martes, 30 de abril de 2013

El primer avión que aterrizó en Fuerteventura, 1930


Los Estancos, Puerto de Cabras, 11 de septiembre de 1930

Casi siete años después del amerizaje de los hidroaviones de Latecoere en la bahía de Puerto de Cabras y diez años antes de que comenzara a operar el aeródromo de Tefía, aterrizó en la pista de Socorro de Los Estancos un trimotor de CLASSA (Concesionaria de Líneas Aéreas Subvencionadas, S.A., sucesora de Líneas Aéreas Postales Españolas, procedente de Cabo Juby.
El aparato, pilotado por el aviador Soriano permaneció en los tableros de El Viso durante casi tres horas, en las cuales fue obsequiado por las autoridades en El Casino “El Porvenir”, y chiquillos y mayores tuvieron la oportunidad de contemplar aquel avión.
La visita de este trimotor a nuestra nuestra isla obedecía a las operaciones de reconocimiento del terreno elegido como campo de socorro en el trayecto entre las posesiones españolas del África Occidental y Gran Canaria, descartándose los llanos del Caimán, en La Oliva y los de la Higuera, en Tuineje.

Trimotor Ford de la CLASSA, foto del libro "Historia de los Aeropuertos de Fuerteventura", editado por AENA en 1997.

La crónica del acontecimiento se recogía en el Diario de Las Palmas: 
“El trimotor de la “CLASSA” en Puerto de Cabras.- A la una de la tarde de ayer, procedente de Cabo Juby, aterrizó sin novedad en este campo de aviación de Puerto de Cabras el trimotor de la “Classa”, tripulado por el aviador señor Soriano, el cual ha realizado este vuelo a Fuerteventura para reconocer, por orden de la Dirección de la Compañía, el aeródromo de esta ciudad.- El intrépido aviador fue recibido por las autoridades y numeroso público, que se habían congregado en el campo de aterrizaje, con las más vivas muestras de entusiasmo por tal acontecimiento, tan anhelado y conveniente para los intereses de esta abandonada isla.- El señor Soriano obtuvo la mejor impresión por las excelentes condiciones y orientación del aeródromo y, sobre todo, por su proximidad a Puerto Cabras, dado que se halla enclavado a tres kilómetros.- Ofreció informar al Centro Superior en el mejor sentido haciendo resaltar la conveniencia de verificar esta escala a su paso para las demás islas.- El señor Soriano y demás personas que le acompañaron en el vuelo, fueron obsequiados por las autoridades en la sociedad “El Porvenir”, invitándole después con un almuerzo en el cual reunió el mayor entusiasmo.- A las cuatro de la tarde regresó a Cabo Juby el trimotor, elevándose el aparato en medio de las aclamaciones del público.”

De aquel aterrizaje nos hablaba Suso Machín, el pintor de Puerto de Cabras, recordando cómo con otros chiquillos (apenas contaba 8 años), corrieron descalzos hasta Los Estancos, y cómo por casualidades de la vida, llegó a ejercer de radiotelegrafista en Cabo Juby, donde prestaría su servicio militar.
Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

miércoles, 27 de febrero de 2013

Puerto de Cabras y los primeros hidroaviones

El callejero de la localidad homenajea los inicios de la comunicación aérea en Canarias y Noroeste de África.

En 1926 el ayuntamiento de Puerto de Cabras conmemoraba la gesta trasatlántica del vuelo del Plus Ultra entre Palos de la Frontera y Buenos Aires, que hacía escala en Gran Canaria.
La moción fue presentada por don Ángel González Brito a la Comisión Municipal Permanente que escuchó atenta el entusiasmo de aquel concejal, proponiendo el nombre de los pilotos de aquella aeronave a distintas calles de la localidad.
Aquel miembro del partido Republicado Federal, seguramente evocando la emoción que le habían producido las inquietantes figuras que, años atrás, en 1923, le había producido el amerizaje en la Bahía de Puerto de Cabras de los hidroaviones de la Compañía Francesa “Latecoere” en sus rutas con el noroeste de África.


