martes, 26 de julio de 2022

Fiestas de Casillas del Ángel 2022

Un acercamiento a la historia de su municipio: Presiones para su extinción en1926


Los jóvenes de Casillas fueron este año 2022 protagonistas de sus fiestas y han estado presentes en los actos preparatorios del jolgorio y en su desarrollo: desde la confección de banderitas para decorar sus calles hasta los talleres como el de repique de campanas. Sin embargo creo que conviene hacer un poco de memoria con los documentos, ante la imagen de lo que fue Casa Consistorial de Casillas del Ángel y leer y escuchar las entrevistas de sus últimos ediles que se publicaron en prensa, radio y televisión.

Porque no hay que olvidar que este pueblo fue cabecera municipal, capital del municipio de Casillas que dirían algunos. Que en su jurisdicción municipal hubo dos embarcaderos o puertos históricos: Matorral o Tegurame y Los Molinos. Que, de haber continuado su existencia como entidad local, en dicha jurisdicción también estaría el Aeropuerto Internacional de Fuerteventura…

Un municipio el extinto Casillas del Ángel al que pertenecían pueblos como Tefía, Llanos de la Concepción, La Ampuyenta, Tesjuates, El Matorral…

Uno de los alcaldes pedáneos, don Ignacio Barrios González, nos lo recordaba en el programa “La Pioná”, que conduce David de León para “Mírame Televisión”. A él y los que como él no quieren olvidar su historia va dedicada esta entrada de nuestro blog en la fiestas de Casillas del Ángel 2022.

Salvo Puerto de Cabras el resto de municipios majoreros se originaron como parroquias, fueron ayuntamientos parroquiales y tomaron su jurisdicción de la que usaba la iglesia, algo que se aplicó para las estadísticas de finales del XVIII en toda España pues se tomaba por unidad jurídica-geográfica básica a la parroquia.

Tenemos pues que la evolución de nuestras entidades locales y sus jurisdicciones respectivas surgen del primer organismo de ámbito insular que se creó en la Villa de Betancuria: allí estuvo el viejo Concejo, Cabildo o Ayuntamiento insular que se constituyó para frenar los excesos señoriales en el crisol de la sociedad colonial tras la conquista, cuando aún seguían independientes las islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma; en tiempos en que no había una jurisdicción única para todo el Archipiélago, se pergeñaba en las islas de señorío una de ámbito insular.

Y allí, en Betancuria, la Iglesia fundó una catedral de corta vida (1424-1430) y allí plantó su primera parroquia insular, la parroquia matriz como remate al proceso evangelizador. De ella emanaron las otras entre las que se repartiría la jurisdicción territorial y las rentas decimales que a cada una correspondía.

La iglesia y el municipio evolucionaron de forma distinta su organización territorial. La primera fraccionó la jurisdicción única creada en 1533 en varios momentos: Pájara y la Oliva en 1708-1711, Tetir en 1777, Antigua en 1787, Casillas del Ángel y Tuineje en 1790. Los municipios como jurisdicciones administrativas locales, calcaron su territorio sobre las parroquias (son los ayuntamientos parroquiales), y como tales unidades estadísticas los tomó el Estado en las reformas ilustradas del XVIII, que otra cosa son las pedanías y los intentos de constituirse en ellas alcaldías en los primeros momentos de la Revolución Liberal del XIX, en medio de la alternancia de momentos absolutistas y procesos revolucionarios.

Así es como podemos establecer el acta de nacimiento de nuestro municipio: Casillas del Ángel echó a andar su municipalidad en 1812 y la extinguió algo más de cien años después, en 1926.

Se acerca el centenario de la desaparición del viejo municipio que, como el de Tetir un año antes, se deberían de conmemorar en 2025 y 2026.


Puerto de Cabras, habiéndose creado en 1834-35 sin ser aún parroquia, fue capaz de “anexionar”, la figura es lo de menos (un campo de estudio local más), a los municipios aledaños de Tetir y de Casillas del Ángel al amparo del Estatuto Municipal de 1924.

El hoy Puerto del Rosario debería conmemorar sin acritudes el centenario de la muerte de dos de los ayuntamientos que a él “decidieron agregarse”, porque la memoria colectiva no debe olvidar su historia.

Porque el proceso no fue moralmente impecable. Hubo planificación y se actuó en última instancia con el ahogo fiscal de dos municipios agrarios que se tiraron el poso de los olvidos históricos.


Les convidamos a que nos acompañen al año 1926. Estamos al sur de la iglesia parroquial, en la plaza, frente a la casa Consistorial de Casillas. Allí en un cuarto que también hacía las veces de salón de actos y que algunos recordarán como juzgado de paz, estaba previsto un pleno extraordinario y público: se ventilaba la situación financiera del municipio y la denuncia por la sospecha de insumisión fiscal organizada desde Puerto de Cabras y apoyada por algunos de los contribuyentes de Casillas.

