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jueves, 19 de enero de 2023

Santa Inés 2023

Recordando una vieja costumbre: El sorteo de diputados regidores del cabildo de Betancuria en Valle de Santa Inés

Pues ya estamos en la fiesta más fría de Fuerteventura, la primera del año, después la de Fray Andrés y de la de San Sebastián; pero éste último, conviene recordarlo, ya no tiene templo, lo destruyeron en Vega de Río Palmas en la década de 1950-60.

Así es que ¡para el Valle!, tal y como lo hicieron en los siglos XVI y XVII los miembros del ayuntamiento insular de Betancuria para sortear dos de sus cargos de regidores, cuyo ejercicio duraba un año, de fiesta a fiesta. Por eso se les conocía como "regidores cadañeros" y se ocupaban, entre otras muchas cosas, de regular las apañadas y garañonadas.

Por aquellos tiempos el viejo cabildo había convenido en deslindar las áreas jurisdiccionales en que los cadañeros debían ejercer sus funciones: y se imaginaron una línea que iría desde el puerto de La Torre al de la Peña, de costa a costa, de sotavento a barlovento, respectivamente. La raya, hoy difusa, pudo tener una expresión física mediante pared sobre el terreno. En todo caso hay vestigios que nos hablan de aquella posible estructura de piedra seca trepando por la ladera noreste del Morro Velosa, a dar precisamente a los corrales de Guise y, desde allí, por el Morro de la Cruz y los filos hasta el mar del norte.


Miremos ahora a las esculturas de la degollada de Guise, junto al camino del Otro Valle a Betancuria o viceversa, no lejos del descansadero de los muertos. El escultor Emiliano ejecutó el encargo de este conjunto, interpretando el punto de unión o confín de las respectivas comarcas de Guise y Ayose, que son los personajes allí representados.

Volvamos con esa imagen en la retina por el camino de Santa Inés, acerquémonos a la ermita, supongamos que es el día de la mártir, que las puertas están abiertas y que, poco a poco, la gente se va concentrando y buscando el soco en el remanso de aire quieto que forma la nave y la sacristía, donde, además, la hornacina del estribo de ese lado, recuerda que allí se celebraría la escenificación del sorteo de los regidores de las comarcas de Guise y de Ayose.

La imagen de los colosos que veíamos en la Montaña como homenaje a los reyes de la vieja Maxorata, deviene en sendos personaje cuyos nombres se pronunciarán en voz alta después de la función religiosa y del sorteo. Con asistencia de vecinos de toda la isla se iba a a desarrollar un acto que preferimos contar en palabras del escribano del cabildo de Betancuria. Pongamos que sea el 21 de enero, pero de 1609; veamos qué y cómo nos lo narra en los papeles de la institución de la mano de sus transcriptores, Roberto Roldán y Candelaria Delgado; en extracto dice así:

En Fuerteventura, en 21 de enero de 1609, estando en la iglesia de Santa Inés, que es en donde dicen El Otro Valle, estando presente el capitán Luis de León Sanabria, gobernador, y el alférez Juan de León Betancor (¿?), y el maestre de campo Blas Martín Armas y Melchor de Armas, regidores, ante mí el escribano... para elegir y nombrar regidores diputados cadañeros que salgan por suerte... señalaron [tres nombres para la parte de Guise y otros tres para la parte de Ayose] para que el que saliere por suerte de una y otra parte ejerzan el tal oficio de regidores diputados... y habiendo escrito los [seis nombres], cada uno en su cedulita con otras tantas en blanco, se metieron en un canjilón adonde se removieron bien y fue llamado un niño [de nombre] Sebastián y le fue mandado meter la mano dentro... y sacara una cedulita... [después de una cédula en blanco] sacó del dicho canjilón otra cédula en la que salió escrito el nombre de Baltasar Betancor, por regidor de la parte de Guise. Y luego... volvió a meter la mano y... [después de dos cédulas en blanco] sacó otra cédula en la que salió escrito el nombre de Marcos Perdomo Cabrera, regidor de la parte de Ayose, de lo cual yo el escribano doy fe...

Hecho el sorteo y proclamados regidores cadañeros se les llamó para que tomaran posesión y jurasen el cargo que debían desempeñar hasta enero de 1610. Así fue con Marcos Perdomo, que estaba presente y al que el alguacil buscó entre la concurrencia; Baltasar Betancor, que no estaba en el acto, se le hizo llegar la orden de que compareciera a la Villa al día siguiente, para jurar y posesionarse de su diputación.