En mayo-junio de 1923, la compañía francesa Latecoere realizaba el raid aéreo Toulouse-Casablanca, desde donde siguieron por otros puntos de África y Canarias, como Fuerteventura, amerizando en Puerto de Cabras. [Recorte de prensa, Diario de Las Palmas, consultado en Jable, Archivo de prensa digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria]

Desde su almacén, en la explanada del muelle chico, pudo contemplar el paseo de los aviadores que estiraban las piernas para darse un respiro y un traguito en las tascas contiguas, antes de seguir vuelo hacia Gran Canaria y Tenerife.
Y aquellos rótulos que propuso don Ángel aún se conservan en nuestro callejero, salvo el del joven mecánico Pablo Rada que se descolgó poco tiempo después para dar entrada a otros nombres de más enjundia en la "gloriosa patria".
La memoria colectiva suele confundir los nombres del Teniente Durán, Ruiz de Alda o Comandante Franco, sospechando de los mismos desde una perspectiva en que la historia colocó estos apellidos en situaciones bien distintas a aquellas por las que se homenajeaban. El propio concejal que los propuso andaba ya por la militancia republicana radical socialista:
El teniente de navío Juan Manuel Durán González fue objeto de aclaración no hace mucho por la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que daba su nombre a la calle paralela al norte de Mesa Y López, donde el ayuntamiento de la capital provincial decidió confesar que se había confundido llamándolo José María Durán. En nuestra ciudad se marcó la antigua “Cuesta”, vial oblicuo al norte de la carretera del sur, con el rótulo del Teniente Durán y así pervive sin más aclaraciones desde 1926.
El Capitán Julio Ruiz de Alda y Miqueleiz pasó a rotular la antigua “calle del Puente”, donde aún se conserva como “Ruiz de Alda”, vial al que se asomaban las antiguas casas consistoriales y el hostal de doña Benigna Pérez Alonso, que alojara tiempo atrás a la viajera inglesa Oliva Stone. La historia colocó al capitán que nos ocupa entre los cofundadores de la Falange Española, junto a José Antonio; pero no se debe a este último mérito su presencia en nuestro callejero.

El hidroavión "Plus Ultra" en 1926, comandado por Ramón Franco. [recorte de prensa consultada en Jable, archivo de prensa digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria]
Y lo mismo podemos decir del Comandante Ramón Franco, que vino a sustituir el rótulo de la antigua calle de “La Rambla”, no por el escaño obtenido para Izquierda Catalana en las Cortes de 1931, ni por ser el hermano de Francisco Franco Bahamonde. Don Ángel González Brito lo propuso por ser el comandante del hidroavión Plus Ultra y uno de los grandes pilotos que protagonizaron los orígenes de la comunicación aérea española en el noroeste africano y Canarias.
Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

martes, 19 de febrero de 2013

Puerto de Cabras en las primeras rutas del buque "Juan Sebastián Elcano"

La visita del buque escuela "Juan Sebastián Elcano", 1929.

El 21 de agosto fondeaba en la bahía de Puerto de Cabras el buque escuela de la Armada Española Juan Sebastián Elcano. Hacía menos de un año de su botadura y éste era su segundo crucero de instrucción. Tan alto honor para con la capital de Fuerteventura mereció un agasajo por parte de las fuerzas vivas de la localidad que convidaron a oficiales y guardiamarinas a la fiesta que se les brindó en el Casino que entonces se encontraba en la casa Manrique, hoy en ruinas frente al mercado municipal. Alumbrados con la electricidad que generaba la propia institución local, hubo fiesta hasta altas horas de la noche del día 23 de agosto de aquel año y los sones de la música se escaparon por los ventanales de aquel edificio para derramarse sobre los barquillos y sobre la arena de la playa del muelle chico.

La foto del libro "Puerto del Rosario, cien años en la memoria", editado en 2000, recoge la segunda visita a nuestro Puerto en la década de 1970.

La crónica del acontecimiento, no tiene desperdicio: la publicó el Diario de Las Palmas y a ella se refirieron  reiteradamente las noticias del Puerto de La Luz cada vez que el buque escuela visitaba Canarias. Dice así:
"Fiestas en honor de los marinos del J. Sebastián Elcano.- Con motivo de la visita a este puerto del hermoso buque escuela “J. Sebastián Elcano”, al mando del digno comandante señor Lago, reinó en este Puerto de Cabras todo el día del martes una extraordinaria animación con la bajada a tierra de los señores jefes oficiales y marinería franca de servicio. El Casino principal organizó por la noche una animada verbena en obsequio de los visitantes a la que asistió una enorme concurrencia, ofreciendo el adorno de los patios, terraza y salones con el alumbrado eléctrico del propio Casino, una espléndida impresión del mejor gusto.- El elemento femenino vistosamente ataviado con el clásico mantón y ramos de flores, daban a la fiesta una nota alegre y simpática.


