jueves, 19 de enero de 2023

Santa Inés 2023

Recordando una vieja costumbre: El sorteo de diputados regidores del cabildo de Betancuria en Valle de Santa Inés

Pues ya estamos en la fiesta más fría de Fuerteventura, la primera del año, después la de Fray Andrés y de la de San Sebastián; pero éste último, conviene recordarlo, ya no tiene templo, lo destruyeron en Vega de Río Palmas en la década de 1950-60.

Así es que ¡para el Valle!, tal y como lo hicieron en los siglos XVI y XVII los miembros del ayuntamiento insular de Betancuria para sortear dos de sus cargos de regidores, cuyo ejercicio duraba un año, de fiesta a fiesta. Por eso se les conocía como "regidores cadañeros" y se ocupaban, entre otras muchas cosas, de regular las apañadas y garañonadas.

Por aquellos tiempos el viejo cabildo había convenido en deslindar las áreas jurisdiccionales en que los cadañeros debían ejercer sus funciones: y se imaginaron una línea que iría desde el puerto de La Torre al de la Peña, de costa a costa, de sotavento a barlovento, respectivamente. La raya, hoy difusa, pudo tener una expresión física mediante pared sobre el terreno. En todo caso hay vestigios que nos hablan de aquella posible estructura de piedra seca trepando por la ladera noreste del Morro Velosa, a dar precisamente a los corrales de Guise y, desde allí, por el Morro de la Cruz y los filos hasta el mar del norte.


Miremos ahora a las esculturas de la degollada de Guise, junto al camino del Otro Valle a Betancuria o viceversa, no lejos del descansadero de los muertos. El escultor Emiliano ejecutó el encargo de este conjunto, interpretando el punto de unión o confín de las respectivas comarcas de Guise y Ayose, que son los personajes allí representados.

Volvamos con esa imagen en la retina por el camino de Santa Inés, acerquémonos a la ermita, supongamos que es el día de la mártir, que las puertas están abiertas y que, poco a poco, la gente se va concentrando y buscando el soco en el remanso de aire quieto que forma la nave y la sacristía, donde, además, la hornacina del estribo de ese lado, recuerda que allí se celebraría la escenificación del sorteo de los regidores de las comarcas de Guise y de Ayose.

La imagen de los colosos que veíamos en la Montaña como homenaje a los reyes de la vieja Maxorata, deviene en sendos personaje cuyos nombres se pronunciarán en voz alta después de la función religiosa y del sorteo. Con asistencia de vecinos de toda la isla se iba a a desarrollar un acto que preferimos contar en palabras del escribano del cabildo de Betancuria. Pongamos que sea el 21 de enero, pero de 1609; veamos qué y cómo nos lo narra en los papeles de la institución de la mano de sus transcriptores, Roberto Roldán y Candelaria Delgado; en extracto dice así:

En Fuerteventura, en 21 de enero de 1609, estando en la iglesia de Santa Inés, que es en donde dicen El Otro Valle, estando presente el capitán Luis de León Sanabria, gobernador, y el alférez Juan de León Betancor (¿?), y el maestre de campo Blas Martín Armas y Melchor de Armas, regidores, ante mí el escribano... para elegir y nombrar regidores diputados cadañeros que salgan por suerte... señalaron [tres nombres para la parte de Guise y otros tres para la parte de Ayose] para que el que saliere por suerte de una y otra parte ejerzan el tal oficio de regidores diputados... y habiendo escrito los [seis nombres], cada uno en su cedulita con otras tantas en blanco, se metieron en un canjilón adonde se removieron bien y fue llamado un niño [de nombre] Sebastián y le fue mandado meter la mano dentro... y sacara una cedulita... [después de una cédula en blanco] sacó del dicho canjilón otra cédula en la que salió escrito el nombre de Baltasar Betancor, por regidor de la parte de Guise. Y luego... volvió a meter la mano y... [después de dos cédulas en blanco] sacó otra cédula en la que salió escrito el nombre de Marcos Perdomo Cabrera, regidor de la parte de Ayose, de lo cual yo el escribano doy fe...