Iniciada la sesión a la hora prevista del 4 de julio de 1926 el presidente Juan Nolasco Morales expuso a la corporación el objeto de la reunión: 

Poner en conocimiento de la misma que según fuentes de su autoridad, varios vecinos de este pueblo, deudores al municipio, se hallan confabulados con otros también deudores a este ayuntamiento y vecinos de Puerto de Cabras, con el fin de no pagar los tributos que como vecinos y hacendados forasteros en este pueblo, vienen obligados a satisfacer para nutrir el erario municipal, y resistirse a toda clase de procedimientos ejecutorios; y que, según noticias fidedignas y conforme se desprende del modo de proceder en el servicio que como alcalde pedí a la Alcaldía de Puerto de Cabras respecto de notificaciones a aquellos deudores, el señor alcalde de dicho pueblo también puede estar comprendido o complicado en la confabulación referida, para mejor éxito de los rebeldes, teniendo el arma indispensable de su mano para no pagar, como lo es la notificación de apremio de segundo grado. Como estos hechos, a parte de ser una desmoralización manifiesta en sentido absoluto y grado máximo, revela algo de movimiento caciquil de la antigua política en aquel pueblo, que es menester ponerle veda en bien de los intereses de este municipio, a  la par que, pudiera constituir delito por levantar la bandera de la rebelión negándose al pago de los tributos votados por la nación, en uso de su indiscutible soberanía.

Por ello lo pone a la consideración de la municipalidad, con el fin de que, con el mayor estudio y precaución debida dado el color que ha tomado el asunto, acuerde lo pertinente al caso, para poder coartar toda clase de imposición ilegal que como las manifestadas se pongan por delante. 

La corporación, bien compenetrada del asunto y con cuidadoso estudio precedido de una larga deliberación, acordó por mayoría: Que dada las circunstancias del caso expuesto, autorizaba ampliamente al señor Alcalde presidente para que, por todos los medios que estime convenientes haga uso de ellos, dirigiéndose a las autoridades de todo orden que estime necesarias, instruya el expediente que crea oportuno y demás movimientos necesarios a su criterio, encaminados a poner a salvo la hacienda municipal de este pueblo, sagrada para la corporación que acuerda en bien de sus intereses y de la nación en general. Contra dicho acuerdo votó en contra el concejal don Tomás Curbelo.

Aprobado el primer punto la presidencia manifestó la necesidad de nombrar a un recaudador que cobrase los arbitrios de importación y exportación cedidos por el Cabildo Insular de esta isla al municipio, con el carácter de empleado para la cobranza en la zona de “Los Molinos”.  Y la corporación por unanimidad acordó nombrar para tal objeto al vecino de este pueblo, residente en Tefía, don Facundo Pérez Padilla, con derecho a percibir el diez por ciento de lo recaudado mensualmente, quedando obligado a rendir cuenta de su gestión e ingresar el sobrante, deducido aquél, mensualmente y a fin de cada mes. Aquel puertito, volcado en la exportación de cal y piedra de cal y yeso, era la esperanza como fuente de ingresos complementaria a las propias de una hacienda mayoritariamente basa en el sector agropecuario.

En aquel año la corporación de Casillas la integraban Domingo Velázquez, Fausto Carrión, Bernardo de León, Tomás Curbelo y Santiago Ramírez, presididos por Juan Nolasco Morales.

Quedaban pocos meses de independencia administrativa. La Corporación municipal de Casillas del Ángel sucumbiría poco después en un movimiento político que involucró al Gobierno Civil y su delegado en la isla para crear el ambiente propicio a la extinción y agregación a Puerto de Cabras.

De Ello hemos hablado en otra entrada de nuestro blog, a la que remitimos al inquieto lector.


miércoles, 11 de mayo de 2022

El Puerto de Los Jardines

 Evocación de un paseo por las entrañas del volcán de Vega de Río Palmas, el 8 de mayo de 2022.

El Puerto de los Jardines. Tal es el topónimo que, entre otras cosas, propone rescatar de los entresijos de la Historia Manuel Barroso en su libro La Virgen de la Peña de Fuerteventura, su historia, sus coplas [Autoedición de 2008,DL GC-563-2008], coincidente en su planteamiento con el que publicó el mismo año Rosario Cerdeña, La Virgen de la Peña [Cabildo de Fuerteventura 2008, DL 1012-2008].

El énfasis de uno y otro autor sobre la primera capilla de Fuerteventura y el Puerto de los Jardines me recuerda a una pregunta que nos planteó en la década de 1970 el desaparecido Francisco Navarro Artíles: ¿Y si el Puerto de Los Jardines mencionado en las crónicas de la conquista de la isla fuera un puerto de montaña?

¿Un puerto de montaña en Fuerteventura? - siguen preguntando algunos. Pues sí. No era para menos: tras arrimar su barco a las arenas de Ajui, la gente de Bethencourt se adentró barranco arriba, entre palmeras y tarajales: a la izquierda, La Madre del Agua, un naciente que brota en uno de los afluentes que vierten en este cauce, casi a la misma distancia que el de Mezque, a la derecha. Podríamos adivinar a los majoreros oteando el avance de la tropilla invasora desde el Llano del Sombrero, los seguirían por sobre la montañeta de "Teta de la Vieja" para perderlos de vista en el desfiladero de las Peñitas.

Los normandos, atraídos por aquel monumento natural que hoy sabemos de traquitas, sienitas o gabros, admirados por tantas palmeras que brotaban como gritos verdes en el desierto, tuvieron serias dificultades para subir por la resbaladiza garganta, por aquel corte tan abrupto del terreno. Pero animados por los charcones de agua y el verdor conque se encontraron al otro lado, se sintieron entrar en los jardines del terruño isleño; ante sus ojos se expandía un oasis atravesado por el discurrir de las aguas permanentes en medio de un valle de palmeras, por entre morretes y vaguadas aún sin nombre, camino de la que llamarían Betancuria.