Trasiego en el Muelle Chico de Puerto de Cabras, 1929. Recorte de la prensa de la época, consultable en Jable, archivo de prensa digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
" A las doce se sirvió en los salones mantecados, helados y otros refrescos ocupando las mesas preferentes los señores jefes y oficiales y guardiamarinas, continuando la alegría hasta altas horas de la madrugada que terminó la fiesta con un “Viva Fuerteventura” pronunciado por los marinos a lo que respondió con otros vivas a la Marina de Guerra Española y a la dotación del hermoso buque.
"Nuestra más entusiasta enhorabuena a la Junta de dicho Casino y en especial a su presidente don Julio López y vocal don José Peñate por la perfecta organización de esta fiesta que deja entre nosotros un recuerdo imborrable".
Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

martes, 27 de noviembre de 2012

La Cruz de La Española


Paseando por el parque escultórico de Puerto del Rosario.

La que hoy conocemos como Avenida de Juan de Bethencourt, en nuestra ciudad, no es  más que la urbanización de lo que fue el antiguo camino que unía el embarcadero de Puerto de Cabras con Tetir.
Por él bajaban las aguas en época de lluvias como lo hacían las gentes de la Vega cuando pretendían embarcarse para las otras islas, para América o para el Sahara. Y también lo hacían los camelleros y carreteros cargados de piedra de cal, de barrilla o de cereales…
Y por allí subían las mercaderías importadas por los comerciantes del viejo Puerto de Cabras, como lo hacían los féretros a hombros de los vecinos que pagaban así la prestación personal impuesta por el joven municipio cuando aquí no había cementerio.
Obviamos las interrupciones que, andando el tiempo, se producirían en aquel camino como consecuencia de las operaciones de aterrizaje y despegue; porque estamos en la primera mitad del XIX, cuando aún los tiempos y los transportes eran más pausados, más lentos.
De trecho en trecho, ya lo decíamos en otro artículo, se construían unos poyos de piedra seca en el que depositar los ataúdes para descanso de los porteadores. Y como suele ser habitual, también la toponimia dejó su impronta entorno a aquellos altares de reposo: se les conocía como la cruz de tal o la cruz de cual y que, en el caso que afrontamos perduró hasta nuestros días.
Al sur de aquel camino, a la altura de la Rosa de don José Fabelo Rodríguez, poco antes de llegar al acceso de la Rosa de Don Victoriano, existió un topónimo con el que nuestros antepasados quisieron perpetuar el recuerdo de doña Teresa López, apodada “La Española”: aún recuerdo aquella cruz ya desvencijada junto a un montoncito de piedras, vestigios de un descansadero de los improvisados servicios funerarios de antaño.
Aquello fue siempre conocido como “La cruz de la española”, primer descanso en los cortejos fúnebres que trasladaban a los finados para enterrarlos en suelo sagrado, en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, en Tetir.
Así lo quiso recordar el Ayuntamiento de Puerto del Rosario cuando en 1995, con motivo de la conmemoración del bicentenario de la ciudad, encargó a don Lorenzo Mateo Castañeyra una escultura que recuperase el viejo topónimo con toda la carga histórica y simbólica que aquí apuntamos.
Porque, además, a doña Teresa López, “la Española”, esposa de Manuel Martos, la historiografía le atribuye el haber traído de la Baja Andalucía la primera imagen de la Virgen del Rosario que se veneró en su primera capilla en la calle de La Marina y que aún se conserva en la sacristía de nuestra iglesia parroquial.
El parque escultórico de la ciudad cuenta con este símbolo que nuestros antepasados nos transmitieron a través de la toponimia urbana, aunque tal vez hoy piensen algunos que no está en el lugar que tal dignidad pudiera exigir.
Escultura "Cruz de la Española", 1995, próxima al inicio de la calle Teresa López, en el Barrio de La Charca, Puerto del  Rosario.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Un panteón bien vale una misa. El antiguo cementerio de Puerto de Cabras