Hecho el sorteo y proclamados regidores cadañeros se les llamó para que tomaran posesión y jurasen el cargo que debían desempeñar hasta enero de 1610. Así fue con Marcos Perdomo, que estaba presente y al que el alguacil buscó entre la concurrencia; Baltasar Betancor, que no estaba en el acto, se le hizo llegar la orden de que compareciera a la Villa al día siguiente, para jurar y posesionarse de su diputación.

Cuenta la historia que así aconteció hasta mediados del siglo XVII en que el proceso y los cargos desaparecieron, como las propias jurisdicciones, que cayeron en desuso al erigirse las nuevas parroquias en Pájara y en La Oliva pues las comarcas de Guise y Ayose que, a efectos administrativos, recuerdan a dos pedanías de la Villa, entraron en desuso a partir de la primera década del siglo XVIII.

Al caer la tarde, con los recuerdos de esta elección, regresamos en nuestro imaginario viaje hasta el tiempo presente y, desde la emoción de lo evocado, me reafirmo en que quizás no se tan descabellado organizar, como parte de nuestras fiestas y de  recreación de nuestra historia, una teatralización en el entorno de la ermita, donde se recojan episodios como este que ya en la década de 1960 destacó Roberto Roldán, logrando que en la fachada del templo se colocase una lápida de mármol recordando que aquí, durante los siglos XVI y XVII, se realizaba el sorteo para elegir a los diputados que administrasen las dos comarcas en que se dividía Maxorata, dejando aparte la privativa península de Jandía, en manos de los administradores del Señorío que fue.

miércoles, 18 de enero de 2023

Bibliografía sobre Puerto de Cabras

 La defensa militar de Fuerteventura en la Segunda Guerra Mundial

Tal es el título del libro que se presentó la tarde noche del 17 de enero de 2023 en la Biblioteca Pública Municipal de Puerto del Rosario. Por fin un tratado que convida a repensar la historia menuda de Fuerteventura en general y de Puerto de Cabras en particular durante el primer quinquenio de la década de 1940. Porque aquellos fueron instantes de nuestro pasado en que la rueda grande la Historia pasó por nuestra isla, toca indagar en la memoria y las "batallitas" (dicho sea desde el respeto con que siempre abordamos nuestros temas en este Blog) de nuestros abuelos, de nuestros mayores, los que vivieron aquellos especiales tiempos de hambre y militarización de nuestra tierra.

Lo presentó el coronel don José Romero Serrano, del Instituto de Historia y Cultura Militar, como coautor y coordinador de una obra en la que además intervienen El Coronel de Caballería don Jesús Martínez de Merlo y el Doctor en Historia por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, don Juan José Díaz Benítez. Lo edita el Ministerio de Defensa, 2023.

Tres grandes bloques estructuran el libro que nos ocupa:

- La amenaza de invasión aliada de Canarias durante la no beligerancia española en la Segunda Guerra Mundial.

- Los desembarcos anfibios en el teatro europeo. Operaciones Torch, Husky y Overlord.

- La defensa militar de Fuerteventura.

El apartado cuatro, consideraciones finales, incluye un documento facsímil del Plan de Defensa Militar de Fuerteventura de 1943, complemento básico para los inventarios de fortificaciones y su incorporación al patrimonio histórico de la arquitectura militar, estructuras defensivas de la época que nos ocupa. Una ruta a considerar en la oferta turística de Fuerteventura.

De los silencios de la obra se abren vías de investigación sobre quiénes construyeron las fortificaciones militares, los nidos de ametralladoras y los asientos de las baterías de costa de Matas Blancas (Jandía) y Bristol, (en Corralejo), qué empresas insulares y quiénes fueron sus obreros... A considerar o retomar la presencia de miembros del batallón de soldados trabajadores forzados que vinieron a Canarias, distribuyéndose por las dos provincias, llegando a Fuerteventura, al menos, un pelotón de aquellos prisioneros republicanos.

Muy recomendable su lectura.





lunes, 2 de enero de 2023

Bibliografía sobre Puerto de Cabras

Un nuevo libro sobre los desterrados de la Dictadura de Primero de Rivera en Puerto de Cabras. La cotidianeidad de nuestra ciudad en aquellos tiempos, una vez más, de la mano de un hecho histórico que trajo a la localidad a dos ilustres confinados.

