viernes, 16 de agosto de 2024

La Antigua, capital de Fuerteventura: 1834

 De cuando Betancuria perdió la capitalidad en favor de La Antigua


En el Boletín Oficial de Canarias, de 27 de diciembre de 1834, se publica la nueva división de partidos de las islas para que la administración civil se sujetase a ella desde el primero de enero del año siguiente. Y, para el caso de Fuerteventura, precisaba que se crea el Partido Judicial de la Antigua con jurisdicción en todos los pueblos de la isla.

Sin embargo, desde junio de aquel año, el notario público don Ambrosio Pereira dejaba fe marginal en sus cuadernos de protocolos, donde decía que “el 16 de junio de este año, a las siete de la tarde, se recibió la orden de suspensión de capital a la Villa (Betancuria) y declaratoria de cabeza de partido a La Antigua”.



A partir de aquella fecha todos los instrumentos públicos que pasaban por su protocolo se databan en el pueblo de “La Antigua de Fuerteventura, cabeza del partido judicial de la isla”; lo mismo ocurría con las anotaciones realizadas en los cuadernos de oficio del Registro de Hipotecas de la isla, del que también era responsable aquel escribano.

Pero ¿Qué ocurrió desde entonces hasta la publicación de la nueva división administrativa en el Boletín Oficial de Canarias? Hasta 1913 se dieron situaciones de hecho en la nuestra isla pues la cabeza y la cárcel del partido judicial siguieron estando en Lanzarote.

Hay quien, aludiendo a la concentración de poder en determinadas localidades, afirma que, en Fuerteventura, por aquello de ser la residencia del poder militar en La Oliva, éste pueblo llegó a ostentar la capitalidad. Algo que, como se puede intuir, fue meramente circunstancial; así se vería a lo largo del siglo XIX en que surgieron otros órganos de la administración civil.

Desde octubre de 1834, por ejemplo, se aprobaba la creación de un ayuntamiento en Puerto de Cabras, el embarcadero de Tetir, en la costa oriental de Fuerteventura. Así lo recogió la prensa y el boletín oficial de la época.

Cuatro meses después, se constituía la primera corporación el 1 de febrero de 1835. Puerto de Cabras tenía su jurisdicción marítima, su junta de sanidad marítima, la residencia del subdelegado del gobierno de la provincia en la isla, y pronto empezaron a llegar los demás funcionarios responsables de la administración civil que se encargarían de poner en funcionamiento los órganos periféricos de la administración del Estado; además aquí se establecieron algunos responsables de los consulados abiertos en las islas de Canaria y Tenerife, como el británico.

Por tanto podemos decir que en Fuerteventura, Puerto de Cabras asumió, de facto, la capitalidad de la administración civil. Porque, de derecho, tal capitalidad como cabecera de partido judicial, se perdió pasando a depender Fuerteventura de la Villa de Teguise y Arrecife en la vecina isla de Lanzarote.

La capitalidad no regresó a nuestra isla hasta 1913-14 en que por mor de la conocida como Ley de Cabildos, hubo de crearse la jurisdicción electoral de Fuerteventura con cabecera en el Partido Judicial que, de nuevo retornó para implantarse en Puerto de Cabras y con jurisdicción en todos los municipios de la isla. Entonces sí, nuestra ciudad pasó a desempeñar su papel capitalino de pleno derecho. El propio Cabildo moderno, al que se daba cobertura con aquella normativa, se estableció en El Puerto.

Desde los primeros tiempos, la misma organización de las milicias atrajo hacia Puerto de Cabras algunos elementos que se asentaron en su solar; procedían de Cádiz los marinos como Francisco Sánchez; de La Palma los suboficiales de infantería y artillería, como los Rodríguez Taño; y con ellos otros procedentes, fundamentalmente de las islas de Tenerife y Gran Canaria.

Betancuria, capital histórica, sede de beneficios parroquiales y del ayuntamiento insular o antiguo cabildo, desde el siglo XVI, comenzó a desvanecerse en las primeras décadas del siglo XIX. Los pueblos de la isla con parroquia establecida, comenzaron a reivindicar su papel municipal en el contexto insular.

Las leyes auspiciadas por la Revolución Liberal, hicieron desaparecer los señoríos y los representantes de éstos en la isla, no supieron o no quisieron hacer frente a las cargas impositivas que “igualaban” a todos los propietarios. Aquellas mismas normas propiciaron la posibilidad de venta del 40 % de los bienes espiritualizados en forma de capellanías, fundaciones pías y otras figuras similares; el propio convento de San Buenaventura se cerró… En definitiva, se favorece la entrada de una gran cantidad de tierras en el mercado pero, lejos de lograrse su distribución, provocó la concentración en una nueva clase que veía en ello la forma de alcanzar las cuotas impuestas por el sufragio censitario para el acceso a la política en los nuevos entes locales.

El caldo de cultivo de las administraciones civiles de la isla había comenzado a gestarse desde las últimas décadas del XVIII, con la redistribución de jurisdicciones parroquiales a la luz de la razón y de la ilustración. Y, en el XIX, lo que fueron parroquias pasaron a constituirse en municipios con su ayuntamiento propio; el cabildo antiguo desapareció y Betancuria pasó a ser uno más entre los entes locales de la isla.

El propio palacio de los señores de Fuerteventura en Betancuria, pasó a manos de recaudadores y castellanos de la Torre de Caleta de Fustes, como Miguel Blas Vázquez. A comienzos de la década de 1830 sólo era un solar al poniente de la iglesia parroquial de la Villa, en cuyos paramentos de ese lado aún vemos los accesos privilegiados al coro alto de aquel templo.

Mercado de tierras, accesos a las corporaciones locales, nuevos ayuntamientos y repartos de viejas dehesas en medio de pleitos interminables por hacerse con bienes de capellanías y fundaciones pías, iluminan los acontecimientos del siglo XIX  en nuestra isla, en cuyas primeras décadas se produjo la mayor diáspora migratoria de nuestros antepasados. Se fueron, sí, hacia otras partes del imperio, hacia las Américas de S.M., pero no siempre siguieron los destinos del flujo de otras islas: los majoreros, como los conejeros, aunque se sumaron a aquellos rumbos, el suyo fue preferentemente a Uruguay, Brasil y Argentina.