El antiguo cementerio de Puerto de Cabras


Tal fue una de las condiciones impuestas por el Ayuntamiento de Puerto de Cabras cuando a principios del pasado siglo autorizaba al portuense don Agustín Pérez Rodríguez (1849)  la construcción del panteón familiar y la cripta que actualmente preside el antiguo cementerio público de la actual ciudad de Puerto del Rosario.
Don Agustín, fue uno de los grandes contribuyentes, consignatario marítimo y activo comerciante que ocupó cargos concejiles, incluido en de alcalde de la localidad en 1873, y el de primer Delegado de Gobierno de España tras la recreación del partido judicial de Fuerteventura en la capital de la isla (como tal presidió algunos de los primeros plenos del Cabildo Insular, tras su puesta en funcionamiento en marzo de 1913).
Desde 1919 y cada primero de noviembre allí, en la capilla de los Pérez se dice la misa de difuntos, normalmente previa a la celebrada en el nuevo cementerio de Zurita.



El antiguo cementerio del Puerto, que la señalética viaria identifica como monumento desde que se iniciaran los trámites en 1988, sufrió tres importantes ampliaciones que marcaron en piedra las características sociales de una época:
Primero, en la década de 1840 el inglés Diego Miller aportó el suelo donde el ayuntamiento intentaba la construcción al otro lado del Barranquillo de La Miel y sobre él se edificaron las paredes bajo la supervisión del maestro Domingo Rodríguez. Las obras se remataron con el frontón triangular de la fachada que hoy vemos y donde una cartela de madera recoge la fecha: 1871.
Después vino la primera ampliación, para la que aportó el suelo la hija del inglés, Emilia Miller, consistente en dos fajas de terreno a cada lado de las paredes levantadas en 1871. Sobre aquel solar intentaba el Ayuntamiento que entonces presidía Ramón Fernández Castañeyra, la construcción de un camposanto para los que muriesen “fuera del gremio de la iglesia católica…” y una sala para autopsias y otros servicios funerarios, como así se hizo en la parte poniente, donde a espaldas de la sala mortuoria están las cuatro paredes con las que se pretendió deslindar el cementerio de los no católicos.
No sé si en las nuevas dependencias se llegó a enterrar a alguien, pero hay un episodio de aquella sala en que a cierto individuo que dieron por muerto repentino, tuvieron la ocurrencia de dejarlo sobre la mesa de operaciones para practicarle la intervención post mortem al día siguiente; y el pobre hombre despertó en la madrugada para, abriéndose paso como pudo, salir del camposanto para plantarse ante la puerta de su domicilio en la calle Baños, ¡ imagínense el susto de los deudos del que suponían muerto!.

Ramón Fernández Castañeyra (1843-1916) fue alcalde de  Puerto de Cabras  de 1875 a 1895 y de 1898 a 1902.

Lo que pasó con el solar de la banda naciente del primigenio camposanto fue algo que sólo pudo darse en aquella época. El ayuntamiento cedió a perpetuidad el terreno donado al municipio por la heredera de Miller en beneficio de Ramón Fernández Castañeyra quien construyó allí su cementerio privado, terminado en 1890.
Por último, una nueva ampliación se acometió en las primeras décadas del XX. Las obras se hicieron a espaldas de la necrópolis pública de finales del diecinueve. Y en esta parte fue donde don Agustín Pérez Rodríguez construyó su capilla y panteón familiar con la autorización que la municipalidad le otorgó condicionada a la misa anual de difuntos, sin muros particulares, pero presidiendo el conjunto funerario público. Algo muy distinto al impulsado por Ramón Fernández.
Después vinieron los nichos, las modernidades y el traslado de la década de 1970 hacia Zurita; pero aquel, el viejo cementerio, fue el recinto histórico que profanado recientemente, es digno de respeto independientemente de las cacicadas que otrora se pudiesen haber cometido allí.
Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