"Fuerteventura, 1924. El marqués de Cortina, don Miguel de Unamuno y don Rodrigo Soriano a cien años de su destierro. Noticias y escritos desde Canarias a través de la prensa". Aclarador título del último libro de Carmelo Cornelio Torre Torres que abre y anima a nuevas investigaciones sobre aquellos y sobre la isla como prisión.



Se trata de una recopilación de artículos sobre el destierro, escritos por los protagonistas o por periodistas en la prensa de la época, que permitirán al lector comparar las dos visiones personales. En palabras del prologuista, Marcial Morera, la realista de Soriano y la idealista de Unamuno; del político y del poeta, respectivamente.

Basándose en un supuesto olvido del hecho histórico que trajo a los tres desterrados y su estancia de dos de ellos en Puerto de Cabras, el autor hace un somero estudio sobre los otros confinados en la isla a lo largo de toda la Historia. Quizás sea esto último otra de las novedades que aporta.

Que no eran dos sino tres los que mandó a Fuerteventura la Dictadura de Miguel Primo de Rivera; que el tercero no llegó a pisar la isla-cárcel. Sobre sus vidas desgrana Carmelo unos apuntes que nos convidan a curiosear el recopilatorio de escritos que se publicaron por los desterrados y sobre los desterrados.

Desvela, por ejemplo, lo publicado en Le Quotidien, de París, como promesa de transcripción o, tal vez, retandonos a su consulta en la capital francesa. Dumay y su participación en la que el autor llama supuesta fuga o huida de los confinados.

Partiendo de la capital majorera, grande o chica, ¡qué más da!, habla de las excursiones por la isla, pues siendo tierra de destierro, la vigilancia dormía en Puerto de Cabras, donde transcurrió la mayor parte del tiempo de confinamiento...

Ofrece, en fin, una cronología sobre el devenir vital por el que transcurrió la estancia de los ilustres forzados.

Y los artículos localizados en la prensa sobre este episodio en que la historia local y la general se entrecruzan como marco de contexto de una dictadura, constituyen el grueso de la obra.

Prologado por el doctor Marcial Morera Pérez, director de la Cátedra Miguel de Unamuno en nuestra isla, es autoedición de Carmelo Torres, 2022, con subvención del Cabildo de Fuerteventura.

Lo traemos a nuestro blog en atención a que se ocupa de un capítulo de la memoria de Puerto de Cabras que, además de la dimensión universal de los desterrados, nos aproxima a unos instantes de la vida de nuestra capital en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera.

jueves, 13 de octubre de 2022

Bibliografía sobre Puerto de Cabras

Bajo el título de "El sur contra el norte. La Oposición a Puerto de Cabras en el caciquismo majorero (1892-1936)", Agustín Millares Cantero nos acerca en su libro a los últimos años del XIX y primeras décadas del XX en la política majorera.
Después de los artículos de Vicente Martínez Encinas en la década de 1970 y del propio Agustín Millares en toda su trayectoria investigadora sobre los orígenes de Puerto de Cabras; tras el corpus bibliográfico que ha supuesto el desarrollo de las Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote desde 1983-84, obras como las que presentamos merecen una atenta lectura.
Porque aborda momentos en que en Puerto de Cabras se construyen sus primeras infraestructuras portuarias y se ponen en marcha empresas como La Esperanza para abastecer de agua a la micro-ciudad; momentos en que se consolida la capital insular, tiempos de reorganización administrativa insular, de plebescito, de ley de Cabildos y de desaparición de la Diputación Provincial, de recomposición municipal, de partido judicial, de dictadura y segunda república... Tiempos de luchas caciquiles que, con trabajos como el que presentamos, dan luz sobre un importante periodo de la política majorera.



Para quien se anime a su lectura, le adelantamos los apartados en que quien fuera pregonero de fiestas de Puerto del Rosario en 1983, estructura su nuevo trabajo sobre Fuerteventura:
La sede del auténtico poder insular: de La Oliva a Las Palmas de Gran Canaria, al socaire de la terratenencia que labró el feudo politico de los oligarcas grancanarios.
Los Velázquez en el reto conservador (1892-1896).
Entre locales y plebiscitarios.
Las elecciones a Cortes por el distrito de Fuerteventura (1912-1923): orígenes y primeras versiones del Partido Majorero.
Todos los caciques con Primo de Rivera (1924-1930). El dominio de los patriotas insulares en la Segunda Repúlica.
Lo publica el Excelentísimo Ayuntamiento de Puerto del Rosario en 2021.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Las fábricas de gofio en Puerto de Cabras: molinos y molinas

 Las fábricas de gofio en Puerto de Cabras.

