lunes, 13 de febrero de 2023

La preservación del Puertito de Los Molinos. Breve apunte sobre su historia

A propósito de las revisiones de los Planes de Ordenación de Recursos Naturales y del Plan regulador de Uso y Gestión del Parque Rural de Betancuria en que está inserto.

Sobran fundamentos y faltan voluntades para su conservación como embarcadero o puerto natural, para su valoración como pueblo costero del extinto municipio de Casillas del Ángel, como sitio histórico usado desde tiempo inmemorial.

Es lo que tiene legislar, planear y ordenar espacios sin contar con el patrimonio etnográfico subyacente en la costa majorera y olvidarse de que, en muchos casos, los asentamientos costeros merecen su rescate por su valor en la cultura tradicional con la categoría de sitios o embarcaderos históricos. Estamos en islas y algo de esto debiera contemplarse con un poco más de rigor en sitios históricos como el que nos ocupará un ratito.

Los valores históricos, etnográficos, arquitectónicos y paisajísticos.

Si hasta no hace mucho se estudiaba la conveniencia de fijar unos límites a la aplicación de la Ley de Costas de 1988 y su Reglamento, la Ley 2/2013, de 29 de mayo, de protección y uso sostenible y de modificación de la Ley 22/1988, de 28 de Julio, de Costas, viene a reafirmar la necesidad de afirmar que el caserío del Puertito de los Molinos de Nuestro Municipio, tiene una serie de valores que aconsejan su preservación, por cuanto colisiona con la Ley 7/2009, de 6 de mayo, de modificación del Texto Refundido de las Leyes de Ordenación del Territorio de Canarias y de Espacios Naturales de Canarias, sobre declaración y ordenación de áreas urbanas en el litoral canario por cuanto ésta última invocaba que se deberían tener presentes criterios históricos, culturales y etnográficos, propios de los asentamientos tradicionales en Canarias, intentando evitar la estricta concepción del dominio público marítimo terrestre que se nos antojaba un ariete contra el patrimonio etnográfico y contra los poblados tradicionales de la costa en Canarias.

Sin entrar en las definiciones con que los pueblos entran en el nomenclátor, es claro que en el Puertito de Los Molinos se dan una serie de circunstancias que la propia modificación de la Ley de Costas de 1988, recientemente aprobada, recoge como elementos a tener en cuenta en la renovación de concesiones de ocupación: Este caserío tiene acceso rodado desde, al menos, 1930, asfaltado en la década de 1970 por el Cabildo de Fuerteventura; dispone de alumbrado público mediante farolas fotovoltaicas y suministro eléctrico domiciliario por mediación de un motor generador diésel gestionado por la propia Asociación de Vecinos, encontrándose un proyecto del Plan de Electrificación Integral de Canarias (PELICAN) que pretendía llegar el cableado eléctrico y el agua hasta aquel caserío; mientras tanto el agua corriente para aseo domiciliario procede de la escorrentía permanente del barranco de su situación. Y lo mismo podemos decir de las aguas negras que son vertidas a fosas sépticas regularmente evacuadas por los servicios municipales de limpieza, juntamente con los residuos sólidos.

Y las intenciones, deseos y peticiones vecinales que obtuvieron resultados como los escritos cursados al Cabildo y al Consorcio de Abastecimiento de Agua a Fuerteventura que acordaron en 1999 y 2000 subvencionarles las obras de la red de agua hasta el Puertito de Los Molinos, al que se vino a sumar el proyecto PELICAN para la electrificación del caserío; aunque actualmente se encuentren paralizadas junto a la Gambuesa de la Degollada.

Pero el carácter inmemorial de muchos de los núcleos costeros de nuestras islas y, en concreto, el del Puertito de Los Molinos, aconseja su valoración en el ejercicio de protección y conservación del dominio público.

Con independencia del análisis jurídico que para cada unidad construida pueda verse en el apartado correspondiente de este informe, hay aquí edificaciones que aún estando en el dominio público y sus zonas de afección, servidumbre de tránsito y de protección, presentan valores de tipo histórico, etnográfico y/o pintoresco.

En todo caso la existencia del caserío del Puertito de Los Molinos es anterior a las leyes de costa que aquí tratamos, y preexistente a cualquier tipo de fiscalización urbanística o edificatoria por parte de los ayuntamientos; unas circunstancias que hacen de este enclave el germen de cómo evolucionaron los asentamientos costeros de Fuerteventura, espontáneamente, con independencia de las alteraciones que pudieran afear u ocultar trazas originarias de la razón de ser como entidad poblacional, en todo caso, subsanables.

El Puertito de Los Molinos viene a ser un pueblo que surgió entre la propiedad comunal del viejo municipio de Casillas del Ángel y las riberas del mar, en un espacio que se desvanece empujado por la zona de servidumbre marítimo terrestre y la de aprovechamiento comunal o finca mancomún de Las Salinas y Jarugo, cuya administración corresponde en la actualidad al municipio de Puerto del Rosario. Pero al situarse los confines occidentales del Mancomún en las riberas del mar, el poblado queda dentro de lo que administró Casillas y hoy lo hace Puerto.