Cuenta la historia que así aconteció hasta mediados del siglo XVII en que el proceso y los cargos desaparecieron, como las propias jurisdicciones, que cayeron en desuso al erigirse las nuevas parroquias en Pájara y en La Oliva pues las comarcas de Guise y Ayose que, a efectos administrativos, recuerdan a dos pedanías de la Villa, entraron en desuso a partir de la primera década del siglo XVIII.

Al caer la tarde, con los recuerdos de esta elección, regresamos en nuestro imaginario viaje hasta el tiempo presente y, desde la emoción de lo evocado, me reafirmo en que quizás no se tan descabellado organizar, como parte de nuestras fiestas y de  recreación de nuestra historia, una teatralización en el entorno de la ermita, donde se recojan episodios como este que ya en la década de 1960 destacó Roberto Roldán, logrando que en la fachada del templo se colocase una lápida de mármol recordando que aquí, durante los siglos XVI y XVII, se realizaba el sorteo para elegir a los diputados que administrasen las dos comarcas en que se dividía Maxorata, dejando aparte la privativa península de Jandía, en manos de los administradores del Señorío que fue.

martes, 28 de febrero de 2012

El Júcar naufraga en la Playa del Valle de Santa Inés (Betancuria), 1984

El portacontenedores “Júcar”, embarrancado en la Playa del Valle de Santa Inés (Betancuria), 1984-2000.
Como un juguete de las olas. Así soportó los embates de “la mar del Norte” el porta-contenedores Júcar, de la Naviera Pinillos, cuando embarrancó cerca de la Playa del Valle. Una suerte que han corrido numerosas embarcaciones durante la historia marítima de Fuerteventura.
Aconteció en la madrugada del día 21 de diciembre de 1984, mientras cubría el trayecto entre el Puerto de la Luz y de Las Palmas y los de Gijón y Santander, con escala en Arrecife, hacía donde se dirigía por la costa occidental de Fuerteventura… Al decir de uno de los tripulantes, de repente todo tembló en el barco, por lo que subieron a cubierta para percatarse de que el buque había tocado fondo y se encontraba encajado entre las rocas y la orilla, en medio de la oscuridad… Fue entonces cuando el capitán, José González García, puso en marcha el dispositivo de salvamento, ordenando el uso de chalecos y la preparación de los botes salvavidas; mientras el radiotelegrafista emitía llamadas de socorro a todas las embarcaciones que pudieran encontrarse en las inmediaciones, a la Emisora Costera y a la Armada; aún no sabían muy bien dónde se encontraban… Y el rescate demoró. Casi cinco horas tardaron los marineros de la Ayudantía Militar de Marina de Fuerteventura en llegar junto al buque…

Foto aportación de Paco Cerdeña: El Júcar, la mañana del 22 de diciembre de 1984.

La incertidumbre y la desolación sobrecogieron a los 18 tripulantes y a dos mujeres que viajaban en el mercante; mientras esperaban los auxilios recibieron desde tierra el aliento de los huéspedes de un establecimiento hotelero próximo, que acudieron con sus coches para iluminar con los faros el costado de la embarcación que daba a tierra. Esto fue lo que percató a los marineros de la verdadera situación, dándose por perdido un buque valorado en unos 100 millones de pesetas.
La navidad de 1984 vino colmada por la mercancía derramada en la Playa del Valle, a cuyo apaño acudieron numerosos vecinos que en medio del espectáculo de las olas barriendo la cubierta, veían cómo numerosos contenedores se estrellaban contra los riscos, dejando salir su carga… En uno de los embates la playa quedó cubierta de naranjas, mientras grupos de gente se afanaban en el interior de algún contenedor, buscando bebidas y botellas de agua, de refrescos…

Foto aportación de Paco Cerdeña: El Júcar derrama su carga en la Playa del Valle.

