lunes, 16 de marzo de 2026

Los vapores correo y tráfico marítimo en Puerto de Cabras, década de 1920

Vapores correos y otros buques en la bahía de Puerto de Cabras durante las décadas de 1910 y 1920


Cuando los correíllos fondeaban tan cerca del muelle municipal traían agua para el abasto de la población de la capital de la isla, décadas de 1910 y 1920 [Foto del libro Puerto del Rosario, 100 años en la memoria, 2000]

La década de 1910 pero, sobre todo la de 1920, mostró en nuestro Puerto de Cabras un regular movimiento portuario. El muelle municipal rindió unos ingresos en las arcas municipales que equilibraron los presupuestos locales en momentos de agregaciones y fusiones de los municipios colindantes. Y eso pese a que la exacción del arbitrio sobre aquel dique fue reclamada por el Cabildo Insular como parte de su Hacienda, algo que despertó un litigio que se palió, en parte, mediante la suscripción de convenios entre ambas instituciones.

Por aquellos años estábamos en medio del fulgor de la industria de las calizas y los inicios productivos del tomate y los regadíos del sur de la isla. Las carreteras ya habían llegado hasta Gran Tarajal y hasta El Cotillo pero se seguían habilitando operaciones marítimas en los antiguos puertos naturales de nuestro litoral, cosas de la elusión del pago de impuestos o de facilitar los embarques acercándose a los lugares de producción.

La reputarse el arbitrio de importaciones y exportaciones por nuestro muelle como la principal fuente de ingresos de las arcas municipales, el Ayuntamiento podía asumir los alquileres de cuantas áreas de la administración estatal tenían abierta oficina en Puerto de Cabras: Casa Cuartel de la Guardia Civil, Delegación Gubernativa de SM en la cabeza del Partido Judicial, la Delegación Gubernativa, Ayudantía de Marina, Cárcel del Partido, las propias dependencias cabildicias, etc. Pero cuando aquellos ingresos se cuestionaron el margen de maniobra local cedió en favor de la institución insular, a la que se empezó a reclamar que asumiese aquellos pagos en sintonía con lo que habían hecho los otros cabildos de las islas.

Por nuestro dique se movieron ingentes cargas de piedra y de calizas. El carbón fue un punto de conflicto al gravarse en la entrada con destino a la industria de la cal y volverse a gravar la cal en su exportación hacia las otras islas. Es por eso que el Cabildo Insular comenzó a desplegar áreas recaudatorias que cubrían todas las calas y embarcaderos naturales, pues hacía allí acudían los buques del cabotaje interinsular para intentar eludir lo inevitable.

Los industriales que hasta aquellos momentos operaban con carros y camellos, fueron incorporando vehículos automóviles, camiones y carretelas que animaron el transporte por carreteras y caminos llegaron a bordo de correos interinsulares, península-Canarias-África. Los bidones de bencina, de gasolina y lubricantes llegaban a bordo de veleros; no había estaciones de servicio, cada propietario de automóviles importaba su propio combustible.

La maquinaria, en fin, también empleada en la exploración de aguas subterráneas en el sur y centro de la isla, entraba por nuestro puerto y por el de Gran Tarajal cuando empezó a funcionar. Por entonces nuestra isla empezaba a "motorizarse" a un ritmo más acelerado del que proporcionaban las norias de sangre y los molinos de viento.

 Fondeados en la bahía de Puerto de Cabras comenzaron a verse los vapores correos Península-Canarias y Península-Canarias-África, a cuyo bordo llegaban los automóviles, camiones y carretelas que iban a imprimir aceleración al transporte por carretera frente al cansino paso de carros y camellos.

El pescante del muelle y las barcazas que transitaban el servicio portuario interior, desde los buques fondeados hasta las escalinatas del dique, marcaron el dinamismo de una época con la más que regular estadía de buques, no solo veleros sino vaporcitos fruteros que llegaban de las islas occidentales y fondeaban junto a los correos antes mencionados.

El movimiento de buques puede seguirse en las secciones portuarias de la prensa histórica y en los apuntes contables del ayuntamiento.

Hace cien años, por ejemplo en 1926, lo recaudado por el muelle municipal oscilaba entre 2.000 y 3.500 pesetas mensuales, de las que el Cabildo, fruto de los convenios señalados más arriba, se llevaba unas 581,25 pesetas fijas. El Ayuntamiento empezaba a sentir la presión, pero aún no estaba estrangulado su presupuesto.

A nuestro puerto llegaban en aquella década una media de entre 25 y 40 buques mensuales, de los que la mayoría eran veleros o motoveleros, pues ya se empezaban a motorizar también las embarcaciones con un sistema mixto de vela y motor.

Pero ¿Qué importaban y exportaban aquellos buques? Pues todo tipo de mercaderías, hay que tener en cuenta que entonces, como ahora, Fuerteventura era puente o escala entre Gran Canaria y Lanzarote, pero también desarrollaba un tráfico de cabotaje con el resto de las islas y aún cabotaje interno, entre puerto de nuestra misma isla por aquello de que apenas había dos carreteras. Las estadías de los correíllos iban aparejadas en su singladura con las de determinados pailebot, goletas y balandras que los seguían en su recorrido por las islas orientales.

De Gran Canaria llegaba todo tipo de género y mercadería, incluidas frutas y carbón, además de la maquinaria de bombeo, automóviles y máquinas de coser; de Lanzarote solía llegar vino, papas y batatas, cebollas y melones y sandías; de las islas occidentales frutos como los plátanos y todo tipo de mercancías; de la África pescado; los correos de la Península traían maquinaria y vehículos y llevaban cereales...

Ejemplo de la exportación de calizas llevada por la firma Agustín Pérez e Hijos en su horno de Risco Prieto, y en la década que nos ocupa [Elaboración Francisco J. Cerdeña]

Pero de Fuerteventura se sacaba hacia las otras islas el ganado vivo, estiércol, alfalfa, pescado salpreso o seco y marisco pero, sobre todo piedra de cal y de yeso, junto a cales elaboradas. Y testimonialmente, en la década que nos ocupa, se seguían exportando pequeñas partidas de orchilla, cochinilla y barrilla de la mano de empresarios como Agustín Pérez Rodríguez y del consorcio con sus hijos Agustín Pérez e Hijos.

Pero también mano de obra que, en tiempos de crisis, se trasladaban a los puertos de las islas centrales o emigraban siguiendo una tradición que llevaba a nuestros antepasados al Río de la Plata.

En la nómina de empresarios que animaron las exportaciones de Puerto de Cabras y las importaciones (en el bien entendido que no todos eran Puerto de Cabras, pero usaban el muelle para sus operaciones), además de los mencionados Agustín Pérez e Hijos, estaban Antonio Martín Alonso, Miguel Fernández, Manuel Miseras, Francisco Herrera, Antonio Bordón, Laureano Saavedra Peña, Antonio Dávila, Pedro Martín, Luis Herrera, Antonio Dámaso, Marcial Viñoly,  Antonio Arocha,  Antonio Hormiga, Francisco del Toro, Emeterio Toledo, Pedro Felipe, etc.

Algunos de los exportadores tenían sus propios barcos, especialmente los vinculados a la exportación de calizas. Y la nómina de buques que operaban por nuestro muelle y bahía se puede seguir también en las secciones portuarias de la prensa de la época, especialmente detallistas con las llegadas procedentes de Fuerteventura en los puerto de las islas centrales.

Los vapores que operaron en esta década fueron el correíllo Fuerteventura, el correíllo La Palma, el correíllo León y Castillo, el correo Capitán Segarra, el correíllo Lanzarote, el correíllo Viera y Clavijo y el correo Escolano, entre otros. Los dos correos de mayor porte que los interinsulares nos incluían en la ruta Península-Canarias-África.

