viernes, 21 de febrero de 2014

Ecos de la prisión de Fuerteventura, entre ficción y realidad

Recuerdos de Tefía 

Cuando lo conocí estaba sentado en el mentidero del Muelle Chico, apoyado en su muleta de madera y parecía contar los adoquines de La Explanada mientras una suave brisa jugaba en su escasa cabellera, acariciándolo.
Me sostuvo la mirada durante unos instantes y, mesándose los pelos de una rala barba, volvió la mirada hacia la playita del muelle, hablándome como ausente.
Decidí seguir el objeto de su aparente atención y me topé con las arenas donde los barquillos reposaban desde tiempo inmemorial. Allí centelleaban los vidrios redondeados de las primeras botellas de ron que se descorcharon en Puerto de Cabras, una y mil veces removidas por el mar.
Era relajante y, cada reflejo parecía abrir un nuevo recuerdo en maestro Juan. Lo escuchaba entre el rumor de las aplaceradas olas. Uno a uno se me fueron grabando en la memoria; entonces cerré el bloc y guardé el lápiz: lo que contaba me sobrecogió. Abrí la grabadora y le dejé hablar…
Tiempo después, repasando las notas y las cintas con las entrevistas sobre Tefía, me topé con la de Juanito. Entonces él ya había muerto, pero su voz me repitió una y otra vez lo que, poco más o menos, contaba…



¡Se ponga firmes, coño! Gritó el alcaide con tono desquiciado.
Recién había llegado lo colocaron allí, en medio de la sala, enfrente de la mesa de quien parecía ser el director. Aquel que pronunció la orden casi gritando.
Estaba de pie, descalzo y casi desnudo, con una barba de pocas semanas; sudoroso, temblando… Custodiado por dos elementos que, en lo único que se diferenciaban de él era en la camisa azul mahón que ambos llevaban muy a gala, y con alpargatas de esparto y lona, y en la mano de uno de ellos un viejo máuser que no dudó en utilizar para dar un culatazo en la barriga del reo cuando vio que se levantaba el alcaide.
Eustaquio –que así se llamaba el preso- se tambaleó con el golpe, esparciendo gotas de sudor sobre sus guardianes, pero no gritó; al menos no articuló palabra de dolor, sólo se adivinó en su cara un gesto como el de quien traga un erizo con púas y todo…
El alcaide Pedro de San Felipe se apoyó en la mesa con los brazos cruzados, murmurando “menudos redaños tienes, cabrón”: a ver cómo te portas dentro de unos días… Y dirigiéndose a los guardianes les requirió el parte de traslado del reo.
Entonces se adelantó el que no portaba el máuser, pero que tenía unos hilillos en las hombreras de la camisa azul, como evocando viejos rangos y le entregó una carpetilla mugrienta en la que se adivinaba un membrete con escudo imperial y la leyenda “Comandancia Militar de Fuerteventura”.

¡Asistente!, ¡Asistente! -gritó de nuevo el alcaide. Y al otro lado de la puerta semiacristalada se vio cómo una sombra se levantaba y se acercaba a la puerta que, de inmediato se abrió dando paso a un bien parecido mozo de cara afeitada y gafitas redondas; se dirigió al rincón en el que, en penumbras se adivinaba una mesilla auxiliar sobre la que reposaba una vieja hispano olivetti de carro largo y de color negro junto a un puñado de folios y varias tongas de expedientes apilados de tal forma que parecían desafiar la fuerza de la gravedad.
Cuando usted quiera, señor director –dijo el joven recién llegado, dispuesto a mecanografiar el parte de ingreso de un nuevo recluso:
Y al dictado fue anotando las palabras de su superior:
“En el lugar de Tefía, siendo las 11:30 horas del día 18 de mayo, se personaron en mi despacho quienes se identificaron como falangistas de Puerto de Cabras y que a requerimiento –según decían- del Comandante Militar de la isla, acudieron al acuartelamiento de la calle León y Castillo para hacerse cargo del preso Eustaquio, detenido en la playa del muelle chico en los momentos y por las razones que rezan en el expediente y que luego se dirán…”

Delante de las oficinas del presidio de Tefía descansaba el chevrolet número 2189 en el que Esteban los había traído. Y allí aguardaba el viejo camarada, con su camisa azulona, con su boina roja, sus polainas y sus botas en animada plática con uno de los vigilantes del presidio.

Recuerdo cuando hicieron estas casas –comentaba Esteban- en 1940 o 1941; bueno eso fue la construcción, porque el meneo de las tierras ya había empezado durante la Guerra… Aquí estuvieron muchos rojos presos, trabajando, despedrando y limpiando para hacer la pista de aterrizaje…

A la sombra seguía el alcaide  cumplimentando el ingreso del nuevo recluso: A ver, Asistente, léame lo último que le dije, que quiero insertar aquí el atestado de su detención…

“En el lugar de Tefía…” –contestó el asistente con ánimo de seguir.