viernes, 5 de octubre de 2012

Asesinato en Puerto de Cabras, 1901


El de Jerónimo Fernández Jorge dio mucho que hablar entre los vecinos y el recuerdo se  mantuvo durante varias décadas.
Entre la ficción y la realidad sobre un crimen...
En Puerto de Cabras no se recordaba tanto alboroto desde los tiempos en que el corsario “Vencedor” bombardeó la ciudad y secuestró a la Junta de Sanidad, o desde aquel otro episodio en que Juan Kelt, armado hasta los dientes y ahíto del mejor aguardiente que había en la isla, se plantó en medio del embarcadero dando tiros y proclamando la independencia de no sabía bien qué países de la América española…
De aquello había transcurrido casi un siglo y junto al embarcadero se disfrutaba ya de un muellito en el que los viajeros podían embarcarse cómodamente, sin tener que trepar a hombros de los marineros para no mojarse las calzas.

Un día de correíllo en el muelle de Puerto de Cabras, principios del siglo XX. Del libro  "Puerto de Cabras, Puerto del Rosario, una ciudad joven".

El Puerto despertaba al nuevo siglo XX empujado por la tercera generación de una burguesía que aquí se había instalado a finales del XVIII.
El comercio se había desarrollado ampliamente y después de que los militares se establecieron en la calle de La Marina, las cantinas que antes abastecían a pescadores, marineros y ganaderos, se duplicaron.
A principios del pasado siglo había en Puerto de Cabras un juzgado municipal que se encargaba de derivar asuntos como el que nos ocupa hacia el de primera instancia e instrucción, ubicado a la sazón en Arrecife de Lanzarote.
El ron era protagonista por las calles de la localidad, especialmente los miércoles, día de correíllo, dando especial trabajo a los guardias civiles que aquí se habían instalado hacía pocos años. Entonces la bahía era surcada por un ir y venir de barquillos y falúas que traían y llevaban carga y pasajeros hasta los vapores y veleros allí fondeados.
Juan Morales Álvarez (Tetir, 1839) es uno de los protagonistas del suceso. Había llegado al Puerto desde su vega natal abandonando la actividad ganadera y agraria para abrir una carnicería y, cuando ocurrió el incidente, estaba viudo y vivía con sus hijos Josefa, Victoria y Pablo Morales Barrera, nacidos aquí en 1875, 1880 y 1882, respectivamente.
A mediodía del 6 de marzo de 1901, el azar quiso que desde la costa del salado arribase también una de las balandras de Agustín Pérez, entre cuyos tripulantes se encontraba “Momito”, el de María Jorge (Puerto de Cabras, 1845), y potencial víctima que comenzó a visitar cuantos altares al dios Baco encontró a su paso.
Juan Morales, carnicero y matarife se jactaba de dominar los cuchillos, por lo que se hacía llamar cortador. Nada de extrañar con sus 60 años de vida entre animales. Lo que le cabreaba desde que enviudó, era que Jerónimo Fernández Jorge (Puerto de Cabras, 1877-1901), más conocido por “Momito el de María Jorge”, rondase a sus “niñas”, especialmente cuando regresaba de la costa, después de varias semanas de faena en la mar.
Y la desgracia se veía venir. Días atrás el viejo Morales lo había comentado en la pescadería de José Machín: ¡Un día de estos lo abro en canal…!
La promesa se cumplió. Al atardecer de aquél seis de marzo Jerónimo Fernández, lejos de visitar a su madre y hermanos Antonio (Puerto de Cabras, 1875) e Isabel (Santa Cruz de Tenerife, 1883), se acercó a la tablajería del Puerto para repetir lo que a Juan Morales desquiciaba pero éste, viéndolo venir, salió a la puerta cuchillo en mano.
Momito cambió su rumbo escorándose a la izquierda con la intención de perderse Ciudadela arriba, como un barco mal estibado. Morales lo siguió pacientemente hasta encontrarse cara a cara y, sin mediar palabra, le asestó una certera puñalada en el corazón. Jerónimo cayó de rodillas, fulminado, con las manos crispadas en un amago imposible de agarrarse a su agresor que retiró el cuchillo para limpiarlo en su propio mandil y retornar a su negocio…
La noticia corrió como reguero de pólvora. Hubo gritos de quienes los vieron discutir y desde un agitado muellito subió la pareja de civiles que detuvo al agresor a pocos metros del lugar de los hechos y, sin oponerles resistencia, fue preso y entregado en el Juzgado Municipal de la localidad junto con un paquete conteniendo varios cuchillos que le requisaron.
Pocos días después el juez municipal despachó una breve diligencia y envió a Juan Morales junto a las armas del delito a bordo de la goleta “Beatriz” y con destino al Juzgado de Primera Instancia de Arrecife.
Buscado el asunto en la prensa de la época (Archivo de Prensa Histórica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria), encontramos unas líneas que le dedicó el "Diario de Las Palmas", luego copiadas por "El Diario de Tenerife" y por "La Opinión"; decía así:
"Según noticias de Puerto de Cabras, el 6 del actual, un individuo de 60 años, de oficio cortador, llamado Juan Morales Álvarez, dio una puñalada en el corazón a Jerónimo Fernández Jorge, de 24 años, pescador, dejándole muerto en el acto..."
Este sencillo episodio se fue diluyendo en la memoria colectiva de la ciudad, dejando huellas y estigmas entre las familias de agresor y víctima, que convinieron en levantar una sencilla cruz de piedra con las iniciales J.F.J. que hasta el 2008 podíamos ver en un solar de la calle Juanito el Cojo, frente al Mercado Municipal de Puerto del Rosario.
La cruz que se colocó donde cayó Jerónimo Fernández Jorge, aún  se veía en el solar de la calle  Juanito el Cojo, frente al mercado municipal de Puerto del Rosario. [Foto aportada por Paco Cerdeña].
Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

