vecinos del viejo Puerto de Cabras, recordar los hornos y el trabajo que se desarrolló en torno a ellos, es evocar los tiempos de la esclavitud de los majoreros, como si, en algún tiempo, hubiéramos dejado de servir; ya lo decía en sus décimas el olivense Juan de Vera Chocho: fuimos, somos y seremos esclavos, aunque ahora sirvamos con chaqueta y corbata.
Chascarrillos aparte, el tema es ilusionante. Porque conviene recordar que hubo un tiempo en que Puerto del Rosario se convirtió en el Puerto de la Cal (nadie lo dude más allá de quienes hablaban del "puerto frutero en el Sur" y su tren); era el exportador de la piedra de cal, de la cal, del yeso y de otros derivados. Primero dio trabajo a picapedreros y pequeñas sociedad dedicadas al comercio y a la transformación de calizas.
Los hornos proliferaron por toda la geografía de la ciudad, de tal forma que hoy integran parte de la arqueología industrial de Fuerteventura, aunque a algunos les pese: además de iglesias y de lugares de culto, aquí se trabajó y muy duro, además de en las Obras Públicas, también en la cal.
Nada debe extrañar que las corporaciones locales quieran homenajear y poner en valor este epígrafe de la historia económica del municipio y de la isla. Durante siglos se exportó piedra de cal (ya lo decíamos al principio), aquí se sacaba como materia prima, aquí se hacía el trabajo duro, mientras que los hornos se hacían en Gran Canaria, Tenerife o La Palma. Puede que entonces sí se trabajara como burros, pues la gente humilde veía en la arrancada de piedra una forma de complementar su economía familiar. Los obreros arrancaban y amontonaban la piedra y, quienes disponían de carros, camellos y contactos con las navieras e industriales de otras islas, hacían su particular agosto. Entonces el intercambio sí que era abusivamente desigual.
Pero lo que tampoco se puede obviar es que aquí surgieran algunos industriales que también fabricaron la cal y la exportaron ya elaborada, ocupando a la gente en el proceso; algunos con sus propios barcos, a finales del siglo XIX y primeras décadas del pasado siglo XX. Entonces, aquellos obreros que se deslomaban arrancando la piedra por los tableros de la isla y del municipio, también se dedicaron a recoger aulagas y matorrales para la combustión de los hornos porque, además, era un nuevo ingresos para su modesta economía familiar.
Aquellos industriales que pusieron en marcha multitud de hornos en el tránsito de los siglos XIX y XX en tierras majoreras, eran en gran parte de otras islas pero entre ellos se contaban algunos empresarios de aquí que reconvirtieron o combinaron su actividad comercial para competir con las exportaciones agrarias del sur de Fuerteventura.
A día de hoy, sólo los hornos de La Guirra, en el término municipal de Antigua, han merecido figura de protección dispensada por la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias, y suponemos que el Cabildo incoó su expediente en momentos inmediatos a la construcción del Centro Comercial Atlántico, pasando, una vez concluido éste, a integrar parte del paseo marítimo de la zona.
Le pasó a estos hornos de La Guirra lo que al Castillo de Caleta de Fustes cercano, que quedó integrado en un complejo turístico y cerrado o vedado. Así que rompamos una lanza a favor de elementos patrimoniales de un indudable valor histórico y etnográfico, ¡ya era triste que la isla de la piedra de cal y del yeso no contara con un museo o centro de interpretación sobre esta actividad y cuanta actividad se desarrolló en torno a ella!

lunes, 31 de diciembre de 2018

Trancado: por las grietas seguirán saliendo los recuerdos que queramos compartir (Foto aportación Paco Cerdeña).

domingo, 21 de octubre de 2018

Prisioneros republicanos en Fuerteventura, 1941-1943

Presos republicanos en Fuerteventura: el otro "campo de concentración". Sí, porque parece haber algo de interés en la creación de estereotipos,  también en la historia de la isla.