Todo no, ¡coño!, lo atajó su superior: dígame sólo la última frase.
Ah, sí, prosiguió el asistente: “…detenido en la playa del muelle chico en los momentos y por las razones que rezan en el expediente y que luego se dirán…”, y se calló.

Si, sí, tome nota:

Según el atestado que le abrió el Jefe del puesto de la Guardia Civil en Puerto de Cabras, expediente número 1.111, en la playa del muelle chico se detectó la presencia de un individuo que sentado en el centro mismo de la arena, profería gritos irrepetibles contra su Excelencia el Generalísimo, según manifestaron algunos testigos presenciales que se apresuraron a dar parte a la pareja, la cual, allí personada procedió a reducir a quien resultó ser Eustaquio, de oficio pescador, y conocido en la localidad por el manco… Todo esto me lo pones entre comillas, precisó el alcaide.

Hacía ya más de un año que se estaba preparando la visita del General Franco y este caso no vino más que a acentuar la extrema vigilancia que se había desplegado en Puerto de Cabras: En la Explanada, a la salida del muelle grande, y las entradas de las carreteras de La Oliva, Tetir, Casillas, El Matorral y Puerto Lajas se situaron puestos de control militares y las parejas de la Guardia Civil transitaban con bastante frecuencia estas vías.Tanto fueron los movimientos inversores y de vigilancia en la isla durante los años de la segunda guerra mundial que, cuando Franco se atrevió a viajar, lo hizo a Canarias, para recordar los momentos iniciales del “alzamiento”, pero también visitar y conocer de primera mano la isla atlántica que pudo haber sido alemana en 1941-43, como alternativa a la fallida caída del Peñón o el cierre del Canal de Suez.El Jefe del Estado fue ampliamente informado de cuanto el Mando Económico de Canarias había hecho durante aquellos años de la década de 1940 en Fuerteventura, lamentándose de la pérdida de un personaje como García Escámez. No había más que enumerar las obras: barriadas obreras, cuarteles, presa, colonia rural, aeropuerto de Tefía… Toda una estrategia para poner en valor una isla que pudiera ser decisiva en el contexto norteafricano, caso de que Gran Canaria cayera en manos inglesas, como insinuó alguno de sus asesores.

… “Y vengo en ingresar en la prisión que dirijo al reo de nombre Eustaquio, con adscripción a la cuadrilla de trabajos forzados en fincas, canalizaciones y carreteras”, concluyó el alcaide advirtiendo al asistente que lo entrecomillara y pusiera la data para firmar. Termine los papeles que ahora vuelvo.
Acompáñenme por aquí –dijo a los dos falangistas- que arrastraron al preso por un largo pasillo que les condujo a una de las dos únicas celdas allí existentes.
Se oyeron murmullos tan pronto se abrió la puerta, pues aún quedaban allí algunos que no pudieron salir a los trabajos en La Presa, y sin más cerraron el cuarto y deshicieron el camino hasta la calle, donde aguardaba el coche que debía retornar a Puerto de Cabras.

Diez años antes, durante los prolegómenos de lo que sería II Guerra Mundial, Fuerteventura, apareció en cuantos informes y documentos alimentaron la operación “Félix”, con la que los alemanes intentaban ocupar una de las islas del Archipiélago. Si España entraba en la contienda mundial lo haría del lado del Eje, lo que mosqueaba a los ingleses que veían así peligrar su hegemonía en el Peñón ante una eventual ocupación española; como también los inquietaba el bloqueo de Suez y el acceso a las colonias del otro lado del mundo. Y con estas perspectivas la salida británica pasaba por invadir, con el apoyo aliado, una de las islas canarias que tuviesen mejores muelles para trasladar a ella su base naval. Apostaron por Gran Canaria, cuyo Puerto de la Luz y su aeropuerto de Gando ofrecían un punto estratégico en el área atlántica. Atinadamente así lo sospecharon los alemanes que intentaron incrementar su presencia en la zona, no sólo para abastecimientos de los U-Boote, que, por otro lado, ya era un hecho, sino por establecer una base atlántica aerotransportada que sirviera de puente a sus apetencias sobre el continente africano. El Mando Económico de Canarias, al frente del cual estaba el Excmo. Señor Francisco García Escámez e Iniesta, asumió todo el control del Archipiélago en los momentos de posguerra y guerra mundial…

Estas eran las lecturas que solía hacer el alcaide de la prisión de Tefía en sus ratos de aburrimiento y sesteo bajo un sol de mediodía, mientras rebuscaba entre los viejos periódicos que aún quedaban en los cuartos de lo que, en otro tiempo, fue cuartel del arma de Aviación, cuando custodiaba el aeródromo que allí funcionó hasta 1952. Aunque las más de las veces fantaseaba y, medio adormecido, se imaginaba oficial de la aerotransportada alemana, visitando las inmediaciones, analizando las aguas, las pesquerías de Los Molinos, la carne que les proporcionaría el ganado de costa que por allí deambulaba… De cuando en cuando, los remolinos y el viento de aquellas llanuras lo envolvían acunándolo hasta la media tarde en que retornaban los presos de los trabajos forzados.

