jueves, 19 de diciembre de 2013

El antiguo almacén de tomates de Gran Tarajal y los cabildos

Un espacio ideal ubicado en la calle León y Castillo esquina a calle Sabandeños, acoge la exposición del Centenario de los Cabildos Insulares.
Brillante iniciativa, sobre todo si coincide con el atraque de cruceros en prueba. El espacio que ofrece aquel inmueble es excelente para este tipo de actuaciones y muestras. Pero ¡ay, si las paredes hablaran...! Allí se escucharía el clamor de muchos años de actividad de un sector que dio vida y trabajo durante años a toda la comarca sur de Fuerteventura, por no decir a toda la isla: el tomatero.
En tiempos de zafra la población casi se triplicaba, ocupándose en tareas del sector que iban desde la preparación de las tierras hasta la exportación por el muelle construido en Gran Tarajal a principios de la década de 1920... Y es que hasta las cajas se reparaban en los domicilios para complementar los salarios y las economías familiares.

Mujeres reparando cajas de madera para el tomate, Gran Tarajal, Fuerteventura.

La evocación viene a cuento porque hoy es posible recuperar y, sobre todo, difundir el rico patrimonio etnográfico ligado al sector tomatero, escuchar las voces grabadas de los viejos y de los no tan jóvenes que allí trabajaron: películas y testimonios sonoros de ayer junto a la fotografía darían vida, sin lugar a dudas, a un verdadero espacio de exposiciones en uno de cuyos rincones pudiera alojarse la memoria colectiva de allí y de toda Fuerteventura, como homenaje a quienes, de verdad, apostaron e hicieron posible el puerto de Gran Tarajal, a quienes con su trabajo, escribieron la historia de buena parte del siglo XX en el sur de la isla.
Porque apostar por el Puerto del Sur ya lo hicieron los Velázquez a finales del siglo XIX, con el reparto de la costa, y los siguieron en el empeño los "Caballeros de la Orden del Sur", con Matías López, al despuntar el nuevo siglo, y otros que continuaron en la misma línea, soñando con su muelle.
Por fin un espigón iluminó las expectativas del "puerto frutero". El alumbramiento de aguas subterráneas, la implantación de los molinos de bombeo, el cultivo del tomate y la primera cooperativa agrícola de la isla, hicieron el resto.
Por tanto, exposición homenaje a los Cabildos, sí; pero también compromiso de continuidad en el sentido de brindar a  la localidad la oportunidad de mostrar una actividad que dio vida e identidad a esta comarca sureña.
Sería el mejor homenaje de respeto a los antepasados y a nuestra propia historia económica ya que, además de rezar, también trabajaban. Que no se postergue y olvide como aquel otro epígrafe de la economía insular como fue la piedra de cal, la cal o el yeso... Y de paso ofrecer algo más al visitante y a nuestra gente, grandes y chicos, en sus paseos por la isla.