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| La Casa Consistorial donde estaba el ayuntamiento de Puerto del Rosario en 1936 (Copia digital del Cuaderno de Puerto de Cabras). |
| "En Puerto de Cabras todo tranquilo" (Foto del libro Puerto de Cabras/Puerto del Rosario. Una ciudad Joven) |
Notas y apuntes de Historia Local.- Un blog de Francisco J. Cerdeña Armas, Licenciado en Geografía e Historia e Investigador.- Puerto del Rosario, Fuerteventura, Canarias (España)
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| La Casa Consistorial donde estaba el ayuntamiento de Puerto del Rosario en 1936 (Copia digital del Cuaderno de Puerto de Cabras). |
| "En Puerto de Cabras todo tranquilo" (Foto del libro Puerto de Cabras/Puerto del Rosario. Una ciudad Joven) |
Hace ahora cincuenta y un años que en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Puerto del Rosario celebraba la sesión ordinaria del Pleno correspondiente al mes de Agosto. Lo presidía don Ceferino Guillermo Martínez Soto, con asistencia de los concejales Agustín Medina Martín, Fermín Vera Moseguez, Casto Martínez Soto, Eustaquio J. Santana Gil, Jesús Cabrera Vera, Ildefonso Chacón Negrín, y la ausencia de Manuel Martín Martín y Antonio Peña Rodríguez.
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| Casa Consistorial de Puerto del Ayuntamiento de Puerto del Rosario |
Se reunían en medio de la multiplicidad de demandas que imponía el creciente aumento de población, como los transportes urbanos de viajeros en taxi y en guagua; el ayuntamiento se volcaba en las obras públicas pendientes y curso, como la Avenida Marítima en su trama desde el Mercado hasta el Hospital (hoy Centro de Juventud y antes Universidad popular, entre otros usos), la ampliación de colegios y la construcción de nuevos centros escolares, el alumbrado público, el camino de acceso al nuevo cementerio, el saneamiento en las vías de Puerto del Rosario al Aeropuerto, Tuineje y Corralejo... Y eso que aún no se percibía el viento que empezaba a levantarse en el Sahara Español.
Pero aún así tuvieron tiempo de recordar que la ciudad no había reconocido la labor que un ilustre majorero hiciera por la representación de las mal llamadas islas menores a principios del siglo XX, razón por la que secundaron la propuesta de la alcaldía de llevar el nombre de Manuel Velázquez Cabrera a la lista de honores y distinciones del municipio de Puerto del Rosario.
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| El alcalde de Puerto del Rosario Ceferino G. Martínez Soto |
Entusiasmado con la lectura del Resumen histórico documentado de la autonomía de Canarias, don Guillermo dejó constancia en acta, de las siguientes anotaciones "El día 11 de noviembre de 1863 nació en Tiscamanita quien habría de llamarse Manuel Velázquez Cabrera. Han transcurrido 112 años desde aquella fecha y 59 desde su su fallecimiento, acaecido en Madrid el 19 de diciembre de 1916. Consecuentemente tuvo una existencia de 53 años [y prosiguió el alcalde] La orfandad materna le sorprendió cuanto contaba solamente tres años de edad y, asistido por su hermano Miguel, que con todo cariño cultivó la patria potestad, cursó estudios de enseñanza primaria en las escuelas de Tuineje, Pájara y Antigua. A los doce años, reclamado por su padre, emprende viaje a Montevideo, acompañado de su hermano Sebastián, pero después de un largo viaje, al llegar a tierras de América, en lugar de ser recibido por el autor de su existencia, recibe la noticia del fallecimiento de aquel, acaecido unos días antes. Al año aproximado de su estancia en el Uruguay, regresa de nuevo a esta isla, ingresando poco después en el Seminario Diocesano de Las Palmas. A los cinco años se traslada a La Laguna para cursar el bachillerato y posteriormente a Madrid, para cursar la carrera de Derecho, cuyo titulo obtiene.
A partir de entonces [siguió el alcalde en el uso de la palabra] su vida está plasmada del más acendrado patriotismo por las cosas de nuestra tierra, de nuestra región en general, pues como dice Bernardino Correa Viera en su prólogo al libro antes citado, su nombre debe perpetuarse en calles y plazas para ejemplo de todos los hombres que tienen que seguir luchando por el engrandecimiento del Archipiélago Canario y de España.