El alcaide se volvió a recostar adormecido y de sus manos cayó el libelo que andaba leyendo, saltando al aire la cuartilla que usaba a modo de marcador:

Comandancia Militar de Fuerteventura, Puerto de Cabras, Mayo de 1950.
Para el Alcaide de la Colonia Penitenciaria de Tefía:
“Los portadores de la presente, falangistas acreditados de Puerto de Cabras, a nuestro requerimiento acudieron para ayudar en el traslado del preso Eustaquio a las instalaciones de ese centro penitenciario, a la espera de abrírsele consejo de guerra por proferir gritos contra su Excelencia el Jefe del Estado y mostrar resistencia a mi autoridad… Aíslesele hasta tanto se le forma dicho consejo… El comandante, don Ceferino”

Saque usted sus propias conclusiones!

Fue la última frase que creí entender en la audición de la cinta del maestro Juan.


Por el respeto a su memoria que es la de todos los que allí estuvieron me decidí a escribir estos folios.

Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

lunes, 10 de febrero de 2014

Carreteras y toponimia: barrancos de nombre desconocido

Barrancos y playas de Puerto del Rosario

En nuestros paseos motorizados o a bordo de nuestros zapatos nos topamos con una serie de accidentes geográficos a los que mentalmente damos nombre, los conocemos, sin caer en la cuenta que otros más jóvenes, visitantes o no nacidos aquí, no tienen por qué conocerlos.
Si imaginamos que la trama urbana y viaria de Puerto del Rosario es un inmenso tapiz que se tiende sobre el territorio, es fácil suponer que una buena cantidad de topónimos quedarían ocultos, olvidados, subterráneos.
Pero ellos, durante mucho tiempo, sirvieron de hitos o mojones que ayudaron a nuestros antepasados a delimitar sus fincas y solares, a orientarse en el trazado de caminos, a referenciar acontecimientos pasados en su entorno con una exactitud propia de los tiempos antiguos, de los tiempos pasados; pero es de mucho interés recordarlos aún en la actualidad.
Por eso aquella toponimia también resulta de gran utilidad a quienes intentan narrar hechos del pasado, ubicar edificios, delimitar caminos, situar accidentes geográficos y sucesos que allí acontecieron…

Barranco Viejo o de La Herradura, cerca de la Garganta del Diablo, en el municipio de Puerto del Rosario, lo cortan caminos y carreteras sin identificarlo. (Foto aportada por Paco Cerdeña)
Nuestro frente marítimo pregona con unos visibles cantiles de basalto dónde estaba la orilla del mar, con muchas de sus playas enterradas y que partiendo, por ejemplo, de la Explanada en dirección sur, por la Avenida Reyes de España, podemos recordar: La de la Carnicería, la de Encarnación Hormiga o de los Jorge, la de Las Cuevas, Escuevas o Mastrantos, la de Juanito El Cojo o del Lastre, La de Los Pozos, la Caleta de Los Pozos y el Carnadero de Los Pozos…
Y aquí me quiero detener. En Los Pozos, porque todo este último entorno alude a los antiguos socavones que permitieron beber a nuestra gente. El barranco del mismo nombre, como el de otros que ahora no vamos a citar, marcó hondamente la toponimia circundante que llegó a bautizar el propio Estadio Municipal.
Sin embargo, el barranco que nos ocupa no aparece identificado en la señalética de carreteras y, como algunos otros, tampoco en el callejero que los soterró.
Acompáñenme, si no, en un recorrido por su cauce desde la desembocadura hasta los cuchillos que separan Casillas del Ángel de Tetir y Las Atalayas del Viso, donde nace.
Poco antes de recibir las aguas de los barrancos de Lugo y Risco Prieto, la carretera del Aeropuerto lo cruza sin pregonar a los curiosos que puentea dicho cauce.
Sigamos el de Risco Prieto hasta las Atalayas del Viso para volvernos a encontrar con que la carretera FV20 y la Circunvalación de Puerto del Rosario saltan por encima sin mencionar su nombre.
Y si ascendemos por el Barranco de Lugo, volvemos a toparnos con la Circunvalación de Puerto del Rosario justo en el punto donde confluye con los Valichuelos o Barichuelos, el Barranco de Jaifa y El Canalizo que, con fuerza viene relevando al de Lucas Méndez hendiéndose en el basalto suelo.

El Barranco del Canalizo, ya citado por  Ramón Castañeyra en en su memoria de costumbres de Fuerteventura en el siglo XIX, lleva las aguas del Barranco Lucas Méndez hasta la confluencia con el de Jaifa-Lugo... Lo vemos impetuoso, por debajo del puente de la antigua carretera de Puerto del Rosario a Tuineje. (Foto aportada por Paco Cerdeña)
Unos y otros vuelven a ser puenteados por la carretera FV20 hacía Antigua en el barranco de Jaifa y en el barranco de El Canalizo donde aquella confluye otra vez con la Circunvalación de Puerto del Rosario, cerca de la Rosa Vila; y en ningún caso la señalética viaria informa de aquellos encuentros, de aquellos topónimos que siguen y seguirán bullendo en la memoria colectiva, siquiera documental o escrita, tan necesaria a los Registradores de la Propiedad, por ejemplo.