Aunque su cronología es imprecisa en sus orígenes, es presumible que aquí se diesen cita ganaderos y pescadores desde mediados del siglo XIX, posiblemente antes. Y hacían lo que tradicionalmente se ha hecho en este espacio: arrimar unas piedras para levantar cuartos o ranchitos donde guarecerse en la temporadas de actividad y almacenes donde guardar los barquillos cuando el estado de la mar así lo aconsejaba; en todo caso en etapas de invierno.

En concreto, fue el “cartógrafo” Marcial Velázquez Curbelo uno de los primeros que, en sus dibujos y planos para el ejército, recogió el topónimo de “Puerto de Los Molinos” en la desembocadura del barranco de su nombre, en el año 1883. Nótese que para entonces se deslindaban límites jurisdiccionales entre los municipios de Tetir y Puerto de Cabras, por ejemplo; por tanto se acredita su consideración como asentamiento mucho antes de las normativas que amenazan su existencia.

Las ordenanzas municipales del extinto municipio de Casillas del Ángel, recogían en la última década del XIX los aprovechamientos consentidos y regulados en esta parte de su litoral occidental. Y si en aquellos documentos se mencionan actividades tradicionales, cabe suponer una existencia anterior a los mismos.

En la década de 1910 se construyó junto a la arena de la playa un horno de cal que vino a sumarse a otras dos caleras que se situaban una junto a las aguas del barranco y otra a media ladera, al norte del caserío, próxima a las casas de los camelleros. Hablamos de la época de exportación de piedra de cal y derivados, cuando se construyeron rampas de acceso a la boca del horno y terraplenes para almacenar y trocear la piedra que se desriscaba hasta las proximidades de dicha fábrica de cal.

Los cobradores de arbitrios insulares y alcaldes pedáneos de Casillas y de Puerto de Cabras denotan que el Puertito se mantuvo activo en la industria calera en dos etapas que se corresponden con la década de 1910 y las de 1940 a 1960.

La exportación de cal se hacía a hombros desde la arena a las barcazas y desde ellas a los veleros que, como “El Marte”, "El Merkur" o "El Rosario" fondearon en la bahía de Los Molinos; era una labor costosa y cara pues hasta la cal se ensacaba y por igual procedimientos se llevaba a los barcos que la trasladaban a Gran Canaria y a Tenerife. Muchos de estos aspectos nos los desvelaban en la década de 1980 viejos que lo vivieron. Algo que vino a confirmarse con el reciente descubrimiento en aguas del puertito de un ancla utilizada por aquellas embarcaciones.

Lo que está claro es que cuando Casillas del Ángel acordó disolver su ayuntamiento y extinguirse como municipio en 1926, sus concejales fijaron una serie de condiciones para salvaguarda de los derechos preexistentes a favor de sus vecinos, residentes, además de en la cabecera municipal, en sus pagos de Llanos de la Concepción, Tefía, La Ampuyenta, Tesjuates, El Matorral o Los Molinos, tal y como lo habían hecho desde tiempo inmemorial.

La Comisión Liquidadora de Casillas informó a la de Puerto de Cabras sobre la riqueza inmueble de la zona, de cara a contemplar las 15 construcciones que deberían entrar en el Registro Fiscal de 1928, dos años después de la extinción de aquel municipio.

Había pues un pueblo o caserío de 15 edificios que incluir en el nomenclátor de 31 de diciembre de 1930, aparte las “casas de los camelleros”; y así se hizo pese a las trabas que intentó poner el Servicio Cartográfico Nacional al que entonces pertenecía Estadística, responsable de la elaboración de los censos de población y viviendas.

La licencia otorgada en aquellos años por el Ayuntamiento de Puerto de Cabras para la construcción de un aljibe próxima a la Gambuesa de La Degollada o de Las Salinas, en cuyas inmediaciones tenía una de sus alcogidas, deja claro el interés municipal por dotar el abastecimiento de agua al caserío.

Y también el Cabildo Insular de Fuerteventura consignaba en sus presupuestos 200 pesetas de aquella época para el acondicionamiento de la pista que unía Tefía con Los Molinos, descendiendo el risco por lado norte del cauce del barranco; circunstancia que viene a confirmar la valoración de las instituciones locales sobre este “puerto” de la costa occidental de la isla. Nada gratuito, porque la fiscalización cabildicia sobre importación y exportación también llegaba a este puertito al que acudían sus recaudadores, normalmente desde Tefía.

Más tarde, con el Mando Económico (1941-1945) llegó un nuevo impulso para el Caserío de Los Molinos. Nació entonces el muñón de calle trasera y algunas casas entorno al núcleo central. Estamos en la década de 1940, momentos en que, de nuevo, se reactivó la industria de la cal, se construyó la Colonia Agrícola del General García Escámez y se inició la presa de Los Molinos, además del primer aeródromo de la isla. Desde entonces los lazos de unión Las Parcelas-Los Molinos se mantuvieron, actuando como un nexo entre la agricultura-ganadería y la pesca, la caza y el marisqueo. Los vecinos más próximos al Puertito de Los Molinos fueron los encargados de mantener las propiedades que arrendaron o adquirieron de otros vecinos del antiguo municipio de Casillas del Ángel. Hasta la fecha actual.