La historia de su vida está íntimamente ligada al acontecer de aquellos tiempos en que Canarias constituía una sola provincia con capital en Tenerife. La lucha entre la unidad provincial y la división llevaba implícito la más completa e inicua postergación de resurgimiento de las Islas Menores. Concibió la idea de que el problema canario fuese solucionado dando a cada cual lo suyo, es decir, promulgar una ley y articularla tomando en consideración la realidad inherente a cada isla y sus peculiaridades, existentes en todos los órdenes.
Suya fue la labor desarrollada para llevar adelante el Plebiscito que condujo a poner en conocimiento de las autoridades superiores de la Nación los derechos que se reclamaban para todas y cada una de las islas. Su audacia, su inteligencia y constancia fueron la base primordial a la que consagró su vida, esa vida que dedicó a las islas en general pero muy particularmente a las más desafortunadas.
Su espíritu tenaz se encuentra íntimamente ligado a la Ley que se promulgó el 11 de julio de 1912, siendo presidente del Consejo de Ministros José Canalejas Méndez. En virtud de la misma, no solo se crearon los Cabildos Insulares, sino que además logró la representación en Las Cortes de un diputado por cada isla, aunque tuviese menos de cincuenta mil habitantes.
Si como sabemos [concluía el alcalde de Puerto del Rosario] es bien cierto que hace 59 años del fallecimiento del gran patriota don Manuel Velázquez Cabrera, también es por cierto muy lamentable que durante tantos años no hayamos sido capaces, a través de nuestra corporación local, el dedicarle un homenaje o al menos un recuerdo que perpetúe la memoria de tan insigne hijo de esta tierra. Por consiguiente yo me permito con los honores que el caso requiere y justifica, solicitar de este Pleno Municipal ponerle el nombre de Manuel Velázquez Cabrera a la Avenida Marítima iniciada hasta su terminación en el Hospital Viejo (hoy centro de juventud)… que igualmente se ponga el nombre de José Canalejas Méndez a una vía importante de esta capital, como testimonio de gratitud por haber promulgado la Ley de referencia siendo presidente del Consejo de Ministros.
Andando el tiempo el rótulo se colgó en la prolongación de la Avenida de Circunvalación, desde Ciudad Jardín hacia El Charco, dejándose la Avenida Marítima en medio de las obras que iban y venían a su ritmo.
En lo referente a la nominación de una calle a José Canalejas Méndez, se adoptó acuerdo en tiempos de la alcaldía de Manuel B. Travieso Darias (1999-2005), ya en pleno siglo XXI, al que se acompañó nominando otros viales con otros nombres vinculados al proceso que tratamos y que trataremos en otra ocasión.
Y de cincuenta en cincuenta años, más o menos, este 25 de agosto se cumplió el medio siglo de aquel reconocimiento a uno de los padres de los cabildos canarios en la ciudad de Puerto del Rosario.
Copyright Francisco J. Cerdeña Armas, Agosto 2026.
Vapores correos y otros buques en la bahía de Puerto de Cabras durante las décadas de 1910 y 1920
La década de 1910 pero, sobre todo la de 1920, mostró en nuestro Puerto de Cabras un regular movimiento portuario. El muelle municipal rindió unos ingresos en las arcas municipales que equilibraron los presupuestos locales en momentos de agregaciones y fusiones de los municipios colindantes. Y eso pese a que la exacción del arbitrio sobre aquel dique fue reclamada por el Cabildo Insular como parte de su Hacienda, algo que despertó un litigio que se palió, en parte, mediante la suscripción de convenios entre ambas instituciones.
Por aquellos años estábamos en medio del fulgor de la industria de las calizas y los inicios productivos del tomate y los regadíos del sur de la isla. Las carreteras ya habían llegado hasta Gran Tarajal y hasta El Cotillo pero se seguían habilitando operaciones marítimas en los antiguos puertos naturales de nuestro litoral, cosas de la elusión del pago de impuestos o de facilitar los embarques acercándose a los lugares de producción.