El barranco Pilón es un ejemplo que desaparece bajo el proceso de urbanización. Una calle paralela a su cauce perpetua este toponónimo. (Foto aportada por Paco Cerdeña)
Y lo mismo podríamos decir de otros tantos barrancos y barranquillos del municipio de Puerto del Rosario, algunos tan importantes como El de Los Molinos, el de Río Cabras, la Muley, Juana Sánchez o el de La Herradura que permanecen huérfanos de nombre en la señalización viaria, anónimos accidentes de una geografía que intentamos explicar en excursiones de todo tipo porque nos sentimos orgullosos de nuestro patrimonio y también la toponimia forma parte de él.
Concluyo apuntando que cuanta más información se traslade desde el esfuerzo cartográfico a la red de carreteras, caminos y calles, tanto más se enriquecerá nuestra toponimia y por consiguiente, nuestro patrimonio.

Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

domingo, 19 de enero de 2014

El vapor francés "Nada" encalla en El Cotillo, 1899

El vapor francés “Nada” encalla en la punta de Tostón

También los franceses vinieron a degustar nuestro marisco, yendo a embarrancar en un punto próximo al que llegaron a finales del siglo XVIII los tripulantes de la fragata “Mars”, de la misma nacionalidad, en su encontronazo con otra de la armada británica.
El 20 de agosto de 1899 el vapor “Nada” hacía el trayecto desde Lisboa a la costa de África cuando vino a tocar fondo en los bajos de la punta de El Cotillo, donde naufragó, trasladándose sus tripulantes al Puerto de la Luz y de Las Palmas. Los del “Nada”, nada quisieron saber de los majoreros que intentaron auxiliarles pues, cuando los vieron acercarse en los botes, optaron por dispararles varias andanadas… Y los pobres marineros de El Cotillo, acostumbrados a la solidaridad en el rescate de los muchos naufragios que se produjeron en sus costas, recogieron sus barcas y dieron cuenta a la capitanía marítima de Puerto de Cabras. Llegado el asunto a conocimiento del Delegado de Gobierno en Gran Canaria y advertido por el alcalde de Arrecife de la posibilidad de contagios, mandó a las autoridades majoreras que evitaran cualquier contacto con la gente del buque siniestrado.

Y es que los "sucios" fueron los gabachos, no sólo por la ingratitud demostrada, sino porque procedía de puerto apestado, razón por la cual la autoridad grancanaria, tan pronto llegó el bote con los náufragos, mandó su ingreso en el Lazareto de Gando, no sin antes dar cuenta al Gobernador Civil en Santa Cruz de Tenerife. Y a otra cosa “mes enfants”.

jueves, 19 de diciembre de 2013

El antiguo almacén de tomates de Gran Tarajal y los cabildos

Un espacio ideal ubicado en la calle León y Castillo esquina a calle Sabandeños, acoge la exposición del Centenario de los Cabildos Insulares.
Brillante iniciativa, sobre todo si coincide con el atraque de cruceros en prueba. El espacio que ofrece aquel inmueble es excelente para este tipo de actuaciones y muestras. Pero ¡ay, si las paredes hablaran...! Allí se escucharía el clamor de muchos años de actividad de un sector que dio vida y trabajo durante años a toda la comarca sur de Fuerteventura, por no decir a toda la isla: el tomatero.
En tiempos de zafra la población casi se triplicaba, ocupándose en tareas del sector que iban desde la preparación de las tierras hasta la exportación por el muelle construido en Gran Tarajal a principios de la década de 1920... Y es que hasta las cajas se reparaban en los domicilios para complementar los salarios y las economías familiares.

Mujeres reparando cajas de madera para el tomate, Gran Tarajal, Fuerteventura.

La evocación viene a cuento porque hoy es posible recuperar y, sobre todo, difundir el rico patrimonio etnográfico ligado al sector tomatero, escuchar las voces grabadas de los viejos y de los no tan jóvenes que allí trabajaron: películas y testimonios sonoros de ayer junto a la fotografía darían vida, sin lugar a dudas, a un verdadero espacio de exposiciones en uno de cuyos rincones pudiera alojarse la memoria colectiva de allí y de toda Fuerteventura, como homenaje a quienes, de verdad, apostaron e hicieron posible el puerto de Gran Tarajal, a quienes con su trabajo, escribieron la historia de buena parte del siglo XX en el sur de la isla.
Porque apostar por el Puerto del Sur ya lo hicieron los Velázquez a finales del siglo XIX, con el reparto de la costa, y los siguieron en el empeño los "Caballeros de la Orden del Sur", con Matías López, al despuntar el nuevo siglo, y otros que continuaron en la misma línea, soñando con su muelle.
Por fin un espigón iluminó las expectativas del "puerto frutero". El alumbramiento de aguas subterráneas, la implantación de los molinos de bombeo, el cultivo del tomate y la primera cooperativa agrícola de la isla, hicieron el resto.
Por tanto, exposición homenaje a los Cabildos, sí; pero también compromiso de continuidad en el sentido de brindar a  la localidad la oportunidad de mostrar una actividad que dio vida e identidad a esta comarca sureña.
Sería el mejor homenaje de respeto a los antepasados y a nuestra propia historia económica ya que, además de rezar, también trabajaban. Que no se postergue y olvide como aquel otro epígrafe de la economía insular como fue la piedra de cal, la cal o el yeso... Y de paso ofrecer algo más al visitante y a nuestra gente, grandes y chicos, en sus paseos por la isla.
Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