Tefía aparece una y otra vez como el campo de concentración. Y lo fue, al menos entre 1954 y 1966 bajo el nombre de "Colonia Agrícola Penitenciaria", para muchos presos que allí fueron encerrados por motivos de orientación sexual, identidad política o confesión religiosa, mezclados con reos que purgaban sus penas por delitos comunes. Justo y plausible es que se la tome como símbolo en la lucha contra la intolerancia, un monumento a la memoria histórica. 
Pero por los resquicios de la Memoria, alboreando la década de 1940, también se asoman otros presos que aún padecen el olvido, la desmemoria o el eclipse por la otra cárcel majorera, porque ellos no tuvieron ni sede fija: formaban parte de una de las compañías del Batallón 91 en Canarias, nomadeaban por la isla, viviendo en chavolas (Jandía, Pozo Negro, Las Peñitas y toda la costa oriental). La propia Historia los arrincona en una o dos líneas de texto y los ubica en el duro traslado  que desde Santander a Cádiz hicieron en trenes y caminando, y, desde allí hasta Canarias, zarandeados en barco. Me refiero al Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores 91, una de cuyas compañías se destinó a nuestra isla entre 1941 y 1943. Eran los prisioneros que la guerra civil cogió en la "zona roja" y a los que, a los ojos del bando vencedor, había que castigar aprovechándolos como "esclavos por la patria".
Vagamente -contaron los informantes- se los recuerda en el campamento de Matas Blancas, pero su presencia por toda la isla fue evidente, Pozo Negro entre otros puntos: se los empleó en Obras Públicas pero también en fincas y empresas particulares. Hablaremos de ellos porque si se olvidan como un capítulo secuestrado de la historia local, obviaremos su papel en el origen de alguna que otra fortuna y el calvario que aquí pasaron como prisioneros de guerra.
Sabemos poco sobre su número y sus nombres, distinto a lo acontecido a los que fueron destinados a las compañías de Gran Canaria o de Tenerife. Da la impresión de que los propios escoltas que los custodiaron en Fuerteventura ignoraban la condición de sus vigilados.
Si las piedras hablaran contarían una historia distinta introduciendo el papel de estos presos en la fortificación de la isla a base de nidos de ametralladora y baterias de costa (Bristol-Corralejo y Cuesta de Matas Blancas), de carreteras en Jandía y Betancuria-Pájara, de embalses como el de Las Peñitas y, posiblemente en la limpieza de lo que sería aeródromo de la isla en Tefía.

La Carretera de los presos en el istmo de Jandía. (Foto aportada por Paco Cerdeña)

En el documental "Palabras de piel" se recogen los testimonios de algunos de los soldados presos del Batallón 91.
Y en los archivos militares dejaron su huella, entre otros: Enrique Abiller Pellicer, Juan Acuña Rodríguez, José Adán Pons, José Afonso Galván, José Alcázar Valls, Francisco Armengol Fontanet, Manuel Balderas García, Francisco Batista Rodríguez, Francisco Bernabé Rodrígue, Antonio Caballero Murillo, Julián Cabezas Laguna, Cecilio Calderón Corrales, Emiliano Calvo Rodríguez, Manuel Cano Prieto, Antonio Cereza Rubiela, José Chaparro García, Antonio Costa Gracia, Francisco Crespo Fernández, Francisco Delgado Alfonso, Alfredo Disla Serrano, Antonio Fernández Luna, Secundino Frías Rius, Fernando Gago Benito, Eduardo Galeote Navas, Antonio Galindo Murillo, Francisco Gallego Sáez, Vicente Gálvez García, Agustín Gasqués Valls, Manuel Gimenez González, Luciano González Galán, Alejandro Gorraiz Ezcurdia, Francisco Gutiérrez Álvarez, Mario Guzmán Aranda, Antonio Guzmán Silva, Antonio Haro Villalta, Juan Higinio Gómez, Manuel Hinojosa Sánchez, José Izquierdo Espallargas, Francisco Izquierdo Ibáñez, Antonio Jiménez Pleguezuelo, Francisco Jorba Punsola, José Jurado Fernández, Donato La Llave Tello, Ramón Llamazares Prado, Francisco Llorente Fraguas, Antonio López Contreras, Pedro López Ferrada, Agustín López Gamero, Manuel López García, Fabián López Núñez, Joaquín Lorenzo García, Lázaro Lozaron Ruiz.

jueves, 14 de junio de 2018

La Cofradía del Carmen en Puerto de Cabras

Un viaje sentimental a los inicios de Puerto del Rosario.