Pero las autoridades, especialmente el entonces alcalde de Betancuria, Carmelo Silvera Rodríguez, y sobre todo las agrupaciones ecologistas, alertaron del peligro real que aquella lamentable escena albergaba: una eventual marea negra. Alrededor de 140 toneladas de fuel seguían aún en los depósitos del Júcar y se aconsejaba a quien correspondiera, estar prestos para que, en cuanto amainase el oleaje reinante, extrajeran aquel peligro…
Y es que junto al naufragado Júcar se dieron otros peligros. El día de Noche Buena y en el entorno del buque siniestrado resultó herido por disparo de agentes de la seguridad privada que decían custodiar el naufragio, el joven P.S.S., alcanzado al parecer en la corva de la pierna izquierda cuando estaba con otros amigos en los riscos de la Playa del Valle.
El día 27 de diciembre la presión ante la alerta de marea negra, pone en marcha el dispositivo para la extracción del combustible, ofreciéndose la empresa grancanaria de Juan Mederos, aunque finalmente lo realizó Transportes Hernández Cabrera, como veremos.

Foto aportación de Paco Cedeña: El Júcar soportó el castigo de las olas...
El día de los Santos Inocentes, el ímpetu de las olas fue tal que quebró la embarcación, hundiéndola en su parte de proa que quedó encajada en la caleta de Cho Zamora; el resto fue un juego para el embravecido mar que giró la popa hasta echarla sobre las rocas; aún mostraba su hélice, su puente, su mástil… y los cabos y cadenas se descolgaban de las amuras como hilillos de sangre o lágrimas de un animal herido y consciente de su suerte, sin nada que sujetar…
El riesgo de vertidos, pues, había aumentado. Fue entonces cuando cayeron al mar seis de los casi ochenta contenedores que llevaba, y a la orilla llegaron latas de aceite, frutas, verduras y botellas de agua y refrescos de lo que dieron buena cuenta los expectantes observadores…
Grupos ecologistas como Aulaga y Mahoh insistieron culpando al Gobierno Canario de la eventualidad de una marea negra; protestas de las que se hizo eco el Parlamento Regional admitiendo a trámites, pocos meses después, una propuesta no de ley presentada por los parlamentarios majoreros sobre este tipo de crisis. Y es que las 140 toneladas de combustible aún permanecían en las entrañas del Júcar.
El día 29 de diciembre era el presidente del Cabildo de Fuerteventura, Gerardo Mesa Noda, quién pedía la urgente evacuación del combustible, que para la singladura que había emprendido aquel navío, para nada le iba a hacer falta.

Foto aportación de Paco Cerdeña: Extracción de combustible del Júcar.
Por entonces la empresa Transportes Hernández Cabrera ya estaba retirando los contenedores que habían caído a la playa al partirse el barco. Y en medio de aquella escandalera la comida y la bebida aprovechable: A juzgar por comentarios de la época, Cruz Roja del Mar se sumó al rescate de la mercancía para repartirla entre las familias necesitadas…
El día 30 de diciembre la empresa antes mencionada comenzó la extracción del fuel, lográndose evacuar 20 toneladas…
Sin embargo, en febrero del año siguiente, 1985, el Júcar seguía expulsando vertidos, por lo que el alcalde de la Villa, Carmelo Silvera, asistido del especialista en fondos marinos, Miguel Pizarro, denunció la situación ante el Delegado del Gobierno, Antonio de León Guerra, dada la indefinición de los fluidos y la necesidad de averiguar qué efectos estaba produciendo en el ecosistema de la zona…
El 12 de febrero de 1985 el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Puerto del Rosario y su Partido, hacía público un edicto en el que se anunciaba la subasta de los efectos procedentes de aquel naufragio, valorándose el casco en 500.000 pesetas, y la mercancía que aún quedaba en su interior, en 1.000.000 de pesetas; manteniéndose sólo la segunda pues quince días después el mismo juzgado suspendió la subasta del casco de la embarcación…
Durante muchos años las olas siguieron empeñadas en hacer playa con aquellos restos y los fue enterrando, de forma que junto a la popa era frecuente encontrar vigas, chapas y cojinetes entre la grava de aquella cala del municipio de Betancuria…

Foto aportación de Paco Cerdeña: El ocaso del ocaso del Júcar fue acompañado por el ruido de las olas y la soledad.

En 1986 el Patronato de Turismo recomendaba el desguace de lo que quedaba de aquel mercante y advertía de la conveniencia de quitar los restos de la Playa del Valle, un topónimo que, por cierto, llegaron a cambiar muchos de los visitantes de aquella zona, al referirse al lugar como la Playa del Júcar… ¡Tanto tiempo había pasado que aquel monumento a la chatarra incomodaba ya a todos!


Foto aportación Paco Cerdeña: La popa del Júcar como una caracola tirada en la playa.