En aquel desfiladero, en aquel Puerto de los Jardines, se hizo la primera capilla no sacralizada para acoger la imagen de una Virgen de piedra pequeñita que habían traído los conquistadores. Nos lo recuerdan los estudiosos citados, insistiendo en que la noticia ya estaba en las crónicas normandas de la conquista, aprovechando Barroso para desmontar otras teorías que ubicaron estos hechos y topónimos en Pozo Negro, al otro lado de la isla.

Y, junto a aquel Puerto de los Jardines, digo yo, una de las primeras vegas de cultivo que se repartieron tras la conquista, a la vera del Rio de Palmeras y que, andando el tiempo, tornaría en secular topónimo de Vega de Río Palmas pues, para nosotros, como para nuestros antepasados, palma y palmera vienen a significar lo mismo; y no es casualidad que el Morro del Sargento sea otro de los nombres que rastreamos en la Toponimia del lugar.





La presa de Las Peñitas, nos recuerda Barroso, sepultó para siempre, en la primera mitad del siglo XX, el idílico paraje que contemplaron los primeros normandos que llegaron al corazón de la isla para colgar en el andamiaje de la Historia el Puerto de los Jardines y la Ermita de Malpaso; yo diría que un entorno en el que vencedores y vencidos, normandos y majos o majoreros, se distribuyeron la propiedad y el usufructo del territorio que luego explotarían colonos de distintas procedencias.

Estas son las propuestas y sugerencias que animan a releer distintos aspectos de los primeros momentos de la conquista y evangelización de Fuerteventura, justo ahora que son más de seiscientos los años del convento de San Buenaventura, pues en ese marco sitúo yo alguna de las tesis de Barroso en la obra mencionada sobre el hallazgo de la imagen de la patrona de la isla y sus protagonistas; y la idea del Puerto de los Jardines y la primera capilla en la que, al parecer, los dos autores mencionados coinciden.

Sin embargo, el primero de los autores citados, llama guanches a los majos; desentrañando errores yerra, pues es profusa la denominación que atribuye a los que, al menos, debió llamar isleños o nativos. Y así la idílica imagen del puerto de montaña que tratamos se restituiría a sus legítimos dueños, los majos. Un pueblo que allí vivía tranquilo, sabedor de que, algún día, una de las velas que veían sobre sus mares, se detendría junto a la costa para acabar con su paz. Obvia este autor el genocidio que en aquellos tiempos se estaba produciendo y se produciría en el resto de islas...

El pasado día 8 de mayo, La Sociedad Geológica de España nos llevó en su Geolodía 2022 a este trozo de Fuerteventura para ilustrarnos de que la Historia Geológica quiso que hace millones de años, cerca del desfiladero de las Peñitas, del Puerto de los Jardines, se abriera la fragua de Vulcano; que por aquí circularon las rocas líquidas en las profundidades de un volcán que, según los especialistas, llegó a tener un cono de más de tres mil metros de altitud... Que en el entorno de Rio Palmas estaríamos cociéndonos en el leve suspiro que para estas fuerzas sería la historia de la Humanidad en el proceso ígneo de formación de la isla.

Una casualidad que, precisamente en este berrocal inmenso, entre peñascos, se fraguase la leyenda del redescubrimiento de la Virgen de alabastro que escondida y acaso olvidada, dejaron los normandos para que los franciscanos del viejo convento levantasen el germen de la evangelización de Fuerteventura y de Canarias.

Con el Geolodía 2022 pateamos las entrañas del extinto volcán para comprender el origen de tan singular paisaje en Vega de Río Palmas. A través de las distintas rocas y la distribución de sus afloramientos sobre el terreno, los técnicos nos enseñaron a ver lo que fue la boca del infierno y los sucesivos arcos que, en su día, dibujó el magma terráqueo en su empuje, abriéndose camino sobre la isla más antigua de Canarias. De nuevo la casualidad conectó el efímero devenir de nuestra especie con la inmensidad geológica del planeta que, como tal, se ha permitido prescindir del cono volcánico para regalarnos la vista de este puerto de montaña, berrocal único en las islas, donde la Historia escondió el Puerto de los Jardines.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Las fábricas de gofio en Puerto de Cabras

 Las fábricas de gofio en Puerto de Cabras.

Recuerdos de cuando era chico.


Hasta donde la memoria alcanza pocos recordarán otros artilugios de molturación de cereales que no sean el de Peñate, luego de Berriel, en la calle Fernández Castañeyra de Puerto del Rosario, anexo a la fábrica de electricidad, y la máquina del gofio de Tetir, de los hermanos Martínez Soto, hoy convertida en museo. Al menos en funcionamiento, sin entrar en las de reciente restauración, como la Molina de La Asomada o la Molina de los Trapos, más antigua, hoy derruida y cuya torre y arboladura vemos en la rotonda de la carretera a Tetir; y otras que luego veremos.

Porque las industrias de molienda que más se recuerdan en nuestro municipio son las que funcionaron con motores de gasoil, como las citadas al principio.

Veamos en primer lugar las fábricas ubicadas en el perímetro de la actual ciudad, basándonos en los recuerdos y la bibliografía consultada.

Yo recuerdo algunos molinos bastante cercanos al domicilio de mi infancia en Puerto del Rosario. No en funcionamiento, pero sí en pie la estructura del inmueble que ocupaban: unas respondían al sistema de molino macho y otras al del sistema Ortega que aquí llamamos molinas.

Pero los sacos de millo tostado los vi llevar a la Molina de Almácigo cuando su arboladura ya estaba desmontada y, olvidándose del viento, se le aplicó motor, creo que en diesel, y la máquina de Los Martín de Tesjuate, que no era más que un motor de bombeo de agua de pozo con aplicación a la molturación.