Los padrones para el cobro de la contribución territorial sobre edificios y locales de Puerto de Cabras arrastraron aquel patrimonio inmueble de Los Molinos sin cuestionar en absoluto la propia existencia del Puertito. Y los vecinos pagaban religiosamente dichos tributos.

En toda esta trayectoria histórica se han compra-vendido, arrendado o heredado cuartos, casas y corrales en los que se intentó vivir, para lo cual hubo que adaptar los materiales y hacer las mejoras que las comodidades de la vida actual demandan.

El proyecto de “Acondicionamiento y mejora de la Playa del Puertito de Los Molinos” en 1993 vino a destapar la caja de los truenos. A una ocupación largamente consentida por la administración municipal vino a sobreponerse un proyecto que despreciando una forma tradicional de asentamiento en las costas de Canarias, estableció un Deslinde Público Marítimo Terrestre que dejaba fuera del mismo a las casas de los camelleros y a tres cuartos de la margen izquierda del barranco; el resto se pretendió someter a los criterios de un proyecto que ponía muchos elementos que se le alejaban considerablemente de lo tradicional en este tipo de construcciones en nuestro litoral.

Detalle del plano levantado por Marcial Manuel Velázquez Curbelo en 1883, donde ya se recoge asentamiento como Puerto de Los Molinos, dentro de la jurisdicción municipal de Casillas del Ángel (Cito por Juan Tous Meliá: Fuerteventura a través de la cartografía [1507-1899]. Atlas histórico geográfico de la isla).

En las notas marítimas del diario Gaceta de Tenerife, se recoge esta anotación sobre una de las partidas de piedra de cal exportadas por Los Molinos, 1919. Los anuncios de venta y trasiego de veleros abundan en este episodio económico del Puertito.

Pero los vecinos a través de la Asociación “El Pajerito”, hicieron acopio de documentos testimoniales, fotográficos y escritos con la intención de demostrar la antigüedad y el carácter histórico del Puertito de Los Molinos. Se hicieron programas de radio y televisión y diferentes artículos airearon en la prensa escrita lo que se pretendía con este caserío de la costa occidental de Fuerteventura. Un ejemplo el nuestro que no fue único, pues por todo el litoral canario comenzaron a surgir casos similares en los que la Demarcación de Costas de Canarias ejerció la potestad administrativa de abrir expedientes por doquier y ejecutar la demolición de muchas edificaciones del litoral de nuestras islas.

Con las aportaciones vecinales el Ayuntamiento no debería hacer otra cosa que canalizar la queja ante el trato que la modificación de la Ley de Costas ejerció sobre un caserío de indudable interés histórico, pintoresco e incluso paisajístico, si nos atenemos al entorno natural de este enclave y aún a costa de las estridencias que puedan ocasionar algunas construcciones mal integradas en un caserío tradicional de litoral. Porque el Puertito de los Molinos, como sitio histórico, es anterior no sólo a esta ley sino a cuantas declaraciones de espacios naturales o parques rurales se le quieran echar encima. Otra cosa es el tratamiento estético y/o pintoresco que el vecindario dé a su entorno para mantener su esencia en los modelos tradicionales de arquitectura costera.

Al respecto cabe relacionar la periodicidad documentalmente probada de las edificaciones, que nos permite establecer los momentos insinuados más arriba:

Construcciones anteriores a 1915: La cal, hornos, caleras y casas de camelleros.

Construcciones existentes entre 1915 y 1928: Agregación de Casillas del Ángel a Puerto de Cabras. Eran momentos de exportación y pago de arbitrios que le dieron vida.

Construcciones entre 1928 y 1960: La cal.

De 1960 a 1980: La pesca, el marisqueo y el ocio.

De 1980 a 1988: La Ley de Costas

Construcciones de 1988 a 1993: El proyecto de acondicionamiento y mejora de la Demarcación de Costas.

De 1993 a 2009: Esfuerzo vecinal y Ley 7/2009 de  Canarias.

2013 y la modificación de la Ley de Costas. La precariedad de una pervivencia como caserío de Puerto del Rosario.


En cuanto a sus valores etnográficos, es la perseverancia vecinal en recopilar su historia el elemento definitorio más claro de los mismos: Hay un pasado vinculado a la confluencia de actividades agrarias, ganaderas, pesqueras, mariscadoras e industriales de la cal que no dejan lugar a dudas de la riqueza etnográfica de la zona. A ellos toca, también, ponerse las pilas y creerse la realidad histórica de su entorno.

Y en su empeño los vecinos han dejado clara su intención de mejora para el caserío que habitan, aunque sólo sea una parte del año, apostando por el respeto a su historia y a los valores de la zona. En concreto:

- Su entidad como pueblo, que está recogida en el nomenclátor de pueblos de España desde 1920-1930, no por capricho.

- Que la administración municipal llegó a la zona mediante el nombramiento de alcalde pedáneo (en rigor alcalde de barrio), llevado a cabo primero por Casillas del Ángel, luego por Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario.

- Que siempre dispuso de acceso rodado mediante pistas, estando actualmente la principal, al sur de la desembocadura del Barranco de Los Molinos, asfaltada desde la década de 1980 con menos de cinco años de construcción (el antiguo camino descendía al caserío por la margen norte del barranco).