La reputarse el arbitrio de importaciones y exportaciones por nuestro muelle como la principal fuente de ingresos de las arcas municipales, el Ayuntamiento podía asumir los alquileres de cuantas áreas de la administración estatal tenían abierta oficina en Puerto de Cabras: Casa Cuartel de la Guardia Civil, Delegación Gubernativa de SM en la cabeza del Partido Judicial, la Delegación Gubernativa, Ayudantía de Marina, Cárcel del Partido, las propias dependencias cabildicias, etc. Pero cuando aquellos ingresos se cuestionaron el margen de maniobra local cedió en favor de la institución insular, a la que se empezó a reclamar que asumiese aquellos pagos en sintonía con lo que habían hecho los otros cabildos de las islas.
Por nuestro dique se movieron ingentes cargas de piedra y de calizas. El carbón fue un punto de conflicto al gravarse en la entrada con destino a la industria de la cal y volverse a gravar la cal en su exportación hacia las otras islas. Es por eso que el Cabildo Insular comenzó a desplegar áreas recaudatorias que cubrían todas las calas y embarcaderos naturales, pues hacía allí acudían los buques del cabotaje interinsular para intentar eludir lo inevitable.
Los industriales que hasta aquellos momentos operaban con carros y camellos, fueron incorporando vehículos automóviles, camiones y carretelas que animaron el transporte por carreteras y caminos llegaron a bordo de correos interinsulares, península-Canarias-África. Los bidones de bencina, de gasolina y lubricantes llegaban a bordo de veleros; no había estaciones de servicio, cada propietario de automóviles importaba su propio combustible.
La maquinaria, en fin, también empleada en la exploración de aguas subterráneas en el sur y centro de la isla, entraba por nuestro puerto y por el de Gran Tarajal cuando empezó a funcionar. Por entonces nuestra isla empezaba a "motorizarse" a un ritmo más acelerado del que proporcionaban las norias de sangre y los molinos de viento.
Fondeados en la bahía de Puerto de Cabras comenzaron a verse los vapores correos Península-Canarias y Península-Canarias-África, a cuyo bordo llegaban los automóviles, camiones y carretelas que iban a imprimir aceleración al transporte por carretera frente al cansino paso de carros y camellos.
El pescante del muelle y las barcazas que transitaban el servicio portuario interior, desde los buques fondeados hasta las escalinatas del dique, marcaron el dinamismo de una época con la más que regular estadía de buques, no solo veleros sino vaporcitos fruteros que llegaban de las islas occidentales y fondeaban junto a los correos antes mencionados.
El movimiento de buques puede seguirse en las secciones portuarias de la prensa histórica y en los apuntes contables del ayuntamiento.
Hace cien años, por ejemplo en 1926, lo recaudado por el muelle municipal oscilaba entre 2.000 y 3.500 pesetas mensuales, de las que el Cabildo, fruto de los convenios señalados más arriba, se llevaba unas 581,25 pesetas fijas. El Ayuntamiento empezaba a sentir la presión, pero aún no estaba estrangulado su presupuesto.
A nuestro puerto llegaban en aquella década una media de entre 25 y 40 buques mensuales, de los que la mayoría eran veleros o motoveleros, pues ya se empezaban a motorizar también las embarcaciones con un sistema mixto de vela y motor.
Pero ¿Qué importaban y exportaban aquellos buques? Pues todo tipo de mercaderías, hay que tener en cuenta que entonces, como ahora, Fuerteventura era puente o escala entre Gran Canaria y Lanzarote, pero también desarrollaba un tráfico de cabotaje con el resto de las islas y aún cabotaje interno, entre puerto de nuestra misma isla por aquello de que apenas había dos carreteras. Las estadías de los correíllos iban aparejadas en su singladura con las de determinados pailebot, goletas y balandras que los seguían en su recorrido por las islas orientales.
De Gran Canaria llegaba todo tipo de género y mercadería, incluidas frutas y carbón, además de la maquinaria de bombeo, automóviles y máquinas de coser; de Lanzarote solía llegar vino, papas y batatas, cebollas y melones y sandías; de las islas occidentales frutos como los plátanos y todo tipo de mercancías; de la África pescado; los correos de la Península traían maquinaria y vehículos y llevaban cereales...