Los veleros que hacían estadías en nuestro Puerto de Cabras fueron los pailebot Pájaro, Frasquita, Rosario, La Juanita, el Diana, Estrella, Enriqueta, Carlota García, Fermina Concepción, Adán, Bella Lucía, Bartolo y Evelia, entre otros que ya empezaban a ser mixtos con la aplicación de motores. No son todos los del cabotaje pero sí los que nos frecuentaban.

De menor porte y envergadura solían fondear goletas, balandras y balandros como Rosa, Candelaria, San Miguel, Juanita, San Vicente, Santiago, María de las Nieves, Inés o El Nicolás. Muchos de estos, como los otros veleros, siguieron renqueando por nuestras islas hasta las décadas de 1960-70, atiborrados de estiércol, piedra cal o cal viva.

Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Toponimia que desaparece: Barranco de El Canalizo

 Toponimia urbana de Puerto del Rosario: Barranco de El Canalizo


Los cambios en la fisonomía del entorno de Puerto del Rosario se suceden de una forma trepidante: tendidos eléctricos, placas y molinos, y sobre todo viales, van transformando el suelo y, con la misma velocidad, la toponimia histórica pierde sentido, desaparece.

El topónimo del que hoy nos ocupamos, como tantos otros del entorno del antiguo Puerto de Cabras, ya no podremos entenderlo porque el cauce de este barranco ha desaparecido casi en su totalidad bajo las obras de la autovía norte-sur de Fuerteventura.

Nos encontramos a la altura de la Rosa de don Joaquín Vila y ya estamos hablando de un nombre que debe formar parte del patrimonio cultural de la ciudad. Es conveniente “subirse” a vista de pájaro, por ejemplo con Google Maps o Grafcan, para entender el discurrir de este barranquillo que nos regalaba cascadas en tiempos de lluvia; llevando las aguas hasta el Barranco de Jaifa, del que es tributario.

Los barrancos y barranquillos que en época de inviernos generosos drenan los tableros de El Viso y de Los Alcaravanes, se encontraban en Zurita, entre la Montaña de las Veredas y La Atalaya del Viso o de La Gente para desparramarse sobre el “término o costa de Puerto de Cabras”, se van perdiendo para la geografía y para la cultura inmaterial de los sitios en que se desenvolvió la vida de nuestros antepasados.

El barranco del Canalizo, aparte de leerlo en los protocolos notariales de la isla en el siglo XIX y en memorias de costumbres como la escrita por Ramón Fernández Castañeyra para Juan Bethencourt Alfonso, lo encontramos referenciado por el que fuera alcalde de Puerto de Cabras y presidente del Cabildo de Fuerteventura, Secundino Alonso Alonso, cuando en 1902 pidió licencia para construir en dicho barranco un aljibe, muy cerca del segundo de los puentes de la carretera del Puerto a Tuineje por Casillas del Ángel.

El Canalizo recibía las aguas que le entregaba el Barranco de Lucas Méndez a la altura de la Rosa Vila, formándose una pequeña cascada  que daba gusto verla con el ojo de aquel puente de fondo. Desde aquel punto hasta su encuentro con el de Jaifa, frente al “Topete de Medina”, discurría el barranco que nos ocupa y cuyo topónimo está ya moribundo.

Lo llamaban El Canalizo porque su cauce se estrechaba encajándose en la roca basáltica formando un minúsculo cañón, todo risco; una circunstancia que garantizaba que los charcos del fondo, la mayor parte del día en sombras, aguantaran meses sin evaporarse.


En pleno invierno: La cascada de El Canalizo, junto al primitivo puente y aljibe, cercano a Rosa Vila. Foto de Paco Cerdeña, Cuaderno de Puerto de Cabras.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Sobre el Mancomún y tierras comunales de Puerto del Rosario

La Costa de Las Salinas y de Jarugo

Existe una franja de terreno al poniente del término municipal de Puerto del Rosario que se adentra unos 4 kilómetros desde la orilla del mar. Lo llaman "La Costa" y que no es más que parte del territorio de dos de los "términos" de la antigua dehesa de Fuerteventura: el de Las Salinas y el de Jarugo. El suelo y lo que allí se practica forma parte del patrimonio histórico y etnográfico que Puerto de Cabras/Puerto del Rosario heredó del extinto municipio de Casillas del Ángel.

De todo eso habla el libro que acaba de ver la luz bajo el título de "El Mancomún de Puerto del Rosario. Notas sobre un registro de criadores y sus marcas (1930-1960)". Bueno, de todo eso y de los criadores que soltaban allí su ganado de costa, las marcas que empleaban y el registro oficial de las mismas en que se distinguen aquellos por los distintos pueblos del municipio.

Una interesante aportación al conocimiento de la marcas mediante cortes en orejas de los animales, utilizadas por la ganadería tradicional desde tiempos inmemoriales. Y nos acerca la base territorial de aquella práctica ancestral y su deslinde.

Un abundante material gráfico ayuda a la interpretación de las marcas ganaderas con sus golpes y diferencias y las zonas de la fisonomía de las reses en que se practicaban los cortes.

Tagoror, Lemus o Canaima son algunos de los puntos donde los interesados pueden echarle una mirada.



miércoles, 19 de junio de 2024

Apunte meteorológico de 1909 en Puerto de Cabras

 Las impresiones del Dr. Domingo Hernández González en Puerto de Cabras

En las postrimerías del siglo XIX llegaba a nuestra puerto un médico apasionado de la observación meteorológica. Oriundo de Las Breñas, en la isla de La Palma, no es de extrañar el radical cambio que veía en el entorno de su nueva residencia y donde ejercería la medicina casi diez años.

Corrían los primeros años del siglo veinte y Fuerteventura no lograba levantar cabeza. Al arancel sobre los cereales canarios (léase de Lanzarote y Fuerteventura) en su entrada a la Península Ibérica, se unía la tremenda sequía y los malos tiempos que azotaron la isla por aquel entonces.

La gente emigraba y tras ella hasta las piedras de paredes divisorias, casas y gañanías se vendían para embarcar con destino a los puertos de La Luz y Santa Cruz de Tenerife, objeto de ampliaciones y mejoras en sus infraestructuras. Allí se demandaba materia prima para fabricar cales hidráulicas y mano de obra a raudales, así es que nuestros antepasados, agobiados por la sequía y los tributos, una vez más, cogieron la maleta.

Al poco de llegar nuestro doctor a la isla para ocupar la plaza de médico municipal de Puerto de Cabras, don Domingo Hernández González se ocupó de los enfermos de la Beneficencia local, de los militares de guarnición en Fuerteventura y de un vecindario que, por lo apuntado, apenas sobrepasaba el medio millar, incluidos los soldados.


Venía del otro lado del Archipiélago, de la isla más verde, La Palma; es claro que la imagen primera le impactó y tuvo tiempo para entretenerse en la observación del clima y del paisaje de nuestra isla.

En Puerto de Cabras, quizás por la magua verde de su tierra natal, se aficionó a la observación meteorológica. Escudriñaba nuestros cielos y nuestro mar preguntándose por qué no llovía en este trozo de desierto; anotaba minuciosamente las temperaturas y los estados de la mar, de dónde soplaban los vientos cada día...

Y de sus inquietudes dejó unos apuntes que hemos podido rescatar y que vienen a pelo con los últimos episodios climáticos que estamos sufriendo en Canarias.

De formación científica, nuestro galeno no dio pábulo a las cabañuelas y las arrinconó entre las anécdotas etnográficas de los majoreros y de los canarios en general.

Para empezar, aunque médico local, tuvo que acudir a los municipios aledaños de Tetir y de Casillas del Ángel para atender a los afectados de tiña, contraída, al parecer, por el contacto de los camellos importados de la vecina costa africana.