En el casco urbano, junto a la actual calle Cervantes, por debajo de la Rosa de Bernabé Felipe, recuerdo ver un edificio de dos cuartos cuadrados que albergaban el almacén y la sala de máquinas de una molina que atendía don Juan Díaz, oriundo de Pájara; recuerdo cómo se desmontó su arboladura y las vigas de madera de su torre estuvieron mucho tiempo tiradas junto a la gavia de la higuera, a la izquierda del camino, ya calle, de La Rosa.

Recuerdo que, algo más abajo, donde luego se hiciera la Sección Femenina y hoy aloja al Centro de Artesanos del Cabildo, había otra en una casa que allí se demolió; tenía paredes con esquinas redondeadas por el ángulo nordeste, propiedad de los Medina pero construida por don Indalecio Acosta en el XIX. Era una estructura muy baja y, como digo, de paredes redondeadas para ofrecer poca resistencia al viento, algo que no tenía la del camino de la Rosa.

Van dos,  y las dos, molinas. Quedan otras dos que estaban a ambos lados de la carretera de Tetir, porque la otra antigua fábrica de que tengo referencias se alojaba en molino macho troncocónico, muy cerca de la rotonda de Las Culonas, en el alto que había a la derecha de la calle León y Castillo, en línea con las casas baratas de abajo o Barriada del Rosario. En la actual avenida Juan de Bethenocurt estaban la molina de los trapos que, como dije, muchos recordamos moliendo al revés, y la de Domingo Ruiz, en medio de la bifurcación  que aquella avenida hace con el camino del Time, hoy calle Teresa López, actualmente en proceso de reconstrucción y reposición como símbolo de una actividad que también se desarrolló en Puerto del Rosario.

Socorrido de la bibliografía y la documentación para mitigar mi curiosidad, supe que la de Los Trapos, fue levantada por Agustín Pérez Rodríguez en la década de 1910, cediéndola en última instancia para su explotación a Los Oramas. Y la de Dominguito Ruiz, caminero que, en realidad, la usó como casa, perteneció y fue levantada por el tinerfeño Domingo Ángel Adrián, en la década de 1870; es la más antigua industria de este tipo en la capital majorera, utilizándose para su puesta en marcha el sistema ortega de aprovechamiento eólico. Nadie de los vivos recordamos arboladura en la molina de La Charca, pero está acreditado que este fue uno de los primeros molinos del sistema Ortega en Fuerteventura.

Después vinieron más y, en un proceso de adaptación del modelo palmero a nuestra isla, de dimensiones reducidas, como la molina de Curbelo en Almácigo, que tuvo gemelas en toda la isla y, en nuestro municipio, en donde dicen “Cho Bello”, en Zuritas, construida por Luis Perdomo Ávila para atender la producción de la finca levantada junto a los caños del agua de La Esperanza, a cuya sociedad pertenecía; la instalada sobre una loma al poniente de la montañeta del Ángel, en Casillas, o la ubicada en el centro de Puerto Lajas, cuya máquina, procedente del norte de la isla, se trasladó a la que actualmente vemos restaurada sobre el Roque, cerca del barranco de La Monja.

En el término municipal de Puerto del Rosario hubo otras fábricas de gofio de distinta tipología que se incorporaron como bienes de interés cultural al patrimonio histórico de nuestra isla en la década de 1980, siendo posteriormente restauradas para su admiración por todos.


Cuarto que alojó una molina, loma al poniente de Montañeta del Ángel, Casillas.


Olvidada, entre el Molino de Nemesio y el Molino de Lomo de Tetir, en Llanos de la Concepción, quedó la casa de una molina cuyos maderos estuvieron en el lugar hasta no hace mucho, donde alguien levantó una maqueta de aquella otra... Restaurada fue la arboladura de Molina de Almácigo y la Molina de La Asomada, que aún sigue en funcionamiento, atendida por el último molinero, señor Cabrera Oramas, que también puso en explotación el museo del gofio en Tetir. Y la Molina de Tefía, muy cerca del eco museo de la Alcogida, también restaurada.

Nos queda el molino de Tefía, igualmente restaurado por el Cabildo Insular en las inmediaciones del primer aeropuerto de la isla y e cuyas instalaciones se albergara la que fuera Colonia Agrícola Penitenciaria Fuerteventura, de tan tristes recuerdos para muchos.

La autosuficiencia del campesino majorero, con su aljibe, su horno de pan y sus cabritas, hizo que muchas casas dispusieran también de molino de mano, porque las tahonas de molienda con animales solían tener carácter familiar o pertenecían a familias de la aristocracia rural.

Molina de la Charca, en origen construida por Domingo Ángel Adrián en la década de 1870, teniendo varios propietarios y usuarios después, hasta Dominguito Ruiz Cedrés que la usó de vivienda.

Recorrer el municipio y disfrutar de este patrimonio es un placer que puede brindarse al visitante y a nuestros escolares para que no olviden cómo se vivió aquí hasta no hace muchos años.

Yo he disfrutado paseando por mis recuerdos y mis lecturas de cuyas notas han salido estas líneas que comparto.

viernes, 16 de julio de 2021

Vestigios: El telégrafo

El amarre del cable de telégrafos en Playa Blanca (1909-1923)

Con frecuencia el mar nos da sorpresas. Como la de estos días, y especialmente hoy, día de la patrona de las gentes que de él viven y en él trabajan. Suele ser habitual que con las grandes mareas nos muestre vestigios como el que hoy comentamos, de los que un hijo de Casillas, me pasó unas fotos, sorprendido y preguntando que qué podía ser.