Aún quedaban más reajustes jurisdiccionales por venir a los municipios de Fuerteventura. Unos fueron visuales en repartos de viejas zonas comunales que ponían en cuestión los deslindes de sus respectivos términos municipales, con los consiguientes litigios; otros fueron de carácter político-administrativo, como las anexiones que se materializaron en la segunda década del siglo XX.

Copyright Francisco J. Cerdeña Armas.


miércoles, 19 de junio de 2024

Apunte meteorológico de 1909 en Puerto de Cabras

 Las impresiones del Dr. Domingo Hernández González en Puerto de Cabras

En las postrimerías del siglo XIX llegaba a nuestra puerto un médico apasionado de la observación meteorológica. Oriundo de Las Breñas, en la isla de La Palma, no es de extrañar el radical cambio que veía en el entorno de su nueva residencia y donde ejercería la medicina casi diez años.

Corrían los primeros años del siglo veinte y Fuerteventura no lograba levantar cabeza. Al arancel sobre los cereales canarios (léase de Lanzarote y Fuerteventura) en su entrada a la Península Ibérica, se unía la tremenda sequía y los malos tiempos que azotaron la isla por aquel entonces.

La gente emigraba y tras ella hasta las piedras de paredes divisorias, casas y gañanías se vendían para embarcar con destino a los puertos de La Luz y Santa Cruz de Tenerife, objeto de ampliaciones y mejoras en sus infraestructuras. Allí se demandaba materia prima para fabricar cales hidráulicas y mano de obra a raudales, así es que nuestros antepasados, agobiados por la sequía y los tributos, una vez más, cogieron la maleta.

Al poco de llegar nuestro doctor a la isla para ocupar la plaza de médico municipal de Puerto de Cabras, don Domingo Hernández González se ocupó de los enfermos de la Beneficencia local, de los militares de guarnición en Fuerteventura y de un vecindario que, por lo apuntado, apenas sobrepasaba el medio millar, incluidos los soldados.


Venía del otro lado del Archipiélago, de la isla más verde, La Palma; es claro que la imagen primera le impactó y tuvo tiempo para entretenerse en la observación del clima y del paisaje de nuestra isla.

En Puerto de Cabras, quizás por la magua verde de su tierra natal, se aficionó a la observación meteorológica. Escudriñaba nuestros cielos y nuestro mar preguntándose por qué no llovía en este trozo de desierto; anotaba minuciosamente las temperaturas y los estados de la mar, de dónde soplaban los vientos cada día...

Y de sus inquietudes dejó unos apuntes que hemos podido rescatar y que vienen a pelo con los últimos episodios climáticos que estamos sufriendo en Canarias.

De formación científica, nuestro galeno no dio pábulo a las cabañuelas y las arrinconó entre las anécdotas etnográficas de los majoreros y de los canarios en general.

Para empezar, aunque médico local, tuvo que acudir a los municipios aledaños de Tetir y de Casillas del Ángel para atender a los afectados de tiña, contraída, al parecer, por el contacto de los camellos importados de la vecina costa africana.

El trasiego mercantil -se decía- pero también el determinismo geográfico (algo en lo que siguió al tetireño Antonio María Manrique y Saavedra), iba a ser objeto de sus observaciones.

Al menos así lo anotó en los dos primeros meses de 1902, cuando vio que de nada servían a esta tierra las garugas caídas sobre los campos en noviembre y diciembre del año anterior:

"Los vientos secos y huracanados -anotó- del Este y Sureste, han reinado con breves intervalos, alterando los mares de tal modo que por espacio de muchos días se interrumpió la comunicación de buques con el puerto.

"El temporal llegó a su punto álgido el día 16 de enero, y el día anterior, desde la madrugada, hubo truenos y relámpagos: los horizontes se cerraron. Había niebla densa y baja, cargada de polvo amarillento que imprimía a la luz un tinte tétrico.

"Cuando cesó el viento el aspecto de la atmósfera presagiaba una horrible tempestad. A la diez de la noche de aquel día volvió el viento fuerte, uniendo sus ruidos al ruido tenebroso del mar al estrellar las grandes olas contra el frente marítimo. La Luna apenas brillaba y la oscuridad era tan intensa que, a corta distancia, no se distinguían las personas que transitaban por las calles.

Al amanecer continuaba el temporal, pero más flojo. Disminuyó la fuerza del viento, y el mar se puso llano, desapareciendo las nubes de polvo, en parte arrastradas por la enorme cantidad de tierra que descargaron.

La calima, escondiendo el paisaje. Foto Paco Cerdeña.

"Los campos quedaron cubiertos de polvo... Y, como los males de esta tierra nunca venían solos, arrastrados por las corrientes marinas, la orillas se inundaron de grandes bardos de cigarrones berberiscos, en su mayoría muertos.

Aquello debió parecerle a don Domingo un azote bíblico. Se decía que si no llovía pronto, los árboles y las cosechas se verían seriamente afectados, perdidas las papas y los tomates que ya empezaban a experimentarse por las fincas del interior.

Que cerca estamos de África -concluyó- mientras leía la prensa de la época tras las ventanas del Casino El Porvenir: Los buques de vela que fueron sorprendidos por el temporal en los puertos y playas de Fuerteventura, corrieron hacia la Isla de Lobos que, como suele ser habitual, constituye en estos tiempos un excelente abrigo. Porque se perdieron algunos barcos como el pailebot "El Rosario", a la entrada de Puerto Naos... 

En Puerto de Cabras los barquillos se arrastraron calle León y Castillo arriba para resguardarlos porque las olas barrieron un muelle chico ya maltrecho y el mar circuló por las calles aledañas a la explanada, adentrándose por el Barranco Pilón que, por unos instantes se tornaba río de aguas turbulentas.