domingo, 17 de noviembre de 2013

La Calle León y Castillo, Puerto de Cabras, 1895

Luce la placa más antigua de Puerto del Rosario.

Un  rótulo que data de 1895, casi un año después de la inauguración del muelle municipal de Puerto de Cabras, con el que se le homenajeaba agradeciéndole la intercesión mostrada en la consecución de dicha infraestructura.
Conviene saber que hasta ese año la calle se denominaba calle Principal o calle Real y es la más antigua de la localidad, al ser el extremo del viejo camino que unía el embarcadero con la cabecera parroquial y municipal de Tetir, del que se independizó el municipio de Puerto de Cabras en 1835.


Rótulo de la calle León y Castillo, Puerto del Rosario, en la actualidad. [Foto aportación de Paco Cerdeña]

La formalización de este cambio en el callejero de la ciudad la llevó a cabo el Ayuntamiento Pleno en sesión de 28 de julio de 1895, donde se acordó por unanimidad poner el nombre de Don Fernando de León y Castillo a la Calle Principal, remitiéndole copia certificada como testimonio de gratitud:
            “...Habiendo dado en distintas ocasiones el Excmo. Sr. Don Fernando de León y Castillo pruebas de su interés por el bien estar y fomento de este pueblo, como a todos consta, era acreedor a que se le demostrara la gratitud del vecindario. Nadie ha podido olvidar, dijo el Sr. Presidente [habla Ramón Fernández Castañeyra], el empeño con que este ilustre patricio atendió nuestras peticiones cuando los dolorosos efectos de una calamidad terrible pesaba sobre Fuerteventura; nadie tampoco ha podido olvidar la creación, a él debida, de una Dirección de Sanidad Marítima que más tarde nos arrebató el afán de economías; grabado en la memoria de todos se halla el recuerdo de la subvención obtenida por su mediación para las obras del muelle, y cifra una de nuestras más lisonjeras esperanzas el favorable éxito que cuando las circunstancias la permitan obtendrán sus gestiones para el establecimiento del telégrafo, asunto que ya está muy adelantado, la erección de una parroquia y subasta de la carretera. Aparte de esto, hay otras cosas de utilidad general que apoyan con decidido interés, y nada más justo que corresponder en la débil medida de nuestras fuerzas a tanta distinción y a tantos servicios. Propone, pues, la presidencia, que para que en todos tiempos se recuerden los favores del Excmo. Señor Don Fernando de León y Castillo se ponga su nombre a la calle Principal de esta población como humilde testimonio de agradecimiento.”
Así lo aprobó la corporación de forma unánime.
Pero la calle, como suele ocurrir en todos los pueblos cabecera de distrito municipal, tuvo, siquiera en papel o en intención, otros nombres.
Así vemos cómo, mucho más tarde, durante la II República, el Ayuntamiento acordaba cambiar aquel nombre en sesión del 20 de enero de 1933 por el de Indalecio Prieto, en atención y agradecimiento de este vecindario por la concesión del Puerto (léase muelle comercial) y depósito de aguas. Desconocemos si este acuerdo se ejecutó en algún momento, pues fueron más las ocasiones en que declarativamente se acordó cambiarle el nombre, no trascendiendo a la documentación otros que no fueran Principal, hasta 1895, y León y Castillo, después de dicho año, para referirse a este vial de nuestra ciudad.

El muelle chico, junto a la casa número 1 de la calle León y Castillo, Puerto del Rosario. [Del libro Puerto de Cabras. Puerto del Rosario, una ciudad joven]

Sea como fuere, allí sigue el viejo rótulo con placa de mármol enmarcada en madera, clavado en la pared del edificio número uno de la calle, haciendo esquina con la de Teofilo Martínez de Escobar, en la “Explanada”, mirando la evocadora fuente, tal y como 118 años antes lo hizo por primera vez, entre voladores y adoquines, frente al muelle municipal, bañado en el salitre de la maresía.
Copyright: Francisco Javier Cerdeña Armas

martes, 5 de noviembre de 2013

La Calle Comandante Díaz Trayter

Parte de la Calle Nueva de Puerto de Cabras cambió su nombre en 1943.
El cambio recuerda a don Santiago Díaz Trayter, y lo aprobó el ayuntamiento en el 5º aniversario de su muerte.