Y al tajo vamos: Cuando a fines de la década de 1910, el Telégrafo llegó a Fuerteventura, se amarró en Playa Blanca, dentro del término municipal del entonces Puerto de Cabras y a pocos metros de la "Canterita Blanca" que lo separaba, precisamente de la jurisdicción de Casillas del Ángel. En la inmediaciones del antiguo "Bikini" se habilitó una caseta, luego cubil subterráneo al que se enganchó la conexión a la capital insular.

Una línea aérea enganchada a postes de madera, llevó aquel adelanto que, por fin, llegaba a la isla. Una de las reiteradas peticiones de la burguesía majorera al Estado, especialmente desde el semanario La Aurora que, ya cansada, había cerrado tres años antes de el evento; no vio ni pudo anotar en sus páginas el amarre del cable telegráfico que, según decían, "los comunicaría con el resto del mundo".

Nuestra ciudad ya no conserva el bonito nombre del "Calle del telégrafo"; lo sustituyó en 1951 por decreto del régimen franquista, empeñado por entonces en desenterrar viejas glorias, héroes y leyendas: en todos los pueblos de la isla (le dijeron a los munícipes de entonces) se homenajeará al teniente Eustaquio Gopar Hernández, uno de los últimos de Filipinas que resistió en la ermita de Báler. Así lo hicieron en el Puerto: La vieja calle de irregular trazado y empedrada que desde la calle Barquillos (hoy Teófilo Martínez de Escobar) y playa del muelle Chico se adentraba, se descolgó de nuestro callejero. Pero ahí está en los anales, por si alguien quiere rescatar el callejero histórico y anotar en rótulos que la identifique, nombre actual-nombre antiguo, como se suele hacer en las ciudades orgullosas de su historia y su pasado.

Porque el nombre que señalamos del antiguo callejero, se adoptó en las décadas finales del siglo XIX como un objetivo más de las fuerzas vivas de entonces: Nos comunicaremos con el mundo -se decían... Bueno, les llegó en la centuria siguiente y no dejaron de pregonarlo en su memoria.

Y como lo hacen las mareas desde tiempo inmemorial, en estos días aparecen en Playa Blanca tres gruesos cables que allí se amarraron, detrás del antiguo "Bikini", punto de arranque de la línea aérea que llevaría los hilos de cobre hasta a la oficina de Telégrafos que estuvo en la calle de La Marina, junto a los Cuarteles, y se trasladó al alto de la calle Guise, a la que, precisamente, llegaba perpendicular desde la orilla la calle del Telégrafo.

De los boatos en la inauguración ya hemos hablado en otras entradas de nuestro blog, cuando el maestro Manuel Déniz Caraballo llevó a sus pupilos a contemplar tan grande acontecimiento: estaban viendo la "fibra óptica" de aquellos tiempos.



Así es que el paseante que se tope con estos cables, con estos vestigios del pasado de las comunicaciones en Fuerteventura, sabrá que envuelven el primer cobre que llegó a la isla para dotarla de la telegrafía con hilos, que desde la "Canterita Blanca" conducía a Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario, donde funcionó la primera estación telegráfica de este tipo, muy cerca del paseo que actualmente se construye hacia Playa Blanca.

[Los fotos son del amigo Gregorio Rodríguez]

lunes, 12 de julio de 2021

Toponimia de Puerto de Cabras: La Rosa Vieja

 Las rozas del Puerto

Una incursión en los orígenes a través de la toponimia de Puerto de Cabras.

Partiremos de que el término "roza" o "rosa", viene de la acción de rozar, en el sentido de desbrozar el suelo, acondicionándolo para la explotación agrícola y, por extensión agropecuaria, pues nos encontramos con la denominación de un tipo de finca basada en el autoconsumo en casi todos los sentidos.

En Fuerteventura recibe esta denominación la unidad de explotación del sector primario que puede o podría estar o no rodeada de bardos o paredes. En origen es posible que siga la tradición de los rompimientos autorizados por el antiguo cabildo para ampliar las zonas de vega o de cultivo sobre el terreno comunal o de "costa ganadera", también conocido como "término de pasto donde todos sueltan sus ganados.

Las rayas, bardos o paredes se registraban en otros tiempos en un libro, hoy desaparecida, que custodiaba el ayuntamiento insular; estaban reguladas en altura y anchura o espesor e un intento de impedir que el ganado arrasase los cultivos de vega. El paisaje majorero aún nos muestra vestigios de aquellas interminables bardos.

Las rozas quizás obedezcan al mismo criterio. Y entre sus paredes estaban los caños, "alcogidas", coladeras y aljibes, la vivienda, gañanía, corrales y era, además de un número variable de gavias y hoyos para frutales y, probablemente, algún pozo, naciente o manadero cercano. Constituía pues, una unidad de producción agropecuaria al combinar la agricultura y la ganadería estabulada; una perfecta simbiosis para el autoconsumo...

Las rozas más conocidas o más efectivas desde el punto de vista de la producción o capacidad para mantener a varias generaciones, trascendieron en la toponimia isleña. Dada sus enormes extensiones, estas rozas han bautizado, por extensión, amplios entornos (Rosa Ucala, Roza Nueva, Roza de los Negrines, Rosa del Vicario, Roza de Catalina García...). Muchas fanegadas de tierra, varias hectáreas de suelo, dieron para mucho y sus nombres aún laten en el mercado inmobiliario.