(c) Francisco J. Cerdeña Armas. 2009-2026

lunes, 22 de abril de 2024

Topónimos y mapas que confunden su valor patrimonial

 De topónimos y mapas que confunden

En tiempos de rescate de la memoria, resulta extraño que aún se siga recurriendo a la cartografía militar de 1944, no sólo por la exactitud de su expresión gráfica, sino también por la toponimia que incorporaron. Se la toma como infalible pero, caramba, desde entonces la investigación histórica y registral de las propiedades y topónimos de nuestro entorno han ido colocando en su sitio los nombres de lugares muy anteriores al periodo de posguerra civil y segunda guerra mundial.

Las fuerzas que por aquí se desplegaron en los años de la contienda mundial fueron batallones expedicionarios procedentes de la península y, entre ellos, las personas que se emplearon por el servicio cartográfico del ejército para mapear la isla.

A día de hoy, la cartografía de portales oficiales en Canarias, sigue empeñada en acudir a aquellos mapas para, intencionadamente o no, colonizar la toponimia insular con lo que los expedicionarios de entonces reflejaron en sus vuelos, sin tener en cuenta que no siempre se acudió a las fuentes documentales como registros de la propiedad, de la oficina liquidadora y de los protocolos notariales; incluso quizás se mal entendió a los informantes isleños.

Basta como ejemplo enfocar al entorno del actual Puerto del Rosario, por ejemplo com Google Maps o con los visores de Grafcan, para darnos cuenta de que los nombres de mil novecientos cuarenta y cuatro no siempre se recogieron con exactitud, así es que no entiendo por qué se toma como fuente inquebrantable esta cartografía. Porque salvando la exactitud del dibujo y la fotografía, no sé si hoy cuadraran las descripciones de fincas escrituradas con esos mapas.

En tiempos de recuperación de la memoria cultural y la toponimia identitaria que también se recoge como patrimonio en la vigente ley canaria de 2019, no se entienden algunos cambios que han sustraído del recuerdo colectivo topónimos como los de Rosa Vila, Barranco Negrín, Barranco Risco Prieto o El Charco.

Y como una bola de nieve, los “rescatadores” actuales, basados más en la cartografía militar que en las historias registrales de las fincas y de los instrumentos de la fe pública notarial, han propagado el despropósito de desterrar topónimos que siempre acompañaron a nuestras gentes en el espacio en que vivían, para “vender” la bisoña idea de que “así constaba en los mapas del Ejército”, sin más contraste. Así vamos…


¿rediles?


Estos dislates con los actuales medios de comunicación a través de Internet, nos están abocando a la pérdida de un importante legado cultural, pues, como dijimos, la actual Ley de Patrimonio Cultural de Canarias, califica claramente la toponimia como una parte importante del patrimonio colectivo.

Algunos ejemplos que ya se propagan a través de los visores relacionados con trascendencia mundial:

  • Llanos del Negrito, desplazando al histórico Llanos de Negrín.

  • Barranco del Negrito, desplazando al Barranco de Negrín.

  • La Rosa de la Villa, postergando y tapando a la Rosa Vila.

  • Barranco Hondo, que les pareció más bonito que el centenario Risco Prieto.

  • Barranco de Las Tuneras, arrinconando al histórico Barranco de Los Pozos.

Podríamos seguir comentando pero ya resulta más que exasperante ver cómo este fenómeno está calentándose desde las propias oficinas locales de urbanismo que, muchas veces, ni siquiera se detienen en contrastar con los catálogos toponímicos sobre los que se volcó el Cabildo de Fuerteventura en la década de 1980, pateando el territorio para, precisamente, rescatar estos elementos del patrimonio histórico, cultural y etnográfico de Canarias.

Así es que no veo peor manera de alentar la desinformación y la aculturación que desterrar topónimos que acompañaron a nuestros antepasados en las inscripciones registrales de sus casas, caminos, aljibes y pozos.

Las idas y venidas de los nombres de lugar reinterpretados como si estuvieran descubriendo el mediterráneo, me parece un despropósito. Quienes se aventuran en la investigación histórica o registral de fincas y parajes lo tendrán cada vez más difícil para interpretar lo que estén estudiando. Y no sólo es por las tremendas alteraciones paisajísticas.

En fin… voy a rubricar estas líneas, pero no sé si poner “Puerto de Cabras”, “Puerto Cabras” o Puerto del Rosario; pero no sin antes invitarles a que exploren la cartografía institucional o la que aquí hemos insinuado. Y, como tarea, busquen, por ejemplo, Risco Prieto, donde se apagó la Industria de la Cal allá por la década de 1970.


lunes, 12 de febrero de 2024

Paseo por el Puerto de Cabras que vio Unamuno en 1924

 Recuerdos del Puerto de Cabras que vio Unamuno hace 100 años.


Hoy hablaremos de un entorno histórico de Puerto de Cabras que se nos antoja coqueto y entrañable a través de los recuerdos de quienes por aquí vivimos.

La Plaza de España es uno de esos rincones de Puerto del Rosario que, siendo un solar público municipal, se ha diluido en una larga cadena de despropósitos.

Si mirásemos a su origen encontraríamos un sobrante de los viales que iban conformando la ciudad, aprovechándose como un echadero o fuchadero de camellos, muy cerca del embarcadero, a tiro de piedra del muelle municipal de Puerto de Cabras; un malecón  que siendo construido en la década de 1890, aún recordamos y recordaremos como “el muelle chico”.


Puerto de Cabras veinte años después del destierro de Unamuno.