Y es que la Calle Nueva, abierta sobre los desaparecidos acantilados, se adentraba en demanda del Charco, donde el Mando Económico de Canarias construía la barriada militar con un acuartelamiento, viviendas para oficiales y suboficiales, residencias, escuela y dos plazas, demandando su propio nombre... Y así lo propuso uno de los jefes de la guarnición.
Con lenguaje propio de la época que tratamos, la documentación oficial dice así:
“...Correspondiendo gustosa la Corporación a la laudable y patriótica iniciativa del Sr. Teniente Coronel Jefe del Batallón de Infantería Independiente número 32, de guarnición en esta plaza, expuesta en su atento escrito núm 751 de fecha 2 del  actual, de que se de el nombre de “Avenida del Comandante Díaz Trayter” a la prolongación de la “Calle Nueva”, en memoria del Comandante de Infantería don Santiago Díaz Trayter, cuyo ilustre finado dio gloriosamente su vida por Dios y por la Patria en la pasada Guerra de Liberación, este ayuntamiento asociándose a tan justo homenaje en memoria del heroico militar, de íntimo recuerdo como hijo de esta tierra, ya que convivió en ella desde el comienzo de su carrera, creando su hogar y familia y contribuyendo al mejoramiento de los intereses públicos de Fuerteventura al frente de la Comandancia Militar de esta isla y la Delegación del Gobierno de S.M., cuya autoridad militar y civil ejerció por los años de 1925 a 1926 en el empleo de teniente y capitán después, poniendo de relieve en su laboriosa gestión militar y gubernativa todo su amor y cariño a este pueblo, acuerda por unanimidad, aprobando la propuesta del Teniente Coronel Jefe del expresado Batallón, de dar el nombre a la prolongación de la calle Nueva al glorioso militar, denominándose “Avenida del Comandante Díaz Trayter.-. Que para el descubrimiento de la placa rotuladora que lleva la calle, con la solemnidad que el acto requiere, y al que asistirá la representación oficial de este Ayuntamiento, queda su organización a la acertada iniciativa del referido Teniente Coronel.”

Entre los apuntes de la hoja de servicios militares  y de las necrológicas de la época se contaban algunos de los pocos datos que hemos podido añadir a la reseña biográfica de este personaje del callejero de Puerto del Rosario:
Correspondió a don Santiago Díaz Trayter acudir al Gobierno Militar de Las Palmas el 18 de julio de 1936 para recibir el bando que declaraba el estado de guerra; entonces tenía el grado de capitán y como tal se le encargó también participar en reprimir la oposición al golpe militar en distintos núcleos de la isla de La Palma ("Semana Roja de La Palma").
Y desde aquí, a la Península, se desplazó voluntario con dos de sus hijos (!), yendo él con destino al sexto Tabor de Regulares de Ceuta, del que llegó a ser comandante jefe. Se adentró por la provincia de Málaga con destino a la capital andaluza y en esta campaña cayó herido de muerte, falleciendo el día 4 de febrero de 1938 en el hospital de Granada...

Entre sus funciones civiles, a él correspondió ejercer el cargo de Delegado del Gobierno en Fuerteventura a mediados de la Dictadura de Primo de Rivera, entre 1925 y 1926, cargo que por entonces recaía en los jefes militares que comandaban las fuerzas de guarnición en Puerto de Cabras. Y en esos años se produjeron los reajustes municipales derivados del Estatuto de 1924, con las agregaciones de Tetir y Casillas del Ángel a la capital insular.
La foto, de la década de 1960, recoge las calles Comandante Díaz Trayter y Almirante Lallemand, adentrándose en el ya populoso Barrio de El Charco, paralelas 2ª y 1ª a la orilla del  mar.

La decisión municipal de aceptar lo que se le proponía se enmarcaba en el proceso de urbanización de  la zona de El Charco, a raíz de la construcción de la barriada militar, el colegio Primo de Rivera, las residencias militares y, sobre todo, los cuarteles, de cuya puesta en marcha nos hablaban las páginas de “El Majorero”, luego “Herbaria”, aquel fugaz semanario que nació y murió en 1944.
Por entonces se explanó la prolongación de la calle nueva y el camino -ya calle- de servicio que había surgido a raíz de la construcción del muelle comercial en la década de 1930; se expropiaron casas de pescadores que se reubicaron en Las Lojas y se trasladaron los hornos que "estorbaban" la ordenación de la zona hacia Punta Gavioto.