En Puerto de Cabras encontramos varios topónimos, varias rozas que llevan anexo (o suelen llevarlo) el nombre de la persona que las roturó en origen; y con esto volvemos a recordar los antiguos rompimientos regulados por el Ayuntamiento Insular o cabildo antiguo, mucho antes de los actuales cabildos, en los siglos XVII y XVIII, por ejemplo.


Centrémonos en dos de las rozas que conformaron el espacio humano ocupado entorno al Charco, al norte-naciente del barranco del Puerto de Cabras o del Pilón:

La Roza del Viejo, en puridad "La Rosa Vieja", en el barrio capitalino de El Charco, vinculada a la Capellanía de Los Ocampo, antes de que Puerto de Cabras fuera Municipio, antes de 1834-1835; La Roza de la Monja, en el barranco de su nombre, lindero natural entre los municipios de Tetir y el neonato de Puerto de Cabras, vinculada a los Berriel. De la fragmentación territorial de estas rozas surgieron otras junto al charco que servía de varadero, como la del Maestro Matías y, más al norte, la de Juana Sánchez. Así se fue antropizando el territorio cercano al carenero con gentes de Tetir y del Norte de Fuerteventura, luego con procedencias mucho más diversas...

La Roza Vieja

Con este topónimo encontramos identificado buena parte del territorio ubicado entre los barrancos de Puerto de Cabras (para que nos aclaremos, luego del Pilón) y el de la Herradura (luego de la Monja, en su parte final). Tal extensión de terreno perteneció a la antigua capellanía de Los Ocampo, oriundos de La Vega, tan extensa que llegaba a la Cuesta del camino del propio Tetir (Luego Cuesta de Perico). Desconocemos si estuvo circundada de paredes en su totalidad y el punto exacto de la vivienda, si es que la hubo; sólo la pregonan como Rosa Vieja o Rosa del Viejo, los papeles antiguos del Registro de Hipotecas y de la Propiedad. Como vestigios sus engaviados y sus majadas, como la de Los Paredones y Majada Marcial; pero también otros trozos que de ella se fueron segregando y que formaron otras rozas más pequeñas, rodeadas de paredes, como la del Maestro Matías de León o la de Juana Sánchez y la Roza de La Arena... Podemos figurarnos la enormidad de la finca o roza primigenia: Casi todo lo que hoy es barrio de El Charco estaría dentro de ella, y aún le sobrarían majadas y costas de ganado. Porque en el entorno de Puerto de Cabras, lo que no era o formaba rozas, se consideraba de "costa comunal", "la Costa del Puerto", donde pervivió la ganadería extensiva y por donde serpenteaban los caminos de Casillas, de Tetir, de La Oliva...

Derivaciones del topónimo "Roza Vieja" de Puerto de Cabras, los de Rosa del Viejo, Camino Viejo... que aún perviven junto a la orilla sin ser cuestionada si es "Vieja" o del "Viejo".

La Roza de la Monja

Seguramente deriva también de la Capellanía de Los Ocampo en su extremo nororiental, junto a la desembocadura del barranco de su nombre. En este caso hemos de relacionar los terrenos con los términos "Capellanía" y "Monja", pues fue una hermana religiosa, de apellido Berriel, exclaustrada de algún convento de La Laguna o de Gran Canaria, la que llegó a Fuerteventura tras las desamortizaciones de la década de 1830. Y allí se estableció con sus criados en una porción de terreno facilitada por su pariente de apellido Ocampo.

Ellos roturaron los terrenos de la margen sur del barranco de La Herradura, confín de los términos municipales de Tetir y Puerto de Cabras. La finca se rodeó de paredes, se engavió y se construyó la vivienda con aljibe y alcogidas de aquel barranco, de donde también bebían sus gavias.

La finca o rosa siguió en manos de los Alonso hasta no hace mucho, atravesada por carreteras, cableados y caminos, hasta su parcelación como solares.

Ambas rozas, la de La Monja y la del Viejo o "Roza Vieja, vieron cómo en el entorno de la desembocadura del barrando de Puerto de Cabras o del Pilón, se roturaban nuevas fincas, como la de Los Pozos, la Roza Vila,  o la Roza Felipe, sobre cuyo territorio, por fragmentación fue creciendo la micro-ciudad de los almacenes junto al embarcadero.

Las dos rozas que nos ocupan vieron cómo las calles se abrían camino por entre las viejas paredes, gambuesas y servidumbres de paso, pues no debemos olvidar que en esta parte de Fuerteventura, lo que no era rosa, era pasto o término de ganado, algo a lo que la documentación se refiere como "Costa del Puerto".

Ambos términos, los dos topónimos de La Monja y del Viejo, como los de Pozos, Felipe, Vila, Fabelo, Martos, Don Victoriano y otros que irían surgiendo, fueron el sustrato, el suelo sobre el que hoy se levanta la ciudad de Puerto del Rosario. Estos ejemplos son buena parte de sus orígenes, pues se roturaron unas pocas rozas desde finales del XVIII y comenzaron a fragmentarse desde las primeras décadas del XIX, al calor de la dinámica portuaria que marcó la economía en esta parte de Fuerteventura.

sábado, 29 de mayo de 2021

Aquellos rincones de Puerto de Cabras

 Mira que el Puerto ha perdido señas de identidad en menos de un siglo...