En torno a la playa que se extendía a la desembocadura del barranco de Puerto de Cabras, se habían ido construyendo almacenes, cuartos y lonjas. Al lado Sur, los depósitos de Lázaro Rugama; sobre el risco del Norte, los de los Ocampo y los Alonso; paralelo a la línea de playa los Manrique, los Páez, los Crespo y otros que fueron tejiendo la trama urbana; más alejadas los cuartos y lonjas de los pescadores de siempre, los Jorge, los Machín, los Hormiga…, se asomaban a lo alto de otra playa, la de  Los Mastrantos, hoy Las Escuevas, y junto a Laja Negra, de donde luego serían expropiados a mediados de la década de 1940. Sobre el "tablero", recreando el mundo agropecuario, se colonizaban las tierras en forma de rosas o fincas engaviadas de la mano de grandes propietarios como los Martín o los Miller.
No había edificios ampulosos. Se estaba construyendo un pueblo nuevo, una gran aldea junto a la costa de Fuerteventura pues ya consideraban alejado el peligro pirata de otras centurias, y en su lucha por la identidad se esmeraban en adecentar un templo acorde con sus anhelos: una iglesia con vocación de parroquia.
Por el mes de junio de 1835, a pocos meses de constituirse el primer ayuntamiento del municipio de Puerto de Cabras, las obras de la iglesia seguían adelante en el punto que hoy la conocemos. La capilla de la calle de Marina continuaba aún en servicio, pero el cambio hacia la plaza era ya un hecho.
En el diseño urbanístico atribuido a Diego Miller, el nuevo templo miraría al mar, fuente de riqueza marinera y pescadora, senda de entrada y salida del comercio. Gentes de la mar y de las transacciones mercantiles se dieron la mano para llevar a buen puerto sus deseos de cobijo espiritual.
Entre los donantes se encontraban Roberto Houghton, Señores Woo y Maruri, Diego Mauly, Ricardo Rowlinfon, Juan Tophan, Juan Austin Dho, Josef Cullen, Tomás Miller, Carlos Zuincey, Roberto Thayer, Esteban Gourie, etc., que pusieron la variopinta nota documental de nuestros orígenes, siquiera en papel, porque hablamos de sus representantes aquí pues casi todos ellos eran firmas comerciales de las islas de Gran Canaria y Tenerife con delegación en la naciente ciudad.
Se preparaban las fiestas de Nuestra Señora del Carmen  y en el seno del gremio de mareantes se veía con preocupación la paralización de las obras, razón por la que la Junta de Patrones decidió aportar 5.000 pesos, con la condición de que se levantase un altar a su patrona, que ya se ocuparían ellos del mantenimiento del mismo. El Subdelegado Militar de Marina en la isla, el Subdelegado del Gobierno y el propio alcalde, Lázaro Rugama, así lo convinieron.
Nuestro templo contaba ya con dos advocaciones de relevancia. La del Rosario, vinculada a los dominicos y a la Cofradía del Rosario de Tetir, de la que fueron miembros muchos habitantes del Puerto, y la del Carmen, vinculada a los marineros que por aquí transitaban desde mucho antes que el comercio, espantados por los volcanes de Lanzarote y ya tranquilos por la remisión del corso en las costas majoreras.


Imagen de la Virgen del Carmen en la iglesia parroquial de Puerto del Rosario. Foto Paco Cerdeña.


Y una parada en la constitución de la parroquia y en la fundación de la  Cofradía del Carmen.

