sábado, 15 de marzo de 2014

El servicio postal y los carteros rurales

Reapertura de la oficina postal de Puerto de Cabras, 1914

Hace cien años, en 1914, se puso en funcionamiento la oficina postal de Puerto de Cabras, siendo su primer administrador don Juan Salvá y Pons, al que sucedió el majorero don José Medina Berriel y, a su jubilación, el hijo de este pueblo, don Alfonso Felipe Domínguez; luego llegarían los trasladados don Rodrigo García Poves, que inauguró las dependencias que se abrieron en 1968 y quienes le sucedieron en el cargo.

Con anterioridad ya había funcionado en Puerto de Cabras aquella dependencia postal desde al menos 1873 a 1891 en que fue suprimida.
En 1909 se había organizado el servicio postal estableciendo conducciones a caballo desde Puerto de Cabras a La Oliva por Tetir, y desde Puerto de Cabras a Antigua Por Casillas del Ángel.
Diez años después, en 1919, la Dirección General de Correos creó la administración central de Las Palmas de Gran Canaria (más tarde de Las Palmas, en consonancia con el decreto de división provincial de 1927) y reorganizó el servicio postal de Fuerteventura con una conducción de Puerto de Cabras a Gran Tarajal y carterías rurales en Tetir, Casillas del Ángel, La Ampuyenta y la de Puerto de Cabras… después llegarían las Carterías de Enlace Puerto del Rosario-Salinas del Carmen por el Matorral y la de Puerto del Rosario-Guisguey-Time, por Puerto Lajas, entre otras; convertida ya la de Puerto del Rosario en Oficina Técnica de Correos y Telégrafos.
Aquellas fueron las líneas de reparto cubiertas por nuestros carteros rurales que se han ido simplificando y modernizando.

Pero la figura del “cartero rural” en sentido tradicional, de persona cercana y entrañable está en trance de desaparición, seguramente esperando un sentido homenaje; aunque ya pocos quedan de la época en que nuestro municipio y nuestra isla eran deficitarios en carreteras; los tiempos a que nos referimos (décadas de 1940-1970).

"Juanito el Cartero", escultura de Silverio López Márquez en la rotonda de entrada al valle de Tarajalejo (Tuineje). [Foto de Berto García Méndez]
 

Este funcionario conocía a todos y cada uno de los habitantes de los pagos en que ejercía su trabajo repartiendo la correspondencia y adivinando muchas veces quién era el destinatario de tal o cual envío por el simple apodo o por una anécdota que quedó en la memoria colectiva.
A él acudían los suministradores de servicios o de reparto de mercancías en demanda de ayuda, a los que respondía planteándose reflexiones como ésta, poco más o menos: “Curbelo…y cómo dice que es el segundo apellido… Ah, claro, este viene a ser el chico de Eulalio…pero… ¡ahora está en Villa Cisneros!”; todo un ejercicio de genealogista y conocedor de las familias del lugar, parangonable con el cura o el maestro.
El cartero rural llegaba a ser un auténtico “perito conocedor”, siendo buscado para esclarecer propiedades, porque no sólo conocía las familias: también las tierras y hasta las marcas de ganado y, como decíamos, hasta los nombretes, que usaba discrecionalmente para amueblar su memoria.
Hacía de escribano y lector a domicilio ayudando a quienes no tuvieron posibles o les faltó tiempo para aprender a leer y escribir, no por desidia, sino por tener que ayudar a la familia en las tierras, con el ganado y hasta en la casa…
Aguardado en los pueblos, el traía las pensiones y subsidios de los mayores y les entregaba los giros que los muchachos les mandaban desde sus lugares de trabajo cuando emigraban o estaban en el cuartel…
Por eso muchas veces ejerció también de comisionado cuando no de alcalde de barrio.
Eran nuestros carteros rurales los antiguos peatones que “circulaban” los oficios y la correspondencia oficial y particular primero a pie, luego a caballo, después en bicicleta y más tarde motorizándose con motocicletas y coches, hasta nuestros días.


La “casa del correo” o la “casa del teléfono” en nuestro pagos fue señalizada con un cartelito y se acompañaba la primera con el oportuno buzón.

El primer edificio postal de Fuerteventura se construyó en Gran Tarajal, Tuineje, en la década de 1950, con fondos de Regiones Devastadas. Una obra que contrarrestaba las inversiones de otro edificio oficial en Fuerteventura: La Delegación Insular de Gobieno de Puerto de Cabras.