Después del paseo matutino uno se sienta en la esquina sureste de la Plaza de Nuestra Señora del Rosario, por decir algo, porque podría haberlo hecho en cualquier otro sitio; como en los desaparecidos muretes que definen aquel espacio de la actual ciudad de Puerto del Rosario, en los bancos o al pie de la Cruz de los Caídos, en la Cruz del maestro Concepción, junto al laurel de indias.

Y, casi sin quererlo, estaba sentado en un punto equidistante de tres símbolos de poder: eclesiástico, civil local y civil del Estado, adosado éste último, espalda con espalda, con las Casas Consistoriales.

¿Cómo pretenden que sobreviva esto y lo que hay en la esquina opuesta de aquella plaza en medio de la convulsión mundial que ha supuesto una pandemia que hasta parece conchabarse contra símbolos y costumbres?



Oí decir y me comentaron que, tratándose de negocios, la cosa que les preocupaba era la rescisión del arriendo del local más rentable de Puerto de Cabras, "por qué no recomponen -gritaban unos- una parte de la peatonal Primero de Mayo y hacen un kiosco allí", con similares líneas del entorno de la otra plaza del Puerto: la Plaza de España que, después de derruirla, siguen en le más completo abandono los locales que allí inventaron.

Aquellos comentarios me sonaron como un bidón de hojalata lleno de piedras, rodando sobre los adoquines que cubrieron la Explana del Muelle Chico.

En todas partes hay mentideros. También en el Puerto los hubo y los habrá, como en Gran Tarajal o El Cotillo; pero el kiosco de la iglesia del Puerto era otra cosa... Recordé a la gente sentada en los muretes de la esquina de la Delegación del Gobierno, arremolinada en la esquina de la Farmacia de Don Manuel, en el futbolín de la calle León y Castillo, en la mencionada explanada... Pero el kiosco de la iglesia era otra cosa. Además de ser el punto de Canarias con mayor venta de botellines, allí bulleron las noticias de los últimos setenta años del Puerto; casi cuatro generaciones se dieron cita en su entorno, cada viernes...

Desde la década de 1950 se levantó este minúsculo rincón en el ángulo noreste de la Plaza del Rosario. Primero se hizo de madera, siendo coetáneo con los kioscos de Antoñito, "El dulcero anarquista", y el de Eugenio, "Petain", en la Avenida Marítima; éste último cerca de la Fonda de Blas y de la Bola de Oro, junto al dieciocho de julio y la parada de los taxis próxima al Muelle Chico.

Menos el de la Plaza, los otros desaparecieron con los adoquines de la zona, como también lo harían los otros dos, uno junto al muelle grande, camino del Cine Marga, cerca del Hotel Fuerteventura, frente a las residencia militares, levantado por Suso Machín, "el pintor de Puerto de Cabras". Otro, en la Plaza de España, la Churrería de Durante, siguió el destino del propio entorno: desapareció con él.

Recuerdo que, a pie de calle, estos fueron los rincones de un Puerto de Cabras que ha sido empujado a la "autodestrucción patrimonial", hasta sucumbir en un desarrollismo  que no ha sabido ni querido conservar las esencias, como si las fuerzas vivas y el impulso económico se avergonzara de aquellos sitios, como otrora lo hicieron con el propio nombre de la ciudad y municipio.

¿Acaso el Puerto va a continuar renegando de su Historia? El kiosco de la iglesia fue el primero que nació cuando esto aún no era del Rosario.

Cuando, a comienzos de la década de 1960, nos embarcaron en el monocultivo del Turismo y se apostó por el desarrollismo, el Puerto tropezó con el efecto altavoz del famoso eclipse de 1959, solo visible en el extremo sur la isla y, aún así se alentaron iniciativas que se pusieron en marcha en el entorno portuense, en una playa Blanca que salvajemente decoraron con piedra negra sus promotores de ayer, cargándose el farallón blanco de los recuerdos unamunianos. Otra renuncia más que no pudo con la pujanza del sur y sus playas... En el Puerto las veían pasar dejando a un lado sus rincones, más preocupados en la especulación y en la forma de participar también en la Península de Jandía...

No estoy por el optimismo, porque el kiosco de la iglesia es un capítulo más del destrozo identitario; un rincón más al que le llegó su hora de reconvertirse o morir. Pero hay que luchar, aunque se me antoja un poco tarde, por todos los rincones que han hecho del Puerto lo que, en buena parte, somos; tener el valor, por ejemplo, de repensar Playa Blanca y conservar el farallón de arenisca blanca como testigo y fuente de casi todas las pilas de destiladera de la zona y de las exportadas, punto de reflexión  del rector desterrado en la isla en la década de 1920... Tener el valor de poner en marcha el centro de interpretación de los hornos de cal de El Charco y explotarlo sin avergonzarse de que Cabras fue también el "Puerto de la Cal", porque la piedra y sus derivados fueron un capítulo económico muy importante para el municipio y para la isla.


Puerto empezó a morir hace tiempo; su agonía se remonta a los años sesenta del pasado siglo, cuando el desarrollismo alteró todo su frente marítimo; su carenero de El Charco, su Avenida, sus playas y veriles, hasta Playa Blanca que quisieron taparla con piedra negra en una suerte de "castillo"... Se ha seguido especulando en clave inmobiliaria, pensando más en el solar, en el terreno, que en el patrimonio construido y en el patrimonio cultural e identitario. Lo he dicho en otras ocasiones y las circunstancias no me invitan a pensar de otra forma.