Dejemos atrás los menudeos de las cuentas de fábrica del templo que por mucho tiempo se llevaron en la secretaría del ayuntamiento y en diferentes juntas que hicieron posible que hoy estemos hablando de este edificio singular.
En octubre de 1905 el obispado creaba por fin la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, que se inauguraba a finales de enero de 1906, años de sonadas visitas a la localidad: El ministro de Marina, el Rey Alfonso XIII.
Su primer párroco don Teofilo Martínez de Escobar y Luján, intelectual retornado de las últimas colonias y preocupado, como no podía ser de otro modo, con su ministerio en Puerto de Cabras y con la decencia de templo, alentó la construcción del retablo que hoy vemos repuesto, y también inquieto por la creación de una nueva cofradía, la de Nuestra Señora del Carmen.

En el mes de julio se cumplirán 118 años de la fundación de aquella Cofradía en torno a la patrona de los marineros y de la gente que vive del mar.

Recordemos el acta fundacional:

“En el pueblo de Puerto de Cabras a 12 de julio de 1908, reunidas las señoras doña Dominga del Castillo de González, doña Asunción Fierro de Manrique de Lara, doña Rosalía Rodríguez de Molina, doña Agustina Alonso, doña Nicolasa Peña, doña Carmen Ponce, doña Josefa Castañeyra, doña Jesús Medina, señoritas Juana Pérez, Pilar Serra, Irene Serra, Isabel Cabrera, Teresa Cabrera, Carmen Pérez, Dolores Pérez y doña Mercedes Manrique de Lara, bajo la presidencia del doctor don Teófilo Martínez de Escobar y Luján, cura ecónomo de dicho pueblo y Arcipreste de la isla de Fuerteventura, con el objeto de fundar la Cofradía de Nuestra Señora del Carmen. El seño cura después de haber expuesto el objeto de la reunión, dijo que procedía a elegir por votación los cargos de presidenta, secretaria y tesorera de dicha cofradía, para los cuales fueron nombradas presidenta, la señora Dominga del Castillo por 12 votos; secretaria, doña Asunción Fierro, por 12 votos, y tesorera, la señora Rosalía Rodríguez de Molina por 11 votos.- Constituida de este modo la Cofradía, el señor cura se retira para que libremente deliberasen las cofrades sobre asuntos de su instituto. Acordándose la cuota con que cada una de las cofrades han de contribuir, que es de 1 peseta anual. Y no habiendo más asuntos que tratar, se levantó la sesión”.

Actualmente, el domingo cercano al 16 de julio, la imagen de la Virgen del Carmen es llevada en procesión por las calles de Puerto, desde el templo hasta el muelle, donde es embarcada, no sin antes detenerse junto a la barriada de su nombre, frente al único altar de calle que se conserva en la ciudad, hecho con azulejo en la fachada de la vivienda número 1 del primer grupo de casas sociales que aquí hizo el Mando Económico de Canarias en 1944.

Azulejo que funciona a modo de altar de calle en la Barriada del Carmen, primeras viviendas sociales de Puerto de Cabras. Foto de la FEDAC

lunes, 26 de marzo de 2018

El caserío de Tesjuates

Tesjuates, entre la tradición y la historia.
 
Junto a la carretera FV20, a orillas del barranco de Río Cabras nos encontramos con este caserío que perteneció al extinto municipio de Casillas del Ángel hasta su agregación al de Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario, en 1926. Su población rondará los 250 habitantes que se distribuyen y asientan entre el núcleo de Tesjuates y los agregados de Llanos Pelados, La Laguna y La Solana.

En su origen el topónimo alude a las actividades relacionadas con el tratamiento del cuero y de la ganadería. Surgió a orillas del barranco antes mencionado, muy cercano a las fuentes de "realengo", por donde discurre de forma permanente el agua y donde abunda el tarajal en el paraje denominado como "La Herreña", de titularidad municipal.

La propia mata de tarajal citada, donde se encuentran los primeros tramos de la canalización de aguas hecha por la sociedad La Esperanza entre finales del siglo XIX y principios del XX, constituye un buen lugar de recreo y visita hasta la presa y represas que encontramos siguiendo el cauce de dicho barranco en su dirección al mar.

El caserío posee una escuela unitaria del Plan 1962 y, próximo a ella, dos cruces sobre estructuras troncocónicas de piedra seca, ya descritas por la viajera inglesa Olivia Stone en su visita a la isla en 1884 y constituye uno de los elementos con que el pueblo se identifica.