Podemos ver imágenes de la zona a través de la fotografía histórica, en cuya temática hay muchas y variadas vistas de la calle Ramón Fernández Castañeyra, de norte a sur y de sur a norte, ofreciendo perspectivas de lo que fue uno de los centros neurálgicos de la que hoy es ciudad capital de Fuerteventura. Porque hay fotos de la visita del primer gobernador civil, de la espera del General Primo de Rivera, que no se atrevió a venir, y de Unamuno en la terraza del Casino el Porvenir, del Consistorio municipal y cabildicio, de la casa de don Ramón Castañeyra Schamán con su tertulia…

Y desde aquel “balcón”, antes de estar construida la plaza que nos ocupa, los tertulianos de aquel ateneo podían mirar al mar; la curva del camino de acceso a la Explanada, los viejos almacenes que había sobre el marisco, al sur de la playita del muelle, del malecón y de los barquillos.

Levantando la mirada verían la bahía plagada de veleros y vapores fondeados; se notaría un ir y venir de barcazas y lanchas del servicio portuario, porque la mayoría de aquellos buques no podían arrimarse al muellito, había tan poco calado que los lanchones se acercaban a las amuras de los barcos a recoger y llevar carga y pasaje.

Mirando aquel trasiego en la bahía, nos imaginamos al ilustre confinado esperando a sus contertulios; unos días atrás había desembarcado él mismo del correíllo La Palma, accediendo al lanchón que lo acercó a la escalinata, seguramente en el mismo recorrido que compartió con Rodrigo Soriano y con el policía que los acompañaría en su “fructífero destierro”.

Puerto de Cabras se desperezaba cansado, como lo había hecho, día tras días, desde que hacía seis meses, los militares presidían las instituciones. El hotel de don Paco Medina, la iglesia sin torre, las calles empedradas unas, sin pavimentar otras, que los adoquines sólo se veían en la Explanada y en el muellito municipal. Los camellos ya se iban acostumbrando a encontrarse con vehículos automóviles como el taxi de don Juan Pérez Medina o el del indiano sureño don Matías López…

Durante aquella visita de hace cien años, Puerto de Cabras era un villorrio que no paraba de crecer pero que, a duras penas, rondaría los 1.000 habitantes. En los instantes de aquel confinamiento ya estaba escrita parte de su historia: se desgranaban sus capítulos en las tertulias que el ateneo portuense celebraba desde las últimas décadas del XIX; con la pluma de algunos visitantes ilustres había sido editada y hasta el periódico La Aurora (1900-1906) la había difundido en sus páginas…

Cuando llegaron el ex rector salmantino y el periodista Soriano, guarnecía la plaza el Batallón Cazadores de Fuerteventura 22, con su compañía de ametralladoras y la comandancia militar en la calle León y Castillo; había guardia civil alojada en una casa de la calle de La Marina, frente al cuartel de la tropa de aquel batallón. El cabildo y el ayuntamiento compartían sede, acera y terraza con el Casino, la Ayudantía de Marina y la casa de Castañeyra, donde se encontraba la mejor biblioteca de la isla.

La administración dictatorial, además de atacar a quien pensara diferente, había aprobado una legislación que repercutirá también en la paz institucional de Fuerteventura.

Unos meses antes de la llegada de los “ilustres visitantes”, habían empezado los tiras y aflojas entre Puerto de Cabras y Casillas del Ángel, entre Puerto de Cabras y Tetir, ante un proyecto con el que la institución capitalina aspiraba absorber a los municipios rurales aledaños.

El Estatuto Municipal fue el cauce elegido para presionar sobre Tetir y arrinconar a Casillas con el estrangulamiento y la insumisión fiscal promovidos desde Puerto de Cabras. Algo, efectivamente, estaba cambiando y se hicieron cábalas con redistribuir la isla en tres grandes jurisdicciones municipales…

Extinguir municipios, confinar contestaciones a la política gubernamental, venían a ser la misma cosa en tiempos de aquella primera dictadura del siglo XX. La perspectiva temporal así lo ha confirmado.

Apenas siete días antes de la llegada de Unamuno y Soriano habían desembarcado en Puerto de Cabras una veintena de guardias civiles; no sabemos si esperando o aguardando cuestiones más graves derivadas de la insumisión fiscal sobre Casillas y Tetir, porque aquellos -ya lo vimos- eran tiempos de reajustes jurisdiccionales en la isla, y no siempre fueron pacíficos…

Total que cuando los confinados del centenario se sentaban al amor de la tertulia, ya habían por aquí veintitrés miembros de la Benemérita, incluidas las tres parejas que ya nos acompañaban desde 1898.

La vida seguía con sus baretos y tiendas y, allá en la calle del Puente, la Notaría y el Registro de la Propiedad y la mejor casa de comidas de Fuerteventura, que regentara en su día doña Benigna Pérez Alonso, el hostal la Tinerfeña.

En días de correíllo, el bocinazo de llegada o salida ponía en marcha aquel puertito en el que, 28 años antes, se había recibido a quien había estampado su real firma en el Decreto de Confinamiento de los que hoy nos ocupan. Nada que decir del general presidente del directorio militar que no quiso venir, años después, a Fuerteventura.

Hermosas fincas rodeaban Puerto de Cabras: eran las rozas que constituían el cinturón verde de la naciente ciudad: Roza de don Bernabé, Roza de Fabelo, Roza del Viejo…Roza de los Pozos o de don Secundino. Por el camino del Matorral que atravesaba ésta última, transitaría Unamuno en su paseo hasta Playa Blanca, donde, en lo alto de la “Canterita Blanca” se sentaba a meditar; no sabemos si lo hacía en la Jurisdicción de Casillas o en la de Puerto de Cabras, que allí se encontraban.

Y volvemos a la acera del casino, del ayuntamiento-cabildo y de la casa de don Ramón, entre las calles Fuerteventura, al sur, y Virgen del Rosario, al norte. Nos sentamos de espaldas a tan ilustres edificios y, con los contertulios miramos el mar, el muelle, la bahía…

Y allí delante, aún no estaba la plaza, un rinconcito que sería construido casi cuarenta años después en el solar que donará el amigo de Unamuno al Ayuntamiento; aquel inmueble con el que mercadearon los munícipes en la década de 1970 para convertirlo en el desastre que es hoy aquel punto de la ciudad.

