martes, 15 de agosto de 2017

Fuerteventura en la retaguardia: 1937

Una visita oficial a Fuerteventura en 1937
Que nuestra isla había quedado "automáticamente" en el bando de los sublevados contra la República Española, como casi toda Canarias, nos lo reflejan crónicas de viaje como la que publicó Sebastián Jiménez Sánchez en 1937.
Este autor, vinculado a la sociedad El Museo Canario, donde a la sazón desempeñaba las tareas de secretario, publicó mucho sobre la arqueología de las islas orientales y en la crónica que nos ocupa nos colocó bajo el prisma de la observación etnográfica y la lupa de la nueva realidad política que se imponía en el archipiélabo: la comitiva venía -según escribió- a redimir a Fuerteventura del secular atraso elaborando un informe del que se derivarían algunas obras hidráulicas y viarias para la isla, algunas ya iniciadas en la etapa anterior.
Y como en los tiempos finales del siglo XIX, se pasearon por nuestro terruño isleño que se les antojaba exótico y atrasado más allá de Puerto de Cabras o de Gran Tarajal; algunos miembros de la expedición buscaban los tesoros olvidados por la Historia en Fuerteventura, lamentándose, por ejemplo, de que algún templo no estuviese en Gran Canaria para ser admirados por todos (!¡).
Dejando a un lado el aspecto político del viaje oficial de las autoridades y técnicos que le acompañaban, y de la vertiente propagandística y organizativa en tiempos de Guerra Civil, de tiempos en que majoreros como Matías López Morales "morían como quienes decían ser" en La Isleta, nos centraremos en subrayar algunas de las ideas preconcebidas que se tenía acerca del patrimonio histórico majorero.
Porque de este viaje el propio Jiménez Sánchez (1904-1983), levantó acta del día a día de la expedición y lo plasmó sucintamente en la publicación "Viaje Histórico Anecdótico por las islas de Lanzarote y Fuerteventura" que vió la luz, como dijimos, en el "Segundo Año Triunfal", y del que nuestro Cabildo Insular compró, al año siguiente, varios ejemplares para repartir entre las escuelas.
Y porque la sensibilidad de este autor con nuestra isla quedó reflejada a través de sus cargos: dos años después del viaje asumiría el de Comisario Insular de Excavaciones Arqueológicas de Gran Canaria y Comisario Provincial en 1941; razones por las que repitió sus viajes a Lanzarote y Fuerteventura en las décadas posteriores, dando luz sobre el pasado aborigen.
En la expedición de 1937 -tenemos que mencionarlas- venían autoridades y técnicos de Gran Canaria para recorrer y estudiar las otras dos islas del grupo oriental para proponer opciones y proyectos de "redención" ya que a sus ojos, ambas islas estaban faltas de protección.
Además del autor, la comisión estaba integrada por las siguientes personas y autoridades:
- Presidente dela Mancomunidad Interinsular de Cabildos de Las Palmas, sr. De la Nuez.
- Presidente del Cabildo de Gran Canaria, sr. Limiñana.
- Presidente de la Junta Provincial del Paro Obrero, sr. Pérez Conesa.
- Jefe del Grupo de Puertos de Arrecife, sr. González Negrín.
- Ayudante de Obras Públicas y Jefe de la Sección de Obras del Cabildo de Gran Canaria, sr. Benítez Padila.
- Ayudante Principal de la Junta Administrativa de Obras Públicas de Las Palmas, sr. Madera Pérez.
 
