lunes, 2 de diciembre de 2013

Mini crisis sanitaria en Puerto de Cabras, 1906

O el cabreo de la autoridad militar por el bloqueo civil al atraque del Viera y Clavijo alegando supuesta enfermedad en procedencia.

Los hechos de este curioso incidente se produjeron en diciembre de 1906, apenas ocho meses después de haber pisado nuestro muelle el Rey de España,  Alfonso XIII. Guarnecía la plaza el Batallón Cazadores de Fuerteventura número 22, implantado aquí dos años antes y uno de cuyos jefes se arrogó funciones gubernativas que, en todo caso competían al Delegado y, en su defecto, al alcalde. Dispersas en la prensa de la época nos topamos con este asunto en el que fue puenteado el propio superior militar, Santiago Cullen Verdugo.

Entonces Canarias era una sola provincia, con capital en Santa Cruz de Tenerife, donde residía el Gobernador Civil, existiendo un subdelegado de Gobierno para las islas orientales… La duda se la planteaba el propio alcalde de Puerto de Cabras al tomar decisiones gubernativas que si bien correspondían al Delegado, la premura de los acontecimientos exigía que las tomase él, máxime cuando la cabecera del partido judicial se encontraba en Arrecife de Lanzarote, al otro lado de La Bocaina.

La situación en Puerto de Cabras era de alarma por la enfermedad contagiosa existente en Santa Cruz de Tenerife, o eso creían  las autoridades locales: la Junta Municipal de Sanidad decidió cerrar el Puerto a cuantos buques llegaran de aquella procedencia, y así lo comunicaron al Delegado Especial de Gobierno en Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura el día de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre.
Dicho Delegado intentó pacificar los ánimos, pero el Alcalde de la localidad, José Castañeyra, si bien logró serenar a la Junta Municipal, no sabiendo si podría contener los exaltados ánimos del pueblo que pedía que el Viera y Clavijo fuera primero a Gran Canaria, decidió alertar el día 13 a dicho delegado especial de Gobierno, partipándole lo sucedido:
“Al ver en el muelle, a la llegada del vapor correo, a la Guardia Civil armada, me acerqué (nos contaba el alcalde) al cabo del puesto y le pregunté que qué autoridad le había reclamado y me contestó: una autoridad. A lo que no añadí una palabra más. Desde el día anterior a la llegada del correo, me manifestó dicho Teniente Coronel [Peñuelas Calvo] que formaría la tropa y sobre todo había de saltar su hijo que presumía estuviera a bordo y según tengo entendido fue dicho señor Teniente Coronel el que dio orden a la Guardia Civil para tomar las armas. Como creo que el Alcalde en pueblos donde no haya superior jerárquico es la autoridad gubernativa, creía tener derecho de saber por qué eran esos alardes de fuerza en la vía pública sin creer que esto fuera insulto a la fuerza armada.”

El día 23 de diciembre el alcalde de Puerto de Cabras volvía a pedir al Delegado Especial de Gobierno en las islas orientales que remitiese en el vapor Gavilán desinfectantes y una estufa de desinfección para garantizar la sanidad pública y la tranquilidad de los ánimos de la isla.
Ante las exigencias del Gobernador Civil sobre la obligación de recoger el correo, el alcalde le contestaba que aquí no se negaron a recoger la correspondencia del Viera y Clavijo; que fue su capitán quien se negó a entregarla si no se le admitía “a libre plática”. Luego envió esa alcaldía a bordo del correillo al médico titular, obteniendo la misma negativa, continuando el buque para Lanzarote.
A la vuelta de Arrecife, el Viera y Clavijo fondeaba en la bahía de Puerto de Cabras, donde echó un bote que se acercó al muelle con el sobrecargo que traía órdenes de no entregar la correspondencia que reclamaban.
El alcalde de Puerto de Cabras se atrevió a exigir al Gobernador Civil que hilase fino y exigiera a todos los buques que zarparan de Santa Cruz para Puerto de Cabras, fueran despachados directamente a este Puerto para que una vez desinfectados, hicieran las otras escalas en Fuerteventura. Y es que lo habitual era que los patrones y capitanes que venían a nuestra isla saltaran en cualquier playa, estuviesen o no habitadas, dando así trabajo a carreteros y camelleros.
El día 27 de diciembre se produce una nueva vuelta de tuerca, agravándose la situación al romper Puerto de Cabras las comunicaciones con Casillas del Ángel y con Tetir durante dos días. A La Oliva, que reclamaba desinfectantes, se le contestó negativamente por las autoridades del Puerto.
En el fondo de la cuestión bullía la certeza de que en Tetir tuvo que ser reconocida una pasajera procedente de Santa Cruz de Tenerife, hacia cuya Vega fue el médico titular del muncipio de Puerto de Cabras, Domingo Hernández González, que desinfectó sus bienes.



Una actitud que en las circunstancias sanitarias que se vivían y según la prensa de la época, pudo haber provocado un motín en el muelle de Puerto de Cabras aquel diciembre de 1906. La dotación de desinfectantes, los contrastes médicos y la serenidad resolvieron un conflicto que se diluyó sin mayores consecuencias…