No me extrañaría que a Castañeyra le hubiese gustado dar el nombre de don Miguel a aquella placita de Puerto de Cabras/Puerto del Rosario… ¡Quién sabe! un centenario podría dar para mucho. También para recrear los aconteceres de la Fuerteventura que acogió a nuestros ilustres visitantes.


© Francisco Javier Cerdeña Armas/ Cuaderno de Puerto de Cabras.


miércoles, 7 de febrero de 2024

Despertar en Puerto de Cabras

 Nuestra ciudad es nueva. Apenas bicentenaria. Hay quien dice que aún es menor... Pero ¿Qué más da si son quince o veinte años más o menos?

Algunos hacen cábalas y consultando secretamente los viejos documentos escritos, hurtados a la mayoría por extravíos o incendios, pregonan las inexactitudes de quienes se han esforzado en "recrear" el origen de este lugar, en dar nombre a sus primeros vecinos y en dar algo de luz a las razones o causas que los reunió en este punto de la costa de Fuerteventura.

Pasear por nuestra ciudad es, hoy por hoy, un placer, encanto para los sentidos: paseos, avenidas, reconstrucciones y nuevas arquitecturas no logran desdibujar, en cambio, lo que yo siento cuando pateo por sus calles.

Amanecer en Puerto de Cabras. Cuaderno de Puerto de Cabras

Es cierto que el bullicio de una localidad que crece, muchas veces con claros tintes desarrollistas (todo hay que decirlo), no nos permite escuchar los ecos de nuestros pasos, ¡faltaría más!. La realidad se impone... Pero ese ruido no logra apagar sentimientos, recuerdos, añoranzas... Aquí hay algo que nos trae el propio mar que baña sus orillas, desde Punta Gavioto a Playa Blanca.

Un olor a mar antiguo nos da en la cara. El salitre y las "sebas" acumuladas ocasionalmente en las playas que antaño la orillaban, aquellos rincones en que jugaba la chiquillería y donde los  barquillos marineros descansaban.

Hoy se me antoja que vivimos una tregua con el mar que nos acompaña, que nos acompañó siempre. Pero ya no se escuchan las olas retumbando en los riscos de la orilla, como lo hicieron desde la noche de los tiempos. La mar descansa y, en su ir y venir, acaricia los pies de una población que se atrevió a desafiarla.

Aquellas casas que se arrimaron a la ribera de antaño, hoy están amenazadas por nuevos diseños urbanísticos. Casi podríamos decir que el mar se despereza muchas veces con su aliento salino y que abre en nuestra memoria el recuerdo de viejos temporales, de viejos naufragios, de antiguas estampas donde el hombre no podía más que admirarlo, y otros, con más suerte, fotografiarlo.

Fue así con el Muelle Chico y las continuas embestidas que se prodigaron en un diálogo mucho más airado que el que hoy vemos entre el mar y la ciudad. Entonces casi discutían ambos.

Hoy las calles que pese a sus nuevos edificios, siguen igual de "estrechas", se empeñan en agasajar al visitante con recoletos paseos, donde todos, alguna vez, nos perdemos. ¡Hasta aquí llega mi añoranza!

Una magua que se reactiva con algunos vestigios de antaño. Elementos que se suman al recuerdo, que exhiben sus estampas: la ermita, la iglesia parroquial, alguna que otra casona, las sedes institucionales, el cementerio, los hornos, las gavias... Y, arrimadas al cantil de Los Mastrantos,  en un entorno más conocido por Playa de Las Escuevas, las casas de la primitiva calle de la Ascensión... Pero también barrancos y "tableros" que fueron frente marítimo y sustrato de la ciudad...

Intento reconcentrarme y la mirada se me escapa hacia las esculturas y los nombres de sus calles para entretenerse como cualquier paseante, sin prisas. Allí está escrita su historia y sus elementos nos muestran la sensibilidad con el arte que se nos muestra al aire libre...

Y el que quiera más calma, también dispone de bibliotecas, auditorios y salas de exposiciones... rincones donde se muestran y atesoran los elementos identitarios, la creación artística y literaria y el esfuerzo por difundir su riqueza inmaterial y su memoria colectiva.

Porque todo convive, así debe ser, sin perder aún la memoria colectiva. Yo sigo y seguiré paseando por Puerto de Cabras, un topónimo que, apareciendo ya en los portulanos y cartas bajomedievales, también es en sí "patrimonio cultural", irrenunciable al amparo de la vigente Ley de Patrimonio de Canarias.

domingo, 14 de enero de 2024

Bibliografía sobre Puerto de Cabras.

 Notas sobre la dehesa vecinal de Fuerteventura y otros apuntes de historia local majorera.

Tal es el subtítulo del Cuaderno de Puerto de Cabras II que acaba de ver la luz.



En nueve capítulos nos paseamos por la historia marítima, institucional y arquitectónica. Les convidamos a reflexionar sobre nuestros pueblos con paseos al Puertito de Los Molinos, Las Parcelas o Puerto Lajas. Nos acercamos a escuchar cómo se festeja a la patrona en localidades de devoción mariana, como la de la antigua sede municipal de Casillas del Ángel (próxima a conmemorar los 100 años de su extinción como municipio y disolución de su ayuntamiento); reflexionamos sobre singulares aldeas como Valle de Santa Inés, con una de las más antiguas y hermosas ermitas de Fuerteventura, o la de Llanos de la Concepción, hermanadas las dos últimas por la endogamia compartida.

Paseos sentimentales por el antiguo Puerto de Cabras, su toponimia y por algunas de las Rozas que dieron origen a la propiedad del suelo de la actual ciudad de Puerto del Rosario...

Por último recogemos algunos aspectos de Puerto de Cabras y Fuerteventura en tiempos de guerra. Epidemias, escolarización y hambre, con nombres propios de los antepasados que vivieron aquellos duros momentos de nuestra historia.