Recuerdos de cuando era chico: molinos de torre y molinas del Puerto.


Hasta donde la memoria alcanza pocos recordarán otros artilugios de molturación de cereales que no sean el de Peñate, luego de Juan Berriel, en la calle Fernández Castañeyra de Puerto del Rosario, anexo a la fábrica de electricidad, y la máquina del gofio de Tetir, de los hermanos Martínez Soto, hoy convertida en museo. Al menos en funcionamiento, sin entrar en las de reciente restauración, como la Molina de La Asomada o la Molina de los Trapos, más antigua, hoy derruida y cuya torre y arboladura vemos en la rotonda de la carretera a Tetir; y otras que luego veremos.

Porque las industrias de molienda que más se recuerdan en nuestro municipio son las que funcionaron con motores de gasoil, como las citadas al principio.

Veamos en primer lugar las fábricas ubicadas en el perímetro de la actual ciudad, basándonos en los recuerdos y la bibliografía consultada.

Yo recuerdo algunos molinos bastante cercanos al domicilio de mi infancia en Puerto del Rosario. No en funcionamiento, pero sí en pie la estructura del inmueble que ocupaban: unas respondían al sistema de molino macho y otras al del sistema Ortega que aquí llamamos molinas.

Pero los sacos de millo tostado los vi llevar a la Molina de Almácigo cuando su arboladura ya estaba desmontada y, olvidándose del viento, se le aplicó motor, creo que en diesel, y la máquina de Los Martín de Tesjuate, que no era más que un motor de bombeo de agua de pozo con aplicación a la molturación.

En el casco urbano, junto a la actual calle Cervantes, por debajo de la Rosa de Bernabé Felipe, recuerdo ver un edificio de dos cuartos cuadrados que albergaban el almacén y la sala de máquinas de una molina que atendía don Juan Díaz, oriundo de Pájara; recuerdo cómo se desmontó su arboladura y las vigas de madera de su torre estuvieron mucho tiempo tiradas junto a la gavia de la higuera, a la izquierda del camino, ya calle, de La Rosa.

Recuerdo que, algo más abajo, donde luego se hiciera la Sección Femenina y hoy aloja al Centro de Artesanos del Cabildo, había otra en una casa que allí se demolió; tenía paredes con esquinas redondeadas por el ángulo nordeste, propiedad de los Medina pero construida por don Indalecio Acosta en el XIX. Era una estructura muy baja y, como digo, de paredes redondeadas para ofrecer poca resistencia al viento, algo que no tenía la del camino de la Rosa.

Van dos,  y las dos, molinas. Quedan otras dos que estaban a ambos lados de la carretera de Tetir, porque la otra antigua fábrica de que tengo referencias se alojaba en molino macho troncocónico, muy cerca de la rotonda de Las Culonas, en el alto que había a la derecha de la calle León y Castillo, en línea con las casas baratas de abajo o Barriada del Rosario. En la actual avenida Juan de Bethenocurt estaban la molina de los trapos que, como dije, muchos recordamos moliendo al revés, y la de Domingo Ruiz, en medio de la bifurcación  que aquella avenida hace con el camino del Time, hoy calle Teresa López, actualmente en proceso de reconstrucción y reposición como símbolo de una actividad que también se desarrolló en Puerto del Rosario.

Socorrido de la bibliografía y la documentación para mitigar mi curiosidad, supe que la de Los Trapos, fue levantada por Agustín Pérez Rodríguez en la década de 1910, cediéndola en última instancia para su explotación a Los Oramas. Y la de Dominguito Ruiz, caminero que, en realidad, la usó como casa, perteneció y fue levantada por el tinerfeño Domingo Ángel Adrián, en la década de 1870; es la más antigua industria de este tipo en la capital majorera, utilizándose para su puesta en marcha el sistema ortega de aprovechamiento eólico. Nadie de los vivos recordamos arboladura en la molina de La Charca, pero está acreditado que este fue uno de los primeros molinos del sistema Ortega en Fuerteventura.