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| Ejemplo de la exportación de calizas llevada por la firma Agustín Pérez e Hijos en su horno de Risco Prieto, y en la década que nos ocupa [Elaboración Francisco J. Cerdeña] |
Pero de Fuerteventura se sacaba hacia las otras islas el ganado vivo, estiércol, alfalfa, pescado salpreso o seco y marisco pero, sobre todo piedra de cal y de yeso, junto a cales elaboradas. Y testimonialmente, en la década que nos ocupa, se seguían exportando pequeñas partidas de orchilla, cochinilla y barrilla de la mano de empresarios como Agustín Pérez Rodríguez y del consorcio con sus hijos Agustín Pérez e Hijos.
Pero también mano de obra que, en tiempos de crisis, se trasladaban a los puertos de las islas centrales o emigraban siguiendo una tradición que llevaba a nuestros antepasados al Río de la Plata.
En la nómina de empresarios que animaron las exportaciones de Puerto de Cabras y las importaciones (en el bien entendido que no todos eran Puerto de Cabras, pero usaban el muelle para sus operaciones), además de los mencionados Agustín Pérez e Hijos, estaban Antonio Martín Alonso, Miguel Fernández, Manuel Miseras, Francisco Herrera, Antonio Bordón, Laureano Saavedra Peña, Antonio Dávila, Pedro Martín, Luis Herrera, Antonio Dámaso, Marcial Viñoly, Antonio Arocha, Antonio Hormiga, Francisco del Toro, Emeterio Toledo, Pedro Felipe, etc.
Algunos de los exportadores tenían sus propios barcos, especialmente los vinculados a la exportación de calizas. Y la nómina de buques que operaban por nuestro muelle y bahía se puede seguir también en las secciones portuarias de la prensa de la época, especialmente detallistas con las llegadas procedentes de Fuerteventura en los puerto de las islas centrales.
Los vapores que operaron en esta década fueron el correíllo Fuerteventura, el correíllo La Palma, el correíllo León y Castillo, el correo Capitán Segarra, el correíllo Lanzarote, el correíllo Viera y Clavijo y el correo Escolano, entre otros. Los dos correos de mayor porte que los interinsulares nos incluían en la ruta Península-Canarias-África.
Los veleros que hacían estadías en nuestro Puerto de Cabras fueron los pailebot Pájaro, Frasquita, Rosario, La Juanita, el Diana, Estrella, Enriqueta, Carlota García, Fermina Concepción, Adán, Bella Lucía, Bartolo y Evelia, entre otros que ya empezaban a ser mixtos con la aplicación de motores. No son todos los del cabotaje pero sí los que nos frecuentaban.
De menor porte y envergadura solían fondear goletas, balandras y balandros como Rosa, Candelaria, San Miguel, Juanita, San Vicente, Santiago, María de las Nieves, Inés o El Nicolás. Muchos de estos, como los otros veleros, siguieron renqueando por nuestras islas hasta las décadas de 1960-70, atiborrados de estiércol, piedra cal o cal viva.
Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas.
Toponimia urbana de Puerto del Rosario: Barranco de El Canalizo
Los cambios en la fisonomía del entorno de Puerto del Rosario se suceden de una forma trepidante: tendidos eléctricos, placas y molinos, y sobre todo viales, van transformando el suelo y, con la misma velocidad, la toponimia histórica pierde sentido, desaparece.
El topónimo del que hoy nos ocupamos, como tantos otros del entorno del antiguo Puerto de Cabras, ya no podremos entenderlo porque el cauce de este barranco ha desaparecido casi en su totalidad bajo las obras de la autovía norte-sur de Fuerteventura.
Nos encontramos a la altura de la Rosa de don Joaquín Vila y ya estamos hablando de un nombre que debe formar parte del patrimonio cultural de la ciudad. Es conveniente “subirse” a vista de pájaro, por ejemplo con Google Maps o Grafcan, para entender el discurrir de este barranquillo que nos regalaba cascadas en tiempos de lluvia; llevando las aguas hasta el Barranco de Jaifa, del que es tributario.
Los barrancos y barranquillos que en época de inviernos generosos drenan los tableros de El Viso y de Los Alcaravanes, se encontraban en Zurita, entre la Montaña de las Veredas y La Atalaya del Viso o de La Gente para desparramarse sobre el “término o costa de Puerto de Cabras”, se van perdiendo para la geografía y para la cultura inmaterial de los sitios en que se desenvolvió la vida de nuestros antepasados.