Y la dehesa vecinal de la isla, también conocida como término, costa o mancomún; donde abordamos aspectos de indudable valor etnográfico por cuanto en su jurisdicción se alberga la pervivencia de una práctica ganadera ancestral, aspectos a los que se consagra el Trabajo de fin de grado (TFG) de quien me acompaña en la autoría de esta publicación.

lunes, 13 de febrero de 2023

La preservación del Puertito de Los Molinos. Breve apunte sobre su historia

A propósito de las revisiones de los Planes de Ordenación de Recursos Naturales y del Plan regulador de Uso y Gestión del Parque Rural de Betancuria en que está inserto.

Sobran fundamentos y faltan voluntades para su conservación como embarcadero o puerto natural, para su valoración como pueblo costero del extinto municipio de Casillas del Ángel, como sitio histórico usado desde tiempo inmemorial.

Es lo que tiene legislar, planear y ordenar espacios sin contar con el patrimonio etnográfico subyacente en la costa majorera y olvidarse de que, en muchos casos, los asentamientos costeros merecen su rescate por su valor en la cultura tradicional con la categoría de sitios o embarcaderos históricos. Estamos en islas y algo de esto debiera contemplarse con un poco más de rigor en sitios históricos como el que nos ocupará un ratito.

Los valores históricos, etnográficos, arquitectónicos y paisajísticos.

Si hasta no hace mucho se estudiaba la conveniencia de fijar unos límites a la aplicación de la Ley de Costas de 1988 y su Reglamento, la Ley 2/2013, de 29 de mayo, de protección y uso sostenible y de modificación de la Ley 22/1988, de 28 de Julio, de Costas, viene a reafirmar la necesidad de afirmar que el caserío del Puertito de los Molinos de Nuestro Municipio, tiene una serie de valores que aconsejan su preservación, por cuanto colisiona con la Ley 7/2009, de 6 de mayo, de modificación del Texto Refundido de las Leyes de Ordenación del Territorio de Canarias y de Espacios Naturales de Canarias, sobre declaración y ordenación de áreas urbanas en el litoral canario por cuanto ésta última invocaba que se deberían tener presentes criterios históricos, culturales y etnográficos, propios de los asentamientos tradicionales en Canarias, intentando evitar la estricta concepción del dominio público marítimo terrestre que se nos antojaba un ariete contra el patrimonio etnográfico y contra los poblados tradicionales de la costa en Canarias.

Sin entrar en las definiciones con que los pueblos entran en el nomenclátor, es claro que en el Puertito de Los Molinos se dan una serie de circunstancias que la propia modificación de la Ley de Costas de 1988, recientemente aprobada, recoge como elementos a tener en cuenta en la renovación de concesiones de ocupación: Este caserío tiene acceso rodado desde, al menos, 1930, asfaltado en la década de 1970 por el Cabildo de Fuerteventura; dispone de alumbrado público mediante farolas fotovoltaicas y suministro eléctrico domiciliario por mediación de un motor generador diésel gestionado por la propia Asociación de Vecinos, encontrándose un proyecto del Plan de Electrificación Integral de Canarias (PELICAN) que pretendía llegar el cableado eléctrico y el agua hasta aquel caserío; mientras tanto el agua corriente para aseo domiciliario procede de la escorrentía permanente del barranco de su situación. Y lo mismo podemos decir de las aguas negras que son vertidas a fosas sépticas regularmente evacuadas por los servicios municipales de limpieza, juntamente con los residuos sólidos.

Y las intenciones, deseos y peticiones vecinales que obtuvieron resultados como los escritos cursados al Cabildo y al Consorcio de Abastecimiento de Agua a Fuerteventura que acordaron en 1999 y 2000 subvencionarles las obras de la red de agua hasta el Puertito de Los Molinos, al que se vino a sumar el proyecto PELICAN para la electrificación del caserío; aunque actualmente se encuentren paralizadas junto a la Gambuesa de la Degollada.

Pero el carácter inmemorial de muchos de los núcleos costeros de nuestras islas y, en concreto, el del Puertito de Los Molinos, aconseja su valoración en el ejercicio de protección y conservación del dominio público.

Con independencia del análisis jurídico que para cada unidad construida pueda verse en el apartado correspondiente de este informe, hay aquí edificaciones que aún estando en el dominio público y sus zonas de afección, servidumbre de tránsito y de protección, presentan valores de tipo histórico, etnográfico y/o pintoresco.

En todo caso la existencia del caserío del Puertito de Los Molinos es anterior a las leyes de costa que aquí tratamos, y preexistente a cualquier tipo de fiscalización urbanística o edificatoria por parte de los ayuntamientos; unas circunstancias que hacen de este enclave el germen de cómo evolucionaron los asentamientos costeros de Fuerteventura, espontáneamente, con independencia de las alteraciones que pudieran afear u ocultar trazas originarias de la razón de ser como entidad poblacional, en todo caso, subsanables.

El Puertito de Los Molinos viene a ser un pueblo que surgió entre la propiedad comunal del viejo municipio de Casillas del Ángel y las riberas del mar, en un espacio que se desvanece empujado por la zona de servidumbre marítimo terrestre y la de aprovechamiento comunal o finca mancomún de Las Salinas y Jarugo, cuya administración corresponde en la actualidad al municipio de Puerto del Rosario. Pero al situarse los confines occidentales del Mancomún en las riberas del mar, el poblado queda dentro de lo que administró Casillas y hoy lo hace Puerto.

Aunque su cronología es imprecisa en sus orígenes, es presumible que aquí se diesen cita ganaderos y pescadores desde mediados del siglo XIX, posiblemente antes. Y hacían lo que tradicionalmente se ha hecho en este espacio: arrimar unas piedras para levantar cuartos o ranchitos donde guarecerse en la temporadas de actividad y almacenes donde guardar los barquillos cuando el estado de la mar así lo aconsejaba; en todo caso en etapas de invierno.