El trasiego mercantil -se decía- pero también el determinismo geográfico (algo en lo que siguió al tetireño Antonio María Manrique y Saavedra), iba a ser objeto de sus observaciones.

Al menos así lo anotó en los dos primeros meses de 1902, cuando vio que de nada servían a esta tierra las garugas caídas sobre los campos en noviembre y diciembre del año anterior:

"Los vientos secos y huracanados -anotó- del Este y Sureste, han reinado con breves intervalos, alterando los mares de tal modo que por espacio de muchos días se interrumpió la comunicación de buques con el puerto.

"El temporal llegó a su punto álgido el día 16 de enero, y el día anterior, desde la madrugada, hubo truenos y relámpagos: los horizontes se cerraron. Había niebla densa y baja, cargada de polvo amarillento que imprimía a la luz un tinte tétrico.

"Cuando cesó el viento el aspecto de la atmósfera presagiaba una horrible tempestad. A la diez de la noche de aquel día volvió el viento fuerte, uniendo sus ruidos al ruido tenebroso del mar al estrellar las grandes olas contra el frente marítimo. La Luna apenas brillaba y la oscuridad era tan intensa que, a corta distancia, no se distinguían las personas que transitaban por las calles.

Al amanecer continuaba el temporal, pero más flojo. Disminuyó la fuerza del viento, y el mar se puso llano, desapareciendo las nubes de polvo, en parte arrastradas por la enorme cantidad de tierra que descargaron.

La calima, escondiendo el paisaje. Foto Paco Cerdeña.

"Los campos quedaron cubiertos de polvo... Y, como los males de esta tierra nunca venían solos, arrastrados por las corrientes marinas, la orillas se inundaron de grandes bardos de cigarrones berberiscos, en su mayoría muertos.

Aquello debió parecerle a don Domingo un azote bíblico. Se decía que si no llovía pronto, los árboles y las cosechas se verían seriamente afectados, perdidas las papas y los tomates que ya empezaban a experimentarse por las fincas del interior.

Que cerca estamos de África -concluyó- mientras leía la prensa de la época tras las ventanas del Casino El Porvenir: Los buques de vela que fueron sorprendidos por el temporal en los puertos y playas de Fuerteventura, corrieron hacia la Isla de Lobos que, como suele ser habitual, constituye en estos tiempos un excelente abrigo. Porque se perdieron algunos barcos como el pailebot "El Rosario", a la entrada de Puerto Naos... 

En Puerto de Cabras los barquillos se arrastraron calle León y Castillo arriba para resguardarlos porque las olas barrieron un muelle chico ya maltrecho y el mar circuló por las calles aledañas a la explanada, adentrándose por el Barranco Pilón que, por unos instantes se tornaba río de aguas turbulentas.

(c) Francisco J. Cerdeña Armas. 2009-2026

lunes, 22 de abril de 2024

Topónimos y mapas que confunden su valor patrimonial

 De topónimos y mapas que confunden

En tiempos de rescate de la memoria, resulta extraño que aún se siga recurriendo a la cartografía militar de 1944, no sólo por la exactitud de su expresión gráfica, sino también por la toponimia que incorporaron. Se la toma como infalible pero, caramba, desde entonces la investigación histórica y registral de las propiedades y topónimos de nuestro entorno han ido colocando en su sitio los nombres de lugares muy anteriores al periodo de posguerra civil y segunda guerra mundial.

Las fuerzas que por aquí se desplegaron en los años de la contienda mundial fueron batallones expedicionarios procedentes de la península y, entre ellos, las personas que se emplearon por el servicio cartográfico del ejército para mapear la isla.

A día de hoy, la cartografía de portales oficiales en Canarias, sigue empeñada en acudir a aquellos mapas para, intencionadamente o no, colonizar la toponimia insular con lo que los expedicionarios de entonces reflejaron en sus vuelos, sin tener en cuenta que no siempre se acudió a las fuentes documentales como registros de la propiedad, de la oficina liquidadora y de los protocolos notariales; incluso quizás se mal entendió a los informantes isleños.

Basta como ejemplo enfocar al entorno del actual Puerto del Rosario, por ejemplo com Google Maps o con los visores de Grafcan, para darnos cuenta de que los nombres de mil novecientos cuarenta y cuatro no siempre se recogieron con exactitud, así es que no entiendo por qué se toma como fuente inquebrantable esta cartografía. Porque salvando la exactitud del dibujo y la fotografía, no sé si hoy cuadraran las descripciones de fincas escrituradas con esos mapas.

En tiempos de recuperación de la memoria cultural y la toponimia identitaria que también se recoge como patrimonio en la vigente ley canaria de 2019, no se entienden algunos cambios que han sustraído del recuerdo colectivo topónimos como los de Rosa Vila, Barranco Negrín, Barranco Risco Prieto o El Charco.

Y como una bola de nieve, los “rescatadores” actuales, basados más en la cartografía militar que en las historias registrales de las fincas y de los instrumentos de la fe pública notarial, han propagado el despropósito de desterrar topónimos que siempre acompañaron a nuestras gentes en el espacio en que vivían, para “vender” la bisoña idea de que “así constaba en los mapas del Ejército”, sin más contraste. Así vamos…


¿rediles?


Estos dislates con los actuales medios de comunicación a través de Internet, nos están abocando a la pérdida de un importante legado cultural, pues, como dijimos, la actual Ley de Patrimonio Cultural de Canarias, califica claramente la toponimia como una parte importante del patrimonio colectivo.

Algunos ejemplos que ya se propagan a través de los visores relacionados con trascendencia mundial:

  • Llanos del Negrito, desplazando al histórico Llanos de Negrín.

  • Barranco del Negrito, desplazando al Barranco de Negrín.

  • La Rosa de la Villa, postergando y tapando a la Rosa Vila.

  • Barranco Hondo, que les pareció más bonito que el centenario Risco Prieto.

  • Barranco de Las Tuneras, arrinconando al histórico Barranco de Los Pozos.

Podríamos seguir comentando pero ya resulta más que exasperante ver cómo este fenómeno está calentándose desde las propias oficinas locales de urbanismo que, muchas veces, ni siquiera se detienen en contrastar con los catálogos toponímicos sobre los que se volcó el Cabildo de Fuerteventura en la década de 1980, pateando el territorio para, precisamente, rescatar estos elementos del patrimonio histórico, cultural y etnográfico de Canarias.

Así es que no veo peor manera de alentar la desinformación y la aculturación que desterrar topónimos que acompañaron a nuestros antepasados en las inscripciones registrales de sus casas, caminos, aljibes y pozos.

Las idas y venidas de los nombres de lugar reinterpretados como si estuvieran descubriendo el mediterráneo, me parece un despropósito. Quienes se aventuran en la investigación histórica o registral de fincas y parajes lo tendrán cada vez más difícil para interpretar lo que estén estudiando. Y no sólo es por las tremendas alteraciones paisajísticas.

En fin… voy a rubricar estas líneas, pero no sé si poner “Puerto de Cabras”, “Puerto Cabras” o Puerto del Rosario; pero no sin antes invitarles a que exploren la cartografía institucional o la que aquí hemos insinuado. Y, como tarea, busquen, por ejemplo, Risco Prieto, donde se apagó la Industria de la Cal allá por la década de 1970.


lunes, 12 de febrero de 2024

Paseo por el Puerto de Cabras que vio Unamuno en 1924

 Recuerdos del Puerto de Cabras que vio Unamuno hace 100 años.


Hoy hablaremos de un entorno histórico de Puerto de Cabras que se nos antoja coqueto y entrañable a través de los recuerdos de quienes por aquí vivimos.

