viernes, 22 de septiembre de 2017

Dar a cada uno lo suyo: Pioneros de El Charco


Una aclaración necesaria: Miguel Gil estuvo entre los pioneros



Días atrás dedicábamos una de nuestras entradas a los orígenes del barrio de El Charco, en Puerto del Rosario; marcábamos allí algunos de los hitos constructivos y a la vez que citábamos a la tiendita de Andrés Fabricio en la calle Juan XXIII, quisimos poner el almacén que tuvo Miguel Gil Martel en la calle Gran Capitán, esquina a Almirante Lallemand. Y nuestros lectores-colaboradores, como no podía ser de otra forma, me avisaron de que no fue dicho Gil el que montó el almacén, sino Alonso Hernández.

Me había expresado mal. Lo que se intentó decir trayendo a colación aquellos negocios fue que ambos negocios, como los hornos o la carpintería de Mingoro, eran testigos arquitectónicos de la urbanización que progresaba hacia la Rosa del Viejo.

Justo es reconocerlo. Solo quisimos fijar, insistimos, uno de los hitos en el desarrollo urbanístico de la zona mencionada en el almacén que regentó Miguel Gil, pero sin voluntad de elevarlo a categoría de fundador, ni mucho menos; hubo otros, efectivamente, como nos recuerda Victoriano Machín.

Y Nano, como Tomás Chocho, insistía: el almacén del consorcio lo hizo Alonso Hernández, de quien Miguel Gil lo adquirió y continuó como almacenista al por mayor. Porque, decían, dicho Alonso estaba vinculado a la oficina de abastos, de la que no recordaban otros funcionarios que Juan Martín Alonso, Pepe Melián y el que ahora nos ocupa.

Pero ¿quién era Alonso Hernández?

Alonso Hernández y Hernández fue un mayorista que tomó el relevo a la casa comercial que Luciano Vega Ramírez abrió en Puerto de Cabras en tiempos del Mando Económico de Canarias (1941-1946) y actuaba como representante de la Delegación de Abastecimientos y Transportes. Es decir participaba en el transporte y distribución de los artículos de racionamiento en la isla.

La sede de aquella empresa estuvo en varios locales del Puerto: en la calle Juan Domínguez Peña, junto al depósito de víveres de la Intendencia Militar de Fuerteventura y en la calle León y Castillo, donde hoy está el Camelot. Era lo que muchos recordarán como El Consorcio de Abastos o, simplemente el Consorcio (algún día habrá que contar la trayectoria de este local que también sirvió de acuartelamiento de tropas expedicionarias en tiempos del Mando Económico, y acogió a la sede insular de Falange Española Tradicionalista y de las JONS en la década de 1950, entre otros usos).

Cierto es que a nosotros nos confundió un detalle de la historia del barrio de El Charco: el colegio Primo de Rivera, primer edificio que se construyó en Puerto del Rosario con fines estrictamente docentes, lo construyó el Mando Económico sobre terrenos del armador Andrés Rodríguez González que denunció la usurpación por tener allí aljibe para aguada de sus barcos, en lugar relativamente cerca del carenero de la zona; que dicho naviero tenía entre sus descendientes a quien sería esposa de uno de los empleados de Alonso Hernández, justo el que mencionamos como aparente pionero.

Por nuestra parte, seguimos repensando nuestra historia local con aportaciones como las que aquí han quedado reflejadas. No obstante, para quienes lo deseen, este barrio de Puerto del Rosario ya cuenta con un libro escrito por sus propios vecinos a través del grupo comunitario coordinado por Inmaculada de Armas Morales en 1999, disponible en PDF en la Web de la Biblioteca Pública Municipal de Puerto del Rosario.