Por fin en 1995 el ayuntamiento de Betancuria disponía, (según manifestaba su entonces alcalde, Ignacio Gordillo), de una partida presupuestaria otorgada por Política Territorial del Gobierno de Canarias para la retirada de los restos del naufragio, acallándose así la reivindicación de la Federación de Asociaciones de Vecinos de la isla que por aquel año volvió a poner sobre la mesa el riesgo de contaminación ante la Demarcación de Costas.
Entre 1995 y 2000 debió procederse a la limpieza de la Playa del Valle, sobre cuyas arenas negras aún se mecía el extremo de la popa de aquel mercante como si fuera una caracola vacía, visitada por cuantos curiosos acudían a perpetuar su imagen con la memoria fotográfica de aquellos restos…



Y aún hoy podemos contemplar uno de los motores de aquel buque encajado en la caleta de Cho Zamora, bien visible a la marea baja, mostrándose como si de la osamenta de un viejo animal se tratase, pero recordando también la fragilidad de nuestras costas ante los vertidos que en este tipo de accidentes se pueden dar…
Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

Para ver las características y transformación del buque pinche aquí.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La aparición de Playa de los Mozos (Puerto del Rosario, Fuerteventura), 1896

Vincenza Boeri in Velavella: La “aparecida” de la Playa de Los Mozos (Casillas del Ángel, Fuerteventura), 1896.

Hace ya bastantes años que mi padre solía contarnos que allí, junto al Barranco de los Mozos, bajo un pequeño mojón de piedras que sostenía una cruz de palo estaba el esqueleto de un aparecido en la playa.
Y la historia –como a él se le contaron- nos la repetía cada vez que, con mis hermanos lo acompañábamos al marisqueo o a la pesca por la zona de Playa del Valle, La Marchena y Los Mozos. Yo me quedaba mirando aquel montoncito de piedras junto a la pista que cruzaba el barranco hacia el norte, hacia Los Molinos, imaginando las circunstancias de quién podría ser el muerto.
De tanto oírlo, aquel cuento se me grabó y siempre que podía, lo repetía a otros incautos que se atrevían a escucharme.


Es frecuente encontrar cruces de palo por toda la orilla de Fuerteventura, sobre todo en la costa occidental del término; como actualmente en las orillas de las carreteras, marcando el punto en el que alguien perdió la vida en accidente. Y las cruces junto al mar también marcan lugares de muerte de pescadores arrebatados por el mar o de mariscadores arriesgados que perdieron la vida en las cercanías de aquel símbolo del cristianismo.
La Playa de los Mozos es, en la desembocadura del barranco del mismo nombre, límite natural que divide actualmente los términos de Puerto del Rosario y Betancuria, pero que en los momentos que vamos a tratar en el fondo de aquel cauce confinaban los de la Villa y Casillas del Ángel.
La anchura del cauce en el punto que nos encontramos podrá tener cuarenta o cincuenta metros y, según nos ubicáramos en una orilla o en la otra estaríamos en uno o en otro municipio. Y eso fue lo que pasó cuando la noticia saltó a la prensa: el incidente, o sea la aparición, se había producido en el territorio de Betancuria, pero los que rescataron el cuerpo vieron más cómodo sacarlo por la orilla norte de la playa, más resguardada del viento dominante y del oleaje y, por lo tanto la crónica recogió lo acontecido como un “crimen misterioso”, “la mujer del ataúd” o “el suceso de Casillas del Ángel”.

La lectura de la prensa histórica me avisó de que lo que mi padre me contaba tenía visos de haber sido un episodio real. Misterioso –cosas del subconsciente colectivo-, pero real.
Él, como sus hermanos, trabajó muy joven en la construcción de la finca del Médico de los Corderos en el barranco de la Peña, que se conoció como El Jurado o El Escorial, próximo al puerto de la Peña Horadada, cerca de Ajuy. Y allí escuchaban las leyendas y cuentos de los “jallos” de la costa y de las cruces de “los aparecidos”. Y ellos mismos,  como casi todos los vecinos de la zona agobiados por el hambre, recurrían a la pesca y al marisqueo para complementar su dieta y su economía familiar.
Pero vayamos a lo que nos ocupa. Nacido en 1918, mi padre escuchaba aún a finales de la década de 1920 el cuento de la cruz de la Playa de Los Mozos, que la gente relacionaba con la sepultura de un aparecido. ¿Qué otra cosa podía ser aquella señal, tan alejada de los riscos y de la playa, tan lejos de los pueblos habitados?
La memoria colectiva de quienes por aquellas inmediaciones merodeaban mantuvo durante mucho tiempo el recuerdo de que allí se constituyese alguna vez el juzgado de Casillas del Ángel para practicar una autopsia, enterrándose el cadáver en el mismo sitio. Cuando llegó a oídos de mi padre, lo que allí había –contaba- era un esqueleto, sin más precisiones. La memoria colectiva se había despojado de los detalles de aquel caso, quedando sólo una cruz.
El año del suceso ejercía de alcalde de Casillas del Ángel don Manuel Rugama y Vera, siendo secretario de la corporación que presidía don Francisco Peña del Castillo. Ellos, junto a juez y fiscal municipal fueron quienes movieron la maquinaria para constituirse en la Playa de Los Mozos, auxiliados en el traslado por algunos camelleros y curiosos que se desplazaron hasta aquel paraje.