Después vinieron más y, en un proceso de adaptación del modelo palmero a nuestra isla, de dimensiones reducidas, como la molina de Curbelo en Almácigo, que tuvo gemelas en toda la isla y, en nuestro municipio, en donde dicen “Cho Bello”, en Zuritas, construida por Luis Perdomo Ávila para atender la producción de la finca levantada junto a los caños del agua de La Esperanza, a cuya sociedad pertenecía; la instalada sobre una loma al poniente de la montañeta del Ángel, en Casillas, o la ubicada en el centro de Puerto Lajas, cuya máquina, procedente del norte de la isla, se trasladó a la que actualmente vemos restaurada sobre el Roque, cerca del barranco de La Monja.

En el término municipal de Puerto del Rosario hubo otras fábricas de gofio de distinta tipología que se incorporaron como bienes de interés cultural al patrimonio histórico de nuestra isla en la década de 1980, siendo posteriormente restauradas para su admiración por todos.


Cuarto que alojó una molina, loma al poniente de Montañeta del Ángel, Casillas. Una estructura similar a la que hizo en Cho Bello, Zurita, Luis Perdomo Ávila y que funcionó al menos hasta 1912.


Olvidada, entre el Molino de Nemesio y el Molino de Lomo de Tetir, en Llanos de la Concepción, quedó la casa de una molina cuyos maderos estuvieron en el lugar hasta no hace mucho, donde alguien levantó una maqueta de aquella otra... Restaurada fue la arboladura de Molina de Almácigo y la Molina de La Asomada, que aún sigue en funcionamiento, atendida por el último molinero, señor Cabrera Oramas, que también puso en explotación el museo del gofio en Tetir. Y la Molina de Tefía, muy cerca del eco museo de la Alcogida, también restaurada.

Nos queda el molino de Tefía, igualmente restaurado por el Cabildo Insular en las inmediaciones del primer aeropuerto de la isla y e cuyas instalaciones se albergara la que fuera Colonia Agrícola Penitenciaria Fuerteventura, de tan tristes recuerdos para muchos.

La autosuficiencia del campesino majorero, con su aljibe, su horno de pan y sus cabritas, hizo que muchas casas dispusieran también de molino de mano, porque las tahonas de molienda con animales solían tener carácter familiar o pertenecían a familias de la aristocracia rural.

Molina de la Charca, en origen construida por Domingo Ángel Adrián en la década de 1870, teniendo varios propietarios y usuarios después, hasta Dominguito Ruiz Cedrés que la usó de vivienda.

Recorrer el municipio y disfrutar de este patrimonio es un placer que puede brindarse al visitante y a nuestros escolares para que no olviden cómo se vivió aquí hasta no hace muchos años.

Yo he disfrutado paseando por mis recuerdos y mis lecturas de cuyas notas han salido estas líneas que comparto.

Anecdotario:

La Molina de Luis Perdomo Ávila, en "Cho Bello", Zurita, protagonizó un luctuoso suceso en el que falleció un niño, hijo del caminero de la carretera del sur, Manuel Alarcón, entre la maquinaria de molienda, siendo molinero el señor Ortega Cerdeña; fue una de las razones de su cierre a partir de 1912:

Accidente mortal en la Molina de Luis Perdomo Ávila, Cho Bello, Zurita, 1912, siendo molinero el sr. Ortega Cerdeña. Fuente JABLE, Archivo de prensa digital de la ULPGC, Cuaderno de Puerto de Cabras. 


viernes, 16 de julio de 2021

Vestigios: El telégrafo

El amarre del cable de telégrafos en Playa Blanca (1909-1923)

Con frecuencia el mar nos da sorpresas. Como la de estos días, y especialmente hoy, día de la patrona de las gentes que de él viven y en él trabajan. Suele ser habitual que con las grandes mareas nos muestre vestigios como el que hoy comentamos, de los que un hijo de Casillas, me pasó unas fotos, sorprendido y preguntando que qué podía ser.