El barranco del Canalizo, aparte de leerlo en los protocolos notariales de la isla en el siglo XIX y en memorias de costumbres como la escrita por Ramón Fernández Castañeyra para Juan Bethencourt Alfonso, lo encontramos referenciado por el que fuera alcalde de Puerto de Cabras y presidente del Cabildo de Fuerteventura, Secundino Alonso Alonso, cuando en 1902 pidió licencia para construir en dicho barranco un aljibe, muy cerca del segundo de los puentes de la carretera del Puerto a Tuineje por Casillas del Ángel.
El Canalizo recibía las aguas que le entregaba el Barranco de Lucas Méndez a la altura de la Rosa Vila, formándose una pequeña cascada que daba gusto verla con el ojo de aquel puente de fondo. Desde aquel punto hasta su encuentro con el de Jaifa, frente al “Topete de Medina”, discurría el barranco que nos ocupa y cuyo topónimo está ya moribundo.
Lo llamaban El Canalizo porque su cauce se estrechaba encajándose en la roca basáltica formando un minúsculo cañón, todo risco; una circunstancia que garantizaba que los charcos del fondo, la mayor parte del día en sombras, aguantaran meses sin evaporarse.
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| En pleno invierno: La cascada de El Canalizo, junto al primitivo puente y aljibe, cercano a Rosa Vila. Foto de Paco Cerdeña, Cuaderno de Puerto de Cabras. |
La Costa de Las Salinas y de Jarugo
Existe una franja de terreno al poniente del término municipal de Puerto del Rosario que se adentra unos 4 kilómetros desde la orilla del mar. Lo llaman "La Costa" y que no es más que parte del territorio de dos de los "términos" de la antigua dehesa de Fuerteventura: el de Las Salinas y el de Jarugo. El suelo y lo que allí se practica forma parte del patrimonio histórico y etnográfico que Puerto de Cabras/Puerto del Rosario heredó del extinto municipio de Casillas del Ángel.
De todo eso habla el libro que acaba de ver la luz bajo el título de "El Mancomún de Puerto del Rosario. Notas sobre un registro de criadores y sus marcas (1930-1960)". Bueno, de todo eso y de los criadores que soltaban allí su ganado de costa, las marcas que empleaban y el registro oficial de las mismas en que se distinguen aquellos por los distintos pueblos del municipio.
Una interesante aportación al conocimiento de la marcas mediante cortes en orejas de los animales, utilizadas por la ganadería tradicional desde tiempos inmemoriales. Y nos acerca la base territorial de aquella práctica ancestral y su deslinde.
Un abundante material gráfico ayuda a la interpretación de las marcas ganaderas con sus golpes y diferencias y las zonas de la fisonomía de las reses en que se practicaban los cortes.
Tagoror, Lemus o Canaima son algunos de los puntos donde los interesados pueden echarle una mirada.
Las impresiones del Dr. Domingo Hernández González en Puerto de Cabras
En las postrimerías del siglo XIX llegaba a nuestra puerto un médico apasionado de la observación meteorológica. Oriundo de Las Breñas, en la isla de La Palma, no es de extrañar el radical cambio que veía en el entorno de su nueva residencia y donde ejercería la medicina casi diez años.
Corrían los primeros años del siglo veinte y Fuerteventura no lograba levantar cabeza. Al arancel sobre los cereales canarios (léase de Lanzarote y Fuerteventura) en su entrada a la Península Ibérica, se unía la tremenda sequía y los malos tiempos que azotaron la isla por aquel entonces.
La gente emigraba y tras ella hasta las piedras de paredes divisorias, casas y gañanías se vendían para embarcar con destino a los puertos de La Luz y Santa Cruz de Tenerife, objeto de ampliaciones y mejoras en sus infraestructuras. Allí se demandaba materia prima para fabricar cales hidráulicas y mano de obra a raudales, así es que nuestros antepasados, agobiados por la sequía y los tributos, una vez más, cogieron la maleta.
Al poco de llegar nuestro doctor a la isla para ocupar la plaza de médico municipal de Puerto de Cabras, don Domingo Hernández González se ocupó de los enfermos de la Beneficencia local, de los militares de guarnición en Fuerteventura y de un vecindario que, por lo apuntado, apenas sobrepasaba el medio millar, incluidos los soldados.