- Que se esmeró en dotarse de agua para el abastecimiento del caserío: primero con el aljibe construido por el Sr. Nolasco en la década de 1930 para captar las aguas de lluvia para bebida de la gente y del ganado; mientras seguían usando el agua del barranco para la higiene doméstica y humana. La canalización contemporánea está paralizada, habiendo llegado la manguera de abasto público hasta escasos 400 metros del Puertito de Los Molinos.

- Que el alumbrado se solucionó como se hizo desde tiempo inmemorial mediante quinqués y velas hasta la década de 1980, en que constituida la Asociación de Vecinos “El Pajerito”, se luchó por que las instituciones municipal e insular ayudaran en el suministro eléctrico mediante motores. Y que la canalización contemporánea se quedó paralizada a escasos 400 metros del caserío, como la del agua potable corriente. Hoy se acude al recurso de placas fotovoltaicas de forma generalizada, eliminando cableados aéreos y lo negativo de su impacto ambiental.

- Que la extracción de residuos sólidos la realiza el propio municipio con el servicio regular de recogida de basura.

- Que la evacuación de aguas residuales o aguas negras se practica, como en todos los puntos del interior de la isla en los que no hay red de alcantarillado, mediante fosas sépticas y pozos negros, susceptibles de ser evacuadas en camiones cisterna, como se hace en otros puntos del municipio y de la isla.

Por tanto, hay elementos más que sólidos para que la singularidad de este pueblo sea contemplada entre los propósitos últimos del planeamiento en beneficio de los propietarios, habitantes y usuarios del caserío del Puertito de Los Molinos y, de forma general para el aprovechamiento y disfrute de la playa.

Y allí sigue con vestigios que muestran a quien quiera y sepa mirar, cómo fue el origen de muchos de los asentamientos costeros de Fuerteventura; ver por encima de las actuaciones inadecuadas y trabajar por la mejora del asentamiento con más perspectiva.

Playa del Puertito de Los Molinos, entre el patrimonio geológico y etnográfico, un lugar para disfrutar. (Foto Paco Cerdeña/Cuaderno de Puerto de Cabras).




jueves, 19 de enero de 2023

Santa Inés 2023

Recordando una vieja costumbre: El sorteo de diputados regidores del cabildo de Betancuria en Valle de Santa Inés

Pues ya estamos en la fiesta más fría de Fuerteventura, la primera del año, después la de Fray Andrés y de la de San Sebastián; pero éste último, conviene recordarlo, ya no tiene templo, lo destruyeron en Vega de Río Palmas en la década de 1950-60.

Así es que ¡para el Valle!, tal y como lo hicieron en los siglos XVI y XVII los miembros del ayuntamiento insular de Betancuria para sortear dos de sus cargos de regidores, cuyo ejercicio duraba un año, de fiesta a fiesta. Por eso se les conocía como "regidores cadañeros" y se ocupaban, entre otras muchas cosas, de regular las apañadas y garañonadas.

Por aquellos tiempos el viejo cabildo había convenido en deslindar las áreas jurisdiccionales en que los cadañeros debían ejercer sus funciones: y se imaginaron una línea que iría desde el puerto de La Torre al de la Peña, de costa a costa, de sotavento a barlovento, respectivamente. La raya, hoy difusa, pudo tener una expresión física mediante pared sobre el terreno. En todo caso hay vestigios que nos hablan de aquella posible estructura de piedra seca trepando por la ladera noreste del Morro Velosa, a dar precisamente a los corrales de Guise y, desde allí, por el Morro de la Cruz y los filos hasta el mar del norte.


Miremos ahora a las esculturas de la degollada de Guise, junto al camino del Otro Valle a Betancuria o viceversa, no lejos del descansadero de los muertos. El escultor Emiliano ejecutó el encargo de este conjunto, interpretando el punto de unión o confín de las respectivas comarcas de Guise y Ayose, que son los personajes allí representados.

Volvamos con esa imagen en la retina por el camino de Santa Inés, acerquémonos a la ermita, supongamos que es el día de la mártir, que las puertas están abiertas y que, poco a poco, la gente se va concentrando y buscando el soco en el remanso de aire quieto que forma la nave y la sacristía, donde, además, la hornacina del estribo de ese lado, recuerda que allí se celebraría la escenificación del sorteo de los regidores de las comarcas de Guise y de Ayose.

La imagen de los colosos que veíamos en la Montaña como homenaje a los reyes de la vieja Maxorata, deviene en sendos personaje cuyos nombres se pronunciarán en voz alta después de la función religiosa y del sorteo. Con asistencia de vecinos de toda la isla se iba a a desarrollar un acto que preferimos contar en palabras del escribano del cabildo de Betancuria. Pongamos que sea el 21 de enero, pero de 1609; veamos qué y cómo nos lo narra en los papeles de la institución de la mano de sus transcriptores, Roberto Roldán y Candelaria Delgado; en extracto dice así:

En Fuerteventura, en 21 de enero de 1609, estando en la iglesia de Santa Inés, que es en donde dicen El Otro Valle, estando presente el capitán Luis de León Sanabria, gobernador, y el alférez Juan de León Betancor (¿?), y el maestre de campo Blas Martín Armas y Melchor de Armas, regidores, ante mí el escribano... para elegir y nombrar regidores diputados cadañeros que salgan por suerte... señalaron [tres nombres para la parte de Guise y otros tres para la parte de Ayose] para que el que saliere por suerte de una y otra parte ejerzan el tal oficio de regidores diputados... y habiendo escrito los [seis nombres], cada uno en su cedulita con otras tantas en blanco, se metieron en un canjilón adonde se removieron bien y fue llamado un niño [de nombre] Sebastián y le fue mandado meter la mano dentro... y sacara una cedulita... [después de una cédula en blanco] sacó del dicho canjilón otra cédula en la que salió escrito el nombre de Baltasar Betancor, por regidor de la parte de Guise. Y luego... volvió a meter la mano y... [después de dos cédulas en blanco] sacó otra cédula en la que salió escrito el nombre de Marcos Perdomo Cabrera, regidor de la parte de Ayose, de lo cual yo el escribano doy fe...

Hecho el sorteo y proclamados regidores cadañeros se les llamó para que tomaran posesión y jurasen el cargo que debían desempeñar hasta enero de 1610. Así fue con Marcos Perdomo, que estaba presente y al que el alguacil buscó entre la concurrencia; Baltasar Betancor, que no estaba en el acto, se le hizo llegar la orden de que compareciera a la Villa al día siguiente, para jurar y posesionarse de su diputación.

Cuenta la historia que así aconteció hasta mediados del siglo XVII en que el proceso y los cargos desaparecieron, como las propias jurisdicciones, que cayeron en desuso al erigirse las nuevas parroquias en Pájara y en La Oliva pues las comarcas de Guise y Ayose que, a efectos administrativos, recuerdan a dos pedanías de la Villa, entraron en desuso a partir de la primera década del siglo XVIII.

Al caer la tarde, con los recuerdos de esta elección, regresamos en nuestro imaginario viaje hasta el tiempo presente y, desde la emoción de lo evocado, me reafirmo en que quizás no se tan descabellado organizar, como parte de nuestras fiestas y de  recreación de nuestra historia, una teatralización en el entorno de la ermita, donde se recojan episodios como este que ya en la década de 1960 destacó Roberto Roldán, logrando que en la fachada del templo se colocase una lápida de mármol recordando que aquí, durante los siglos XVI y XVII, se realizaba el sorteo para elegir a los diputados que administrasen las dos comarcas en que se dividía Maxorata, dejando aparte la privativa península de Jandía, en manos de los administradores del Señorío que fue.

miércoles, 18 de enero de 2023

Bibliografía sobre Puerto de Cabras

 La defensa militar de Fuerteventura en la Segunda Guerra Mundial

Tal es el título del libro que se presentó la tarde noche del 17 de enero de 2023 en la Biblioteca Pública Municipal de Puerto del Rosario. Por fin un tratado que convida a repensar la historia menuda de Fuerteventura en general y de Puerto de Cabras en particular durante el primer quinquenio de la década de 1940. Porque aquellos fueron instantes de nuestro pasado en que la rueda grande la Historia pasó por nuestra isla, toca indagar en la memoria y las "batallitas" (dicho sea desde el respeto con que siempre abordamos nuestros temas en este Blog) de nuestros abuelos, de nuestros mayores, los que vivieron aquellos especiales tiempos de hambre y militarización de nuestra tierra.

Lo presentó el coronel don José Romero Serrano, del Instituto de Historia y Cultura Militar, como coautor y coordinador de una obra en la que además intervienen El Coronel de Caballería don Jesús Martínez de Merlo y el Doctor en Historia por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, don Juan José Díaz Benítez. Lo edita el Ministerio de Defensa, 2023.

Tres grandes bloques estructuran el libro que nos ocupa:

- La amenaza de invasión aliada de Canarias durante la no beligerancia española en la Segunda Guerra Mundial.

- Los desembarcos anfibios en el teatro europeo. Operaciones Torch, Husky y Overlord.

- La defensa militar de Fuerteventura.

El apartado cuatro, consideraciones finales, incluye un documento facsímil del Plan de Defensa Militar de Fuerteventura de 1943, complemento básico para los inventarios de fortificaciones y su incorporación al patrimonio histórico de la arquitectura militar, estructuras defensivas de la época que nos ocupa. Una ruta a considerar en la oferta turística de Fuerteventura.

De los silencios de la obra se abren vías de investigación sobre quiénes construyeron las fortificaciones militares, los nidos de ametralladoras y los asientos de las baterías de costa de Matas Blancas (Jandía) y Bristol, (en Corralejo), qué empresas insulares y quiénes fueron sus obreros... A considerar o retomar la presencia de miembros del batallón de soldados trabajadores forzados que vinieron a Canarias, distribuyéndose por las dos provincias, llegando a Fuerteventura, al menos, un pelotón de aquellos prisioneros republicanos.

Muy recomendable su lectura.





lunes, 2 de enero de 2023

Bibliografía sobre Puerto de Cabras

Un nuevo libro sobre los desterrados de la Dictadura de Primero de Rivera en Puerto de Cabras. La cotidianeidad de nuestra ciudad en aquellos tiempos, una vez más, de la mano de un hecho histórico que trajo a la localidad a dos ilustres confinados.