No hace mucho aquellos símbolos funerarios fueron integrados en un descansadero por el Cabildo Insular que allí colocó un panel recogiendo el significado que la tradición les atribuye.

 
Pero no se les dio catalogación alguna al amparo de la Ley 4/1999 de patrimonio histórico de Canarias, donde podría encontrar cobijo como sitio histórico, al ser levantadas por los antepasados en memoria de un cura y su monaguillo que fueron arrastrados por las aguas en la confluencia de los barrancos de Baja Manga y Río Cabras.

Cuando la tradición y la historia se dan la mano para evidenciar un hecho histórico como el que insinúan las cruces de Tesjuates, el resultado puede ser tremendamente triste, trágico: un clérigo y su acólito arrastrados por las aguas cuando, precisamente, iban a dar la extremaunción a un moribundo. ¿Quiénes eran estas personas que allí dejaron su vida? ¿A quién iban a ungir en sus últimos momentos? ¿De dónde venían?

Un hecho de estas características debió sobrecoger a la población de los lugares comarcanos. De la antigüedad del suceso ya se sospechaba algo cuando viajeros como los ingleses citados, lo recogieron en sus notas de viaje, hace ya más de un siglo; y por ello rastreamos los archivos sacramentales de la parroquia convencidos de que alguna evidencia pudiera quedar. Pero es tan ingrato el esfuerzo que hasta el "tiro" lo erramos buscando en la parroquia equivocada.

Pero hete aquí que, sin quererlo, Manuel Barroso Alfaro, en su última obra sobre las pinturas de la ermita de Ampuyenta, no solo propone la cronología del suceso: 1750; sino que dice quién fue el clérigo ahogado en Río Cabras: Bartolomé Rodríguez del Castillo. Nada se sabe de quién le asistía como monago, posiblemente algún hijo del pueblo de Fray Andresito; una circunstancia fácil de aclarar con el recurso a los archivos parroquiales de Betancuria.

 
 
El propio libro de la ermita lo insinuaba: "…que por cuanto don Bartolomé Rodríguez del Castillo, presbítero, falleció en la corriente del Barranco de Río Cabras, mayordomo que era del glorioso San Pedro de Alcántara…", pero silenciaba el nombre del monaguillo porque la relevancia correspondía al cura, a su familia, emparentada con los fundadores de la ermita de Ampuyenta.

Manuel Barroso nos sigue dando pistas al afirmar que la muerte del cura don Bartolomé quedó reflejada en un cuadrito que se colgó en las paredes de la ermita donde fue mayordomo, y allí podrá verlo cualquiera que la visite, adornando la pared del evangelio. Yo lo hice, volví a la ermita, como lo hago desde 1980 cuando surgen curiosidades como la que nos ocupa, para ver otro cuadrito que pende de una de las paredes de la sacristía del templo de Ampuyenta: representa a un niño bien vestido bajo la irradiante efigie de San Pedro de Alcántara, posiblemente el monaguillo que pereció junto al clérigo en las aguas de Río Cabras.

La cita documental y la lectura de la obra de Manuel Barroso me empujan a proponer estos hechos narrados como la base real de lo que durante más de dos siglos largos ha sido reputado como tradición y anécdota. Porque al ser clérigo y de la importancia del mencionado, se fijaron con vocación de la trascendencia que merecían, dos hitos con intención de perpetuidad en la historia local de la isla: el uno levantar los dos grandes mojones rematándolos con cruces de palo en Tesjuates, como señal de que allí se produjo un hecho luctuoso que las gentes debían recordar; el otro, reflejar en pintura las honras fúnebres por el clérigo fallecido.

Sin conectar ambos mojones con las representaciones pictóricas de Ampuyenta, el autor que hemos leído da crédito a la tradición oral de esta aldea sin caer en la cuenta de que el pequeño cuadro de la sacristía de San Pedro de Alcántara pudiera representar al monaguillo, al otro de los ahogados en Tesjuates.