El caso en la prensa

Lo que la prensa publicó durante el mes de mayo de 1896 viene a dar contenido a lo que yo consideré mucho tiempo una historia, un cuento de quienes pasaban largas temporadas junto al mar, especialmente en los momentos que la agricultura podía liberarlos para ocuparse como peones en carreteras y en la construcción de fincas como la de don Agustín Afonso Ferrer antes mencionada; momentos en los que se acercaban a la orilla para comer los productos del mar, igual que lo hacían en la Playa del Valle, más cercana al lugar de residencia familiar, desde tiempo inmemorial.

En la remota Playa de Los Mozos, al poniente de Fuerteventura, donde lo habitual era la presencia de pescadores, mariscadores y ganaderos que allí soltaban el ganado en la dehesa comunal, se produjo uno de los más singulares “jallos” en la historia de la isla.

Los periódicos: La Opinión, (de Santa Cruz de Tenerife), Diario de Tenerife, y Diario de Las Palmas, de la capital Gran Canaria en sus ediciones de mayo y junio de 1896, respectivamente, reprodujeron el incidente como una historia por entregas: desde la curiosidad y sorpresa de los pescadores que protagonizaron el hallazgo hasta el cotilleo de quienes se cartearon con los medios para ir informando de cuanto aconteció en aquel remoto lugar de uno de los municipios más extensos de la Fuerteventura de aquellos años.

De un crimen, porque no es posible concebir otra cosa, tenemos que dar cuenta hoy a nuestros lectores –decía La Opinión, de Santa Cruz de Tenerife: El día 16 del corriente mes [mayo de 1896] hallándose dos pescadores en las playas del [municipio] de Casillas del Ángel, Fuerteventura, y en sitio conocido por Caleta Grande, vieron en el mar un objeto que flotaba y que luego fue arrojado por las olas a la playa de Los Mozos. El objeto era una caja forrada en plomo. Roto esto, apareció otra caja en forma de ataúd, pintada de negro.
Abierta a la vez esta caja, apareció otra tercera de latón, y dentro, con espanto de los pescadores, el cadáver de una mujer joven, en estado de descomposición, de cabellos negros y color trigueño. Las órbitas estaban vacías, es decir, le habían sacado los ojos.

El diario Crónica, también de Tenerife, reprodujo prácticamente el artículo de La Opinión de Santa Cruz de Tenerife, tildando el asunto de “Un hecho misterioso, raro y excepcional… El juzgado de Casillas del Ángel que entiende el asunto, porque en su jurisdicción se encontró la caja referida, remite las diligencias al de instrucción de Las Palmas…” El cadáver, que ha sido enterrado cerca del sitio donde fue hallado, tenía la mandíbula inferior sujeta con la superior con un pañuelo atado a la cabeza, y en la frente una enorme herida que sin duda le causó la muerte.
Haciéndose eco de su corresponsal en Puerto de Cabras el citado Crónica escribía que “en la tarde del 16 de mayo, hallándose pescando en el paraje desierto que denominan Playa de los Mozos un vecino de Casillas del Ángel, vio venir flotando en dirección a tierra un objeto largo, al parecer una caja que con gran trabajo pudo poner en tierra… la custodió toda la noche, sin abrirla por carecer de herramientas para ello y al siguiente día, 17, consiguió hacerle uno o dos agujeros por sus extremos, pudiendo ver asombrado que la caja contenía un cadáver.
Horrorizado por tan inesperado hallazgo se apresuró a poner el hecho en conocimiento del juzgado municipal de Casillas del Ángel, personándose en el sitio donde la caja se encontraba el Juez Municipal, acompañado del cura párroco y algunas personas de significación en el pueblo, procediéndose a al apertura de la aludida caja que era de plomo, conteniendo una de madera y otra de zinc, dentro de la cual se halló, ya principiando a descomponerse, el cadáver de una joven al parecer de 18 a 20 años, con falda ordinaria, de color, un pañuelo sujetando las mandíbulas, descansando la cabeza de magnifica cabellera negra en una almohada forro basto, guantes de cabritilla y medias negras, camisa y además un saco de poco valor con encajes en el pecho y cuello.
Y, dado que el cadáver, excesivamente hinchado, tenía al parecer una herida en la frente, el juez dispuso se le diera sepultura en aquel sitio.

