domingo, 10 de noviembre de 2013

Tetir y su Cofradía de Ánimas, 1779-1800

Los primeros momentos de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán.

En la Fuerteventura del siglo XVIII asistimos al desmembramiento de los dos Beneficios de Betancuria, detentados por la Villa capital desde 1533. Primero fue el obispo Juan Ruiz Simón quien planteó a Felipe V la conveniencia de erigir nuevas parroquias en la isla, logrando que por Real Cédula de 12 de marzo de 1708 se crearan dos parroquias sufragáneas en Pájara y La Oliva. Tres años más tarde, en 1711, fueron consagradas como tales ayudas de parroquia las iglesias de aquellos lugares. En 1764 serían los vecinos de Tetir quienes gestionaran ante el Obispado la erección de un curato en su pueblo.
El visitador episcopal Miguel Camacho se encargó de practicar en Fuerteventura los informes previos correspondientes; en ellos se recogían testimonios de muy diversa índole, pero abundantes en las largas distancias que moribundos y recién nacidos habían de soportar para recibir los Santos Sacramentos en Betancuria. Algunos, como Rafael Jorges redundarían en que el nuevo curato podría asistir a los pagos de Casillas, El Time y La Matilla.
A la par que estas gestiones se amplió la ermita de Tetir, aumentándola por su cabecera con un amplio presbiterio o capilla mayor y, más tarde, a finales del siglo XIX, por los pies, con la construcción de la torre fachada que hoy vemos, en paralelo languideció la antiquísima ermita de San Andrés, al otro lado de la montaña de su nombre.

Torre fachada de la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán, Tetir, 1885. [foto aportada por Paco Cerdeña]

Pese a todo, fue en 1773 cuando el Síndico Personero General, Bernardo Alonso Rodríguez y otros otorgan ante el escribano Nicolás Antonio Campos, concretamente el 2 de junio, escritura de petición y dotación de una ayuda de parroquia en la ermita de Tetir, “…obligándose a mantener los ornatos necesarios, a construir una casa junto a la iglesia para alojamiento del párroco, y asimismo a contribuir con 50 pesos anuales, yunta y peón en tiempo de sementera…”. Efectivamente es a partir de esas fechas cuando se agilizaría el tema, hasta concluir con el Decreto de erección emitido por el obispo Juan Bautista Servera el día 21 de abril de 1777.
Asistiría este curato a los pagos de El Time, Guisguey y Casillas del Ángel, aunque con las reestructuraciones parroquiales de 1787 y 1792, (ésta última llevada a cabo por el obispo don Antonio Tavira y Almazán en su visita a la isla), se pusieron definitivamente bajo la jurisdicción de Tetir los pagos de Guisguey, El Time y La Matilla, mientras Casillas del Ángel se convertiría en parroquia. Andando el tiempo la jurisdicción de Tetir se incrementaría con los caseríos de La Asomada, Los Estancos y Puerto de Cabras, que hasta entonces mantuvieron una escasa entidad como tales.
Y es a partir de la erección de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán cuando encontramos noticia de tres cofradías o hermandades allí fundadas: la del Santísimo Sacramento, la de las Ánimas y la del Rosario, cuyos símbolos y altares nos encontramos hoy en el propio retablo mayor, en el colosal cuadro de Ánimas y en el de Nuestra Señora del Rosario.
Se trataba de hermandades de legos dirigidas por un sacerdote o miembro del clero secular, conforme se recoge en sus propias constituciones, siendo autorizadas por el Ordinario para ayudar al clero en las tareas del culto. Con sus opas y túnicas de colores, sus medallas y hachas, asistieron a las festividades de sus respectivas advocaciones organizando las procesiones y demás aspectos externos del culto en el día de Santo Domingo de Guzmán.
Su lugar de reunión fue la propia sacristía de la iglesia y allí, por voto secreto, veían las solicitudes escritas de nuevos ingresos de cofrades.

La Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio.
Aunque no se deja constancia de la fecha de su fundación, sí sabemos que llevaba su propio libro de fábrica o de cuentas, desde al menos 1781, constando un nombramiento de mayordomo en la persona de Juan Álvarez Vallejo, expedido por Fray Joaquín de Herrera en 20 de noviembre de 1779.
Al tratarse de cuentas de fábrica, no sabemos nada acerca de sus fundadores y reparto de cargos: sólo el de mayordomo de cuentas, que recayó sucesivamente en las personas de Juan Álvarez Vallejo (1779-1782), Esteban Álvarez Vallejo (1782-1787), Antonio Eusebio de Quintana (1787-1791) e Ignacio Quintero (1791-1800).

Vista parcial del Cuadro de Ánimas de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, Tetir, compuesto por Juan Bautista Hernández Bolaños. [Foto aportada por Paco Cerdeña]

De su contabilidad se desprenden una serie de ingresos entre los que figuran, además de las limosnas, las rentas procedentes del alquiler de ataúd y paño de ánimas; significativa labor que debió desarrollar la hermandad si contemplamos que durante algún tiempo, los cadáveres debían ser llevados en un largo camino hasta la Villa de Betancuria para recibir sepultura en tierra santa; luego, terminado el templo de Santo Domingo, los enterramientos se hacían allí, desoyendo la Real Cédula de Carlos III que aconsejaba realizarlos en edificios exentos, los cementerios. En la Vega de Tetir esto fue así hasta la década de 1840 en que construyeron el camposanto.
En cuanto a los gastos de la cofradía están los de mantenimiento de altar y pago a los cantadores que salían con el rancho en las noches de Navidad y Finados, así como a los gañanes contratados para las sementeras que se hacían de medias en tierras de algún vecino.
Entre sus bienes se relacionan la casa de Ánimas (razón del topónimo que aún se conserva en la Vega), paño, ataúd y altar.
De la Cofradía de Ánimas del curato de Tetir, además de su libro de cuentas o de fábrica, nos llega el gigantesco cuadro que hoy contemplamos en la pared de la epístola, el cual fue ejecutado por Juan Bautista Hernández Bolaños entre 1792 y 1800, conforme acredita el mayordomo Ignacio Quintero en su partida número 17 del descargo dado el 30 de mayo de 1800 y en cuya pintura se representó el infierno en la base, con tonalidades más oscuras que el resto, con una composición distinta a los otros cuadros de ánimas de la isla.
En cuanto al emplazamiento de su altar de esta Cofradía sólo tenemos una referencia en los mandatos verbales que en 18 de julio de 1792, dictó el Obispo Tavira durante su visita a la isla: “6º, se colocarán los altares colaterales más inmediatos al altar mayor, y en el de Ánimas se colocará, en una urna, la imagen de San Andrés…” (Dato que certifica que en ese año ya estaba destruida la ermita del Valle de la Sargenta).


[De mi artículo publicado en el semanario La Voz de Fuerteventura, 1987-1988]