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miércoles, 11 de mayo de 2022

El Puerto de Los Jardines

 Evocación de un paseo por las entrañas del volcán de Vega de Río Palmas, el 8 de mayo de 2022.

El Puerto de los Jardines. Tal es el topónimo que, entre otras cosas, propone rescatar de los entresijos de la Historia Manuel Barroso en su libro La Virgen de la Peña de Fuerteventura, su historia, sus coplas [Autoedición de 2008,DL GC-563-2008], coincidente en su planteamiento con el que publicó el mismo año Rosario Cerdeña, La Virgen de la Peña [Cabildo de Fuerteventura 2008, DL 1012-2008].

El énfasis de uno y otro autor sobre la primera capilla de Fuerteventura y el Puerto de los Jardines me recuerda a una pregunta que nos planteó en la década de 1970 el desaparecido Francisco Navarro Artíles: ¿Y si el Puerto de Los Jardines mencionado en las crónicas de la conquista de la isla fuera un puerto de montaña?

¿Un puerto de montaña en Fuerteventura? - siguen preguntando algunos. Pues sí. No era para menos: tras arrimar su barco a las arenas de Ajui, la gente de Bethencourt se adentró barranco arriba, entre palmeras y tarajales: a la izquierda, La Madre del Agua, un naciente que brota en uno de los afluentes que vierten en este cauce, casi a la misma distancia que el de Mezque, a la derecha. Podríamos adivinar a los majoreros oteando el avance de la tropilla invasora desde el Llano del Sombrero, los seguirían por sobre la montañeta de "Teta de la Vieja" para perderlos de vista en el desfiladero de las Peñitas.

Los normandos, atraídos por aquel monumento natural que hoy sabemos de traquitas, sienitas o gabros, admirados por tantas palmeras que brotaban como gritos verdes en el desierto, tuvieron serias dificultades para subir por la resbaladiza garganta, por aquel corte tan abrupto del terreno. Pero animados por los charcones de agua y el verdor conque se encontraron al otro lado, se sintieron entrar en los jardines del terruño isleño; ante sus ojos se expandía un oasis atravesado por el discurrir de las aguas permanentes en medio de un valle de palmeras, por entre morretes y vaguadas aún sin nombre, camino de la que llamarían Betancuria.

En aquel desfiladero, en aquel Puerto de los Jardines, se hizo la primera capilla no sacralizada para acoger la imagen de una Virgen de piedra pequeñita que habían traído los conquistadores. Nos lo recuerdan los estudiosos citados, insistiendo en que la noticia ya estaba en las crónicas normandas de la conquista, aprovechando Barroso para desmontar otras teorías que ubicaron estos hechos y topónimos en Pozo Negro, al otro lado de la isla.

Y, junto a aquel Puerto de los Jardines, digo yo, una de las primeras vegas de cultivo que se repartieron tras la conquista, a la vera del Rio de Palmeras y que, andando el tiempo, tornaría en secular topónimo de Vega de Río Palmas pues, para nosotros, como para nuestros antepasados, palma y palmera vienen a significar lo mismo; y no es casualidad que el Morro del Sargento sea otro de los nombres que rastreamos en la Toponimia del lugar.





La presa de Las Peñitas, nos recuerda Barroso, sepultó para siempre, en la primera mitad del siglo XX, el idílico paraje que contemplaron los primeros normandos que llegaron al corazón de la isla para colgar en el andamiaje de la Historia el Puerto de los Jardines y la Ermita de Malpaso; yo diría que un entorno en el que vencedores y vencidos, normandos y majos o majoreros, se distribuyeron la propiedad y el usufructo del territorio que luego explotarían colonos de distintas procedencias.

Estas son las propuestas y sugerencias que animan a releer distintos aspectos de los primeros momentos de la conquista y evangelización de Fuerteventura, justo ahora que son más de seiscientos los años del convento de San Buenaventura, pues en ese marco sitúo yo alguna de las tesis de Barroso en la obra mencionada sobre el hallazgo de la imagen de la patrona de la isla y sus protagonistas; y la idea del Puerto de los Jardines y la primera capilla en la que, al parecer, los dos autores mencionados coinciden.

Sin embargo, el primero de los autores citados, llama guanches a los majos; desentrañando errores yerra, pues es profusa la denominación que atribuye a los que, al menos, debió llamar isleños o nativos. Y así la idílica imagen del puerto de montaña que tratamos se restituiría a sus legítimos dueños, los majos. Un pueblo que allí vivía tranquilo, sabedor de que, algún día, una de las velas que veían sobre sus mares, se detendría junto a la costa para acabar con su paz. Obvia este autor el genocidio que en aquellos tiempos se estaba produciendo y se produciría en el resto de islas...

El pasado día 8 de mayo, La Sociedad Geológica de España nos llevó en su Geolodía 2022 a este trozo de Fuerteventura para ilustrarnos de que la Historia Geológica quiso que hace millones de años, cerca del desfiladero de las Peñitas, del Puerto de los Jardines, se abriera la fragua de Vulcano; que por aquí circularon las rocas líquidas en las profundidades de un volcán que, según los especialistas, llegó a tener un cono de más de tres mil metros de altitud... Que en el entorno de Rio Palmas estaríamos cociéndonos en el leve suspiro que para estas fuerzas sería la historia de la Humanidad en el proceso ígneo de formación de la isla.

Una casualidad que, precisamente en este berrocal inmenso, entre peñascos, se fraguase la leyenda del redescubrimiento de la Virgen de alabastro que escondida y acaso olvidada, dejaron los normandos para que los franciscanos del viejo convento levantasen el germen de la evangelización de Fuerteventura y de Canarias.

Con el Geolodía 2022 pateamos las entrañas del extinto volcán para comprender el origen de tan singular paisaje en Vega de Río Palmas. A través de las distintas rocas y la distribución de sus afloramientos sobre el terreno, los técnicos nos enseñaron a ver lo que fue la boca del infierno y los sucesivos arcos que, en su día, dibujó el magma terráqueo en su empuje, abriéndose camino sobre la isla más antigua de Canarias. De nuevo la casualidad conectó el efímero devenir de nuestra especie con la inmensidad geológica del planeta que, como tal, se ha permitido prescindir del cono volcánico para regalarnos la vista de este puerto de montaña, berrocal único en las islas, donde la Historia escondió el Puerto de los Jardines.

Copyright Francisco J. Cerdeña Armas.