La Plaza de España es uno de esos rincones de Puerto del Rosario que, siendo un solar público municipal, se ha diluido en una larga cadena de despropósitos.

Si mirásemos a su origen encontraríamos un sobrante de los viales que iban conformando la ciudad, aprovechándose como un echadero o fuchadero de camellos, muy cerca del embarcadero, a tiro de piedra del muelle municipal de Puerto de Cabras; un malecón  que siendo construido en la década de 1890, aún recordamos y recordaremos como “el muelle chico”.


Puerto de Cabras veinte años después del destierro de Unamuno.


Podemos ver imágenes de la zona a través de la fotografía histórica, en cuya temática hay muchas y variadas vistas de la calle Ramón Fernández Castañeyra, de norte a sur y de sur a norte, ofreciendo perspectivas de lo que fue uno de los centros neurálgicos de la que hoy es ciudad capital de Fuerteventura. Porque hay fotos de la visita del primer gobernador civil, de la espera del General Primo de Rivera, que no se atrevió a venir, y de Unamuno en la terraza del Casino el Porvenir, del Consistorio municipal y cabildicio, de la casa de don Ramón Castañeyra Schamán con su tertulia…

Y desde aquel “balcón”, antes de estar construida la plaza que nos ocupa, los tertulianos de aquel ateneo podían mirar al mar; la curva del camino de acceso a la Explanada, los viejos almacenes que había sobre el marisco, al sur de la playita del muelle, del malecón y de los barquillos.

Levantando la mirada verían la bahía plagada de veleros y vapores fondeados; se notaría un ir y venir de barcazas y lanchas del servicio portuario, porque la mayoría de aquellos buques no podían arrimarse al muellito, había tan poco calado que los lanchones se acercaban a las amuras de los barcos a recoger y llevar carga y pasaje.

Mirando aquel trasiego en la bahía, nos imaginamos al ilustre confinado esperando a sus contertulios; unos días atrás había desembarcado él mismo del correíllo La Palma, accediendo al lanchón que lo acercó a la escalinata, seguramente en el mismo recorrido que compartió con Rodrigo Soriano y con el policía que los acompañaría en su “fructífero destierro”.

Puerto de Cabras se desperezaba cansado, como lo había hecho, día tras días, desde que hacía seis meses, los militares presidían las instituciones. El hotel de don Paco Medina, la iglesia sin torre, las calles empedradas unas, sin pavimentar otras, que los adoquines sólo se veían en la Explanada y en el muellito municipal. Los camellos ya se iban acostumbrando a encontrarse con vehículos automóviles como el taxi de don Juan Pérez Medina o el del indiano sureño don Matías López…

Durante aquella visita de hace cien años, Puerto de Cabras era un villorrio que no paraba de crecer pero que, a duras penas, rondaría los 1.000 habitantes. En los instantes de aquel confinamiento ya estaba escrita parte de su historia: se desgranaban sus capítulos en las tertulias que el ateneo portuense celebraba desde las últimas décadas del XIX; con la pluma de algunos visitantes ilustres había sido editada y hasta el periódico La Aurora (1900-1906) la había difundido en sus páginas…

Cuando llegaron el ex rector salmantino y el periodista Soriano, guarnecía la plaza el Batallón Cazadores de Fuerteventura 22, con su compañía de ametralladoras y la comandancia militar en la calle León y Castillo; había guardia civil alojada en una casa de la calle de La Marina, frente al cuartel de la tropa de aquel batallón. El cabildo y el ayuntamiento compartían sede, acera y terraza con el Casino, la Ayudantía de Marina y la casa de Castañeyra, donde se encontraba la mejor biblioteca de la isla.

La administración dictatorial, además de atacar a quien pensara diferente, había aprobado una legislación que repercutirá también en la paz institucional de Fuerteventura.

Unos meses antes de la llegada de los “ilustres visitantes”, habían empezado los tiras y aflojas entre Puerto de Cabras y Casillas del Ángel, entre Puerto de Cabras y Tetir, ante un proyecto con el que la institución capitalina aspiraba absorber a los municipios rurales aledaños.

El Estatuto Municipal fue el cauce elegido para presionar sobre Tetir y arrinconar a Casillas con el estrangulamiento y la insumisión fiscal promovidos desde Puerto de Cabras. Algo, efectivamente, estaba cambiando y se hicieron cábalas con redistribuir la isla en tres grandes jurisdicciones municipales…

Extinguir municipios, confinar contestaciones a la política gubernamental, venían a ser la misma cosa en tiempos de aquella primera dictadura del siglo XX. La perspectiva temporal así lo ha confirmado.

Apenas siete días antes de la llegada de Unamuno y Soriano habían desembarcado en Puerto de Cabras una veintena de guardias civiles; no sabemos si esperando o aguardando cuestiones más graves derivadas de la insumisión fiscal sobre Casillas y Tetir, porque aquellos -ya lo vimos- eran tiempos de reajustes jurisdiccionales en la isla, y no siempre fueron pacíficos…

Total que cuando los confinados del centenario se sentaban al amor de la tertulia, ya habían por aquí veintitrés miembros de la Benemérita, incluidas las tres parejas que ya nos acompañaban desde 1898.

La vida seguía con sus baretos y tiendas y, allá en la calle del Puente, la Notaría y el Registro de la Propiedad y la mejor casa de comidas de Fuerteventura, que regentara en su día doña Benigna Pérez Alonso, el hostal la Tinerfeña.

En días de correíllo, el bocinazo de llegada o salida ponía en marcha aquel puertito en el que, 28 años antes, se había recibido a quien había estampado su real firma en el Decreto de Confinamiento de los que hoy nos ocupan. Nada que decir del general presidente del directorio militar que no quiso venir, años después, a Fuerteventura.

Hermosas fincas rodeaban Puerto de Cabras: eran las rozas que constituían el cinturón verde de la naciente ciudad: Roza de don Bernabé, Roza de Fabelo, Roza del Viejo…Roza de los Pozos o de don Secundino. Por el camino del Matorral que atravesaba ésta última, transitaría Unamuno en su paseo hasta Playa Blanca, donde, en lo alto de la “Canterita Blanca” se sentaba a meditar; no sabemos si lo hacía en la Jurisdicción de Casillas o en la de Puerto de Cabras, que allí se encontraban.

Y volvemos a la acera del casino, del ayuntamiento-cabildo y de la casa de don Ramón, entre las calles Fuerteventura, al sur, y Virgen del Rosario, al norte. Nos sentamos de espaldas a tan ilustres edificios y, con los contertulios miramos el mar, el muelle, la bahía…

Y allí delante, aún no estaba la plaza, un rinconcito que sería construido casi cuarenta años después en el solar que donará el amigo de Unamuno al Ayuntamiento; aquel inmueble con el que mercadearon los munícipes en la década de 1970 para convertirlo en el desastre que es hoy aquel punto de la ciudad.

No me extrañaría que a Castañeyra le hubiese gustado dar el nombre de don Miguel a aquella placita de Puerto de Cabras/Puerto del Rosario… ¡Quién sabe! un centenario podría dar para mucho. También para recrear los aconteceres de la Fuerteventura que acogió a nuestros ilustres visitantes.


© Francisco Javier Cerdeña Armas/ Cuaderno de Puerto de Cabras.


miércoles, 7 de febrero de 2024

Despertar en Puerto de Cabras

 Nuestra ciudad es nueva. Apenas bicentenaria. Hay quien dice que aún es menor... Pero ¿Qué más da si son quince o veinte años más o menos?

Algunos hacen cábalas y consultando secretamente los viejos documentos escritos, hurtados a la mayoría por extravíos o incendios, pregonan las inexactitudes de quienes se han esforzado en "recrear" el origen de este lugar, en dar nombre a sus primeros vecinos y en dar algo de luz a las razones o causas que los reunió en este punto de la costa de Fuerteventura.