"Fuerteventura, 1924. El marqués de Cortina, don Miguel de Unamuno y don Rodrigo Soriano a cien años de su destierro. Noticias y escritos desde Canarias a través de la prensa". Aclarador título del último libro de Carmelo Cornelio Torre Torres que abre y anima a nuevas investigaciones sobre aquellos y sobre la isla como prisión.



Se trata de una recopilación de artículos sobre el destierro, escritos por los protagonistas o por periodistas en la prensa de la época, que permitirán al lector comparar las dos visiones personales. En palabras del prologuista, Marcial Morera, la realista de Soriano y la idealista de Unamuno; del político y del poeta, respectivamente.

Basándose en un supuesto olvido del hecho histórico que trajo a los tres desterrados y su estancia de dos de ellos en Puerto de Cabras, el autor hace un somero estudio sobre los otros confinados en la isla a lo largo de toda la Historia. Quizás sea esto último otra de las novedades que aporta.

Que no eran dos sino tres los que mandó a Fuerteventura la Dictadura de Miguel Primo de Rivera; que el tercero no llegó a pisar la isla-cárcel. Sobre sus vidas desgrana Carmelo unos apuntes que nos convidan a curiosear el recopilatorio de escritos que se publicaron por los desterrados y sobre los desterrados.

Desvela, por ejemplo, lo publicado en Le Quotidien, de París, como promesa de transcripción o, tal vez, retandonos a su consulta en la capital francesa. Dumay y su participación en la que el autor llama supuesta fuga o huida de los confinados.

Partiendo de la capital majorera, grande o chica, ¡qué más da!, habla de las excursiones por la isla, pues siendo tierra de destierro, la vigilancia dormía en Puerto de Cabras, donde transcurrió la mayor parte del tiempo de confinamiento...

Ofrece, en fin, una cronología sobre el devenir vital por el que transcurrió la estancia de los ilustres forzados.

Y los artículos localizados en la prensa sobre este episodio en que la historia local y la general se entrecruzan como marco de contexto de una dictadura, constituyen el grueso de la obra.

Prologado por el doctor Marcial Morera Pérez, director de la Cátedra Miguel de Unamuno en nuestra isla, es autoedición de Carmelo Torres, 2022, con subvención del Cabildo de Fuerteventura.

Lo traemos a nuestro blog en atención a que se ocupa de un capítulo de la memoria de Puerto de Cabras que, además de la dimensión universal de los desterrados, nos aproxima a unos instantes de la vida de nuestra capital en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera.

jueves, 13 de octubre de 2022

Bibliografía sobre Puerto de Cabras

Bajo el título de "El sur contra el norte. La Oposición a Puerto de Cabras en el caciquismo majorero (1892-1936)", Agustín Millares Cantero nos acerca en su libro a los últimos años del XIX y primeras décadas del XX en la política majorera.
Después de los artículos de Vicente Martínez Encinas en la década de 1970 y del propio Agustín Millares en toda su trayectoria investigadora sobre los orígenes de Puerto de Cabras; tras el corpus bibliográfico que ha supuesto el desarrollo de las Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote desde 1983-84, obras como las que presentamos merecen una atenta lectura.
Porque aborda momentos en que en Puerto de Cabras se construyen sus primeras infraestructuras portuarias y se ponen en marcha empresas como La Esperanza para abastecer de agua a la micro-ciudad; momentos en que se consolida la capital insular, tiempos de reorganización administrativa insular, de plebescito, de ley de Cabildos y de desaparición de la Diputación Provincial, de recomposición municipal, de partido judicial, de dictadura y segunda república... Tiempos de luchas caciquiles que, con trabajos como el que presentamos, dan luz sobre un importante periodo de la política majorera.



Para quien se anime a su lectura, le adelantamos los apartados en que quien fuera pregonero de fiestas de Puerto del Rosario en 1983, estructura su nuevo trabajo sobre Fuerteventura:
La sede del auténtico poder insular: de La Oliva a Las Palmas de Gran Canaria, al socaire de la terratenencia que labró el feudo politico de los oligarcas grancanarios.
Los Velázquez en el reto conservador (1892-1896).
Entre locales y plebiscitarios.
Las elecciones a Cortes por el distrito de Fuerteventura (1912-1923): orígenes y primeras versiones del Partido Majorero.
Todos los caciques con Primo de Rivera (1924-1930). El dominio de los patriotas insulares en la Segunda Repúlica.
Lo publica el Excelentísimo Ayuntamiento de Puerto del Rosario en 2021.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Las fábricas de gofio en Puerto de Cabras: molinos y molinas

 Las fábricas de gofio en Puerto de Cabras.

Recuerdos de cuando era chico: molinos de torre y molinas del Puerto.


Hasta donde la memoria alcanza pocos recordarán otros artilugios de molturación de cereales que no sean el de Peñate, luego de Juan Berriel, en la calle Fernández Castañeyra de Puerto del Rosario, anexo a la fábrica de electricidad, y la máquina del gofio de Tetir, de los hermanos Martínez Soto, hoy convertida en museo. Al menos en funcionamiento, sin entrar en las de reciente restauración, como la Molina de La Asomada o la Molina de los Trapos, más antigua, hoy derruida y cuya torre y arboladura vemos en la rotonda de la carretera a Tetir; y otras que luego veremos.