Y al tajo vamos: Cuando a fines de la década de 1910, el Telégrafo llegó a Fuerteventura, se amarró en Playa Blanca, dentro del término municipal del entonces Puerto de Cabras y a pocos metros de la "Canterita Blanca" que lo separaba, precisamente de la jurisdicción de Casillas del Ángel. En la inmediaciones del antiguo "Bikini" se habilitó una caseta, luego cubil subterráneo al que se enganchó la conexión a la capital insular.

Una línea aérea enganchada a postes de madera, llevó aquel adelanto que, por fin, llegaba a la isla. Una de las reiteradas peticiones de la burguesía majorera al Estado, especialmente desde el semanario La Aurora que, ya cansada, había cerrado tres años antes de el evento; no vio ni pudo anotar en sus páginas el amarre del cable telegráfico que, según decían, "los comunicaría con el resto del mundo".

Nuestra ciudad ya no conserva el bonito nombre de "Calle del telégrafo"; lo sustituyó en 1951 por decreto del régimen franquista, empeñado por entonces en desenterrar viejas glorias, héroes y leyendas: en todos los pueblos de la isla (le dijeron a los munícipes de entonces) se homenajeará al teniente Eustaquio Gopar Hernández, uno de los últimos de Filipinas que resistió en la ermita de Báler. Así lo hicieron en el Puerto: La vieja calle de irregular trazado y empedrada que desde la calle Barquillos (hoy Teófilo Martínez de Escobar) y playa del muelle Chico se adentraba, se descolgó de nuestro callejero. Pero ahí está en los anales, por si alguien quiere rescatar el callejero histórico y anotar en rótulos que la identifique, nombre actual-nombre antiguo, como se suele hacer en las ciudades orgullosas de su historia y su pasado.

Porque el nombre que señalamos del antiguo callejero, se adoptó en las décadas finales del siglo XIX como un objetivo más de las fuerzas vivas de entonces: Nos comunicaremos con el mundo -se decían... Bueno, les llegó en la centuria siguiente y no dejaron de pregonarlo en su memoria.

Y como lo hacen las mareas desde tiempo inmemorial, en estos días aparecen en Playa Blanca tres gruesos cables que allí se amarraron, detrás del antiguo "Bikini", punto de arranque de la línea aérea que llevaría los hilos de cobre hasta a la oficina de Telégrafos que estuvo en la calle de La Marina, junto a los Cuarteles, y se trasladó al alto de la calle Guise, a la que, precisamente, llegaba perpendicular desde la orilla la calle del Telégrafo.

De los boatos en la inauguración ya hemos hablado en otras entradas de nuestro blog, cuando el maestro Manuel Déniz Caraballo llevó a sus pupilos a contemplar tan grande acontecimiento: estaban viendo la "fibra óptica" de aquellos tiempos.



Así es que el paseante que se tope con estos cables, con estos vestigios del pasado de las comunicaciones en Fuerteventura, sabrá que envuelven el primer cobre que llegó a la isla para dotarla de la telegrafía con hilos, que desde la "Canterita Blanca" conducía a Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario, donde funcionó la primera estación telegráfica de este tipo, muy cerca del paseo que actualmente se construye hacia Playa Blanca.

Copyright Francisco Javier Cerdeña Armas

[Los fotos son del amigo Gregorio Rodríguez]

lunes, 7 de diciembre de 2020

Bibliografía sobre Puerto de Cabras en la década de 1940

Un acercamiento a la década década en que Fuerteventura estuvo "militarizada". A los tiempos del hambre y de las cartillas de racionamiento. A unos momentos en que la II Guerra Mundial puso de manifiesto cuan frágil era la economía insular y el papel que tuvo que adoptar la comandancia de la isla para garantizar los suministros a las tropas y el abastecimiento de la población. En definitiva a la estructura que se adoptó con aquellos fines.


Y ese ha sido nuestro empeño. Abrir caminos basados en las fuentes documentales que nos acercan a las décadas de 1930 y 1940 en Puerto de Cabras y en Fuerteventura. Unos años a los que nuestros mayores se refieren como del hambre y de las cartillas de racionamiento, porque también sus recuerdos forman parte de la Historia.