Había que rotular estos dos nuevos muñones de calle que se abrían hacia el hoy populoso barrio de El Charco, y la propuesta del Teniente Coronel para el que pasaba delante del Cuartel parecía ideal y así lo acordó el ayuntamiento. Sin embargo, por algún tiempo se continuaría llamando calle del Charco a la que corría paralela entre la del Comandante Díaz Trayter y el mar.
Copyright Francisco Javier Cerdeña Armas

martes, 1 de octubre de 2013

En la festividad de Nuestra Señora del Rosario, 1958

La festividad del Rosario y su historia, según Juan José Felipe Lima

Este que reproducimos, después de los acercamientos de Ramón Fernández Castañeyra, constituye otro de los textos sobre la historia del municipio que debemos tener en cuenta; sobre todo porque es un secretario municipal, en su papel de cronista y corresponsal del diario Falange, quien nos la ofrece en el año 1958 [igual que Cándido Sánchez, otro secretario que cien años antes, había hecho una memoria del pueblo a través de las vicisitudes de su templo].
Claro que, por ejemplo, atribuye al primer párroco el empeño por la parroquia, cuestión que, desde nuestra perspectiva actual y a la vista de la documentación consultada, no fue así: la parroquia fue aspirada y por ella se luchó desde los primeros acuerdos corporativos de 1835, y aún antes, desde la licencia que obtuvieron los de Puerto de Cabras para erigir ermita dependiente de la matriz de Tetir, a la que entonces pertenecían. Lo que de verdad sigue sorprendiendo es el papel de este teólogo y filósofo krausista en Fuerteventura, junto a otros repatriados de las últimas colonias españolas en Hispanoamérica… Y nada dice de las obras de la iglesia, aunque aporta otro dato esclarecedor sobre la historia de nuestro templo, al comentar que el local que se habilitó como capilla aún estaba en pie en la calle García Hernández y –digo más-, a día de hoy, octubre de 2013, aún está en pie dicho local. Cuestiones a valorar y ponderar rastreando los especiales dedicados a nuestra festividad en la prensa y el pregón de Inmaculada de Armas, que aporta algún dato sobre solares limítrofes a la primera ermita del puerto en la calle de La Marina.
Demos pues la palabra al Cronista de antaño, aquel a quien dedicáramos una semblanza biográfica con motivo de la Feria del Libro de Fuerteventura en 2009, vale la pena escucharle:

Procesión sobre el empedrado de la calle León y Castillo en la década de 1950. [La foto pertenece al bloc "Etnografía de Fuerteventura", dirigido por Roberto Hernández Bautista].