Pasear por nuestra ciudad es, hoy por hoy, un placer, encanto para los sentidos: paseos, avenidas, reconstrucciones y nuevas arquitecturas no logran desdibujar, en cambio, lo que yo siento cuando pateo por sus calles.

Amanecer en Puerto de Cabras. Cuaderno de Puerto de Cabras

Es cierto que el bullicio de una localidad que crece, muchas veces con claros tintes desarrollistas (todo hay que decirlo), no nos permite escuchar los ecos de nuestros pasos, ¡faltaría más!. La realidad se impone... Pero ese ruido no logra apagar sentimientos, recuerdos, añoranzas... Aquí hay algo que nos trae el propio mar que baña sus orillas, desde Punta Gavioto a Playa Blanca.

Un olor a mar antiguo nos da en la cara. El salitre y las "sebas" acumuladas ocasionalmente en las playas que antaño la orillaban, aquellos rincones en que jugaba la chiquillería y donde los  barquillos marineros descansaban.

Hoy se me antoja que vivimos una tregua con el mar que nos acompaña, que nos acompañó siempre. Pero ya no se escuchan las olas retumbando en los riscos de la orilla, como lo hicieron desde la noche de los tiempos. La mar descansa y, en su ir y venir, acaricia los pies de una población que se atrevió a desafiarla.

Aquellas casas que se arrimaron a la ribera de antaño, hoy están amenazadas por nuevos diseños urbanísticos. Casi podríamos decir que el mar se despereza muchas veces con su aliento salino y que abre en nuestra memoria el recuerdo de viejos temporales, de viejos naufragios, de antiguas estampas donde el hombre no podía más que admirarlo, y otros, con más suerte, fotografiarlo.

Fue así con el Muelle Chico y las continuas embestidas que se prodigaron en un diálogo mucho más airado que el que hoy vemos entre el mar y la ciudad. Entonces casi discutían ambos.

Hoy las calles que pese a sus nuevos edificios, siguen igual de "estrechas", se empeñan en agasajar al visitante con recoletos paseos, donde todos, alguna vez, nos perdemos. ¡Hasta aquí llega mi añoranza!

Una magua que se reactiva con algunos vestigios de antaño. Elementos que se suman al recuerdo, que exhiben sus estampas: la ermita, la iglesia parroquial, alguna que otra casona, las sedes institucionales, el cementerio, los hornos, las gavias... Y, arrimadas al cantil de Los Mastrantos,  en un entorno más conocido por Playa de Las Escuevas, las casas de la primitiva calle de la Ascensión... Pero también barrancos y "tableros" que fueron frente marítimo y sustrato de la ciudad...

Intento reconcentrarme y la mirada se me escapa hacia las esculturas y los nombres de sus calles para entretenerse como cualquier paseante, sin prisas. Allí está escrita su historia y sus elementos nos muestran la sensibilidad con el arte que se nos muestra al aire libre...

Y el que quiera más calma, también dispone de bibliotecas, auditorios y salas de exposiciones... rincones donde se muestran y atesoran los elementos identitarios, la creación artística y literaria y el esfuerzo por difundir su riqueza inmaterial y su memoria colectiva.

Porque todo convive, así debe ser, sin perder aún la memoria colectiva. Yo sigo y seguiré paseando por Puerto de Cabras, un topónimo que, apareciendo ya en los portulanos y cartas bajomedievales, también es en sí "patrimonio cultural", irrenunciable al amparo de la vigente Ley de Patrimonio de Canarias.

domingo, 14 de enero de 2024

Bibliografía sobre Puerto de Cabras.

 Notas sobre la dehesa vecinal de Fuerteventura y otros apuntes de historia local majorera.

Tal es el subtítulo del Cuaderno de Puerto de Cabras II que acaba de ver la luz.



En nueve capítulos nos paseamos por la historia marítima, institucional y arquitectónica. Les convidamos a reflexionar sobre nuestros pueblos con paseos al Puertito de Los Molinos, Las Parcelas o Puerto Lajas. Nos acercamos a escuchar cómo se festeja a la patrona en localidades de devoción mariana, como la de la antigua sede municipal de Casillas del Ángel (próxima a conmemorar los 100 años de su extinción como municipio y disolución de su ayuntamiento); reflexionamos sobre singulares aldeas como Valle de Santa Inés, con una de las más antiguas y hermosas ermitas de Fuerteventura, o la de Llanos de la Concepción, hermanadas las dos últimas por la endogamia compartida.

Paseos sentimentales por el antiguo Puerto de Cabras, su toponimia y por algunas de las Rozas que dieron origen a la propiedad del suelo de la actual ciudad de Puerto del Rosario...

Por último recogemos algunos aspectos de Puerto de Cabras y Fuerteventura en tiempos de guerra. Epidemias, escolarización y hambre, con nombres propios de los antepasados que vivieron aquellos duros momentos de nuestra historia.

Y la dehesa vecinal de la isla, también conocida como término, costa o mancomún; donde abordamos aspectos de indudable valor etnográfico por cuanto en su jurisdicción se alberga la pervivencia de una práctica ganadera ancestral, aspectos a los que se consagra el Trabajo de fin de grado (TFG) de quien me acompaña en la autoría de esta publicación.

lunes, 13 de febrero de 2023

La preservación del Puertito de Los Molinos. Breve apunte sobre su historia

A propósito de las revisiones de los Planes de Ordenación de Recursos Naturales y del Plan regulador de Uso y Gestión del Parque Rural de Betancuria en que está inserto.

Sobran fundamentos y faltan voluntades para su conservación como embarcadero o puerto natural, para su valoración como pueblo costero del extinto municipio de Casillas del Ángel, como sitio histórico usado desde tiempo inmemorial.

Es lo que tiene legislar, planear y ordenar espacios sin contar con el patrimonio etnográfico subyacente en la costa majorera y olvidarse de que, en muchos casos, los asentamientos costeros merecen su rescate por su valor en la cultura tradicional con la categoría de sitios o embarcaderos históricos. Estamos en islas y algo de esto debiera contemplarse con un poco más de rigor en sitios históricos como el que nos ocupará un ratito.

Los valores históricos, etnográficos, arquitectónicos y paisajísticos.

Si hasta no hace mucho se estudiaba la conveniencia de fijar unos límites a la aplicación de la Ley de Costas de 1988 y su Reglamento, la Ley 2/2013, de 29 de mayo, de protección y uso sostenible y de modificación de la Ley 22/1988, de 28 de Julio, de Costas, viene a reafirmar la necesidad de afirmar que el caserío del Puertito de los Molinos de Nuestro Municipio, tiene una serie de valores que aconsejan su preservación, por cuanto colisiona con la Ley 7/2009, de 6 de mayo, de modificación del Texto Refundido de las Leyes de Ordenación del Territorio de Canarias y de Espacios Naturales de Canarias, sobre declaración y ordenación de áreas urbanas en el litoral canario por cuanto ésta última invocaba que se deberían tener presentes criterios históricos, culturales y etnográficos, propios de los asentamientos tradicionales en Canarias, intentando evitar la estricta concepción del dominio público marítimo terrestre que se nos antojaba un ariete contra el patrimonio etnográfico y contra los poblados tradicionales de la costa en Canarias.