En principio este trabajo que presentamos, pretendió ser un guion. Y como tal lo orientamos con una introducción, en la que hacemos un recorrido por distintas etapas de la historia del siglo XX, en que la condición de islas aconsejó el cuidado del abastecimiento y el racionamiento, ante momentos especialmente difíciles, como los bélicos de las dos guerras mundiales. Después vendrían las entrevistas que haríamos a los mayores. 

Pero se puede usar para entender cómo se organizó el abastecimiento, especialmente en la posguerra civil española. Un avituallamiento que en Canarias tuvo la singularidad (al menos durante el primer quinquenio de la década de 1940) de que la economía estuvo en manos de Capitanía General de Canarias, a través del Mando Económico de Canarias. 

Durante la II Guerra Mundial la autoridad militar de aquel Mando gestionó las dos Delegaciones Provinciales de Abastecimientos y Transportes de Canarias y, por tanto, la Subdelegación Insular de Fuerteventura (como también se hizo en Lanzarote y demás islas menores) hasta 1946.

La Comandancia Militar, a través de la Subdelegación de Abastecimientos y Transportes y de las Delegaciones Locales, fiscalizó no sólo el abastecimiento, sino el movimiento de la más mínima porción de alimentos que se intentara sacar de la isla. Para su gestión Fuerteventura se dividió en tres zonas de avituallamiento: 

• Zona Norte, integrada por los municipios de Puerto de Cabras y La Oliva, 

• Zona Sur, integrada por los municipios de Antigua, Betancuria, Tuineje y Pájara, 

• Jandía... 

En cada zona, un puerto o embarcadero: Puerto de Cabras, Gran Tarajal y Morro Jable. En ese orden. Pero teniendo una línea de costa tan extensa y plagada de puertos o embarcaderos históricos, la vigilancia del contrabando se practicó con destacamentos de guardia civil en sitios tan alejados como Jacomar, Ajui, Majanicho o Los Molinos, por citar algunos. 

El Organismo que nos ocupa, la Subdelegación de Abastecimientos y Transportes, fue una extensión de la estructura vertical de la Comisaría General del ramo. Durante su andadura tuvo dos momentos: el militar, de 1939 a 1946, y el civil, desde entonces hasta 1952-53, de una forma efectiva. 

Dependiente de la Delegación Provincial, reproducía el esquema de aquella en la estructura de sus negociados, cupones, cartillas, mapas, transportes, guías, inspección, etc. 

Y bajo la dependencia de la Subdelegación Insular, los ayuntamientos funcionaron como Delegaciones Locales, asumiendo similares tareas de abastecimientos en su término, con la singularidad de que a ellos tocaba controlar los movimientos de población y el despacho de las cartillas de racionamiento que debían atender las tienditas de ultramarinos en cada pueblo. 

Controlar el abastecimiento a nivel local suponía que de un municipio no salía, por ejemplo, una res mayor o menor sin que el alcalde o delegado local certificase que ello no redundaría en la escasez local; cada traslado de animales o mercancías, comestibles o no, debía estar acompañado de la correspondiente guía. 

Controlar los transportes, ya fueran marítimos (con barquillos de dos y cuatro remos), por carreteras o con bestias que circularan por antiguos caminos, era otra de las funciones de la Subdelegación que llegó a prohibir a los transportistas los desplazamientos en vacío sin la correspondiente autorización de su oficina o de las delegaciones locales.

Con todos estos mimbres pretendíamos hilvanar las entrevistas sobre los tiempos del hambre y las cartillas de racionamiento. A estas páginas se asoman los nombres de quienes hacían posible el reparto de los productos racionados de primera necesidad, desde el personal de la Subdelegación o “Consorcio” (después), hasta los comerciantes minoristas, los transportistas y los exportadores que conseguían autorizaciones para sacar los pocos excedentes; pero también la gente humilde que intentaba llevar, por ejemplo, huevos y gofio a familiares enfermos en otras islas; patrones de barcos que precisaban de la correspondiente autorización para pertrechar sus naves y el sostenimiento de sus tripulaciones...

Muy sucintamente, este ha sido un breve recorrido por el libro que hoy se presenta. Munición archivística, tal vez, para los mentideros; pero con la sana intención de alentar el recuerdo convencido de que contribuimos a la Memoria e Identidad de nuestro pueblo.