Estos siete "magníficos" fueron recibidos en Gran Tarajal al amanecer del día 9 de julio, despúes de menearse una noche en el correíllo La Palma. La recepción oficial en el muelle de aquella localidad corrió a cargo del Delegado del Gobierno en Fuerteventura, Gerardo Bustos y Cobos (forense de Puerto de Cabras), del Presidente del Cabildo de Fuerteventura, Ramón Peñate Castañeyra (Comerciante y responsable del suministro eléctrico de la capital), del Alcalde de Tuineje, Juan Morales (falangista y maestro nacional), y del Alcalde de Puerto de Cabras del que no sé por qué no da su nombre, yo lo hago: Ceferino Erdozaín Elizalde (luego sustituido por el falangista Juan Medina Berriel).
Ante de iniciar su recorrido por la isla picaron algo en casa de don Esteban López y se dirigieron en guaguas a Tuineje, donde visitaron las obras de la casa consistorial y la iglesia.
Luego subieron a Pájara, donde visitaron su templo y donde el señor Benítez Padilla se hartó de hacer fotos y de tomar muestras petrológicas para El Museo Canario, al que también estaba vinculado.
Camino de la Villa se detuvieron para contemplar las obras del embalse de la Peñitas mientras Benítez y Madera recorrían la cuenca para recoger muestras.
Se asombraron de los exvotos y ¡fotografías dedicadas a la Virgen! por los favores recibidos de la patrona insular colocados en su Santuario de Vega de Río Palmas.
En Betancuria se explayó Jiménez Sánchez, lamentándose por el expolio de la iglesia de San Buenaventura y del Convento Franciscano y trayendo a colación al único que había denunciado el desatino desde su puesto en la Academia de Bellas Artes, el señor Anasagasti.
A mediodía del 9 de julio se dieron la vuelta y, sobre sus pasos, tornaron a Tuineje para, desde allí, visitar Antigua y atajar camino por Triquivijate en dirección a Puerto de Cabras, donde les aguardaba el opíparo almuerzo que les ofrecían las autoridades locales e insulares en la fonda de La Herreña.
Y con las barrigas llenas y los ánimos acuosos por los efluvios báquicos, recorrieron el Puerto de Cabras en tiempos de la Guerra Civil, silencioso y blanco, solitario y triste a aquellas horas de la tarde en que muchos de los habitantes sentían la ausencia de los movilizados en el frente.
El párroco Bruno Quintana y los falangistas Francisco Medina y Donato Cabrera hacían de cicerones en el vespertino paseo, aguardando bajar la comida para emprender el camino de La Oliva, cosa que hicieron al atardecer, con la fresca.
Y allá los recibió el alcalde olivense cuyo nombre no menciona pero que yo les digo: Marcial Viñoly Ravelo, y el secretario del ayuntamiento, junto al Jefe Local de Falange, Ildefonso Chacón Pérez; comieron en casa de la dueña de la tiendita cuyo nombre lamento no recordar, y se fueron a dormir como coroneles en la Casa de la Marquesa, adonde habían sido invitados por Cristóbal Bravo de Laguna.
Amaneciendo el día 10 de julio visitaron las obras del consistorio, ¡los aljibes! y el templo de Nuestra Señora de Candelaria acompañados por las autoridades locales antes dichas. Luego, en coche, emprendieron viaje a Tostón pasando por Lajares. Y allá, en la orilla, anotaron la conveniencia de construir un muellito dando la espalda a la torre-castillo a la que el autor niega valor alguno.
Se dieron la vuelta y, para el Puerto, pasando por la Matilla y Tetir que apenas habían visto la víspera y que entonces patearon, al menos los dos curiosos Benítez y Madera, que llegaron hasta La Herradura, tomando datos para la presa que allí se construiría.
Había llegado el día señalado para el objeto de la misión: constituir la Junta Insular Administradora de los Fondos del Paro Obreroel 10 de julio. Se verificó en el salón de la Delegación de Gobierno, que es lo mismo que decir en el del Cabildo de Fuerteventura, nombrándose presidente de dicha junta al Delegado del Gobierno, un consejero de cabildo como secretario-contador, un vocal técnico en la persona de Ruperto González Negrín y por el Jefe Insular de FET y de las JONS.
 
 
Colofón de aquella reunión constitutiva fue el almuerzo ofrecido por el Cabildo, tras el cual encomendaron al capitán del motovelero "Bartolo" que operaba en la bahía, que los recogiera al despuntar el día siguiente en Corralejo, pues ellos salieron de nuevo a pasar la segunda noche en la Casa de Los Coroneles.
Antes de regresar a La Oliva, se acercaron al Casino de Puerto de Cabras, donde el señor Benítez Padilla recibía de Francisco Medina Berriel, para El Museo Canario "unos manuscritos antiguos de cierto valor histórico, relativos a fundaciones y mandas religiosas en la iglesia de San Pedro de Alcántara de Ampuyebnta, y otros legajos referentes a particiones testamentarias de principales familias y declaraciones de cristiano viejo". Si escuchamos lo que escribió el autor, junto a las toscas y piedras que ya cargaban como muestras, se llevaron esta parte del patrimonio documental majorero y de la historia de Ampuyenta.
Aquel atardecer del día 10 de julio emprendieron la marcha hacia La Oliva, no sin antes detenerse en el recién terminado depósito de aguas junto al Camino del Time, a la salida de Puerto de Cabras, hoy conocido como La Charca.
Tras remontar la Cuesta de Perico contemplaron la explanación de un campo de aterrizaje para la aviación de 500x600 metros cuadrados, junto a la carretera; aquel que luego sería Aeropuerto de El Viso, cerca de Los Estancos.
Cenaron en la hospedería regentada por la dueña de la única tienda del pueblo, de cuyo nombre sigo sin acordarme, en La Oliva y se fueron a dormir -por segunda vez- a la mansión de los coroneles para levantarse muy temprano el 11 de julio; habían de llegar a Lajares, donde contrataron con tres camelleros la caravana de cuatro bestias que los acercaría a Corralejo.
Pronto avistaron las dos lenguas de mar que separaban las tres islas (Fuerteventura, Lobos y Lanzarote); a unos quinientos metros de Corralejo lucía fondeado el motovolero "Bartolo".
A hombros de porteadores, en la playita, subieron a las dos lanchas que los acercaron al barco en que cruzarían la Bocaina rumbo a Lanzarote.
Dos días después, el 13 de julio, a las tres de la tarde entraba en la bahía de Puerto de Cabras el correíllo "Gomera", a cuyo bordo venían los miembros de la comisión que nos había visitado con la intención de ver lo que se perdieron de Fuerteventura cuando atajaron por Triquivijate el día 9, rumbo a la capital, o sea: Casillas del Ángel y La Ampuyenta y, de allí a Gran Tarajal donde cenaron en casa del consejero de Cabildo Lucas de Saa Camejo y, a las diez de la noche embarcaron en el "Gomera" para regresar a Gran Canaria.

 


[La obra que hemos glosado se puede consultar en Memoria Digital de Canarias, de la ULPGC]