Sin entrar en las definiciones con que los pueblos entran en el nomenclátor, es claro que en el Puertito de Los Molinos se dan una serie de circunstancias que la propia modificación de la Ley de Costas de 1988, recientemente aprobada, recoge como elementos a tener en cuenta en la renovación de concesiones de ocupación: Este caserío tiene acceso rodado desde, al menos, 1930, asfaltado en la década de 1970 por el Cabildo de Fuerteventura; dispone de alumbrado público mediante farolas fotovoltaicas y suministro eléctrico domiciliario por mediación de un motor generador diésel gestionado por la propia Asociación de Vecinos, encontrándose un proyecto del Plan de Electrificación Integral de Canarias (PELICAN) que pretendía llegar el cableado eléctrico y el agua hasta aquel caserío; mientras tanto el agua corriente para aseo domiciliario procede de la escorrentía permanente del barranco de su situación. Y lo mismo podemos decir de las aguas negras que son vertidas a fosas sépticas regularmente evacuadas por los servicios municipales de limpieza, juntamente con los residuos sólidos.

Y las intenciones, deseos y peticiones vecinales que obtuvieron resultados como los escritos cursados al Cabildo y al Consorcio de Abastecimiento de Agua a Fuerteventura que acordaron en 1999 y 2000 subvencionarles las obras de la red de agua hasta el Puertito de Los Molinos, al que se vino a sumar el proyecto PELICAN para la electrificación del caserío; aunque actualmente se encuentren paralizadas junto a la Gambuesa de la Degollada.

Pero el carácter inmemorial de muchos de los núcleos costeros de nuestras islas y, en concreto, el del Puertito de Los Molinos, aconseja su valoración en el ejercicio de protección y conservación del dominio público.

Con independencia del análisis jurídico que para cada unidad construida pueda verse en el apartado correspondiente de este informe, hay aquí edificaciones que aún estando en el dominio público y sus zonas de afección, servidumbre de tránsito y de protección, presentan valores de tipo histórico, etnográfico y/o pintoresco.

En todo caso la existencia del caserío del Puertito de Los Molinos es anterior a las leyes de costa que aquí tratamos, y preexistente a cualquier tipo de fiscalización urbanística o edificatoria por parte de los ayuntamientos; unas circunstancias que hacen de este enclave el germen de cómo evolucionaron los asentamientos costeros de Fuerteventura, espontáneamente, con independencia de las alteraciones que pudieran afear u ocultar trazas originarias de la razón de ser como entidad poblacional, en todo caso, subsanables.

El Puertito de Los Molinos viene a ser un pueblo que surgió entre la propiedad comunal del viejo municipio de Casillas del Ángel y las riberas del mar, en un espacio que se desvanece empujado por la zona de servidumbre marítimo terrestre y la de aprovechamiento comunal o finca mancomún de Las Salinas y Jarugo, cuya administración corresponde en la actualidad al municipio de Puerto del Rosario. Pero al situarse los confines occidentales del Mancomún en las riberas del mar, el poblado queda dentro de lo que administró Casillas y hoy lo hace Puerto.

Aunque su cronología es imprecisa en sus orígenes, es presumible que aquí se diesen cita ganaderos y pescadores desde mediados del siglo XIX, posiblemente antes. Y hacían lo que tradicionalmente se ha hecho en este espacio: arrimar unas piedras para levantar cuartos o ranchitos donde guarecerse en la temporadas de actividad y almacenes donde guardar los barquillos cuando el estado de la mar así lo aconsejaba; en todo caso en etapas de invierno.

En concreto, fue el “cartógrafo” Marcial Velázquez Curbelo uno de los primeros que, en sus dibujos y planos para el ejército, recogió el topónimo de “Puerto de Los Molinos” en la desembocadura del barranco de su nombre, en el año 1883. Nótese que para entonces se deslindaban límites jurisdiccionales entre los municipios de Tetir y Puerto de Cabras, por ejemplo; por tanto se acredita su consideración como asentamiento mucho antes de las normativas que amenazan su existencia.

Las ordenanzas municipales del extinto municipio de Casillas del Ángel, recogían en la última década del XIX los aprovechamientos consentidos y regulados en esta parte de su litoral occidental. Y si en aquellos documentos se mencionan actividades tradicionales, cabe suponer una existencia anterior a los mismos.

En la década de 1910 se construyó junto a la arena de la playa un horno de cal que vino a sumarse a otras dos caleras que se situaban una junto a las aguas del barranco y otra a media ladera, al norte del caserío, próxima a las casas de los camelleros. Hablamos de la época de exportación de piedra de cal y derivados, cuando se construyeron rampas de acceso a la boca del horno y terraplenes para almacenar y trocear la piedra que se desriscaba hasta las proximidades de dicha fábrica de cal.

Los cobradores de arbitrios insulares y alcaldes pedáneos de Casillas y de Puerto de Cabras denotan que el Puertito se mantuvo activo en la industria calera en dos etapas que se corresponden con la década de 1910 y las de 1940 a 1960.

La exportación de cal se hacía a hombros desde la arena a las barcazas y desde ellas a los veleros que, como “El Marte”, "El Merkur" o "El Rosario" fondearon en la bahía de Los Molinos; era una labor costosa y cara pues hasta la cal se ensacaba y por igual procedimientos se llevaba a los barcos que la trasladaban a Gran Canaria y a Tenerife. Muchos de estos aspectos nos los desvelaban en la década de 1980 viejos que lo vivieron. Algo que vino a confirmarse con el reciente descubrimiento en aguas del puertito de un ancla utilizada por aquellas embarcaciones.

Lo que está claro es que cuando Casillas del Ángel acordó disolver su ayuntamiento y extinguirse como municipio en 1926, sus concejales fijaron una serie de condiciones para salvaguarda de los derechos preexistentes a favor de sus vecinos, residentes, además de en la cabecera municipal, en sus pagos de Llanos de la Concepción, Tefía, La Ampuyenta, Tesjuates, El Matorral o Los Molinos, tal y como lo habían hecho desde tiempo inmemorial.

La Comisión Liquidadora de Casillas informó a la de Puerto de Cabras sobre la riqueza inmueble de la zona, de cara a contemplar las 15 construcciones que deberían entrar en el Registro Fiscal de 1928, dos años después de la extinción de aquel municipio.

Había pues un pueblo o caserío de 15 edificios que incluir en el nomenclátor de 31 de diciembre de 1930, aparte las “casas de los camelleros”; y así se hizo pese a las trabas que intentó poner el Servicio Cartográfico Nacional al que entonces pertenecía Estadística, responsable de la elaboración de los censos de población y viviendas.

La licencia otorgada en aquellos años por el Ayuntamiento de Puerto de Cabras para la construcción de un aljibe próxima a la Gambuesa de La Degollada o de Las Salinas, en cuyas inmediaciones tenía una de sus alcogidas, deja claro el interés municipal por dotar el abastecimiento de agua al caserío.

Y también el Cabildo Insular de Fuerteventura consignaba en sus presupuestos 200 pesetas de aquella época para el acondicionamiento de la pista que unía Tefía con Los Molinos, descendiendo el risco por lado norte del cauce del barranco; circunstancia que viene a confirmar la valoración de las instituciones locales sobre este “puerto” de la costa occidental de la isla. Nada gratuito, porque la fiscalización cabildicia sobre importación y exportación también llegaba a este puertito al que acudían sus recaudadores, normalmente desde Tefía.

Más tarde, con el Mando Económico (1941-1945) llegó un nuevo impulso para el Caserío de Los Molinos. Nació entonces el muñón de calle trasera y algunas casas entorno al núcleo central. Estamos en la década de 1940, momentos en que, de nuevo, se reactivó la industria de la cal, se construyó la Colonia Agrícola del General García Escámez y se inició la presa de Los Molinos, además del primer aeródromo de la isla. Desde entonces los lazos de unión Las Parcelas-Los Molinos se mantuvieron, actuando como un nexo entre la agricultura-ganadería y la pesca, la caza y el marisqueo. Los vecinos más próximos al Puertito de Los Molinos fueron los encargados de mantener las propiedades que arrendaron o adquirieron de otros vecinos del antiguo municipio de Casillas del Ángel. Hasta la fecha actual.