En concreto, fue el “cartógrafo” Marcial Velázquez Curbelo uno de los primeros que, en sus dibujos y planos para el ejército, recogió el topónimo de “Puerto de Los Molinos” en la desembocadura del barranco de su nombre, en el año 1883. Nótese que para entonces se deslindaban límites jurisdiccionales entre los municipios de Tetir y Puerto de Cabras, por ejemplo; por tanto se acredita su consideración como asentamiento mucho antes de las normativas que amenazan su existencia.

Las ordenanzas municipales del extinto municipio de Casillas del Ángel, recogían en la última década del XIX los aprovechamientos consentidos y regulados en esta parte de su litoral occidental. Y si en aquellos documentos se mencionan actividades tradicionales, cabe suponer una existencia anterior a los mismos.

En la década de 1910 se construyó junto a la arena de la playa un horno de cal que vino a sumarse a otras dos caleras que se situaban una junto a las aguas del barranco y otra a media ladera, al norte del caserío, próxima a las casas de los camelleros. Hablamos de la época de exportación de piedra de cal y derivados, cuando se construyeron rampas de acceso a la boca del horno y terraplenes para almacenar y trocear la piedra que se desriscaba hasta las proximidades de dicha fábrica de cal.

Los cobradores de arbitrios insulares y alcaldes pedáneos de Casillas y de Puerto de Cabras denotan que el Puertito se mantuvo activo en la industria calera en dos etapas que se corresponden con la década de 1910 y las de 1940 a 1960.

La exportación de cal se hacía a hombros desde la arena a las barcazas y desde ellas a los veleros que, como “El Marte”, "El Merkur" o "El Rosario" fondearon en la bahía de Los Molinos; era una labor costosa y cara pues hasta la cal se ensacaba y por igual procedimientos se llevaba a los barcos que la trasladaban a Gran Canaria y a Tenerife. Muchos de estos aspectos nos los desvelaban en la década de 1980 viejos que lo vivieron. Algo que vino a confirmarse con el reciente descubrimiento en aguas del puertito de un ancla utilizada por aquellas embarcaciones.

Lo que está claro es que cuando Casillas del Ángel acordó disolver su ayuntamiento y extinguirse como municipio en 1926, sus concejales fijaron una serie de condiciones para salvaguarda de los derechos preexistentes a favor de sus vecinos, residentes, además de en la cabecera municipal, en sus pagos de Llanos de la Concepción, Tefía, La Ampuyenta, Tesjuates, El Matorral o Los Molinos, tal y como lo habían hecho desde tiempo inmemorial.

La Comisión Liquidadora de Casillas informó a la de Puerto de Cabras sobre la riqueza inmueble de la zona, de cara a contemplar las 15 construcciones que deberían entrar en el Registro Fiscal de 1928, dos años después de la extinción de aquel municipio.

Había pues un pueblo o caserío de 15 edificios que incluir en el nomenclátor de 31 de diciembre de 1930, aparte las “casas de los camelleros”; y así se hizo pese a las trabas que intentó poner el Servicio Cartográfico Nacional al que entonces pertenecía Estadística, responsable de la elaboración de los censos de población y viviendas.

La licencia otorgada en aquellos años por el Ayuntamiento de Puerto de Cabras para la construcción de un aljibe próxima a la Gambuesa de La Degollada o de Las Salinas, en cuyas inmediaciones tenía una de sus alcogidas, deja claro el interés municipal por dotar el abastecimiento de agua al caserío.

Y también el Cabildo Insular de Fuerteventura consignaba en sus presupuestos 200 pesetas de aquella época para el acondicionamiento de la pista que unía Tefía con Los Molinos, descendiendo el risco por lado norte del cauce del barranco; circunstancia que viene a confirmar la valoración de las instituciones locales sobre este “puerto” de la costa occidental de la isla. Nada gratuito, porque la fiscalización cabildicia sobre importación y exportación también llegaba a este puertito al que acudían sus recaudadores, normalmente desde Tefía.

Más tarde, con el Mando Económico (1941-1945) llegó un nuevo impulso para el Caserío de Los Molinos. Nació entonces el muñón de calle trasera y algunas casas entorno al núcleo central. Estamos en la década de 1940, momentos en que, de nuevo, se reactivó la industria de la cal, se construyó la Colonia Agrícola del General García Escámez y se inició la presa de Los Molinos, además del primer aeródromo de la isla. Desde entonces los lazos de unión Las Parcelas-Los Molinos se mantuvieron, actuando como un nexo entre la agricultura-ganadería y la pesca, la caza y el marisqueo. Los vecinos más próximos al Puertito de Los Molinos fueron los encargados de mantener las propiedades que arrendaron o adquirieron de otros vecinos del antiguo municipio de Casillas del Ángel. Hasta la fecha actual.

Los padrones para el cobro de la contribución territorial sobre edificios y locales de Puerto de Cabras arrastraron aquel patrimonio inmueble de Los Molinos sin cuestionar en absoluto la propia existencia del Puertito. Y los vecinos pagaban religiosamente dichos tributos.

En toda esta trayectoria histórica se han compra-vendido, arrendado o heredado cuartos, casas y corrales en los que se intentó vivir, para lo cual hubo que adaptar los materiales y hacer las mejoras que las comodidades de la vida actual demandan.

El proyecto de “Acondicionamiento y mejora de la Playa del Puertito de Los Molinos” en 1993 vino a destapar la caja de los truenos. A una ocupación largamente consentida por la administración municipal vino a sobreponerse un proyecto que despreciando una forma tradicional de asentamiento en las costas de Canarias, estableció un Deslinde Público Marítimo Terrestre que dejaba fuera del mismo a las casas de los camelleros y a tres cuartos de la margen izquierda del barranco; el resto se pretendió someter a los criterios de un proyecto que ponía muchos elementos que se le alejaban considerablemente de lo tradicional en este tipo de construcciones en nuestro litoral.

Detalle del plano levantado por Marcial Manuel Velázquez Curbelo en 1883, donde ya se recoge asentamiento como Puerto de Los Molinos, dentro de la jurisdicción municipal de Casillas del Ángel (Cito por Juan Tous Meliá: Fuerteventura a través de la cartografía [1507-1899]. Atlas histórico geográfico de la isla).