Cuando estos hechos ocurrieron, abril de 1750, Casillas ni era parroquia ni tenía cura de almas; sus vecinos solo habían levantado una ermitilla en la Montañeta, erigida en honor al Ángel de la Guarda que, como sabemos, acabaría dando nombre al lugar; la actual iglesia aún estaba en obras. Y don Bartolomé, el clérigo ahogado en Tesjuates, asistía también a esta otra ermita y a sus fieles. El centro de entonces para esta parte de Fuerteventura estaba en Ampuyenta y por eso los obispos ilustrados, Tavira y Martínez de la Plaza, se plantearon el pueblo de Fray Andresito como la sede parroquial que luego acabaría en Casillas del Ángel.

Queda dicho. Como tesis sugerente sobre lo que representan las cruces de Tesjuates, junto al barrando de Río Cabras que, ahora sí, merecen su protección como sitio histórico. Un reto que lanzo a los vecinos de la localidad para que éste sea reivindicado como forma de consolidar identidad, un elemento más para proponer allí, por ejemplo, una capillita.

El episodio, evidentemente, no está cerrado. Creo que se ha acertado al 100 % en la vinculación del cuadro de Ampuyenta con las cruces de Tesjuates. Pero abrimos una línea de rastreo en los archivos parroquiales para determinar quién era la otra persona que murió con el cura Rodríguez del Castillo, clérigo devoto de San Pedro de Alcántara hasta el extremo de remedar con peor suerte uno de los milagros del Santo lanzándose temerariamente a cruzar el barranco de Río Cabras que bajaba desbocado para chocar con el aporte del de Baja Manga.

Ahí quedan los apuntes que, como siempre hemos hecho en este bloc, son para general disfrute de los vecinos y aficionados a la historia local majorera; y la propuesta a los de Tesjuates, con respeto.

Si después de haber leído estas notas, deseas utilizarlas, por favor cita esta fuente, y léete el libro de Manuel Barroso, no tiene desperdicio.

jueves, 8 de febrero de 2018

La bendición de la casa consistorial, 1968

Hace 50 años, las casas consistoriales
El Centro Cívico

Se cumplen en estos días los 50 años de la bendición la casa ayuntamiento de Puerto del Rosario, 1968-2018

Después de recorrer viviendas, cuartos y locales cedidos en precario o alquilados, después del esfuerzo del ayuntamiento republicano (1931-1936) por construir un edificio que albergase la sede municipal (luego destinado a otros usos), en febrero de 1968 se bendecían y ocupaban las nuevas instalaciones en su actual emplazamiento, donde, además, se cobijaban otras dependencias de la administración general del Estado en lo que se conocía como "Centro Cívico": el Juzgado, Correos y Telégrafos, además de las viviendas de los jueces.

1968 fue el año en que tres alcaldes presidieron la corporación municipal de Puerto del Rosario: Santiago Mederos González, Rodríguez García Poves y Ceferino Guillermo Martínez Soto.
Santiago Mederos cesó en el Pleno extraordinario que, bajo la presidencia del delegado de gobierno, Antonio Alonso Patallo, se celebró el 27 de enero. En el mismo acto tomó posesión Rodrigo García que presentó a los presentes el nombramiento que en su persona había hecho el gobernador civil de la provincia nueve días antes. Y los presentes eran Manuel Miranda Tejerizo, Juan José Peñate Medina, Juan Armas Brito, Antonio Rodríguez Alonso y Dámaso Rodríguez Gutiérrez; porque el resto de miembros corporativos, Benjamín Castañeyra Schamann, Arístides HernándezMorán, Casto Martínez Soto y José Hierro Umpiérrez, habían excusado su asistencia.

Dos días después de aquel pleno, el 29 de enero habían decidido en sesión ordinaria autorizar el traslado de las oficinas, dependencias, despachos y salón de actos desde el ala izquierda de la planta baja de la Delegación Insular de Gobierno al nuevo edificio, situado según decían, invocando la figura del personaje, en el "Paseo Ramón F. Castañeyra", con entrada por su fachada principal.

Estampa del salón de plenos del ayuntamiento de Puerto del Rosario en 1968, cuando se trasladó la corporación.