Los padrones para el cobro de la contribución territorial sobre edificios y locales de Puerto de Cabras arrastraron aquel patrimonio inmueble de Los Molinos sin cuestionar en absoluto la propia existencia del Puertito. Y los vecinos pagaban religiosamente dichos tributos.

En toda esta trayectoria histórica se han compra-vendido, arrendado o heredado cuartos, casas y corrales en los que se intentó vivir, para lo cual hubo que adaptar los materiales y hacer las mejoras que las comodidades de la vida actual demandan.

El proyecto de “Acondicionamiento y mejora de la Playa del Puertito de Los Molinos” en 1993 vino a destapar la caja de los truenos. A una ocupación largamente consentida por la administración municipal vino a sobreponerse un proyecto que despreciando una forma tradicional de asentamiento en las costas de Canarias, estableció un Deslinde Público Marítimo Terrestre que dejaba fuera del mismo a las casas de los camelleros y a tres cuartos de la margen izquierda del barranco; el resto se pretendió someter a los criterios de un proyecto que ponía muchos elementos que se le alejaban considerablemente de lo tradicional en este tipo de construcciones en nuestro litoral.

Detalle del plano levantado por Marcial Manuel Velázquez Curbelo en 1883, donde ya se recoge asentamiento como Puerto de Los Molinos, dentro de la jurisdicción municipal de Casillas del Ángel (Cito por Juan Tous Meliá: Fuerteventura a través de la cartografía [1507-1899]. Atlas histórico geográfico de la isla).

En las notas marítimas del diario Gaceta de Tenerife, se recoge esta anotación sobre una de las partidas de piedra de cal exportadas por Los Molinos, 1919. Los anuncios de venta y trasiego de veleros abundan en este episodio económico del Puertito.

Pero los vecinos a través de la Asociación “El Pajerito”, hicieron acopio de documentos testimoniales, fotográficos y escritos con la intención de demostrar la antigüedad y el carácter histórico del Puertito de Los Molinos. Se hicieron programas de radio y televisión y diferentes artículos airearon en la prensa escrita lo que se pretendía con este caserío de la costa occidental de Fuerteventura. Un ejemplo el nuestro que no fue único, pues por todo el litoral canario comenzaron a surgir casos similares en los que la Demarcación de Costas de Canarias ejerció la potestad administrativa de abrir expedientes por doquier y ejecutar la demolición de muchas edificaciones del litoral de nuestras islas.

Con las aportaciones vecinales el Ayuntamiento no debería hacer otra cosa que canalizar la queja ante el trato que la modificación de la Ley de Costas ejerció sobre un caserío de indudable interés histórico, pintoresco e incluso paisajístico, si nos atenemos al entorno natural de este enclave y aún a costa de las estridencias que puedan ocasionar algunas construcciones mal integradas en un caserío tradicional de litoral. Porque el Puertito de los Molinos, como sitio histórico, es anterior no sólo a esta ley sino a cuantas declaraciones de espacios naturales o parques rurales se le quieran echar encima. Otra cosa es el tratamiento estético y/o pintoresco que el vecindario dé a su entorno para mantener su esencia en los modelos tradicionales de arquitectura costera.

Al respecto cabe relacionar la periodicidad documentalmente probada de las edificaciones, que nos permite establecer los momentos insinuados más arriba:

Construcciones anteriores a 1915: La cal, hornos, caleras y casas de camelleros.

Construcciones existentes entre 1915 y 1928: Agregación de Casillas del Ángel a Puerto de Cabras. Eran momentos de exportación y pago de arbitrios que le dieron vida.

Construcciones entre 1928 y 1960: La cal.

De 1960 a 1980: La pesca, el marisqueo y el ocio.

De 1980 a 1988: La Ley de Costas

Construcciones de 1988 a 1993: El proyecto de acondicionamiento y mejora de la Demarcación de Costas.

De 1993 a 2009: Esfuerzo vecinal y Ley 7/2009 de  Canarias.

2013 y la modificación de la Ley de Costas. La precariedad de una pervivencia como caserío de Puerto del Rosario.


En cuanto a sus valores etnográficos, es la perseverancia vecinal en recopilar su historia el elemento definitorio más claro de los mismos: Hay un pasado vinculado a la confluencia de actividades agrarias, ganaderas, pesqueras, mariscadoras e industriales de la cal que no dejan lugar a dudas de la riqueza etnográfica de la zona. A ellos toca, también, ponerse las pilas y creerse la realidad histórica de su entorno.

Y en su empeño los vecinos han dejado clara su intención de mejora para el caserío que habitan, aunque sólo sea una parte del año, apostando por el respeto a su historia y a los valores de la zona. En concreto:

- Su entidad como pueblo, que está recogida en el nomenclátor de pueblos de España desde 1920-1930, no por capricho.

- Que la administración municipal llegó a la zona mediante el nombramiento de alcalde pedáneo (en rigor alcalde de barrio), llevado a cabo primero por Casillas del Ángel, luego por Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario.

- Que siempre dispuso de acceso rodado mediante pistas, estando actualmente la principal, al sur de la desembocadura del Barranco de Los Molinos, asfaltada desde la década de 1980 con menos de cinco años de construcción (el antiguo camino descendía al caserío por la margen norte del barranco).

- Que se esmeró en dotarse de agua para el abastecimiento del caserío: primero con el aljibe construido por el Sr. Nolasco en la década de 1930 para captar las aguas de lluvia para bebida de la gente y del ganado; mientras seguían usando el agua del barranco para la higiene doméstica y humana. La canalización contemporánea está paralizada, habiendo llegado la manguera de abasto público hasta escasos 400 metros del Puertito de Los Molinos.

- Que el alumbrado se solucionó como se hizo desde tiempo inmemorial mediante quinqués y velas hasta la década de 1980, en que constituida la Asociación de Vecinos “El Pajerito”, se luchó por que las instituciones municipal e insular ayudaran en el suministro eléctrico mediante motores. Y que la canalización contemporánea se quedó paralizada a escasos 400 metros del caserío, como la del agua potable corriente. Hoy se acude al recurso de placas fotovoltaicas de forma generalizada, eliminando cableados aéreos y lo negativo de su impacto ambiental.

- Que la extracción de residuos sólidos la realiza el propio municipio con el servicio regular de recogida de basura.

- Que la evacuación de aguas residuales o aguas negras se practica, como en todos los puntos del interior de la isla en los que no hay red de alcantarillado, mediante fosas sépticas y pozos negros, susceptibles de ser evacuadas en camiones cisterna, como se hace en otros puntos del municipio y de la isla.

Por tanto, hay elementos más que sólidos para que la singularidad de este pueblo sea contemplada entre los propósitos últimos del planeamiento en beneficio de los propietarios, habitantes y usuarios del caserío del Puertito de Los Molinos y, de forma general para el aprovechamiento y disfrute de la playa.

Y allí sigue con vestigios que muestran a quien quiera y sepa mirar, cómo fue el origen de muchos de los asentamientos costeros de Fuerteventura; ver por encima de las actuaciones inadecuadas y trabajar por la mejora del asentamiento con más perspectiva.

Playa del Puertito de Los Molinos, entre el patrimonio geológico y etnográfico, un lugar para disfrutar. (Foto Paco Cerdeña/Cuaderno de Puerto de Cabras).




jueves, 19 de enero de 2023

Santa Inés 2023

Recordando una vieja costumbre: El sorteo de diputados regidores del cabildo de Betancuria en Valle de Santa Inés

Pues ya estamos en la fiesta más fría de Fuerteventura, la primera del año, después la de Fray Andrés y de la de San Sebastián; pero éste último, conviene recordarlo, ya no tiene templo, lo destruyeron en Vega de Río Palmas en la década de 1950-60.