En las notas marítimas del diario Gaceta de Tenerife, se recoge esta anotación sobre una de las partidas de piedra de cal exportadas por Los Molinos, 1919. Los anuncios de venta y trasiego de veleros abundan en este episodio económico del Puertito.

Pero los vecinos a través de la Asociación “El Pajerito”, hicieron acopio de documentos testimoniales, fotográficos y escritos con la intención de demostrar la antigüedad y el carácter histórico del Puertito de Los Molinos. Se hicieron programas de radio y televisión y diferentes artículos airearon en la prensa escrita lo que se pretendía con este caserío de la costa occidental de Fuerteventura. Un ejemplo el nuestro que no fue único, pues por todo el litoral canario comenzaron a surgir casos similares en los que la Demarcación de Costas de Canarias ejerció la potestad administrativa de abrir expedientes por doquier y ejecutar la demolición de muchas edificaciones del litoral de nuestras islas.

Con las aportaciones vecinales el Ayuntamiento no debería hacer otra cosa que canalizar la queja ante el trato que la modificación de la Ley de Costas ejerció sobre un caserío de indudable interés histórico, pintoresco e incluso paisajístico, si nos atenemos al entorno natural de este enclave y aún a costa de las estridencias que puedan ocasionar algunas construcciones mal integradas en un caserío tradicional de litoral. Porque el Puertito de los Molinos, como sitio histórico, es anterior no sólo a esta ley sino a cuantas declaraciones de espacios naturales o parques rurales se le quieran echar encima. Otra cosa es el tratamiento estético y/o pintoresco que el vecindario dé a su entorno para mantener su esencia en los modelos tradicionales de arquitectura costera.

Al respecto cabe relacionar la periodicidad documentalmente probada de las edificaciones, que nos permite establecer los momentos insinuados más arriba:

Construcciones anteriores a 1915: La cal, hornos, caleras y casas de camelleros.

Construcciones existentes entre 1915 y 1928: Agregación de Casillas del Ángel a Puerto de Cabras. Eran momentos de exportación y pago de arbitrios que le dieron vida.

Construcciones entre 1928 y 1960: La cal.

De 1960 a 1980: La pesca, el marisqueo y el ocio.

De 1980 a 1988: La Ley de Costas

Construcciones de 1988 a 1993: El proyecto de acondicionamiento y mejora de la Demarcación de Costas.

De 1993 a 2009: Esfuerzo vecinal y Ley 7/2009 de  Canarias.

2013 y la modificación de la Ley de Costas. La precariedad de una pervivencia como caserío de Puerto del Rosario.


En cuanto a sus valores etnográficos, es la perseverancia vecinal en recopilar su historia el elemento definitorio más claro de los mismos: Hay un pasado vinculado a la confluencia de actividades agrarias, ganaderas, pesqueras, mariscadoras e industriales de la cal que no dejan lugar a dudas de la riqueza etnográfica de la zona. A ellos toca, también, ponerse las pilas y creerse la realidad histórica de su entorno.

Y en su empeño los vecinos han dejado clara su intención de mejora para el caserío que habitan, aunque sólo sea una parte del año, apostando por el respeto a su historia y a los valores de la zona. En concreto:

- Su entidad como pueblo, que está recogida en el nomenclátor de pueblos de España desde 1920-1930, no por capricho.

- Que la administración municipal llegó a la zona mediante el nombramiento de alcalde pedáneo (en rigor alcalde de barrio), llevado a cabo primero por Casillas del Ángel, luego por Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario.

- Que siempre dispuso de acceso rodado mediante pistas, estando actualmente la principal, al sur de la desembocadura del Barranco de Los Molinos, asfaltada desde la década de 1980 con menos de cinco años de construcción (el antiguo camino descendía al caserío por la margen norte del barranco).

- Que se esmeró en dotarse de agua para el abastecimiento del caserío: primero con el aljibe construido por el Sr. Nolasco en la década de 1930 para captar las aguas de lluvia para bebida de la gente y del ganado; mientras seguían usando el agua del barranco para la higiene doméstica y humana. La canalización contemporánea está paralizada, habiendo llegado la manguera de abasto público hasta escasos 400 metros del Puertito de Los Molinos.

- Que el alumbrado se solucionó como se hizo desde tiempo inmemorial mediante quinqués y velas hasta la década de 1980, en que constituida la Asociación de Vecinos “El Pajerito”, se luchó por que las instituciones municipal e insular ayudaran en el suministro eléctrico mediante motores. Y que la canalización contemporánea se quedó paralizada a escasos 400 metros del caserío, como la del agua potable corriente. Hoy se acude al recurso de placas fotovoltaicas de forma generalizada, eliminando cableados aéreos y lo negativo de su impacto ambiental.

- Que la extracción de residuos sólidos la realiza el propio municipio con el servicio regular de recogida de basura.

- Que la evacuación de aguas residuales o aguas negras se practica, como en todos los puntos del interior de la isla en los que no hay red de alcantarillado, mediante fosas sépticas y pozos negros, susceptibles de ser evacuadas en camiones cisterna, como se hace en otros puntos del municipio y de la isla.

Por tanto, hay elementos más que sólidos para que la singularidad de este pueblo sea contemplada entre los propósitos últimos del planeamiento en beneficio de los propietarios, habitantes y usuarios del caserío del Puertito de Los Molinos y, de forma general para el aprovechamiento y disfrute de la playa.

Y allí sigue con vestigios que muestran a quien quiera y sepa mirar, cómo fue el origen de muchos de los asentamientos costeros de Fuerteventura; ver por encima de las actuaciones inadecuadas y trabajar por la mejora del asentamiento con más perspectiva.

Playa del Puertito de Los Molinos, entre el patrimonio geológico y etnográfico, un lugar para disfrutar. (Foto Paco Cerdeña/Cuaderno de Puerto de Cabras).