Aquellos hechos fueron publicitados para general conocimiento de la población, fijándose la entrada del ayuntamiento en su casa consistorial para el día 25 de febrero de 1968 en que, además se bendeciría el edificio.

Tal acontecimiento, celebrado hace cincuenta años, decidieron los munícipes dejarlo escrito en su libro de actas como expresión de su contento y deseo de trascendencia en la memoria colectiva local. Levantó acta el entonces secretario Manuel Rodríguez Román que nos asistirá en la evocación de la efeméride:
Sesión extraordinaria de 25 febrero 1968:

En Puerto del Rosario, veinticinco de febrero de mil novecientos sesenta y ocho. En el salón de actos del ayuntamiento, bajo la presidencia del señor alcalde-presidente don Rodrigo García Poves y concurrencia de los señores Manuel Miranda Tejerizo, Juan José Peñate Medina, Juan Armas Brito, Dámaso Rodríguez Gutiérrez, Benjamín Castañeyra Schmann y José Hierro Umpiérrez, que con Antonio Rodríguez Alonso, Arístides Hernández Morán y Casto Martínez Soto [excusados de asistir estos tres últimos], integran la totalidad corporativa, asistidos de mí el secretario titular de la corporación... por la presidencia se declaró abierto el mismo pasándose a tratar sobre el asunto del día:

"Único: Entrada corporativa en la nueva sede consistorial y bendición de sus dependencias e instalaciones.- El señor Rodrigo García Poves, alcalde-presidente, acompañado del reverendo don Leonilo Molina Ruiz, párroco, pidió a los concurrentes salir del salón de actos y con toda solemnidad se procedió, por el sacerdote, a la bendición de las dependencias terminando en el propio salón. Acto seguido el propio señor alcalde pronunció las siguientes palabras: Estimados compañeros, hemos pensado celebrar esta sesión de carácter extraordinario para solemnizar corporativamente el histórico acto de iniciar la vida municipal en este espléndido edificio, dejando testimonio para la posteridad local en el libro del quehacer comunitario.- Este edificio, añadía el señor alcalde, fue programado al amparo de las atribuciones conferidas a la Dirección General de Regiones Devastadas como consecuencia de la adopción plena de la isla por el Jefe del Estado y se ha recibido de modo provisional, mediante acta suscrita en el día 24 de enero último por el Delegado Provincial del Ministerio de la Vivienda y el alcalde accidental, nuestro compañero don Benjamín Castañeyra Schamann, y es indudablemente la premisa de posterior formalización definitiva que debemos conseguir sin demora para sancionar así, de modo favorable, el mejor derecho municipal en base a la singularidad del sistema de excepción que lo promovió y a la preeminencia del ayuntamiento por su representación ciudadana que aquí tiene su sede. Es inexcusable, continuaba el señor García Poves, en esta coyuntura genuina de feliz trayectoria para la isla y su capital, que coronan la preocupación que hizo nacer en el Caudillo la idea de su adopción, registrar públicamente los acontecimientos afortunados que hoy son realidad palpitante y anuncio de una vida insular mejor, en la cristalización de los proyectos más esperanzadores, con cargo a la última fase de inversiones del Plan de Adopción y a los cuales, o formando parte de ellos, se nos ofrece como especie de símbolo este edificio en el que Puerto del Rosario tiene hoy prendida su mejor mirada. Por eso también es insoslayable que la corporación eleve expresivo testimonio de congratulación y de gratitud a la superioridad estatal que ha hecho posible que la isla centre en una nueva fase en este periplo".- Las Palabras del señor alcalde fueron recogidas con fervoroso entusiasmo y, por aclamación, se declaró constituido el ayuntamiento en la nueva sede municipal.- Con lo cual y no habiendo otros asuntos de qué tratar, se dio por terminado el acto mandándose levantar el presente que, leída y hallada conforme, firmaron de que certifico.-
 
Viene al caso, pues, traer al recuerdo colectivo la efeméride que ya advirtieron sus protagonistas, debía conmemorarse en la memoria colectiva de Puerto del Rosario como ellos mismos lo hicieron con la flamante edición de un folleto que llamaron Primera Semana Grande.