A finales de Mayo fue el Diario de Las Palmas quien tomó el relevo en el serial de Playa de Los Mozos o “La mujer del ataúd”, texto que sirvió de titular a los sucesivas entregas sobre el suceso:
“Hemos dado ya a nuestros lectores algunos antecedentes respecto al hallazgo misterioso en las playas de Casillas del Ángel (Fuerteventura), del cadáver de una mujer joven, guardado en tres cajas, con los ojos extraídos y presentando en la frente una herida de algunos centímetros, según afirman rotundamente las personas que en las playas de Dos Mozos presenciaron las faenas para abrir las cajas. Conviene no perder estos datos de vista, es decir la herida y la extracción de los ojos, para relacionar este hecho con otro de que a la vez viene ocupando la opinión pública”.

La autoridad judicial se persona en La Playa

La noticia llegó al alcalde presidente de Casillas del Ángel a través de su pedáneo en Tefía y la Costa de Las Salinas, al que avisaron los pescadores que encontraron el ataúd.
Mientras se decidió trasladar al juez de paz a la zona, se notificó al de Primera Instancia en Gran Canaria para la práctica de las diligencias oportunas. Entre las actuaciones del juez municipal y la llegada del titular de primera instancia para realizar la correspondiente autopsia, se hizo un primer informe sobre el cadáver el día 17 de mayo, acordándose enterrar las cajas de madera y zinc que lo contenían en el punto que se señaló con una cruz de palo.
Doce días después, el 29 de mayo, llegaba dicha autoridad judicial de Primera Instancia al sitio en que fue enterrado el cadáver. Serían las ocho de la mañana cuando se procedió a la exhumación, no sin antes adoptar las precauciones de desinfección que aconsejaba el avanzado estado de descomposición del cuerpo.
“… Veinte minutos después se sacó la caja con la muerta y se depositó en una mesa, levantándose las tapas de las cajas de madera y de zinc, procediéndose de nuevo a desinfectar… Hecho esto se levantó el cadáver sacándolo de la caja de zinc para depositarlo sobre la mesa que se había llevado para practicar la autopsia, y se le despojó de todas sus ropas...” entre las cuales el pañuelo que sujetaba la mandíbula mostraba una letra V marcada en el centro.
Y del informe judicial trascendieron algunos detalles: “Se examinó con el mayor detenimiento la herida que presentaba en la frente, y después, las órbitas. Y en efecto, no cabe duda que la herida que parte del ángulo externo del ojo izquierdo, ha sido hecha con instrumento cortante y quizás antes de la muerte. Tiene la herida, que no es mortal de necesidad, una forma oval que mide 3 centímetros de largo por 8 de ancho, quedando el hueso del frontal descubierto. Los ojos han sido extraídos, porque sólo quedan restos de membranas que cuelgan a manera de flequillos alrededor de las órbitas como si con instrumento cortante se hubiesen vaciado, acuchillándolos repetidas veces…”
Tras la observación de los datos antes descritos, el Juzgado procedió a la autopsia propiamente dicha, empezando por la cabeza y siguiendo con el pecho y vientre, siendo esta una penosa operación dado el estado de putrefacción del cadáver. “los órganos todos estaban hechos papilla…” comentaron algunos, no pudiéndose esclarecer la causa de muerte.
Sin embargo, al examinar el abdomen y aparato genital de la presunta víctima, se apreciaron indicios de un reciente parto: “vulva y vagina dilatadas, presentando la matriz un anormal aspecto”.
Después de dos horas el juzgado dio por terminada la operación, incautándose de las ropas por ver si mostraban marcas, lo que no se hizo con las cajas que pudieran mostrar inscripciones, y llevándose las vísceras para someterlas a análisis químicos en Gran Canaria. Y allí dejaron los restos de la mujer metidos en las cajas y sepultados bajo una cruz de palo.