Así es que ¡para el Valle!, tal y como lo hicieron en los siglos XVI y XVII los miembros del ayuntamiento insular de Betancuria para sortear dos de sus cargos de regidores, cuyo ejercicio duraba un año, de fiesta a fiesta. Por eso se les conocía como "regidores cadañeros" y se ocupaban, entre otras muchas cosas, de regular las apañadas y garañonadas.

Por aquellos tiempos el viejo cabildo había convenido en deslindar las áreas jurisdiccionales en que los cadañeros debían ejercer sus funciones: y se imaginaron una línea que iría desde el puerto de La Torre al de la Peña, de costa a costa, de sotavento a barlovento, respectivamente. La raya, hoy difusa, pudo tener una expresión física mediante pared sobre el terreno. En todo caso hay vestigios que nos hablan de aquella posible estructura de piedra seca trepando por la ladera noreste del Morro Velosa, a dar precisamente a los corrales de Guise y, desde allí, por el Morro de la Cruz y los filos hasta el mar del norte.


Miremos ahora a las esculturas de la degollada de Guise, junto al camino del Otro Valle a Betancuria o viceversa, no lejos del descansadero de los muertos. El escultor Emiliano ejecutó el encargo de este conjunto, interpretando el punto de unión o confín de las respectivas comarcas de Guise y Ayose, que son los personajes allí representados.

Volvamos con esa imagen en la retina por el camino de Santa Inés, acerquémonos a la ermita, supongamos que es el día de la mártir, que las puertas están abiertas y que, poco a poco, la gente se va concentrando y buscando el soco en el remanso de aire quieto que forma la nave y la sacristía, donde, además, la hornacina del estribo de ese lado, recuerda que allí se celebraría la escenificación del sorteo de los regidores de las comarcas de Guise y de Ayose.

La imagen de los colosos que veíamos en la Montaña como homenaje a los reyes de la vieja Maxorata, deviene en sendos personaje cuyos nombres se pronunciarán en voz alta después de la función religiosa y del sorteo. Con asistencia de vecinos de toda la isla se iba a a desarrollar un acto que preferimos contar en palabras del escribano del cabildo de Betancuria. Pongamos que sea el 21 de enero, pero de 1609; veamos qué y cómo nos lo narra en los papeles de la institución de la mano de sus transcriptores, Roberto Roldán y Candelaria Delgado; en extracto dice así:

En Fuerteventura, en 21 de enero de 1609, estando en la iglesia de Santa Inés, que es en donde dicen El Otro Valle, estando presente el capitán Luis de León Sanabria, gobernador, y el alférez Juan de León Betancor (¿?), y el maestre de campo Blas Martín Armas y Melchor de Armas, regidores, ante mí el escribano... para elegir y nombrar regidores diputados cadañeros que salgan por suerte... señalaron [tres nombres para la parte de Guise y otros tres para la parte de Ayose] para que el que saliere por suerte de una y otra parte ejerzan el tal oficio de regidores diputados... y habiendo escrito los [seis nombres], cada uno en su cedulita con otras tantas en blanco, se metieron en un canjilón adonde se removieron bien y fue llamado un niño [de nombre] Sebastián y le fue mandado meter la mano dentro... y sacara una cedulita... [después de una cédula en blanco] sacó del dicho canjilón otra cédula en la que salió escrito el nombre de Baltasar Betancor, por regidor de la parte de Guise. Y luego... volvió a meter la mano y... [después de dos cédulas en blanco] sacó otra cédula en la que salió escrito el nombre de Marcos Perdomo Cabrera, regidor de la parte de Ayose, de lo cual yo el escribano doy fe...

Hecho el sorteo y proclamados regidores cadañeros se les llamó para que tomaran posesión y jurasen el cargo que debían desempeñar hasta enero de 1610. Así fue con Marcos Perdomo, que estaba presente y al que el alguacil buscó entre la concurrencia; Baltasar Betancor, que no estaba en el acto, se le hizo llegar la orden de que compareciera a la Villa al día siguiente, para jurar y posesionarse de su diputación.

Cuenta la historia que así aconteció hasta mediados del siglo XVII en que el proceso y los cargos desaparecieron, como las propias jurisdicciones, que cayeron en desuso al erigirse las nuevas parroquias en Pájara y en La Oliva pues las comarcas de Guise y Ayose que, a efectos administrativos, recuerdan a dos pedanías de la Villa, entraron en desuso a partir de la primera década del siglo XVIII.

Al caer la tarde, con los recuerdos de esta elección, regresamos en nuestro imaginario viaje hasta el tiempo presente y, desde la emoción de lo evocado, me reafirmo en que quizás no se tan descabellado organizar, como parte de nuestras fiestas y de  recreación de nuestra historia, una teatralización en el entorno de la ermita, donde se recojan episodios como este que ya en la década de 1960 destacó Roberto Roldán, logrando que en la fachada del templo se colocase una lápida de mármol recordando que aquí, durante los siglos XVI y XVII, se realizaba el sorteo para elegir a los diputados que administrasen las dos comarcas en que se dividía Maxorata, dejando aparte la privativa península de Jandía, en manos de los administradores del Señorío que fue.

miércoles, 18 de enero de 2023

Bibliografía sobre Puerto de Cabras

 La defensa militar de Fuerteventura en la Segunda Guerra Mundial

Tal es el título del libro que se presentó la tarde noche del 17 de enero de 2023 en la Biblioteca Pública Municipal de Puerto del Rosario. Por fin un tratado que convida a repensar la historia menuda de Fuerteventura en general y de Puerto de Cabras en particular durante el primer quinquenio de la década de 1940. Porque aquellos fueron instantes de nuestro pasado en que la rueda grande la Historia pasó por nuestra isla, toca indagar en la memoria y las "batallitas" (dicho sea desde el respeto con que siempre abordamos nuestros temas en este Blog) de nuestros abuelos, de nuestros mayores, los que vivieron aquellos especiales tiempos de hambre y militarización de nuestra tierra.

Lo presentó el coronel don José Romero Serrano, del Instituto de Historia y Cultura Militar, como coautor y coordinador de una obra en la que además intervienen El Coronel de Caballería don Jesús Martínez de Merlo y el Doctor en Historia por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, don Juan José Díaz Benítez. Lo edita el Ministerio de Defensa, 2023.

Tres grandes bloques estructuran el libro que nos ocupa:

- La amenaza de invasión aliada de Canarias durante la no beligerancia española en la Segunda Guerra Mundial.

- Los desembarcos anfibios en el teatro europeo. Operaciones Torch, Husky y Overlord.

- La defensa militar de Fuerteventura.

El apartado cuatro, consideraciones finales, incluye un documento facsímil del Plan de Defensa Militar de Fuerteventura de 1943, complemento básico para los inventarios de fortificaciones y su incorporación al patrimonio histórico de la arquitectura militar, estructuras defensivas de la época que nos ocupa. Una ruta a considerar en la oferta turística de Fuerteventura.

De los silencios de la obra se abren vías de investigación sobre quiénes construyeron las fortificaciones militares, los nidos de ametralladoras y los asientos de las baterías de costa de Matas Blancas (Jandía) y Bristol, (en Corralejo), qué empresas insulares y quiénes fueron sus obreros... A considerar o retomar la presencia de miembros del batallón de soldados trabajadores forzados que vinieron a Canarias, distribuyéndose por las dos provincias, llegando a Fuerteventura, al menos, un pelotón de aquellos prisioneros republicanos.

Muy recomendable su lectura.