Portada de la revista que se publicó con motivo de las fiestas patronales de 1968, donde el Centro Cívico que acogería a la Casa Consistorial fue protagonista.

Imagen actual de la casa consistorial de Puerto del Rosario, con su color e imagen corporativa (foto Paco Cerdeña)


El salón de plenos del consistorio de Puerto del Rosario antes de adornarse con las fotos del antiguo Puerto de Cabras que hoy luce.

miércoles, 31 de enero de 2018

La Historia y la Cultura de Fuerteventura, de luto

Don Elías Rodríguez Rodríguez, Tetir-1944, Puerto del Rosario-2018.

Abrimos la página de nuestro bloc para recordar al maestro, profesor y amigo que se nos fue. Porque hoy la Historia y la Cultura de Fuerteventura en general y de Puerto del Rosario en particular, están de luto.

Hoy, 31 de enero de 2018, falleció en Puerto de Cabras/Puerto del Rosario don Elías Rodríguez Rodríguez. Y con él se apaga una buena ristra de páginas de nuestra Historia. Hablar con él era como sumergirse en nuestro pasado y evocar líneas de trabajo, ideas, proyectos por lo que apostaba sin dudarlo; y animaba, nos animaba, a seguir esa pauta que generosamente brindaba.

Bastaría citar solo unos cuantos de sus proyectos, artículos o conferencias (y fueron muchos), porque a lo largo de su vida participó en cuantas iniciativas culturales fue requerido, pronunciándose o participando en otras tantas de tipo social, como la reivindicación de un centro geriátrico en el Puerto, para el que apostaba por reconvertir la vieja clínica Virgen de la Peña, la antigua Universidad Popular.

Y allí, delante de aquel inmueble histórico de Puerto del Rosario, hablé con él el pasado jueves; estaba en lo suyo: "que el proyecto -me dijo- iba para adelante, estaba en marcha" (se refería al hogar para los "viejos"). Fue la última vez que le vi y me despedí con una extraña sensación que entonces callé, pues preferimos hablar de lo de siempre: la historia de la isla, hilvanando datos y árboles genealógicos del viejo Puerto de Cabras, reivindicando el papel de Rodrigo Soriano, compañero de Unamuno en su destierro de 1924 en Fuerteventura; o comentando los apuntes que tenía sobre Casimiro Camacho, el Rey del Timple, cuya biografía preparaba.

Don Elías Rodríguez (a la derecha de la imagen) recibe el reconocimiento oficial por su participación en la conmemoración del bicentenario de Puerto del Rosario, 1994-1995 (Foto del Archivo Municipal)

Otras veces, cuando nos veíamos, recordaba aquel libro que don Eustaquio Juan Santana Gil se marcó como uno de los proyectos para conmemorar el bicentenario de Puerto del Rosario. Lo dirigió Elías Rodríguez Rodríguez y Fernando Martín Galán y tuve el honor de ser uno de sus colaboradores junto a Miguel Galván Betancor, Juan Pedro Morales Chacón, Maica Román Barbero y José Miguel Alonso Fernández-Aceytuno (+).

Porque a don Elías lo encontrábamos como conferenciante, pregonero o escribiendo sus artículos en revistas y periódicos. Allí, dispersa, está buena parte de su obra.

Y con estos recuerdos fui apagando aquella extraña sensación del jueves pasado y que hoy, tristemente lamentamos. Porque Elías nos ha dejado físicamente pero quedan sus obras, sus ideas, sus proyectos en la prensa local y regional y sus consejos a quienes tuvimos la suerte de trabajar con él.

A su familia, mis condolencias. Al profesor y amigo un deseo de paz y descanso eternos.

Reportaje de don Elías Rodríguez en "El Correo de Fuerteventura", nº 10, 1-15 Junio 1995, Pág. 10 (copia digital del ´museodigitalpuertodelrosario`).

Reportaje de don Elías Rodríguez en "El Correo de Fuerteventura", nº 10, 1-15 Junio 1995, Pág. 11 (copia digital del ´museodigitalpuertodelrosario`).