martes, 18 de septiembre de 2012

La memoria recuperada en el callejero: Bernardina y Nazaret

En 1987 se incorporó al callejero de Puerto del Rosario el nombre de dos ancianitas de El Time, con el propósito de rotular la que hasta entonces fue calle Batalla de Guadalete. El texto que el viandante puede ver hoy en el barrio de La Charca es el de “Calle Bernardina y Nazaret”.
Lo aprobó el pleno del ayuntamiento, creo que de forma unánime, haciéndose eco de una moción de la alcaldía sobre rotulación de vías en varios puntos de la ciudad, y con cuya resolución se adelantaban a la normativa para la recuperación de la memoria histórica,
“…recordando a estas víctimas de la represión durante la Guerra Civil de 1936-1939, a quienes para vergüenza y escarnio pasearon por las calles de la capital con las cabezas rapadas…”
Y es que la Historia Oficial ha pasado de puntillas sobre este episodio local. Las propias asociaciones para la recuperación de la memoria deberían investigar en las fuentes orales para rescatar algo más que el nombre de estas dos víctimas. Desconocemos el motivo por el que decidieron humillarlas pero fuera cual fuese el desencadenante de aquel desatino, a él deberíamos añadir también su condición de mujeres y campesinas majoreras en una etapa realmente difícil.
Para empezar proponemos arrancar el sondeo en la memoria colectiva con la aportación de sus nombres completos, el respeto a su memoria así nos lo demanda:
Nazaret Zerpa Mota, nació en el entonces caserío de El Time, perteneciente al municipio de Tetir, en 1871, y murió en el mismo barrio en 1949, cuando ya pertenecía a Puerto de Cabras. Allí vivió soltera en la casa de su hermana, Wenceslaa Zerpa Mota (El Time, 1872) y su cuñado, Miguel Montañez Fuentes (La Oliva, 1874). A través de la descendencia de uno de sus sobrinos, Basilio (El Time, 1925), hijo de aquellos, podemos encontrar la fuente oral complementaria.
Bernardina Cubas Rodríguez, nació en Tetir en 1864 y murió en 1942 en El Time, Puerto de Cabras. Estuvo casada con Felipe Cabrera Rodríguez (Antigua, 1853), con el que tuvo al menos cinco hijos, localizándose su descendencia actual por los herederos de su hija María Cabrera Cubas (1905-2000), en cuya dirección puede rastrearse la fuente oral complementaria.


Por nuestra parte, consideramos cumplida la identificación de las víctimas que recoge el rótulo de la Calle Bernardina y Nazaret, en la ciudad de Puerto del Rosario, sin ánimo de herir susceptibilidades, simplemente lo considero un deber para con la memoria de aquellas personas.
Copyright Francisco Javier  Cerdeña Armas