Porque las industrias de molienda que más se recuerdan en nuestro municipio son las que funcionaron con motores de gasoil, como las citadas al principio.

Veamos en primer lugar las fábricas ubicadas en el perímetro de la actual ciudad, basándonos en los recuerdos y la bibliografía consultada.

Yo recuerdo algunos molinos bastante cercanos al domicilio de mi infancia en Puerto del Rosario. No en funcionamiento, pero sí en pie la estructura del inmueble que ocupaban: unas respondían al sistema de molino macho y otras al del sistema Ortega que aquí llamamos molinas.

Pero los sacos de millo tostado los vi llevar a la Molina de Almácigo cuando su arboladura ya estaba desmontada y, olvidándose del viento, se le aplicó motor, creo que en diesel, y la máquina de Los Martín de Tesjuate, que no era más que un motor de bombeo de agua de pozo con aplicación a la molturación.

En el casco urbano, junto a la actual calle Cervantes, por debajo de la Rosa de Bernabé Felipe, recuerdo ver un edificio de dos cuartos cuadrados que albergaban el almacén y la sala de máquinas de una molina que atendía don Juan Díaz, oriundo de Pájara; recuerdo cómo se desmontó su arboladura y las vigas de madera de su torre estuvieron mucho tiempo tiradas junto a la gavia de la higuera, a la izquierda del camino, ya calle, de La Rosa.

Recuerdo que, algo más abajo, donde luego se hiciera la Sección Femenina y hoy aloja al Centro de Artesanos del Cabildo, había otra en una casa que allí se demolió; tenía paredes con esquinas redondeadas por el ángulo nordeste, propiedad de los Medina pero construida por don Indalecio Acosta en el XIX. Era una estructura muy baja y, como digo, de paredes redondeadas para ofrecer poca resistencia al viento, algo que no tenía la del camino de la Rosa.

Van dos,  y las dos, molinas. Quedan otras dos que estaban a ambos lados de la carretera de Tetir, porque la otra antigua fábrica de que tengo referencias se alojaba en molino macho troncocónico, muy cerca de la rotonda de Las Culonas, en el alto que había a la derecha de la calle León y Castillo, en línea con las casas baratas de abajo o Barriada del Rosario. En la actual avenida Juan de Bethenocurt estaban la molina de los trapos que, como dije, muchos recordamos moliendo al revés, y la de Domingo Ruiz, en medio de la bifurcación  que aquella avenida hace con el camino del Time, hoy calle Teresa López, actualmente en proceso de reconstrucción y reposición como símbolo de una actividad que también se desarrolló en Puerto del Rosario.

Socorrido de la bibliografía y la documentación para mitigar mi curiosidad, supe que la de Los Trapos, fue levantada por Agustín Pérez Rodríguez en la década de 1910, cediéndola en última instancia para su explotación a Los Oramas. Y la de Dominguito Ruiz, caminero que, en realidad, la usó como casa, perteneció y fue levantada por el tinerfeño Domingo Ángel Adrián, en la década de 1870; es la más antigua industria de este tipo en la capital majorera, utilizándose para su puesta en marcha el sistema ortega de aprovechamiento eólico. Nadie de los vivos recordamos arboladura en la molina de La Charca, pero está acreditado que este fue uno de los primeros molinos del sistema Ortega en Fuerteventura.

Después vinieron más y, en un proceso de adaptación del modelo palmero a nuestra isla, de dimensiones reducidas, como la molina de Curbelo en Almácigo, que tuvo gemelas en toda la isla y, en nuestro municipio, en donde dicen “Cho Bello”, en Zuritas, construida por Luis Perdomo Ávila para atender la producción de la finca levantada junto a los caños del agua de La Esperanza, a cuya sociedad pertenecía; la instalada sobre una loma al poniente de la montañeta del Ángel, en Casillas, o la ubicada en el centro de Puerto Lajas, cuya máquina, procedente del norte de la isla, se trasladó a la que actualmente vemos restaurada sobre el Roque, cerca del barranco de La Monja.

En el término municipal de Puerto del Rosario hubo otras fábricas de gofio de distinta tipología que se incorporaron como bienes de interés cultural al patrimonio histórico de nuestra isla en la década de 1980, siendo posteriormente restauradas para su admiración por todos.


Cuarto que alojó una molina, loma al poniente de Montañeta del Ángel, Casillas. Una estructura similar a la que hizo en Cho Bello, Zurita, Luis Perdomo Ávila y que funcionó al menos hasta 1912.


Olvidada, entre el Molino de Nemesio y el Molino de Lomo de Tetir, en Llanos de la Concepción, quedó la casa de una molina cuyos maderos estuvieron en el lugar hasta no hace mucho, donde alguien levantó una maqueta de aquella otra... Restaurada fue la arboladura de Molina de Almácigo y la Molina de La Asomada, que aún sigue en funcionamiento, atendida por el último molinero, señor Cabrera Oramas, que también puso en explotación el museo del gofio en Tetir. Y la Molina de Tefía, muy cerca del eco museo de la Alcogida, también restaurada.

Nos queda el molino de Tefía, igualmente restaurado por el Cabildo Insular en las inmediaciones del primer aeropuerto de la isla y e cuyas instalaciones se albergara la que fuera Colonia Agrícola Penitenciaria Fuerteventura, de tan tristes recuerdos para muchos.