La posible solución del enigma

El día 7 de mayo de 1896 llegó al Puerto de Las Palmas de Gran Canaria un vapor italiano de nombre Messapia. Venía del Río de la Plata, (Montevideo y Buenos Aires), en escala técnica para Génova, en la Península Italiana.
Su capitán, siguiendo las normas internacionales de marina mercante, se apresuró en dar cuenta a la Junta de Sanidad Marítima que traían a bordo el cadáver de una mujer de 37 años, de nacionalidad italiana, que había fallecido de obstrucción intestinal el día 5 de mayo de 1896, al mediodía, es decir, dos días antes de llegar a Puerto.
A la casa del vicecónsul de la república italiana se acercaron el capitán del buque y el marido de la fallecida, señor Velavella, para dar parte de la defunción de doña Vincenza Boeri, de aquella nacionalidad y natural de Génova, hija de un rico banquero de aquella ciudad.
Buscaron también información para llevar el cadáver hasta Génova metido en cajas de zinc y madera, si habría problemas en desembarcarlo en la capital grancanaria para enterrarlo cristianamente donde se pudiera saber dónde quedaban depositados los restos de la señora. La segunda de las cuestiones quedó patente desde que la Junta de Sanidad Marítima a la que fueron remitidos, les negó el desembarco.
Fue entonces cuando subieron al Messapia dos operarios del taller de don Enrique Sánchez, de Gran Canaria, para soldar una gran caja de madera pintada de negro y en forma de ataúd, a la que recubrieron con planchas de plomo. Ellos, según manifestaron a la prensa, no supieron si dentro había otra de zinc y si en su interior estaba efectivamente el cadáver.
Finalmente el buque zarpó rumbo a Génova el día 8 de mayo de 1896, pasando por la costa occidental de Fuerteventura en rumbo NE para, haciendo escala en el puerto de Valencia, alcanzar su definitivo destino en Italia.
El Gobernador Civil de Valencia, informado de la arribada del Messapia, telegrafió al puerto grancanario para comunicar que el capitán del buque, fondeado en escala para Génova, manifestó llegar con un pasajero menos, cuyo cadáver fue arrojado al mar.
Tal vez la intención de marido con permiso del capitán del Messapia fuera entregar el ataúd a las aguas del océano. El primero relacionado con el golpe que se descubriría en la frente del cadáver y la extracción de sus ojos; el segundo interesado en evitar los controles sanitarios que provocarían el retraso en la expedición de su buque, al ponerlo en cuarentena tan pronto diera cuenta de lo que llevaba a su bordo, como así fue, interviniendo la autoridad civil mencionada en un intento de contrastar hechos y declaraciones.

Y nuevas cuestiones en torno al ataúd

¿Dónde murió Vincenza Boeri? ¿Cuándo murió? ¿Dónde Parió, en el mar o en tierra? ¿Dónde quedó la criatura?
¿Por qué se metió el cadáver en la caja de zinc? ¿Por qué se metió aquella en otra caja de madera? ¿Por qué quien soldó la primera caja no hizo lo mimo con la de plomo?
Fuera como fuese, lo que si es evidente es que los dos hechos: la aparición de Playa de Los Mozos y llegada del Messapia, estaban relacionados; aunque entre ambos mediaron 8 días.
Y en Casillas del Ángel, la investigación judicial encuentra nuevas dudas: ¿Qué significada el golpe de la frente? ¿Por qué le arrancaron los ojos al cadáver? ¿Fue asesinato?
Estamos seguros de que el expediente judicial abierto arrojará interesantes perspectivas sobre este asunto que puso en relación la navegación transoceánica –seguramente la emigración-: De Italia a Uruguay, con escalas en Valencia y Gran Canaria, pasando frente a Fuerteventura y a la Playa de Los Mozos. Los testimonios que llegaron a la prensa lo hicieron por mediación de curiosos que siguieron los acontecimientos consultando a los comisionados de costa, pescadores y vecinos que allá se desplazaron.
En aquel paraje del mancomún de Las Salinas sigue la cruz, junto a margen derecha del barranco, en la costa occidental de Fuerteventura, con su historia oculta, misteriosa, olvidada… ciento y pico años después.