Venía del otro lado del Archipiélago, de la isla más verde, La Palma; es claro que la imagen primera le impactó y tuvo tiempo para entretenerse en la observación del clima y del paisaje de nuestra isla.
En Puerto de Cabras, quizás por la magua verde de su tierra natal, se aficionó a la observación meteorológica. Escudriñaba nuestros cielos y nuestro mar preguntándose por qué no llovía en este trozo de desierto; anotaba minuciosamente las temperaturas y los estados de la mar, de dónde soplaban los vientos cada día...
Y de sus inquietudes dejó unos apuntes que hemos podido rescatar y que vienen a pelo con los últimos episodios climáticos que estamos sufriendo en Canarias.
De formación científica, nuestro galeno no dio pábulo a las cabañuelas y las arrinconó entre las anécdotas etnográficas de los majoreros y de los canarios en general.
Para empezar, aunque médico local, tuvo que acudir a los municipios aledaños de Tetir y de Casillas del Ángel para atender a los afectados de tiña, contraída, al parecer, por el contacto de los camellos importados de la vecina costa africana.
El trasiego mercantil -se decía- pero también el determinismo geográfico (algo en lo que siguió al tetireño Antonio María Manrique y Saavedra), iba a ser objeto de sus observaciones.
Al menos así lo anotó en los dos primeros meses de 1902, cuando vio que de nada servían a esta tierra las garugas caídas sobre los campos en noviembre y diciembre del año anterior:
"Los vientos secos y huracanados -anotó- del Este y Sureste, han reinado con breves intervalos, alterando los mares de tal modo que por espacio de muchos días se interrumpió la comunicación de buques con el puerto.
"El temporal llegó a su punto álgido el día 16 de enero, y el día anterior, desde la madrugada, hubo truenos y relámpagos: los horizontes se cerraron. Había niebla densa y baja, cargada de polvo amarillento que imprimía a la luz un tinte tétrico.
"Cuando cesó el viento el aspecto de la atmósfera presagiaba una horrible tempestad. A la diez de la noche de aquel día volvió el viento fuerte, uniendo sus ruidos al ruido tenebroso del mar al estrellar las grandes olas contra el frente marítimo. La Luna apenas brillaba y la oscuridad era tan intensa que, a corta distancia, no se distinguían las personas que transitaban por las calles.
Al amanecer continuaba el temporal, pero más flojo. Disminuyó la fuerza del viento, y el mar se puso llano, desapareciendo las nubes de polvo, en parte arrastradas por la enorme cantidad de tierra que descargaron.
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| La calima, escondiendo el paisaje. Foto Paco Cerdeña. |
"Los campos quedaron cubiertos de polvo... Y, como los males de esta tierra nunca venían solos, arrastrados por las corrientes marinas, la orillas se inundaron de grandes bardos de cigarrones berberiscos, en su mayoría muertos.
Aquello debió parecerle a don Domingo un azote bíblico. Se decía que si no llovía pronto, los árboles y las cosechas se verían seriamente afectados, perdidas las papas y los tomates que ya empezaban a experimentarse por las fincas del interior.
Que cerca estamos de África -concluyó- mientras leía la prensa de la época tras las ventanas del Casino El Porvenir: Los buques de vela que fueron sorprendidos por el temporal en los puertos y playas de Fuerteventura, corrieron hacia la Isla de Lobos que, como suele ser habitual, constituye en estos tiempos un excelente abrigo. Porque se perdieron algunos barcos como el pailebot "El Rosario", a la entrada de Puerto Naos...
En Puerto de Cabras los barquillos se arrastraron calle León y Castillo arriba para resguardarlos porque las olas barrieron un muelle chico ya maltrecho y el mar circuló por las calles aledañas a la explanada, adentrándose por el Barranco Pilón que, por unos instantes se tornaba río de aguas turbulentas.