Así es que cada palo aguante su vela. Yo, en conciencia, así lo he expresado.


domingo, 16 de mayo de 2021

La flota de Submarinos en Puerto de Cabras, 1921-2021

 Anécdotas y Efemérides de Historia marítima, 1921-2021 

La escuadrilla de submarinos de la Armada en Puerto de Cabras. 


 

El día de la Cruz de 1921 pasó a la historia marítima de Canarias con uno de los episodios más curiosos de la navegación. Por nuestras aguas deambularon una serie de sumergibles y torpederos de superficie que, a modo de escoltas, acompañaban a los integrantes de la flotilla de submarinos que visitó Santa Cruz de Tenerife para enaltecer la festividad de la entonces capital del Archipiélago. 

Pero durante los casi treinta días que estuvieron en nuestras aguas, visitaron otros puertos, entre ellos el de la capital majorera. 

El ambiente de la zona, especialmente en el noroeste africano, no era de tranquilidad; tierra adentro, en el continente, se desenvolvían los follones de Abd-el-Krin en el Rif. 

Pero lo que nos interesa es el periplo de los submarinos en nuestras aguas ya que osaron acercarse a la bahía del entonces Puerto de Cabras, tal y como lo recogen imágenes de la época. 

La flota había zarpado de la Península, Cartagena-Cádiz, el 28 de abril de 1921, y el día primero de mayo, ya fondeaban en El Río, al norte de Lanzarote, donde se reabastecieron. Para continuar viaje al puerto de Santa Cruz de Tenerife, adonde llegaron el día 3 para acompañar en la festividad patronal a instancias de la alcaldía de aquella ciudad; allí hicieron operaciones de inmersión y otras pruebas de exhibición. 

Al amanecer del día 11 ya estaban en Santa Cruz de La Palma, donde atracaron abarloados los sumergibles al muelle de la capital, fondeando los escoltas en la bahía. De ello nos habla Juan Carlos Díaz Lorenzo en su blog “Puente de Mando”, comentando que la los marinos hicieron excursión por la isla. 

El siguiente puerto canario visitado por la flota fue el de San Sebastián de la Gomera, desde donde marcharon al de La Luz, en Las Palmas de Gran Canaria, al que llegaron el día 15 y donde permanecieron con sus maniobras y exhibiciones hasta el día 20 en que pusieron rumbo a Fuerteventura. 

A nuestra bahía llegaron en la mañana del 22 de mayo, Santa Rita, momento que recoge la foto, donde el Puerto de Cabras estuvo muy concurrido, con la presencia del correillo y otros vaporcitos y veleros del tráfico de cabotaje habitual. 

El acontecimiento fue de tales proporciones que algunos no recordaban algo parecido desde la exportación de camellos, a las colonias del Sur de África; la visita del Ministro de Marina, o la del Monarca Alfonso XIII. Por eso el frente marítimo del viejo Puerto de Cabras se llenó de curiosos, entre los que Medina se encontraba, arrastrando su cámara hasta la punta del Charco con objeto de inmortalizar el momento con su armatoste. 

Hasta esa fecha, los únicos submarinos que se recordaban en las costas majoreras fueron los que algunos creyeron ver después de cargar algún pepinazo contra los mercantes que navegaban por nuestras aguas durante la Gran Guerra, frente a JandíaTarajalejo o El Jablito; este último de infausto recuerdo pues con los náufragos se decía que había llegado la gripe a nuestra isla. 

Aquel día de mayo Puerto de Cabras contempló las operaciones que desarrollaron los submarinos de la  Armada Española en una bahía especialmente abierta y arenosa como la nuestra… Pero en los anales del Purto la efeméride apenas dejó otra huella que alguna foto (ya es bastante), y algún gasto ocasionado a las instituciones locales por la comisión para el recibimiento de los marinos. Poco más pues la prensa se centró en el desarrollo de la visita a los puertos de las dos islas centrales, Tenerife y Gran Canaria, haciéndose una mención al de La Palma y, de pasada, a los restantes: todos menos el puerto de El Hierro y el de Arrecife, de los que apenas se hicieron eco, más allá del reabastecimiento en El Río, entre La Graciosa y Lanzarote, tanto a la llegada como a la salida del Archipiélago, el 23 de mayo. 

 


La flotilla estaba integrada por un buque de auxilio, de nombre “Kanguro”, que, por su silueta, fue el que más llamó la atención; los cuatro submarinos de nombres Isaac Peral, Monturiol, Cosme García y A3, que se desplegaron en nuestra bahía pues el correillo enfilaba el muelle chico en sus operaciones de correo inexcusables; y los cuatro torpederos de escolta, el T-1, T-5, T-21 y T-22. Las operaciones de reabastecimiento de combustible  la hicieron con el propio “kanguro” y, estando en Tenerife, desde las bodegas del “Almirante Lobo”, llegado ex profeso desde Galicia. 

 

La foto procede del libro “Puerto del Rosario, 100 años en la memoria”, publicado por el ayuntamiento de Puerto del Rosario en 2000, y fue aportada por Gerardo Mesa Noda a dicha publicación. 

Algún día aparecerán las instantáneas que, sin dudas, se tomaron desde la casa de Josefa Castañeyra, desde la Casa de los Manrique, Peñate, o de los Cabrera; es decir las de primera línea de costa frente al muelle chico o las que, por su altura, ofrecían buena perspectiva para registrar esta anécdota de la historia marítima de Puerto de Cabras, sin olvidar a las de los moradores de las viviendas del risco de playa de Los Mastrantos.