 “Una mirada a la iglesia de Puerto del Rosario y otra a los datos estadísticos que pregonan la existencia de más de tres mil almas, me llevan de la mano a recordar detalles: porque el templo resulta manifiestamente insuficiente.
“Puerto del Rosario es un pueblo joven. Administrativamente se incorporó a la historia en el año 1835. Recordamos haber leído viejas crónicas que nos hablan de agrias disputas entre el Alcalde Mayor, que entonces radicaba en Antigua, y el Delgado Gubernativo. Hubo dimes y diretes a propósito del nombramiento del primer regidor municipal del nuevo pueblo y, después de una reñida disputa, el Gobernador Civil de la Provincia de Canarias, ante el Secretario, don Mariano Cadenas y Castro, decretó el nombramiento para alcalde real, a favor de Lázaro Rugama. Ante esto, cesó el debate de política localista y, en uno de febrero del mismo 1835 quedó constituido, por vez primera el ayuntamiento de lo que entonces se llamaba Puerto de Cabras, con la denominación de “Puerto principal”.
Poco, en realidad, se exigía entonces para convertir en municipio a un pueblo. Y es posible que tuvieran razón, pero hoy, en que el Gobierno se muestra mucho más exigente [No digamos en la etapa actual, donde se aspira a disolver las entidades locales que no lleguen a cierto número de habitantes], no nos parece así, porque, para que un pueblo aspire a la mayoría de edad que da el administrarse por sí sólo, lo menos que puede pedirse es que cuente con elementos, no ya de riqueza y población –que el Puerto entonces no tenía ni remotamente-, sino también de orden espiritual. Y hemos de recordar que, hasta muchos años más tarde no hubo ni una pobre ermita. Sin embargo, dieron en el clavo los promotores de aquella campaña, porque el tiempo, las personas y las circunstancias, han permitido el resto. Y así nació el nuevo pueblo que, de modesto barrio de Tetir, pasó a convertirse, a partir de 1912, en capitalidad de la isla. Pero… vayamos con calma.
Estábamos en 1835. El flamante ayuntamiento había quedado constituido y da gusto ver el primer padrón de vecinos. Mi compañero de entonces, Juan Pedro de Alba [natural de Santa Cruz de Tenerife, fue primer secretario y ejerció también de maestro de escuela], fiel de fechos (o secretario de la corporación), era hombre de recursos y “fiel” a ellos, consiguió elaborar un voluminoso “Padrón vecinal” con poco más de cien vecinos. Daría algo por conocer el nervio de los ciudadanos que entonces tenía nuestro pueblo que, apenas independizado, acometió la imponente tarea de elaborar su plano de urbanización, con tanta ambición y fe en el futuro que las sucesivas generaciones no han podido tener nada que objetar, ni a la anchura de sus calles ni a su genial distribución. Cualquiera que llegue a Puerto del Rosario podrá percatarse fácilmente –es decir, se percatará aunque no quiera- de que sus calles tienen una distribución y anchura que muchas capitales de provincia quisieran para sí.
Y el Puerto comenzó entonces a luchar contra todo y contra todos. Sin población, casi. Sin riqueza radicante –porque sus límites no rebasaban Los Estancos, Rosa Vila, Puerto Lajas o la desembocadura del Barranco de Río Cabras-, inició su vida de florecimiento y miró hacia el puerto. La bahía se abría espléndida y soberbia; pero no había muelle. Estábamos en los albores del año 90 [1890]. Aquí vuelve a aparecer el nervio isleño, duro y vibrante. Se abrió una suscripción. El Ayuntamiento la encabezaba. Las prestaciones personales se ofrecieron generosamente y, seis años más tarde [en realidad cuatro años, pues el muelle se inauguraba el día 7 de octubre de 1894], estaba concluido el espigón que, arrancando de la Plaza de Domingo J. Manrique, presenciamos hoy, -no sin pesar-, cómo va entregándose al mar piedra a piedra [cada vez que había temporal del sur, las olas arrancaban piedra a piedra las ilusiones de antaño]. Y, entonces el puerto se incorporó a la vida interinsular de manera pujante. Lentamente, sin prisas, pero sin pausa, fue absorbiendo, al socaire de su privilegiada situación marinera, las operaciones del cabotaje. Vinieron los “africanos” y vinieron los “playeros” y, año a año, consiguió centralizar, en lo que también es centro geográfico de Fuerteventura, el movimiento portuario. Matas Blancas, Tarajalejo, Pozo Negro y La Guirra, bien conocen la historia de esta lucha honesta, pero cruda. La Barrilla dio paso a la cochinilla y de Antigua se trasladó a Tiscamanita el centro comercial de la isla. La piedra de cal pasó a dejar de embarcarse por Tostón (El Cotillo) y por el Puerto de la Peña, por el Poniente, o por Matas Blancas, del sur, porque el “puerto” ofrecía mayor abrigo y mejores condiciones y el pequeño muelle recibe al nuevo siglo pletórico de ilusión y de alegría. Ya el pueblo había dado satisfacción a sus aspiraciones materiales. Ahora quedaba volver ala vista hacia las exigencias espirituales.
Desde que el Puerto fue puerto, o lo que es lo mismo, desde que aquellos dos marinos –un inglés [Don Diego Miller] y otro español [posiblemente el comerciante Álvarez Rixo]- dijeron que era el lugar ideal para establecer el centro marinero de Fuerteventura, sus habitantes vivieron bajo la advocación de la Virgen del Rosario. Y primero en una pequeña habitación de una casa de vecindad [morada de Teresa López, "La Española"], más tarde en un almacén –que todavía se conserva en la calle García Hernández- y luego en la ermita, que después se convirtió en iglesia parroquial; cada noche se congregaban los vecinos a rezar el Santo Rosario. Pero ya a finales de siglo, si no párroco propio, cuando menos sí se contaba con la presencia frecuente y edificante del sacerdote [y desde 1894 con libros sacramentales propios]. El culto don Teófilo Martínez de Escobar, sobre 1905, arribó por nuestras costas, asentó sus reales en el Puerto y se encariñó profundamente de todo lo nuestro. El momento resultaba propicio. La gente del pueblo había vencido ya en su lucha a favor del pequeño muelle, con un desembolso –que ahora nos asombra- de unas setenta mil pesetas y sus inquietudes se dirigían hacia la ermita. Querían una parroquia y querían una imagen. No había que preguntar. La Virgen del Rosario sería la que presidiese su vida toda. Y don Teófilo lo hizo. Creó la parroquia y adquirió la imagen que habría de sustituir a la “virgen pequeña” que, hasta muchos años más tarde, gozó de la devoción especial de bastantes feligreses.
Relato pasajes históricos, acercándome a ellos, más que en la fidelidad cronológica a la tradicional, aunque, sin apartarme de la primera; porque son valores humanos los que interesan esencialmente. Y así llega el año 1926. Casillas del Ángel y Tetir habían ido declinando a favor del joven pueblo del Puerto [con acritud uno, más dócil el otro]. Las cargas financieras podían más que las posibilidades del vecindario. Sobrevinieron deudas que no podían pagarse. Eran también, tiempos de una política incierta: política de campanario, la llamaban. Y llegó lo que tenía que llegar. Puerto de Cabras era un pueblo joven, vigoroso y lleno de ambición. Aquellos núcleos habían caído en la pobreza y las luchas intestinales y, cuando menos se esperaban, una reacción lúcida de los dirigentes elaboró y llevó a cabo la fusión, y la Dictadura, al llegar, encontró que el número de municipios en Fuerteventura se había reducido a seis.
Y aquí pasamos rápidamente y sin detenernos –ya decíamos que se trataba de retazos de la historia de Puerto del Rosario-, un montón de páginas, para encontrarnos en febrero de 1956. La vocación mariana del pueblo se pone de manifiesto y el ayuntamiento, recogiendo la secular aspiración del vecindario, propone y obtiene que el anterior nombre sea sustituido por el de Puerto del Rosario, con que hoy nos recibe, siempre llena de honestas ambiciones y esperanzas, la capital de Fuerteventura.”