La autosuficiencia del campesino majorero, con su aljibe, su horno de pan y sus cabritas, hizo que muchas casas dispusieran también de molino de mano, porque las tahonas de molienda con animales solían tener carácter familiar o pertenecían a familias de la aristocracia rural.

Molina de la Charca, en origen construida por Domingo Ángel Adrián en la década de 1870, teniendo varios propietarios y usuarios después, hasta Dominguito Ruiz Cedrés que la usó de vivienda.

Recorrer el municipio y disfrutar de este patrimonio es un placer que puede brindarse al visitante y a nuestros escolares para que no olviden cómo se vivió aquí hasta no hace muchos años.

Yo he disfrutado paseando por mis recuerdos y mis lecturas de cuyas notas han salido estas líneas que comparto.

Anecdotario:

La Molina de Luis Perdomo Ávila, en "Cho Bello", Zurita, protagonizó un luctuoso suceso en el que falleció un niño, hijo del caminero de la carretera del sur, Manuel Alarcón, entre la maquinaria de molienda, siendo molinero el señor Ortega Cerdeña; fue una de las razones de su cierre a partir de 1912:

Accidente mortal en la Molina de Luis Perdomo Ávila, Cho Bello, Zurita, 1912, siendo molinero el sr. Ortega Cerdeña. Fuente JABLE, Archivo de prensa digital de la ULPGC, Cuaderno de Puerto de Cabras. 


viernes, 16 de julio de 2021

Vestigios: El telégrafo

El amarre del cable de telégrafos en Playa Blanca (1909-1923)

Con frecuencia el mar nos da sorpresas. Como la de estos días, y especialmente hoy, día de la patrona de las gentes que de él viven y en él trabajan. Suele ser habitual que con las grandes mareas nos muestre vestigios como el que hoy comentamos, de los que un hijo de Casillas, me pasó unas fotos, sorprendido y preguntando que qué podía ser.

Y al tajo vamos: Cuando a fines de la década de 1910, el Telégrafo llegó a Fuerteventura, se amarró en Playa Blanca, dentro del término municipal del entonces Puerto de Cabras y a pocos metros de la "Canterita Blanca" que lo separaba, precisamente de la jurisdicción de Casillas del Ángel. En la inmediaciones del antiguo "Bikini" se habilitó una caseta, luego cubil subterráneo al que se enganchó la conexión a la capital insular.

Una línea aérea enganchada a postes de madera, llevó aquel adelanto que, por fin, llegaba a la isla. Una de las reiteradas peticiones de la burguesía majorera al Estado, especialmente desde el semanario La Aurora que, ya cansada, había cerrado tres años antes de el evento; no vio ni pudo anotar en sus páginas el amarre del cable telegráfico que, según decían, "los comunicaría con el resto del mundo".

Nuestra ciudad ya no conserva el bonito nombre de "Calle del telégrafo"; lo sustituyó en 1951 por decreto del régimen franquista, empeñado por entonces en desenterrar viejas glorias, héroes y leyendas: en todos los pueblos de la isla (le dijeron a los munícipes de entonces) se homenajeará al teniente Eustaquio Gopar Hernández, uno de los últimos de Filipinas que resistió en la ermita de Báler. Así lo hicieron en el Puerto: La vieja calle de irregular trazado y empedrada que desde la calle Barquillos (hoy Teófilo Martínez de Escobar) y playa del muelle Chico se adentraba, se descolgó de nuestro callejero. Pero ahí está en los anales, por si alguien quiere rescatar el callejero histórico y anotar en rótulos que la identifique, nombre actual-nombre antiguo, como se suele hacer en las ciudades orgullosas de su historia y su pasado.

Porque el nombre que señalamos del antiguo callejero, se adoptó en las décadas finales del siglo XIX como un objetivo más de las fuerzas vivas de entonces: Nos comunicaremos con el mundo -se decían... Bueno, les llegó en la centuria siguiente y no dejaron de pregonarlo en su memoria.

Y como lo hacen las mareas desde tiempo inmemorial, en estos días aparecen en Playa Blanca tres gruesos cables que allí se amarraron, detrás del antiguo "Bikini", punto de arranque de la línea aérea que llevaría los hilos de cobre hasta a la oficina de Telégrafos que estuvo en la calle de La Marina, junto a los Cuarteles, y se trasladó al alto de la calle Guise, a la que, precisamente, llegaba perpendicular desde la orilla la calle del Telégrafo.

De los boatos en la inauguración ya hemos hablado en otras entradas de nuestro blog, cuando el maestro Manuel Déniz Caraballo llevó a sus pupilos a contemplar tan grande acontecimiento: estaban viendo la "fibra óptica" de aquellos tiempos.



Así es que el paseante que se tope con estos cables, con estos vestigios del pasado de las comunicaciones en Fuerteventura, sabrá que envuelven el primer cobre que llegó a la isla para dotarla de la telegrafía con hilos, que desde la "Canterita Blanca" conducía a Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario, donde funcionó la primera estación telegráfica de este tipo, muy cerca del paseo que actualmente se construye hacia Playa Blanca.

Copyright Francisco Javier Cerdeña Armas

[Los fotos son del amigo Gregorio Rodríguez]