(c) Francisco J. Cerdeña Armas. 2009-2026
De topónimos y mapas que confunden
En tiempos de rescate de la memoria, resulta extraño que aún se siga recurriendo a la cartografía militar de 1944, no sólo por la exactitud de su expresión gráfica, sino también por la toponimia que incorporaron. Se la toma como infalible pero, caramba, desde entonces la investigación histórica y registral de las propiedades y topónimos de nuestro entorno han ido colocando en su sitio los nombres de lugares muy anteriores al periodo de posguerra civil y segunda guerra mundial.
Las fuerzas que por aquí se desplegaron en los años de la contienda mundial fueron batallones expedicionarios procedentes de la península y, entre ellos, las personas que se emplearon por el servicio cartográfico del ejército para mapear la isla.
A día de hoy, la cartografía de portales oficiales en Canarias, sigue empeñada en acudir a aquellos mapas para, intencionadamente o no, colonizar la toponimia insular con lo que los expedicionarios de entonces reflejaron en sus vuelos, sin tener en cuenta que no siempre se acudió a las fuentes documentales como registros de la propiedad, de la oficina liquidadora y de los protocolos notariales; incluso quizás se mal entendió a los informantes isleños.
Basta como ejemplo enfocar al entorno del actual Puerto del Rosario, por ejemplo com Google Maps o con los visores de Grafcan, para darnos cuenta de que los nombres de mil novecientos cuarenta y cuatro no siempre se recogieron con exactitud, así es que no entiendo por qué se toma como fuente inquebrantable esta cartografía. Porque salvando la exactitud del dibujo y la fotografía, no sé si hoy cuadraran las descripciones de fincas escrituradas con esos mapas.
En tiempos de recuperación de la memoria cultural y la toponimia identitaria que también se recoge como patrimonio en la vigente ley canaria de 2019, no se entienden algunos cambios que han sustraído del recuerdo colectivo topónimos como los de Rosa Vila, Barranco Negrín, Barranco Risco Prieto o El Charco.
Y como una bola de nieve, los “rescatadores” actuales, basados más en la cartografía militar que en las historias registrales de las fincas y de los instrumentos de la fe pública notarial, han propagado el despropósito de desterrar topónimos que siempre acompañaron a nuestras gentes en el espacio en que vivían, para “vender” la bisoña idea de que “así constaba en los mapas del Ejército”, sin más contraste. Así vamos…
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| ¿rediles? |
Estos dislates con los actuales medios de comunicación a través de Internet, nos están abocando a la pérdida de un importante legado cultural, pues, como dijimos, la actual Ley de Patrimonio Cultural de Canarias, califica claramente la toponimia como una parte importante del patrimonio colectivo.
Algunos ejemplos que ya se propagan a través de los visores relacionados con trascendencia mundial:
Llanos del Negrito, desplazando al histórico Llanos de Negrín.
Barranco del Negrito, desplazando al Barranco de Negrín.
La Rosa de la Villa, postergando y tapando a la Rosa Vila.
Barranco Hondo, que les pareció más bonito que el centenario Risco Prieto.
Barranco de Las Tuneras, arrinconando al histórico Barranco de Los Pozos.
…
Podríamos seguir comentando pero ya resulta más que exasperante ver cómo este fenómeno está calentándose desde las propias oficinas locales de urbanismo que, muchas veces, ni siquiera se detienen en contrastar con los catálogos toponímicos sobre los que se volcó el Cabildo de Fuerteventura en la década de 1980, pateando el territorio para, precisamente, rescatar estos elementos del patrimonio histórico, cultural y etnográfico de Canarias.
Así es que no veo peor manera de alentar la desinformación y la aculturación que desterrar topónimos que acompañaron a nuestros antepasados en las inscripciones registrales de sus casas, caminos, aljibes y pozos.
Las idas y venidas de los nombres de lugar reinterpretados como si estuvieran descubriendo el mediterráneo, me parece un despropósito. Quienes se aventuran en la investigación histórica o registral de fincas y parajes lo tendrán cada vez más difícil para interpretar lo que estén estudiando. Y no sólo es por las tremendas alteraciones paisajísticas.
En fin… voy a rubricar estas líneas, pero no sé si poner “Puerto de Cabras”, “Puerto Cabras” o Puerto del Rosario; pero no sin antes invitarles a que exploren la cartografía institucional o la que aquí hemos insinuado. Y, como tarea, busquen, por ejemplo, Risco Prieto, donde se apagó la Industria de la Cal allá por la década de 1970.